Prefiero los atardeceres

Me encantan los amaneceres con su maravillosa virtud de dar la oportunidad de empezar de nuevo pero, sin ninguna duda, prefiero los atardeceres.  Disfrutar de ese mágico momento, previo a la noche, es una de las experiencias más bonitas que puedes vivir cada día, un lujo al alcance de todos, uno de esos pequeños detalles que contribuyen a acercarte al secreto de la felicidad.

Estoy segura de que hay lugares especiales en el mundo para recrearse, de esos que salen en las guías, en los folletos promocionales, esos en los que hay que ir pronto para encontrar un hueco, esos que son casi perfectos por el entorno… Sin embargo, el sol se pone en todos los sitios, por recónditos y poco llamativos que sean, por inhóspitos y  escasamente transitados que sean.  Solamente hay que buscarlo y concentrarse en esos instantes de belleza auténtica.

Por supuesto, para empezar recurro a la RAE.

Atardecer: Empezar a caer la tarde. Hecho de atardecer. Tiempo durante el cual atardece.

Simple ¿no?  Y, en cambio ¡cuánta magia esconde! ¡Cuántos recuerdos vienen ahora mismo a mi memoria! Cada uno especial y distinto, cada uno con sus pormenores o su compañía, cada uno con su emoción implícita y la admiración hacia lo sencillo, hacia esa rutina que es extraordinaria, cada uno asociado a la calma y las ganas de no pestañear para no perderse nada, cada uno dibujando una sonrisa en mi cara…

Y trato de darle forma en las palabras de otros:

Pablo Neruda:

Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.

Jorge Luis Borges:

Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.

Antonio Machado:

En el camino blanco
algunos yertos árboles negrean;
en los montes lejanos
hay oro y sangre… El sol murió…
¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?

Albert Einstein:

Vemos la luz del atardecer anaranjada y violeta porque llega demasiado cansada de luchar contra el espacio y el tiempo.

Ed Gorman:

Existe una cualidad especial a la soledad del atardecer, una melancolía mucho más inquietante que la de la noche.

Rob Sagendorph:

Sube a una colina al atardecer. Todos necesitamos de vez en cuando perspectiva, y allí la encontrarás.

Ralph Waldo Emerson:

Todo atardecer trae consigo la promesa de un nuevo amanecer.

Me gusta ver atardecer, sin prisa, sin condiciones, esperando que todo fluya, que el sol se tome su merecido descanso para renovar el tiempo, para dar tregua a la tarde, para brindar su oportunidad a la noche.

Me apasionan los colores del atardecer, la serena melancolía y la paz que transmiten, su capacidad para hacernos reflexionar y, al mismo tiempo, para dejar la mente en blanco.  Es increíble cómo nos otorgan la potestad de renovarnos y, a la vez, de hacer recuento.

¡No me hace falta ir muy lejos! Esta misma tarde me encantaría ver el atardecer junto al río de mi ciudad, divisando torres y preciosos puentes, con una botella de vino blanco y dos copas, en silencio, mirando al fondo,  imaginando nuevos horizontes, no necesariamente ambiciosos, alejando los malos pensamientos, olvidando los contratiempos y con las manos entrelazadas

 

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