Jul 17, 2020 | Experiencia
Hoy os invito a disfrutar conmigo de una experiencia única e inolvidable: dar un paseo por los preciosos campos de lavanda cerca de Brihuega, en la provincia de Guadalajara.

El término municipal de Brihuega cuenta con una joya de la naturaleza, como son los campos de lavanda. Este cultivo excede las mil hectáreas de plantación, convirtiéndose en un atractivo turístico clave para la población.
La floración se produce durante el mes de julio, ofreciendo una inolvidable experiencia para los sentidos. El estado de la floración solo es posible conocerlo a lo largo del mes de junio, puesto que depende exclusivamente del clima que haya habido en primavera.

El punto álgido de la floración puede variar, pudiendo ser en torno a la segunda o tercera semana del mes.
La siega de los campos suele comenzar a finales del mes de julio o a principios del mes de agosto, cuando la flor ya ha tomado un color grisáceo. Esta labor termina entre la segunda o tercera semana de este mes.

Todo lo que necesitas saber sobre la floración de la lavanda (cómo llegar, estado actual de los campos, visitas guiadas, Festiva…) lo puedes consultar en esta página web.
Incluso puedes descargarte un pdf con la localización y a accesos a los campos, para que puedas visitarlos por libre.

Este año, debido a la situación provocada por la covid-19, se han suspendido los conciertos en los campos y las visitas guiadas, entre otros.
Eso no impide disfrutar de este maravilloso paisaje.

Todo comenzó cuando un agricultor de la zona, Andrés Corral, descubrió los campos de lavanda de la Provenza. Vio que era una producción idónea para los campos que rodeaban su pueblo, cuya actividad agrícola estaba en pleno retroceso.
Convenció a sus tres hermanos y a un perfumista (Emilio Valero, «la nariz» de Loewe, muy considerado en el mundo de los perfumes) para empezar el cultivo de lavanda y lavandina en la zona.

Desde entonces, se han plantado unas mil hectáreas de lavanda. Y se ha creado una planta destiladora de la esencia de lavanda. Una planta de tratamiento y producción de perfumes, a partir de esas flores de color lila azulado.

Allí, actualmente, se produce nada menos que el 10% de la producción mundial.
Se cultivan dos variedades: 250 hectáreas de lavanda apta para alta perfumería, cosmética, medicina y restauración, y otras 700 hectáreas de lavandina para decoración y perfumería.

Nosotros nos acercamos hasta los campos desde Sigüenza (una visita muy recomendable), a una media horita de camino. Aunque llevábamos un folleto con las coordenadas de los campos, teníamos la preocupación de no saber localizarlos o no encontrarlos por estar en carreteras secundarias.
Pero no hay pérdida, tras cruzar la autovía enseguida empiezas a distinguir ese color tan característico y empiezas a disfrutar de esos paisajes tan especiales.

Ya solamente queda ir despacito con el coche disfrutando de lo que vas viendo. Y, por supuesto, parar, bajar y perderte entre el espliego. Nosotros tuvimos la suerte de estar solos en varios de esos campos.
Hay otros que están más preparados para el turismo, incluso con parking, probablemente más extensos, mejor orientados para ver el atardecer, pero con más gente.

Recorrimos varios e incluso nos acercamos hasta el pueblo, Brihuega. Así, hicimos tiempo para poder disfrutar de cómo iba cayendo el sol, sin duda el mejor momento para disfrutar de este paisaje único y lleno de color. Un espectáculo increíble y que os recomiendo.

Con esta experiencia, he conseguido tachar otro de los deseos de mi lista: pasear entre campos de lavanda en flor. Os conté otro sueño que logré aquí y, al fin, otro de los importantes se ha hecho realidad. En la reseña de «Con el amor bastaba» os adelanté que en la Provenza no tuve ocasión de hacerlo, a pesar de estar en el lugar idóneo, porque no eran las fechas adecuadas.
Ahora sí ¡¡uno más alcanzado!! ¿cuál será el siguiente?
P.D. Infinitas gracias a quien lo hizo posible, las ilusiones compartidas engrandecen el camino.
May 17, 2019 | Experiencia
Hoy vuelvo con una excelente noticia y una maravillosa experiencia: ¡¡Me han concedido el segundo premio del Concurso literario «Ciudad de Caspe». Presenté el relato «Los alfileres del dobladillo» y el jurado le concedió el puesto de plata del Certamen.

Ayer, 16 de mayo, fue la entrega de premios en el Ayuntamiento de Caspe. El acto comenzó a las 6 de la tarde y el Salón de Plenos estaba lleno de público.
Junto a los premios dedicados a los relatos ganadores, se otorgaban también los galardones de la IV edición del Concurso de Marcapáginas. Se repartieron seis diplomas y seis vales para canjear por material educativo en una librería de Caspe (uno por cada uno de los cursos de educación primaria).

Tuve que leer mi relato desde el atril. Fue un momento emocionante, dando a conocer mis palabras y una historia que fue surgiendo poco a poco, desde una idea inicial basada en el difícil papel que ha tenido la mujer en muchas ocasiones.
A pesar de los nervios, intenté transmitir en la lectura los sentimientos de la protagonista, que cuenta su percepción de lo que sucedió, del cambio de su tía, de su impresión sobre el recién llegado…

Después, leyó su relato la ganadora del concurso, Mercedes Llop Alfonso. Así conocimos a la «Abuela Sofía» y cómo nos marca la infancia y los recuerdos que deja en nosotros.
Fue un placer conocer a Mercedes y hablar un poquito sobre su trayectoria y mis comienzos con la escritura. Ojalá coincidamos en alguna otra ocasión.

Me gustó ver a los niños recoger su diploma con ilusión, un reconocimiento por sus marcapáginas. Espero que esos dibujos les lleven a la lectura y a utilizarlos en sus libros.
Fue esperanzador notar su atención durante la lectura de los relatos.

Luego llegó el turno de las fotos, para conservar un recuerdo de un bonito acto que no olvidaré nunca. Solamente puedo dar gracias por esa primera llamada que me notificó el segundo premio del concurso literario Ciudad de Caspe, por esos correos informativos del acto, por la acogida, por la organización, por el reconocimiento y por valorar mi relato.
Gracias a esas personas que se acercaron a mí para felicitarme por el cuento y por pedir que se publicaran en papel. Por supuesto, gracias al jurado por su labor y a la concejal delegada de Cultura, Ana Ros por la iniciativa.
Sin duda, este premio me da fuerzas para seguir y ánimo para afrontar cuando no tengo tanta suerte. Y, sobre todo, me da alas para continuar escribiendo, aunque los resultados no lleguen.
El relato podéis leerlo en la sección «Relatos», concretamente aquí. .
Podéis encontrar más información en la página web del Ayuntamiento de Caspe, concretamente aquí.
Ene 25, 2019 | Experiencia
Hoy comparto con vosotros mi felicidad cuando subí una montaña… Un sueño cumplido y tachado de la lista. Concretamente os cuento el ascenso al Pico Robiñera, de 3.003 metros. Toda una experiencia.

Sus vistas son unas de las mejores de todo el Pirineo, ya que puedes ver las cimas más altas del Sobrarbe, destacando Las Tres Sorores y el macizo de la Munia.
Fue durante el pasado mes de julio. Para que cundiese el día, madrugamos muchísimo y desayunamos con ganas, porque imaginábamos que la jornada iba a ser larga. También, preparamos las mochilas con cosas de picar, comida y agua.

Desde Bielsa cogimos la carretera A-138 en dirección Francia, pasado el pueblo de Parzán, encontramos un desvío a mano izquierda que nos llevó hasta Chisagües. Allí comienza la pista forestal hacia la Plana de Petramula, unos 9 kilómetros sin asfaltar, por los que se puede circular sin problema.

Mi consejo es que accedas hasta la Plana (punto de partida del ascenso) con el coche, aunque te asuste un poco la primera pendiente, ya que te ahorrarás un buen trozo tanto a la subida como a la bajada. Además hay espacio suficiente para aparcar.

Ya a pie, a pocos metros, hay que seguir una señal que indica Glaciar de la Munia. Desde ahí comienza la subida, primero por una zona de prado.

Al principio, el camino se distinguía con facilidad y el paisaje era realmente espectacular. Caminábamos a buen ritmo y buen ánimo, haciendo pequeñas paradas para recuperar la respiración correcta.
No nos cansábamos de mirar a nuestro alrededor.

Después de un buen rato, llegamos hasta un nevero que estuvo a punto de hacernos desistir. Nos daba bastante respeto atravesarlo, por miedo a un resbalón.
Finalmente, no hicimos caso a los consejos de un montañero al que preguntamos y que se daba la vuelta para evitarlos. Y con bastante cuidado y enorme precaución, lo pasamos despacito. Fue el primero, pero no el único.

El sendero continúa con una subida importante, antesala de una pedrera de 400 metros de desnivel. En el comienzo de la misma, perdimos un poco el sendero, pero no perdimos la ilusión.
Además nos encontramos con un padre de unos 70 años y su hija, un señor muy educado con el que fue un auténtico placer conversar. Ellos estaban en la misma situación, pero tenían experiencia en otros tres mil. Entre todos, conseguimos retomar el camino correcto.

El terreno pedregoso resultaba bastante incómodo y daba vértigo echar un ojo hacia arriba y también hacia abajo. Fue una parte durísima, en la que a veces no sabías bien hacia dónde tirar.

Nos encontramos con personas que bajaban y nos decían que todavía nos quedaba la parte más complicada. También nos daban ánimos, diciéndonos que en la cima las vistas compensaban el esfuerzo.
Cada pocos metros se hacía necesario parar y tomar aliento.

Sí, reconozco que estuve a punto de rendirme varias veces, de tirar la toalla… la montaña siempre iba a estar ahí esperándome. Mi cabeza me decía que lo dejase, pero mi corazón me pedía seguir.
En esos momentos, os prometo que pensé en Rafa Nadal y su capacidad de sobreponerse a las dificultades, de luchar hasta que no queda ninguna posibilidad. Y continué.

En un punto en el que no sabíamos muy bien por dónde seguir, decidí hacer una parada larga, sentarme, comer algo en condiciones, beber agua y descansar un buen rato, dándole tiempo a mi mente, para recomponer un poco los esquemas y tener la energía necesaria.

Tuve claro que quería llegar y que es muy importante, aunque vayas en pareja o en grupo, llevar tu ritmo y marcar tus pasos, según te vayas viendo.

No hay que perder la ilusión en ningún momento, ni olvidar el objetivo.
Era el mes de julio, el día era largo y había tiempo para llegar, sin calcular horas, ni plazos.

Otro montañero acabó de darnos el aliento que nos faltaba. Nos explicó bien y con detalle cómo seguir, lo que nos íbamos a encontrar y lo que nos quedaba. Sus indicaciones y su ánimo hicieron el resto.
Estábamos convencidos.

Realmente, emocionaba ver las montañas de tú a tú, estar casi tocando el cielo.

En la parte alta, vimos dos cotas prácticamente iguales y sabíamos que la más lejana era la verdadera cima del Pico Robiñera. Aún faltaba.

Por un instante, pensé que era casi imposible llegar hasta allí, no tenía nada claro que pudiésemos conseguir alcanzar la segunda cota, pero había que lograrlo estando tan cerca.

Al principio era un tramo ancho y cómodo, dentro de lo que cabe. Luego, era más estrecho, junto a neveros y tenías que agarrarte a las paredes para poder avanzar. Incluso me arañé un poco las manos, los brazos, las piernas. Unos rasguños, nada más.

La emoción y la cercanía del objetivo nos daban fuerzas.

Y… ¡¡¡sí!!! ¡¡llegamos!!

¡¡Una recompensa increíble estar allí!! Sentimos alegría, entusiasmo, satisfacción… muchos sentimientos y todos buenos…

Volvimos a encontrarnos con el padre y la hija. Nos advirtieron que el cielo se estaba poniendo muy negro y que había pronóstico de lluvia. Nos aconsejaron bajar cuanto antes, porque el terreno podía ponerse muy resbaladizo.Y así lo hicimos, aunque primero nos hicimos unas cuantas fotillos y nos deleitamos con el increíble paisaje.

Creíamos que lo más difícil estaba hecho…. No. La bajada fue muy, muy, muy dura. Las rodillas y los tobillos sufrían un montón con el desnivel.

Se hizo larga, muy, muy larga. El dolor en las piernas era bastante fuerte y daba terror imaginar las agujetas que íbamos a tener. Os puedo asegurar que me duraron una semana entera, en la que cualquier escalón o pequeña rampita era un mundo.

Y al final ¡terminamos la aventura!
Quitarnos las botas al llegar al coche fue un alivio maravilloso. Beberme después una caña bien fría fue un premio estupendo. Recordar la cima y el esfuerzo hecho es dibujarnos una sonrisa y valorar el logro.
¡Es un recuerdo imborrable! Desde luego, la sensación fue única, sin embargo veo complicado ascender otro tres mil. Sobre todo, porque dicen que es el más sencillo del Pirineo y resultó bastante difícil para nosotros.
Aunque bien pensado… ¡nunca se sabe!
Nov 16, 2018 | Experiencia
Todavía me queda un premio por contaros… El último por ahora (espero que no para siempre).
Por casualidad, un día por la calle me encontré con Ana de Centro Femenino SAMA, entre otras cosas que no vienen al caso, hablamos de mis premios anteriores y me dijo que no lo dejase, que continuase escribiendo. Me contó que había visto por ahí, que La Azucarera había convocado un Certamen literario, me animó a que me enterase.
Y claro, en cuanto pude, busqué más datos sobre el concurso.
La información
La Biblioteca para Jóvenes Cubit, en colaboración con la Asociación de Vecinos «Tío Jorge Arrabal», el IES La Azucarera y Zaragoza Activa, habían convocado el VI Certamen de Relatos Cortos «La Azucarera.
Se establecían dos categorías por edades: juvenil, para participantes con edades comprendidas entre los 12 y 17 años, y absoluta para participantes de 18 años en adelante.
El contenido de los relatos (motivos temáticos, personajes, argumento o ambientación) tenía que aludir necesariamente a algún aspecto relacionado con «La Azucarera», en su etapa actual o en el pasado. El texto podía ocupar un máximo de un folio por ambas caras.

El plazo de admisión finalizaba el 4 de mayo, para los que se presentasen de forma presencial, y el 6 de mayo a las 23.59 horas, para lo que se presentasen mediante correo electrónico, que fue la opción elegida en mi caso.
El jurado estaba integrado por :
- Un representante de la Asociación de Vecinos «Tío Jorge – Arrabal».
- Un representante del IES Azucarera
- Un representante de Zaragoza Activa
- Un representante de la Biblioteca para Jóvenes Cubit
Y el relato que presenté, titulado «Los increíbles periplos sin rumbo», ¡¡resultó ganador!!. Podéis leerlo en el apartado de mi web «Relatos», concretamente aquí.

Entrega de premios
La entrega de premios se celebró el jueves 17 de mayo de 2018 en la Biblioteca para Jóvenes Cubit, a las 19,00 horas.
Me dio mucha rabia, pero no pude asistir, porque había confirmado mi asistencia a un Foro con anterioridad. Me fastidió bastante, porque me hizo muchísima ilusión ser la ganadora. En el acto, se leyeron los dos relatos ganadores.
Como yo no estaba, fue la bibliotecaria (¡qué oficio tan bonito!) Inmaculada García, quien leyó el mío.

El premio fue un cheque-regalo de 100 euros para canjear en la librería París, que me entregaron unos días después en mi visita a la Biblioteca Cubit. Solamente tengo palabras de agradecimiento:
- para todas las personas de la Biblioteca, que tuvieron mensajes de cariño para mí en todo momento y que me animaron a continuar escribiendo, porque les había encantado mi texto
- para los trabajadores de la librería, porque me recibieron maravillosamente, me felicitaron, me aconsejaron y me facilitaron la elección de los libros.

Los libros
Los libros que elegí fueron:
- «Un amor» de Alejandro Palomas (tengo pendiente hacer la reseña)
- «Más allá del invierno» de Isabel Allende (podéis ver la reseña aquí)
- «Madona con abrigo de piel» de Sabahattin Ali (reseña aquí)
- «Mi negro pasado» de Laura Esquivel (reseña aquí) y
- «La sinfonía del tiempo» de Álvaro Arbina (reseña aquí).
Hasta ahora es mi último premio, no ha habido tanta suerte en los siguientes… pero sigo intentándolo, rendirse es la última opción… no sé lo que pasará…
Nov 9, 2018 | Experiencia
¡Una nueva experiencia gratificante! Muy contenta con mis premios y con la moral muy alta, por esos reconocimientos tan inesperados, decidí presentarme a otro concurso, también relacionado con Aragón Radio. El concurso en cuestión era el Relato Imposible… Y siguió la racha.

Una propuesta en la que los participantes tenían (hablo en pasado porque creo que ya no se sigue haciendo) que crear textos literarios a partir de tres conceptos propuestos por el programa y que, aparentemente, no tenían nada que ver o eran, incluso, incompatibles.
Los participantes disponíamos de un plazo de once días para crear un relato breve que, en ningún caso, podía exceder las diez líneas. Los textos debían remitirse a la dirección electrónica, indicando nombre del autor y un teléfono de contacto, por si resultabas ganador o ganadora. El jurado estaba integrado por Ana Segura y Javier Vázquez, directores de ‘La torre de Babel’ y ‘Escúchate’, respectivamente, que seleccionaban los finalistas de cada semana y, entre ellos, el relato ganador, que era premiado con un lote de libros.
Conceptos
Esa semana los conceptos fueron: La Macarena de Los del Río, huella dactilar y sartén
Y con esas tres estupendas palabras, escribí mi relato. Y como os he explicado antes, sucedió todo. Primero seleccionaron mi relato como finalista. El 28 de marzo, entramos en directo en el programa «Escúchate» los cuatro finalistas y leímos cada uno nuestro relato. Después dijeron el nombre de la ganadora y… ¡¡¡bien!!! era yo… ¡¡qué alegría!!

Mi relato fue el siguiente:
Un delito menor
No era la primera vez que entraba en esa habitación. Pero sí de esa forma tan peculiar. Mis nervios estaban a flor de piel y esa lejana melodía de «La Macarena de Los del Río« en versión disco, colándose por la ventana entreabierta, incrementaba aún más mi estado de alerta. Con la linterna de mi teléfono móvil y con el mayor sigilo posible, busqué a tientas aquello por lo que llevaba suspirando tanto tiempo. Ni siquiera se habían tomado la molestia de ocultarlo. Debía tener cuidado, cualquier ruido podía desbaratar la operación. Se me ocurrió entonces que no había tomado ninguna precaución y que era aconsejable no dejar mi huella dactilar. Aunque pensé en buscar una solución, no podía perder el tiempo en ese detalle. El delito ya estaba cometido y no había vuelta atrás, solamente debía huir y buscar una coartada. Entonces oí sus pasos y busqué con qué defenderme, una sartén podría ser suficiente para protegerme, porque escapar no era posible. La puerta se abrió. Con la boca llena de tarta de chocolate, no me dio tiempo a explicar a mi abuela que no era lo que parecía.
Puedes ver más información sobre este concurso aquí.
Podéis escuchar el concurso aquí. Desde el minuto 04.30
Unos días después fui a recoger mi fabuloso premio, un lote de libros. Estoy deseando volver a visitar Aragón Radio…
Relato imposible… Y siguió la racha.