Reseña «Con el amor bastaba»

Máximo Huerta

Con el amor bastaba Mis Palabras con Letras 1

Páginas: 320

 

Curiosidades

Comienzo la reseña de «Con el amor bastaba»  contando que el libro tenía que haber echado a volar el 31 de marzo, pero la pandemia lo cambió todo.  Las librerías no estaban en la lista de negocios de primera necesidad y el libro, como otros tantos, se quedó en los almacenes. Los dos años de trabajo, meses, semanas, días, horas y horas del autor enredado en la vida de Elio Ícaro, el protagonista, tuvieron que esperar hasta mayo.  Como las presentaciones, las ferias del libros, los encuentros con los lectores, las reseñas, los comentarios… 

Esta es la octava novela de Máximo Huerta. Y él mismo ha contado que reúne todos los lugares que le gustan. Además, todas las fuerzas de la literatura que le gustan están en esta historia.

El libro está dedicado a su madre:

«Mi padre era camionero y estaba más ausente, mi madre me enseñó a leer y a escribir antes de ir al colegio. Y a pintar. Es de justicia dedicárselo».

Él no escribe pensando en el éxito. Escribe para llenar ese hueco de una historia que quisiera leer y que todavía nadie ha convertido en novela. Por eso, en ese viaje pone todo: sus sentimientos, recuerdos, confesiones, tiempo.

El libro lleva en la faja de su portada una frase de Luis Eduardo Aute: “Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo”.

 

Sinopsis

Elio Ícaro vive con resignación la decadencia del matrimonio de sus padres, la angustia de su madre por el futuro que tendrán que afrontar solos, la confusión de su padre, la inquietud de toda la familia. Pero mientras el niño despierta a la sexualidad gracias a la complicidad de un compañero de colegio, un día también descubre con asombro que tiene un don, es capaz de volar. Esto lo convierte en una persona admirada por sus vecinos, pero también en alguien diferente. En mitad de sus revueltas, los padres quieren protegerle, pero lo único que él necesita es comprensión, aceptación y cariño para completar su educación emocional y encarar el angosto pasadizo que nos conduce de la adolescencia a la madurez.

«Con el amor bastaba» es una emocionante novela que pone el foco en la única vía de salvación frente a los desencuentros, frente a las diferencias: el amor.

 

Mi opinión 

 
Estructura

La novela está dividida en tres libros.

El libro primero titulado «El despertar de Elio Ícaro» consta de 28 capítulos.  El segundo libro «Los años de dicha» e incluye del capítulo 29 al 57 capítulo.  Y el tercer libro se llama «El vuelo de Ícaro», empezando por el capítulo 58 y terminando en el 70.  Al final de libro hay un Epílogo contado en tercera persona por un narrador, a diferencia del resto que está narrado en primera persona por el protagonista.

 

La historia

«Con el amor bastaba» es sencillamente una fábula, la historia de un niño que descubre que tiene el poder de volar.  Es un relato precioso que defiende el valor de la diferencia y quiere convencernos de que el amor es el único antídoto para frenar los inevitables desencuentros de la vida.

Y, sobre todo, nos cuenta cómo reaccionamos las personas ante lo diferente, cómo nos mostramos ante lo que no nos parece normal, cómo tratamos de tapar, de ocultar aquello que nos resulta raro… cuando con el amor basta.  En realidad ¿no somos todos un poco (o un bastante) raros?

 

Los personajes

En «Con el amor bastaba» el protagonista es Elio Ícaro, aunque ya desde el principio nos advierte de que para comprender todo, es preciso entender a su familia y, más concretamente a sus padres.  Es un niño flaco, torpe, más bien débil y feliz en su desastre, en su segunda fila, es al que escogen al final en los juegos de competición.

«Ese día que perdí, gané.  Ese día que dejé de rivalizar, vencí» (página 19)
«En el cielo me volvía valiente. No sé si temerario (…) Feliz. Era feliz mientras volaba»» (página 103)

 

Sol es su madre.  Tiene los ojos verdes, le gusta remolonear en la cama, se sienta a leer revistas en el sillón a leer revistas y libros de cubiertas muy coloridas con títulos grandes.  Se nota que ha sido guapa en su juventud. Se pasa las mañanas con un vino dulce en la mesa y haciendo bordados con iniciales para los encargos de la cooperativa.  Hace los guisos más sabrosos del todo el barrio.  Por la tarde suele quedarse un rato viendo la tele y tomándose una tila.  Solo en días de fiestas, se pinta la raya del ojo bien negra. Es menuda y frágil, de cara limpia y traslúcida, y con una aire ausente de belleza serena.  Después, va cambiando y se convierte en otra mujer.  Es la que anima a Elio Ícaro a volar.

«Mamá dejó de dar la hora y de preguntar por ella» (página 160)

 

Dédalo es su padre, que no tiene nada que ver con su madre, salvo el aspecto casi hippy. Siempre quiere salir a tomar algo, sus amigos le llaman Dédalo Rondas.  Es muy viajero, se arregla la bolsa los domingos por la noche y los lunes madruga mucho para irse con la ranchera a conocer mundo, a hacer repartos de nuevas medicinas porque es representante farmacéutico. Dice tacos, fuma y lleva unas gafas de sol colgadas del pecho.  Si le encargan algo, le falta el tiempo para sacar el taladro y las herramientas. Tiene armas de canalla, fuerte y ruidoso, lleno de energía.  Él prefiere que su hijo sea normal, para que pueda vivir tranquilo.

 

 

Arístides es el hermano de Elio.  Le encanta hurgar el motor con el padre, mancharse las manos y arreglar su Vespino.  De niños, el protagonista y él son uña y carne, sisándole a las abuela Melita y abriendo la hucha de la Virgen peregrina. El mayor le utiliza para sacar las monedas del fondo, donde no llegan ni su astucia ni sus nudillos.  Entonces no le tiene cariño al pequeño, pero le necesita. Antes de nacer él, era el rey de la casa y más tarde tiene que cuidarlo y, por eso, le hace rabiar, hasta que crece y empieza a salir.  Desde que suspendió en el instituto, trabaja en una cooperativa de transportes.

A Elio cada movimiento suyo le interesa: cómo se tumba con los pies en la mesa; cómo con sus manos sucias de gasolina o manchadas de tinta, pela pipas; cómo abre y lee sin leer las revistas que le prestan sus amigos.  Todo lo de Aris despierta su curiosidad. Es un tipo que encaja con todos, que sonríe cuando le hablan, hace gansadas y le gusta la calle.  Poco a poco, a lo largo de la historia, va cambiando su carácter y se convierte en el principal apoyo de su hermano, en su mejor amigo.  De ser tosco pasa a ser amable y siempre presente.

«Elio no necesita ser normal porque no lo es» (página 235)

 

Emilio es de la pandilla de Vicente y demás jauría.  Es guapo y lleva su camiseta con el número uno, el pelo largo en la nuca, las gafas de sol en la cabeza y los pantalones cortos. Es un personaje muy importante en la vida de Elio y prefiero que descubráis la razón en el libro, porque arma de enorme alegría las dudas que dejan los infames.

 

La tía Clementina es la hermana de la abuela Melita, una mujer gorda como su nombre.  Rica en kilos y dinero, tiene una papelería en el bulevar del Cours Mirabeauc con un enorme piso que ocupa toda la planta.  Allí suele deambular por el departamento de pinturas y lienzos, que es lo más delicado.  Si no está ahí, la puedes encontrar en la caja pellizcando algún bollo o masticando caramelos de café con leche que de despega de los dientes con sus uñas de color rosa.  Un gato gordo se sienta sobre sus rodillas y le lame las manos.  Es todo un personaje, exagerado y pintoresco, con ese punto de fantasía que resuelve cualquier realidad.

 

El tío Marcel es el marido de Clem y es un señor de bigote grande que siempre va trajeado y con una pipa apagada, que va mordisqueando para no fumar.  Es grandullón y solo abre la boca para decir: Pas belle la vie?  Para Elio es un tarambana.

 

 

Otros personajes son:

Claudia es la vecina de la abuela.

La abuela paterna Fidela que huele a agua de colonia recién echada y tiene un periquito.

Vicente es un chico desgarbado, el jefecillo de la pandilla.  Viste una cazadora vaquera, calza deportivas de marca y, naturalmente, manda mucho.  Es curioso el poder que ejerce sobre los demás, decide los horarios para quedar en los recreativos, qué se compra para las fiestas, que película se va a ver a quién hablar, es el que puso el nombre a esa jauría. Fuma sin tragar el humo y siempre lleva chicles en el bolsillo.

Ferrer es el chico fuerte.

Antonio es el chico robusto.

Luis es el primo de Elio que ya tiene pelo en el bigote.

Melita es la otra abuela del niño y prepara bocadillos de salchichón. Se había quedado pronto viuda y solo le queda darse el paseo hasta la parroquia, charlar con las amigas, pasar la bandeja de los limosnas y volverse a casa por la callejuela del horno, donde compra pan y algún bizcocho.

Ernestina le echa golosinas en el bolsillo a modo de estraperlo goloso y le presenta a su hija en la trastienda cada vez que entra, para casarla a los doce años, como si ella, la niña, con trenzas y granos, no tuviera voluntad de elegir.

Sebas y Simón son otros compañeros del colegio.

Don Antolín es el profesor.

El abuelo paterno había sido maqui y en una de las cuevas en las que se escondía con su grupo se encargaba de inventarse, escribir y enviar las cartas de amor a las novias de los otros. Y cada carta la  hacía con una letra distinta, fantaseando para enamorar a las novias ajenas que eran como una labor de ayuda social, porque el resto de los hombres no sabía escribir.  Mientras les ponía la vida en papel en aquella cueva miserable, veía por los ojos de ellos y traducía las vidas de sus amadas.

Use es la persona que ayuda a la madre en las tareas de casa.  Es rusa y una experta en las cartas, barajando y repartiendo palos.  Viste de un modo impecable, va siempre de peluquería y huele a perfume francés.  Le encanta llevarles flores y diferentes tipos de galletas de mantequilla.  En realidad, se llama Natasha Sokolova.  Es rubia, de ojos transparentes y débil de físico, pero bella en sus escasas proporciones.

En el corral de la casa de la vecina Eusebia se escondió Use al escapar de los hombres que la trajeron a España en un camión, aunque ella no se enteró hasta pasados unos días.  Es muy suya: ha enterrado a un marido y tres abortos.  Tienen la fuerza de dos tractores y la mala hostia de seis generales, es muy simpática, muy dispuesta y, sobre todo, muy resuelta.

La señorita Felicitas es la nueva maestra. Tiene treinta y pocos años y parece una de esas actrices de las fotos, su pelo cardado y los pómulos marcados que acentúan su belleza clásica.  Una de esas mujeres que, de tan bellas, parecen glaciares. Le abre el camino de la aceptación.

Madame Lily es la profesora de las clases de pintura en la escuela llamada Cézanne.

Bubu es un chico marroquí que cuida la casa de los tíos en Cassis, mientras ellos están en Aix.  Su nombre real es Moha. Habla muchos idiomas, ninguno bien pero todos lo entienden.  Nació en las arenas de Tinduf, en Argelia y su familia anda perdida por distintos países.  A la tía le cayó bien cuando en un sofocante día de calor, el chico recién huido de Marsella la ayuda a subir la compra y arregla las cosas de la casa.  Se queda como guardés de la casona.  De ese modo, se encarga de todo y la vivienda nunca está descuidada. Pasea como un dandi nómada recogiendo flores de los rosales y montando ramos para la casa.  Es una máquina de podar y de riego.  Además, canta y es un ser libre, con cero pudor.

Constantin es un cura de la catedral de Aix, vestido de señor normal, sin el hábito.  A Elio le parece que le una buena amistad con la tía Clem porque se tratan como compadres de taberna.

Roque es el mejor barbero de la zona, con su navaja como si fuera un pincel y la espuma en la otra mano a modo de pintura.

Charlotte es una chica de Martinica que empezó a llamar al hermano de Elio Tidi por Arístides, borrando de un plumazo la genética y la erre.  Tiene la sonrisa más lasciva del mundo. Junto a ella, Arís parece un colibrí flotando en el mismo sitio.

 

Y las mujeres mayores del barrio, el quiosquero, el policía, los chicos del barrio, los vecinos, el gato Azabache (o Apache), los periodistas, el dueño del bar, Toni y Cristóbal, Merce, Nati y su horno, el señor que lleva un certificado, el relojero, la vecina del supermercado, el bibliotecario, el doctor que vive en el piso de abajo, el camarero del bistró, el chico al que confunde con Emilio, los paseantes de Cassis, las señoras del Nino, Monsieur Brun,  otros periodistas, un grupo de chicos que se meten con la forma de andar de Elio, los enfermeros y la ambulancia, el pizzero de la Place des Cardeurs, dos niños corriendo con su madre detrás, el dueño de la tienda de cuadros, clientes de la terraza, un señor japonés, el mensajero, Ricarda y su hijo, el hijo de su amigo.

 

Aix-en-Provence

Este lugar es otro protagonista del libro.  Su Palacio de Justicia, la montaña de la Sainte-Victoire, el liceo, la escuela de pintura llamada Cézanne, el Passage Agard, la iglesia de los dos corazones, el Cours Mirabeau, la plaza del Ayuntamiento, el Roi René, la Rotonde, la Torre de la Estrella, el bistró, la terraza del Cours, la fuente de los cuatro delfines, los jardines del Pavillon Vendôme, la Place d’Albertas, la catedral, las escaleras del Palais, Les Gauloises, la plaza del mercado, la Brasserie de la Marie y sus calles laberínticas.

Valensole con sus campos y campos de lavanda, con todo el monte teñido de morado en la segunda semana de junio. Allí el campo impresiona más que una catedral.  Toda la lavanda florece y aquello es el lugar más bonito del mundo.

Cassis con sus calles empinadas su paseo marítimo, el faro, la cafetería  del Monsieur Brun con butacas rojas del puerto, la bahía, el risco del castillo, el Nino (bar azul próximo al Brun) y el Ayuntamiento.

 

El palomar que les presta la tía Clementina para pasar la temporada.  Con dos habitaciones y un saloncito en el que la cocina ocupa todo el espacio; se accede desde otra vivienda.  Todo son ventanas y puede verse entera la ciudad.  Está situada en el centro.  El ventanal de la cocina, o salón, es de suelo a techo y parece flotar en un puzle de tejados del que sobresale, a lo lejos, la catedral.  La casa cruje a cada paso. Con macetas en las ventanas y campanas de la puerta, el bajo sin bañera, el sofá junto a la ventana.

La casa de Cassis, un palacete desde el que se veía toda la bahía, con una imponente fachada azul y blanca.

 

Los lugares

La trama se desarrolla en dos escenarios diferentes: el barrio donde vive la familia al principio y, por otro lado, Aix Provence, con distintas localidades y paisajes.

En el barrio donde viven pasamos, por ejemplo, por la calle Carboneras con su pendiente, la calle Maldonado, por la calle Conde donde elegir pastelería, el cine Flamingo, la heladería la Jijonenca no muy lejos del cine, la tienda de ultramarinos de la Julieta, la peluquería de don Ramón.

 

La casa de la abuela Fidela, con su enorme estructura de comienzos del siglo XVIII, con su salón y el sofá de terciopelo verde botella alumbrado parcialmente por la lámpara de flecos y el cuadro de ciervos escapando del cazador.  Es un espacio grande, impresionante, lleno de sillones, pufs y alfombras con mesas grandes y pequeñas, tocadores, cómodas con figuras de avestruces, jarrones de flores secas, ángeles y perros de porcelana, velas derretidas y cajas de madera de taracea con nácar.  Todo estaba plagado de objetos y oscuro.

 

La casa de Elio Ícaro, un piso de diez balcones, con un salón que nunca se usa, lleno de estanterías con adornos y novelas, infinidad de libros de tapas verdes y granates; una cocina gigante con alacena y patio lleno de helechos y geranios; un cuarto de juegos donde ya no se juega, una habitación de invitados; la habitación de su hermano, un templo del motor; unas cuantas ridículas salitas que sirven de distribuidores entre unas habitaciones y otras; el cuarto de sus padres con una antesala donde hay muchos bodegones de frutas y perdices muertas sobre cartuchos de escopeta.  Y su salita preferida, con un reloj historiado que da todas las horas, con algo atractivo en su sonido, singular y gracioso.

 

El tractor abandonado y unas casetas sin puerta en un terreno ganado a las viñas tras las tapias de la cooperativa del vino en la que el padre carga cajas de botellas y garrafas gigantes a veces.  Un refugio poco higiénico, lleno de barro, óxido y hollín, que a Elio le parece un lugar encantador, un escondite privado en el que deja volar su imaginación.  La miseria de aquel paraje olvidado en el extravío lo hace más mágico.  Huele a humedad y vino tinto.

 

Además, se mencionan Nueva York y sus Torres Gemelas, Tokio, África, China, Siberia, las arenas de Tinduf en Argelia, España, Mali, Francia, Argelia, Marsella, Oslo, Berlín, París, la pirámide Guiza, Arlés y Martinica.

 

Referencias 
Entidades o instituciones:
  • El Mossad
  • El Ejército de Tierra
  • Una junta de Gobierno
  • La Gestapo
  • El Ejército ruso

 

Música:
  • Una canción de Depeche Mode.  Gilbert Bécaud y su «Et maintenant». Schubert.

 

Literatura:
  • Campanilla.  Los libros de Sherlock Holmes.  Enid Blyton.  Agatha Christie.  El libro «Carnavalito» de Ana María Matute. Pulgarcito.  La novela «Ana Karenina» de Tolstói. Sor Inés.  Proust. El mago de Oz y el perro Toto.  «Viaje al centro de la tierra».

 

Filosofía:
  • Aristóteles.

 

Cine: 
  • El deshollinador de Mary Poppins.  El teniente Ryan. Las películas de la conquista del Oeste o del espacio. Emilio Salgari.  La naranja mecánica.

 

Marcas:
  • Levis etiqueta roja.  Crema Nivea. Cuadernillos Rubio.  Exin Castillos.  El reloj Seiko.  Ventolín.  El perfume de Dior.  El pegamento Imedio.  Las ceras Manley.  Los rotuladores Carioca. Vespino. Mechero Dupont.

 

Arte:
  • Leonardo y su hombre con alas de madera y tela.  El coloso de Rodas.  Van Gogh. Cézanne.  La familia de Carlos IV.

 

Medio de transporte:
  • Un tren que llaman Transcantábrico.

 

Juegos:
  • Póquer.

 

Otras:
  • El equilibrista que cruzó sobre un cable las Torres Gemelas de Nueva York.  Adán y la costilla. Papá Noel. Marte. Dios, la Virgen, el Espíritu Santo, la santidad y el perro de san Isidro.  La espada del Cid.  El papa, 263 sucesor del apóstol Pedro.

 

 

En resumen… «Con el amor bastaba»

Para mí, esta novela es como una poesía en prosa, una fábula preciosa que nos da una importante lección de vida.  Es una historia que nos enseña la importancia de la felicidad, a pesar de todo, a pesar de todos.  Y también nos habla sobre la libertad y la necesidad de ser uno mismo, sea como seas y sea cuál sea la reacción de los demás.

Elio Ícaro vuela porque necesita huir, porque necesita escapar de la realidad que le rodea.  Le resulta imprescindible evadirse, salir de esa realidad que no le deja ser libre, observar las cosas que le rodean desde otra perspectiva.  Muchas veces, las personas más cercanas son las que nos ponen más trabas, las que nos fuerzan más en nuestros comportamientos y las que más nos influyen, aunque no siempre acierten en sus apreciaciones, aunque sus mejores intenciones nos hagan daño en ocasiones.

Es precisamente cuando ese niño se siente raro, se siente diferente cuando su familia se desmorona, se rompe… entonces aumentan sus dudas, las preguntas se suceden en su cabeza, quiere entender el comportamiento de los adultos mientras va descubriendo sus sentimientos, su identidad sexual, sus afectos…

A partir de ahí, sus padres tratan de ayudarlo, cada uno a su manera quiere salvar a su hijo, sin duda con la mejor de las intenciones, pero eso no garantiza que sea la mejor forma.  Y él trata de salir de los problemas, hacer que su familia sea feliz a pesar de las circunstancias y, al mismo tiempo, sentirse libre. Por eso vuela.

Asimismo, me gusta la melancolía con la que el autor nos cuenta la historia, porque está basada en la alegría, no en la tristeza, porque deja entrever muchas pinceladas de esperanza y también de bondad.  Verdaderamente, hay sensaciones que hoy en día parecen olvidadas o incluso mal vistas, rechazadas porque parecen tener una connotación negativa y no es así, la vida te brinda emociones de todo tipo y suelen tener nombre… a veces tan bonito como nostalgia.  La melancolía nos hace volver a nuestros recuerdos, muchas veces con una leve sonrisa en los labios.

«La nostalgia es un viaje de tren acertado al que subes en la estación equivocada.  Y te rompe» (página 188)

 

Además, la forma de escribir de Máximo Huerta me ha parecido preciosa, como ya he comentado, me ha parecido poesía, una fábula de largos versos.  Tal vez por ese motivo, empecé a leer el libro con muchas ganas, demasiado rápido y después fui ralentizando la lectura, porque no es para grandes sorbos.  Es preciso detenerse en cada párrafo con tranquilidad, con calma… incluso en cada línea.  Porque hay multitud de frases que te paran, que requieren tu atención y que te llevan a otros pensamientos, a los tuyos… a tus recuerdos.

Es maravillosa su sutileza a la hora de narrar algunos sucesos desagradables, pero sin detalles, sin hurgar en la herida, simplemente dando pistas y dejando que el lector lea entre líneas.  ¿Se puede decir más cosas a través de unas simples prótesis? ¿Es posible descubrir tanto pasado en un sencillo papel que se encuentra?

En la misma línea, me ha encantado porque es imposible no sentirse reflejado en esta historia, porque todos nos hemos sentido raros.  Lo reconozco, yo siento que soy diferente casi cada día cuando miro a mi alrededor.  Es complicado nadar contracorriente, por eso a veces hasta nos cuesta dar nuestra opinión o nos dejamos llevar en la conversación por el parecer de los demás, por miedo a no encajar, por temor a ser rechazados, es más fácil no llamar la atención y seguir a la mayoría.  Y otras veces es incluso por pereza o porque cuesta encontrar un motivo para enfrentarse.

Sin olvidar las recomendaciones, cargadas de buenos propósitos, que te indican que disimules, que no llames la atención, que seas normal, que no te metas en líos, que es más sencilla la normalidad, que vives más tranquilo… esa es la recomendación del padre en la novela y la de muchas personas que nos quieren y que quieren evitarnos problemas, que pretenden allanarnos el camino y ahorrarnos sufrimientos.  En cambio, la madre le invita a volar, le anima a ser él mismo. Y, de la misma manera, su hermano mayor, que es distante al principio, pero luego se convierte en un apoyo.

«También los raros aspiramos a la regularidad, a las costumbres y a los cubiertos en orden» (página 229)

 

Los convencionalismos, las costumbres impuestas, la excesiva protección nos impiden a menudo ver que lo necesario para sobrevivir consiste en una fórmula simple,  que la felicidad radica en que nos acepten como somos, que nos comprendan y que nos den cariño, sin coartar nuestra libertad y nuestro derecho a equivocarnos.

Me ha hecho reflexionar que el protagonista dice que su padre era un hijo.  Ciertamente, casi nunca pensamos que nuestros padres y nuestras madres fueron niños y después adolescentes, que efectivamente han sido hijos cuando no existíamos. Sin embargo, no pensamos que ellos han tenido sus propias vivencias, que se han equivocado, que han cometido errores, que han tenido temores, inseguridades.  Nos pasa con nuestros progenitores y también con nuestros abuelos, con los adultos que nos rodean… es difícil imaginarlos así, verlos en ese papel.

Asimismo, en la novela se trata el tema del acoso en la escuela.  Se nos muestra cómo actúan esos niños que acorralan a otros compañeros, amparados por la pandilla, por el grupo.  Y también cómo la labor de los profesores es fundamental para afrontar este problema que tanto nos preocupa como sociedad.

También está el viaje a la Provenza.  En este recorrido he disfrutado al máximo, porque conozco esa maravillosa zona.  Tuve la suerte de disfrutar de sus plazas, de sus calles, de esa atmósfera tan especial, de sus coloridas ventanas… pero no, mi sueño no se cumplió.  Fuimos en agosto y no tuve la oportunidad de ver sus campos de lavanda en flor… recorrimos casi cada milímetro para encontrar alguno y no fue posible.  Por eso, sé que volveré, que no me perderé ese increíble paisaje, que ese regalo me está esperando para un momento especial.

Del mismo modo, tampoco puedo dejar de mencionar la vuelta a mi niñez que ha supuesto este libro, a través de las marcas que he mencionado más arriba.  Por supuesto, he tenido un Levis y un reloj Seiko (me empeñé en que fuese digital cuando me lo regalaron para mi primera comunión), me han embadurnado con crema Nivea porque era el remedio milagroso para casi todo, he visto jugar a mis primos con el Exin Castillos y guardando todas las piezas en un recipiente cilíndrico de detergente, he pintado en clase de Pretecnología con las ceras Manley…

En conclusión, os recomiendo este libro por lo que ya os he ido contando y porque transmite un mensaje que debemos tener en cuenta siempre: hay que vivir la vida a fondo, con lo bueno y lo malo, con lo positivo y negativo… pero sin malgastar ni un solo instante.  Sin olvidar que no hay mejor remedio que el amor para afrontar esa vida.

“Nadie conoce el secreto de la alegría. Sucede. Esa mezcla de despreocupación, de suerte y ausencia de dolor. Un accidente…”

Para terminar, os diré que debemos quitarnos piedras de encima, dejar atrás nuestros prejuicios y los frenos que nos vamos poniendo, tenemos que elevarnos, ponernos alas para ser nosotros mismos… y tenemos que hacerlo desde ahora mismo, no esperar más.  Tenemos que reivindicar nuestra singularidad, desde el respeto pero con toda la seguridad.  Disfrutemos cada minuto, exprimamos cada segundo, porque la vida va muy rápida y no debemos perdernos nada, especialmente esos pequeños detalles que la hacen especial.

Y mientras tanto os animo a adentraros en la historia de «Con el amor bastaba» y, como siempre, ya sabéis, cuando lo hayáis leído ¡contadme vuestra opinión!

Yo me quedo a vivir en la novela, por su belleza y porque enseña la importancia del amor y de la libertad. ¡A volar!

 

 

Mis fragmentos preferidos 

«Era como si hubiera ganado el cielo, sintiendo el infierno» (página 34)

«Más que sosiego, la luz encendida era solo eso: un olvido» (página 69)

«No se puede negociar con la preocupación.  Así es.» (página 73)

«A  mi me parecía que fugarse era de valientes.  Y yo no lo era » (página 82)

«¿Y qué son las personas que no saben nada esa mentira? Poco. Un hombre debe saber inventarse la vida» (página 92)

«En el amor siempre habrá miedo» (página 102)

«Enterarse cuando ya no recibirás respuesta» (página 119)

«Porque lo que sucede con las cosas buenas, esas que nos hacen sentir bien a lo largo de la vida, es que no sabes si son ciertas.  Todo les pasa a los demás.  Todo lo bueno. Y en esos instantes en los que uno vive vida parece que no se los merece.  O que le son regalados» (página 185)

«Irse es también querer mantenerse» (página 253)

«Aunque resulte paradójico, el amor no existe y, sin embargo, es difícil de ocultar» (página 300)

 

Los fragmentos que me hicieron reflexionar

«Tendría que desandar mi vida para distinguir lo que sucedió en ese momento y de qué color eran las emociones que sudábamos» (página 54)

«Callar siempre ha sido un lugar seguro» (página 85)

«Los ojos de los adultos dicen cosas que su bocas callan. Y se contradicen unos y otros» (página 155)

«Nadie conoce el secreto de la alegría.  Sucede» (página 163)

 

Palabras aprendidas

  • Taracea: Embutido hecho con pedazos menudos de chapa de madera en sus colores naturales, o de madera teñida, concha, nácar y otras materias.  Entarimado hecho de maderas finas de diversos colores formando dibujo.  Obra realizada con elementos tomados de diversos sitios.
  • Batahola: Bulla, ruido grande.

 

 

 

 

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