Mallos de Riglos: Camino del cielo

Mallos de Riglos: Camino del cielo

Desde hace tiempo, tenía pendiente contaros toda una experiencia.  Ha llegado el momento.  Os hablo de una ruta circular por los Mallos de Riglos: “Camino del cielo”. Un sendero de baja dificultad, de unos cinco kilómetros y medio, con una duración aproximada de unas 2 horas y media.

Riglos

La ruta parte del pueblo de Riglos.  Esta localidad oscense ha sido incluida en la lista de los pueblos con más encanto del mundo, según el diario francés Le Monde.  Podéis ver el artículo aquí.

«Hay que ir a Riglos en invierno para encontrarse con un paisaje novelesco, de campos de almendros, robles verdes y olivos».

El bonito pueblo aragonés ocupa el número 7 en esta prestigiosa lista.

Mallos de Riglos Mis Palabras con Letras 1

En este municipio de casas blancas en pendiente, a orillas del río Gállego, destaca su tranquilidad y, sobre todo, su entorno. Se encuentra en un espectacular paraje natural, único en Aragón, declarado Monumento Natural por su valor paisajístico.  Si algo llama la atención allí, son unas impresionantes formaciones geológicas de color rojizo con paredes verticales de hasta 300 metros de alto, denominadas mallos.

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Mallos de Riglos 

Vamos a empezar hablando de lo que son. Los mallos fueron levantados por la orogenia alpina, iniciada hace unos 65 millones de años, cuando se formaron los Pirineos. La erosión del agua posterior los ha ido aislando y modelando, dando lugar a las actuales e impresionantes paredes rocosas gigantes que se reparten por la cara sur de las sierras exteriores del Prepirineo. ¡Un espectáculo de la naturaleza!
Los Mallos de Riglos están formados principalmente por conglomerados del Mioceno, sedimentos con cantos rodados cementados por grava y arena. Por tanto, este impresionante enclave natural es una auténtica huella del pasado más arcaico.
¿Os parece poco? Pues os diré también que, sobre sus cimas redondeadas vuelan constantemente buitres y otras aves rapaces. Avistarlas es otro de los encantos de este territorio envuelto en leyendas.  Además, no podemos olvidar que se han convertido en referente para escaladores de todo el mundo. Sólo en Riglos se han marcado unas 200 vías de escalada, la mayoría de elevada dificultad.  Merece la pena pararse un poco y disfrutar viendo cómo escalan por esas paredes verticales.

Mallos de Riglos Mis Palabras con Letras 3

Mallos de Riglos: Camino del cielo

Esta ruta es un recorrido circular alrededor de los Mallos de Riglos.  Y creedme, hay que hacerla porque te permite contemplar la grandiosidad de estas enormes paredes verticales de piedra de más de 300 metros de altura.  Y las vas contemplando desde todas sus caras, mientras disfrutas también del paisaje que ha modelado el río Gállego.

Dentro del pueblo, enlazando con el Camino Natural de la Hoya de Huesca, junto al lavadero, hay una calle que sube en fuerte pendiente pasando junto a una fuente.  Al llegar a la plazoleta se toma la calle que comienza a la derecha y que sale fuera de la población siguiendo las marcas blancas y rojas del GR 1 hasta el poste que señala la vuelta circular, donde el GR y el Camino Natural continúan recto.

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El sendero circular se puede realizar, lógicamente, en dos sentidos, dependiendo de por dónde empieces.  Si comienzas en el sentido de las agujas del reloj, el ascenso es más rápido y pronunciado, mientras que la bajada es más suave y prolongada.  La casualidad (y, probablemente, el desconocimiento) hizo que nosotros hiciésemos el ascenso más largo, pero con un desnivel más progresivo.  Aún así, no os voy a engañar, hay subida.  Con calor y buen sol, se suda, os lo garantizo.

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En cualquier caso, el recorrido es espectacular lo hagas como lo hagas.  Y las vistas no pueden ser más bonitas.  Hay que ir parando, para hacer unas indispensables fotografías.

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¿Queréis que os cuente un dato curioso?  Cada mallo tiene su propio nombre. Algunos de estos nombres son: Firé, el Puro, los Volaos, el Cuchillo, el Melchor Frechín o Águila Roja.

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Todo el recorrido es precioso, a pesar de que la subida es fuerte.

Y tened en cuenta que hay tres puntos reseñables:  El mirador del Colorado, el mirador de Bentuso o Espinable y el mirador del Circo.

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En la parte más alta, nos encontramos con el Mirador de Bentuso.  No hay pérdida, porque hay un letrero informativo.  En el mismo, se muestran los nombres y puntos más importantes de la ruta.  Toca buscar delante, con nuestros ojos, lo que el cartel detalla y ¡disfrutar!

Desde este mirador se observa la entrada del río Gállego en las llanuras oscenses, dejando atrás las Sierras Exteriores y las tierras pirenaicas donde nace.  Los núcleos de población, como Murillo y los fértiles campos de cultivo que le rodean se localizan en las antiguas terrazas fluviales del Gállego.

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A la izquierda, podemos ver el mallo Pisón, que es el más imponente con sus casi 300 metros y su gran envergadura. A la derecha, se observa el mallo Firé, otra espectacular elevación.  Y, en medio, también hay mirar las llanuras que rodean el cañón del río Gállego en su tramo medio.  La panorámica no tiene desperdicio.  Y, después de recrearse un buen rato, es aconsejable descansar un poco para continuar con el descenso.

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La panorámica desde el mirador natural que constituye Bentuso, también conocido como Espinabla, resulta espectacular, al ofrecernos el conjunto geológico de los Mallos sobre las llanuras que rodean el cañón del río Gállego en su tramo medio. Estos relieves albergan interesantes poblaciones de aves rupícolas como el buitre leonado o el treparriscos, a las que podemos contemplar en vuelo, planeando en lo alto del cielo, en busca de alimento.

Desde allí, comenzamos la bajada, con bastante pendiente, pero acompañada de unas vistas inigualables.

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Si hacéis la ruta en verano, como nosotros, es aconsejable madrugar, llevar agua abundante y protegerte del sol, con crema y una gorra.  Y es importante, ponerle ganas.

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Si te gustan las aves, también es oportuno llevarse unos prismáticos, para no perderse detalle.

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En algunos de estos mallos, como el Melchor Frechín, el Paredón de los Buitres o el mallo del Agua, se puede realizar el ascenso a pie hasta la cima. Por el contrario, en otros mallos, la única vía de acceso es mediante la escalada de sus impresionantes paredes verticales.

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Terminando la ruta, disfrutamos viendo cómo escalaban esa pared casi vertical.  Nos quedamos con la boca abierta.

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Los Mallos de Riglos son visibles desde diferentes puntos. Por ejemplo, desde la carretera camino a Riglos ya se pueden apreciar y, desde allí, hay una preciosa panorámica.

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Por último, comparto con vosotros que, para contemplar todos los Mallos, puede que el mejor mirador sea el que está en el Centro de Interpretación de Aves Rapaces. Y por lo que ví, pienso que el mejor momento para disfrutar de este maravilloso paisaje tiene que ser al atardecer, porque seguro que los colores rojizos se vuelven más especiales y construyen un ambiente mágico.

En ese punto del día, al atardecer, nosotros estábamos disfrutando de otro lugar increíble, el castillo de Loarre.  Pero, esa es otra historia.  Os recomiendo que, si podéis, os perdáis por este enclave único y espectacular.  No os vais a arrepentir de acercaros, la sensación de beber algo fresco al terminar y después de haber visto un paisaje tan maravillo, es única.

¡Caminar por el cielo es fantástico!

 

3 años y 202 suscriptores

3 años y 202 suscriptores

¡3 años y 202 suscriptores! Vuelvo, después de un descanso reparador y energético, con la mejor de las noticias.  Y necesito compartirlo con cada uno de vosotros, los protagonistas de esta celebración tan importante.  ¿No son unas cifras increíbles? Habéis decidido compartir conmigo esta aventura, interesaros por el contenido que voy subiendo y no puedo estar más agradecida.

Es imprescindible daros las gracias de corazón por estar ahí, por recibir mis novedades, por querer saber más de las cosas que cuento en este pequeño rincón que muy pronto estará de aniversario. ¡Sí!  Mi proyecto personal está a puntito de llegar a su tercer aniversario.  ¡Ya veis que todo son celebraciones! Y estoy en una etapa en la que me apetece festejar hasta la más pequeña de las alegrías.

Ya sabéis que soy muy de pequeños detalles, de pequeños alborozos y regocijos, de pequeñas ilusiones (anoto que tengo que preparar una entrada sobre la ilusión y su importancia).  También de grandes, evidentemente, pero con las pequeñas me sobra en muchas ocasiones.  ¿El motivo? No sé, supongo que me estoy haciendo mayor (hace muy poquito fue mi cumpleaños con cifra respetable).

Y tal vez por eso, me vuelvo cada vez más disfrutona, menos exigente, más de vivir el momento y menos de pedir.  Intento esperar cada vez menos y coger cada instante con buen talante.  Cada vez valoro más una sonrisa, un abrazo inesperado (especialmente esos que aprietan y reconfortan). o una palabra pronunciada con cariño.  Me gusta exprimir lo que se va presentando y no tener en cuenta lo que sobra.

¡Me voy del tema! Creo que es la emoción.  Nunca soñé con alcanzar una cifra así de suscriptores en esta página, que empezó como una afición y de la que me voy sintiendo orgullosa con el paso del tiempo, desde la humildad.  Pienso en que, justo hace tres años, estaba creando una web, sin tener ni idea, sin controlar nada de temas técnicos, aprendiendo de los fallos y empeñada en sacarlo adelante.

Una vez en marcha, me han ayudado muchas personas. Las que se han ido cruzando en esta trayectoria y las que me han ofrecido su colaboración, las posibilidades de mejora que veían, sus opiniones, sus puntos de vista, su experiencia y, sobre todo, su atención, su tiempo y su granito de arena para que se fuese convirtiendo en lo que es hoy.

¡Tengo tanto que agradecer! A quienes os habéis suscrito dejando vuestros datos y permaneciendo correo electrónico tras correo, a quienes pincháis para seguir leyendo porque os ha parecido interesante, a quienes conocéis la página mejor que yo porque la visitáis muy a menudo, a quienes me han echado una mano con el diseño, con los problemas técnicos, a quienes me han alentado.

También a quienes me han hecho fotos con paciencia, a quienes me han sugerido temas y libros para hacer reseñas, a los autores que han dicho «sí» a una entrevista de (¡nada más y nada menos!) 12 preguntas, a quienes me han invitado a exposiciones para que hablase de ellas, a quienes han paseado por el contenido con interés.

Mirad, estas son más cosas que debo agradecer:

  • Respuesta de un autor a mi petición de entrevista:

«Lo pones todo tan fácil, e inyectas tanto entusiasmo a tu proyecto que es imposible decirte que no» 

  • Impresiones de autores sobre mi reseña de alguno de sus libros:

Reseña El Heredero Mis Palabras con Letras

Reseña El fuego invisible Mis Palabras con Letras

Y, por supuesto, tengo que dar las gracias a quienes van dejando sus comentarios en los relatos, en las reseñas y en las distintas entradas.  Sus frases han logrado que sonriese al leerlos, que me sonrojase, que empezase el día con alegría, que tuviese en cuenta otros criterios, que me animase a seguir, a trabajar con dedicación y que, incluso, llorase.  ¿Cómo no iba a emocionarme al recibir comentarios así?

«Has hecho un gran trabajo. La verdad es que me has recordado detalles que había olvidado»
«Maravillosa reseña. Extraordinaria. Tu sensibilidad al hacerla está a la altura de la novela»
«También he leído el libro, pero también quiero agradecer y reconocer tu forma de análisis que haces de este libro. Me dejas enseñanza de cómo puedo hacer, para las siguientes lecturas que haga»
«Qué gusto haber encontrado tu página, sabes que a los lectores nos hace feliz comentar los libros leídos»
«Tus reseñas excelentes! Muchas gracias por el trabajo que haces, y como nos ayudas a entender y comprender mejor un libro» 
«Gracias a ti he vuelto a interesarme por la lectura»

En definitiva ¡3 años y 202 suscriptores!  ¿No es para estar feliz? Coged un vaso, una copa o lo que tengáis cerca.  Vamos a brindar.  ¡Por todos nosotros!  Cerrad los ojos, pedid un deseo y ¡soplad!  Nuestros sueños volarán por el aire, probablemente se encontrarán y se esforzarán en cumplirse.

¡Gracias! ¡Un millón de gracias! 

 

Gruta helada de los Lecherines

Gruta helada de los Lecherines

Hace muy poquito me recomendaron una ruta muy bonita: la Gruta helada de los Lecherines, tomé nota rápidamente porque prometía ser espectacular.  ¿Para qué esperar? El pasado fin de semana pude disfrutarla y comprobar que merece la pena, no solo por la gruta en sí, el camino es precioso y muy variado. Ahora, os lo cuento.

Gruta helada de los Lecherines Mis Palabras con Letras 1

Dónde empieza

Aunque se puede comenzar desde varios sitios, nosotros la iniciamos desde Canfranc pueblo.  Se puede dejar el coche fácilmente en el aparcamiento que hay frente al pueblo, junto a una parada de autobús, y desde allí empezar.

Seguimos un trocito por la carretera, hasta el cartel que indica «Quesería a dos kilómetros».  Se asciende un poquito y ya te encuentras con la señal que indica por dónde seguir. hacia la Majada de Gabardito.

El sendero va subiendo, pero de una forma agradable y se pasa por unos muros de piedra (se ven en la foto de arriba).  A partir de ahí, se trata de seguir las marcas rojas y blancas del GR.11.1.

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El sendero

Hay que continuar por el sendero principal, a pesar de que hay otras indicaciones hacia zonas de escalada.  No hay problema, ni dificultad para seguirlo, hay marcas constantemente y ayudan a no perder el camino adecuado.

Pronto vemos el pueblo abajo en los claros que se van abriendo.  Impresiona comprobar lo que hemos ascendido.

La senda sube paralela al Barranco de los Meses, bajo un bonito pinar.

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Después, llegamos a un desvío, continuamos la pista hacia la derecha. Está perfectamente señalizado, hacia la izquierda indica Villanúa.

Llegamos a la segunda fuente, la Fuente de los Abetazos (altitud 1430 metros). Allí te puedes refrescar si es necesario, incluso para un poquito si lo necesitas.

La pista está en buen estado y transcurre por un abetal.

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Caminando, vemos que el paisaje va cambiando y empiezan a aparecer las praderas.

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Otro punto importante en la ruta: la cabaña de Gabardito.  Nuestra referencia son todavía las marcas blancas y rojas, que van apareciendo cada escasos pasos para que no te desvíes.

Desde ese lugar, hay unas excelentes vistas: al norte, hacia donde nos dirigimos, divisamos los mallos de los Lecherines y el pico de Tortiellas. Hacia el este, en la otra vertiente del valle del Aragón, se puede distinguir todo el barranco de Ip, y los picos de la Moleta y el Collarada.

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El paisaje es espectacular y vemos incluso vacas comiendo.

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Descansamos un poco en la Mallata de Lecherines Bajo, con un refugio y un abrevadero para el ganado.

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Pasado un rato de tranquilidad, seguimos recto por la senda, ya que, subiendo vemos que hay unas señales, que probablemente ya nos dirijan hacia la gruta, en vez de seguir por el GR.

Así es.

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En la señal, hay que continuar por la derecha.  Desde ahí, hay que fijarse en las marcas blancas y verdes.

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Y comienza la parte más dura, el ascenso.

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Necesito ir parando para recuperar el aliento y controlar la respiración.

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En nuestro camino, cada vez hay más piedras y menos verde.

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La Gruta helada de los Lecherines

Hasta que, de pronto, casi sin esperarlo, aparece la gruta.  Hay un cartel junto a su entrada.

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Se nota el frío que sale de su interior.  Aprovechamos para hacer fotos, teniendo cuidado con el hielo que hay en la entrada, nos adentramos un poco.  Estamos seguros de que, con nieve y con las estalactitas de hielo tiene que ser aún más bonita.  Pero, disfrutamos de haber llegado hasta allí.  El esfuerzo, sobre todo en el último tramo, ha tenido su recompensa.

Gruta helada de los Lecherines Mis Palabras con Letras 16

Mi opinión

Sin duda, es una ruta que merece la pena.  Nosotros la empezamos a las 8.30 de la mañana y terminamos sobre las 16.45.  Somos unos senderistas normalitos, ni de los que se dan la vuelta fácilmente, ni de los que te adelantan corriendo. Eso sí, paramos, descansamos, nos recreamos viendo el paisaje, metimos los pies en el río y repusimos fuerzas con unas vistas increíbles.

Fue maravilloso estar rodeados de lirios, que llenaban de color los prados a cada paso y quedaban muy resultones en las fotos.  No he podido evitar añadir una de las imágenes en el apartado «Sobre mi».  ¿La habéis visto ya?

Gruta helada de los Lecherines Mis Palabras con Letras 17

Desde luego, no fue tan duro como el Robiñera pero, hasta llegar a la gruta helada de los Lecherines, el desnivel es exigente, conviene estar en forma y haber caminado anteriormente.

Gruta helada de los Lecherines Mis Palabras con Letras 18

Yo tuve la suerte de que me la recomendasen y me contasen un poco cómo era el recorrido (¡¡gracias!!), así que ahora os propongo que, si tenéis la oportunidad, disfrutéis de esta maravilla, que te permite atravesar varios ecosistemas: hayedo-abetal, prados de montaña y pinar.

 

Prefiero los atardeceres

Prefiero los atardeceres

Me encantan los amaneceres con su maravillosa virtud de dar la oportunidad de empezar de nuevo pero, sin ninguna duda, prefiero los atardeceres.  Disfrutar de ese mágico momento, previo a la noche, es una de las experiencias más bonitas que puedes vivir cada día, un lujo al alcance de todos, uno de esos pequeños detalles que contribuyen a acercarte al secreto de la felicidad.

Estoy segura de que hay lugares especiales en el mundo para recrearse, de esos que salen en las guías, en los folletos promocionales, esos en los que hay que ir pronto para encontrar un hueco, esos que son casi perfectos por el entorno… Sin embargo, el sol se pone en todos los sitios, por recónditos y poco llamativos que sean, por inhóspitos y  escasamente transitados que sean.  Solamente hay que buscarlo y concentrarse en esos instantes de belleza auténtica.

Por supuesto, para empezar recurro a la RAE.

Atardecer: Empezar a caer la tarde. Hecho de atardecer. Tiempo durante el cual atardece.

Simple ¿no?  Y, en cambio ¡cuánta magia esconde! ¡Cuántos recuerdos vienen ahora mismo a mi memoria! Cada uno especial y distinto, cada uno con sus pormenores o su compañía, cada uno con su emoción implícita y la admiración hacia lo sencillo, hacia esa rutina que es extraordinaria, cada uno asociado a la calma y las ganas de no pestañear para no perderse nada, cada uno dibujando una sonrisa en mi cara…

Y trato de darle forma en las palabras de otros:

Pablo Neruda:

Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.

Jorge Luis Borges:

Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.

Antonio Machado:

En el camino blanco
algunos yertos árboles negrean;
en los montes lejanos
hay oro y sangre… El sol murió…
¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?

Albert Einstein:

Vemos la luz del atardecer anaranjada y violeta porque llega demasiado cansada de luchar contra el espacio y el tiempo.

Ed Gorman:

Existe una cualidad especial a la soledad del atardecer, una melancolía mucho más inquietante que la de la noche.

Rob Sagendorph:

Sube a una colina al atardecer. Todos necesitamos de vez en cuando perspectiva, y allí la encontrarás.

Ralph Waldo Emerson:

Todo atardecer trae consigo la promesa de un nuevo amanecer.

Me gusta ver atardecer, sin prisa, sin condiciones, esperando que todo fluya, que el sol se tome su merecido descanso para renovar el tiempo, para dar tregua a la tarde, para brindar su oportunidad a la noche.

Me apasionan los colores del atardecer, la serena melancolía y la paz que transmiten, su capacidad para hacernos reflexionar y, al mismo tiempo, para dejar la mente en blanco.  Es increíble cómo nos otorgan la potestad de renovarnos y, a la vez, de hacer recuento.

¡No me hace falta ir muy lejos! Esta misma tarde me encantaría ver el atardecer junto al río de mi ciudad, divisando torres y preciosos puentes, con una botella de vino blanco y dos copas, en silencio, mirando al fondo,  imaginando nuevos horizontes, no necesariamente ambiciosos, alejando los malos pensamientos, olvidando los contratiempos y con las manos entrelazadas

 

El secreto de la felicidad

El secreto de la felicidad

Es cierto, hoy mi reto es valiente, bastante arriesgado y probablemente demasiado subjetivo.  Sin embargo, compartí en otra entrada la importancia de los detalles, incluso me atreví a reivindicar la importancia de las raíces.   Por eso, me propongo rastrear el secreto de la felicidad, sin grandes aspiraciones, sin tratar de tener la razón y, desde luego, sin certezas absolutas.

¡La felicidad! Nos pasamos la vida buscándola, persiguiéndola para sentirla, para exprimirla, para poseer el don escaso de haberla disfrutado y, en los tiempos en los que vivimos, para poder contarlo y adornarlo con una foto. Por supuesto, para empezar recurro a la RAE.

Felicidad: Estado de grata satisfacción espiritual y física.  Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz.  Ausencia de inconvenientes o tropiezos.

El secreto de la felicidad Mis Palabras con Letras 1

Se ha escrito muchísimo sobre la felicidad, tal vez en exceso, porque siempre ha sido un deseo recurrente en el ser humano.

En mis reseñas, he destacado algunas frases sobre la felicidad, dentro de mis fragmentos preferidos:

«A prueba de fuego» de Javier Moro:

«La felicidad se escurre, no tiene forma, se escapa por una rendija sin que lo percibamos.  Es difícil reconocerla, y cuando nos damos cuenta de que nos bañamos en ella, es porque ya nos falta» (página 90)»

«El alma de las flores» de Viviana Rivero:

«Y, triste congruencia: cuando se viven tiempos felices, nadie atina a precaverse para sortear los tiempos tristes.  Sumergidos en una felicidad que se asume eterna, preferimos confiar en que nunca sufriremos.  Pero no hay ser humano que se salve de atravesar malas temporadas » (página 12)

«El fuego invisible» de Javier Sierra:

«La clave de una vida feliz, querido David, es que aprendas a dirigir bien tus sueños.  Tu visión.  Que descubras qué forma dar a esa «nada» que a la vez es «todo».  (…)  Sólo tienes que encontrarlo y asegurarte de que nadie te lo robe» (página 317)

«Con el amor bastaba» de Máximo Huerta:

«Nadie conoce el secreto de la alegría.  Sucede» (página 163)

El secreto de la felicidad Mis Palabras con Letras 2

«Candela» de Juan del Val:

«A veces creo que la felicidad no es más que una capacidad.  Hay gente que la tiene para las matemáticas, otra para el deporte, otra para escribir… y alguna para ser feliz» (página 88)

«El día que se perdió el amor» de Javier Castillo:

«Dentro de la felicidad siempre subyace el miedo a perderla»

Añado, a estos fragmentos, una frase de Hermann Hesse, escritor, poeta, novelista y pintor alemán:

«La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz».

O esta otra tan famosa de Víctor Hugo:

«La felicidad suprema en la vida es tener el conocimiento de que eres amado por ti mismo, o más exactamente, amado a pesar de ti mismo».

El secreto de la felicidad Mis Palabras con Letras 3

También quiero compartir un poema de Fernando Pessoa  «Si yo pudiera morder la tierra toda»:

Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento…
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural…
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas…
Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la
infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda,
y cuando se ha de morir,
Recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.

Y la poesía de Pedro Salinas «Posesión de tu nombre»:

Sola que tú permites,
felicidad, alma sin cuerpo.
Dentro de mí te llevo
porque digo tu nombre,
felicidad, dentro del pecho.
«Ven»: y tú llegas quedo;
«vete»: y rápida huyes.
Tu presencia y tu ausencia
sombra son una de otra,
sombras me dan y quitan.
(¡Y mis brazos abiertos!)
pero tu cuerpo nunca,
pero tus labios nunca,
felicidad, alma sin cuerpo, sombra pura.

Permitidme, por favor, una última referencia.  Son palabras de Mario Benedetti, escritor, dramaturgo y periodista uruguayo:

«La teoría de ella, la gran teoría de su vida, la que la mantiene con vigor, es que la felicidad, la verdadera felicidad, es un estado mucho menos angélico y bastante menos agradable de lo que uno tiende siempre a soñar. Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o bastante más, pero de todos modos, otra cosa) y es seguro que esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar».

En realidad, ¿qué es la felicidad? Sin duda, es un sentimiento escurridizo, breve, difícil de reconocer cuándo está pasando, que sucede casi siempre inesperadamente, que descubrimos generalmente cuando ya ha pasado, que se asocia al amor, que se genera a menudo desde las cosas más pequeñas y que, mientras está sucediendo, produce cierto temor de perderla.

Y añadiría que, con frecuencia, tiene sabor a recuerdo, a añoranza de momentos especiales, a emociones bonitas que vienen de la mano de nuestra memoria, porque cuando es presente nos esforzamos en disfrutarla y en llenar nuestro corazón de esa sensación tan agradable y, a la vez, tan efímera. No obstante, no es pasado, se conjuga en presente.

A partir de ahí, creo que existen tantas felicidades como personas.  Porque yo he sido feliz en la orilla de un río con lo pies descalzos y los ojos cerrados, llenándome de polvo haciendo el Camino, leyendo diez veces seguidas el párrafo de un libro, oliendo el papel nuevo de una novela que acaba de llegar a mis manos, sorprendiéndome con el «sí» de un autor a mi petición de entrevista, escribiendo mis relatos sabiendo que no ganarán un premio, bailando entre campos de lavanda apartados, buceando entre peces de colores, despertando de una siesta abrazada a quien quiero…

El secreto de la felicidad Mis Palabras con Letras 4

También estoy segura de que, para cada persona, existen tantas felicidades como días tiene su vida, o como instantes forman su existencia.  Porque ahora mismo, lo que yo pienso que me da la felicidad en esta etapa no me la daba en mi niñez, ni en mi juventud, ni hace cinco minutos…  Ahora soy feliz cuando todo está en calma, cuando no hay problemas o preocupaciones que enturbien el momento, cuando nada inoportuno estropea mi bienestar, mi tranquilidad, mi paz.

He aprendido, muchos años y disgustos después, que la felicidad no es incompatible con la tristeza, ni con la soledad, ni con esas personas que se empeñan en aguarte la fiesta, ni con un pequeño contratiempo…  Que debemos buscarla en nosotros mismos, con paciencia y dedicación, aprendiendo de nuestros errores e ignorando, en la medida de lo posible, aquello que nos hace daño aunque duela al principio… Y que si no esperas nada de nadie no te llevas ningún chasco y, así, todo lo que te dan es un maravilloso regalo que no debes olvidar agradecer.

Claro, tenéis razón, no es nada fácil y hay aspectos, ausencias, pérdidas, fracasos, gente, situaciones y deslealtades que se empeñan en desviarte del camino… Pero ¿quién dijo que lo fuera? El esfuerzo merece la pena, segurísimo.  No hay que tener miedo a mostrarte como eres, a ser amigo sin condiciones, a apoyar a quien quieres, a escuchar sin prisa, a estar ahí cuando te necesiten… Pase lo que pase, serás tú quien ha ganado, tú quien ha crecido, tú quien duerme sin sobresaltos, tú quien está orgulloso de su comportamiento…

Estoy completamente convencida de que para ser felices durante esas ráfagas que van coloreando nuestra existencia, primero hemos tenido que ser infelices, hemos tenido que sufrir la pena y el dolor.  Y eso nos ha hecho más fuertes y nos ha permitido ir descartando cosas por el camino.  La decepción es parte del proceso y hay que gestionarla.

Tengamos cuidado con nuestras expectativas, con nuestras metas… No te machaques, no te presiones, no seas tan exigente contigo mismo. Tal vez si dejas de perseguir la felicidad, aparece sin más. Es probable que si te empecinas en ser feliz, te cueste asimilar que, en la vida, siempre va a ver cosas negativas, sentimientos crueles, personas tóxicas y maldad.

La felicidad es una forma de afrontar el presente, el ahora, sin pensar mucho más allá, sin olvidar la importancia de los detalles, siendo generosos y, al mismo tiempo, egoístas.  Es una fórmula complicada, pero casi siempre, está a nuestro alcance. Sonríe, camina, canta, baila, prueba, atrévete, no te rindas, pelea, dedícate, párate, no hagas nada o métete en mil jardines… ¡Haz todo lo que aporte a tu bienestar!

***

¡Empecemos con algo sencillo! No te vayas hoy a la cama sin haber sido feliz, encuentra algo, enciende unas velas, disfruta de un capítulo de tu serie preferida, camina bajo la lluvia, pisa la hierba descalzo en el parque, pasea por uno de tus rincones favoritos, tómate un café con espuma en un lugar bonito, pon una canción que te encante y cántala muy alto, desvía tu vuelta a casa y pasa por ese edificio que te asombra…

Solamente tú sabes lo que te proporciona felicidad, no te prives, no escatimes, no lo dejes para otra ocasión. Y, si es factible, compártelo junto a esa compañía que añade más placer, más bienestar, más deleite, más dicha, más satisfacción…

 

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