Hace poco tiempo, concretamente a finales de octubre, tuve la ocasión de visitar la fábrica de cerveza Ámbar, en pleno centro de Zaragoza.  Era mi segunda vez y eso me dio la oportunidad de fijarme más en los detalles, de interesarme por aquellas cosillas que habían quedado un poco pendientes.

Comenzamos con la visita, primero se presentó la guía (ahora mismo tengo dudas con su nombre, así que mejor no lo pongo), una chica muy simpática, que nos explicó todo y nos dejó hacer preguntas.  Para empezar, nos pusieron un vídeo sobre los orígenes de la fábrica, después nos dieron unas batas verdes (diferentes a las blancas de mi primera vez) y unos gorros muy poco favorecedores, pero obligatorios.  A continuación, nos indicaron las instrucciones que debíamos tener en cuenta.

La fábrica es un auténtico museo vivo de la cerveza, con más de cien años de historia. Desde que en el año 1900 hicieron la primera cerveza, no han cambiado de ubicación.  En el recinto original, conservan los métodos tradicionales de elaboración de la cerveza.

Es importante destacar que es la fábrica de cervezas más antigua de España aún en activo. Ubicada en el histórico barrio zaragozano de San José, es uno de los últimos resquicios del patrimonio industrial aragonés.

Durante la visita, se puede ver su maltería original de los años 30, los últimos tinos de fermentación abierta y, por supuesto, catar sus cervezas.

La maltería de Ámbar se estructura en cuatro plantas y les permite conservar íntegro el proceso de elaboración tradicional de la cerveza, desde que el cereal llega del campo hasta que la embotellan.

La sala de cocidas es la cocina del maestro cervecero, donde se combinan los distintos ingredientes para crear las recetas. Tienen dos, localizadas una enfrente de otra. La original, con calderas de cobre, es preciosa y está ya en desuso (aparece en la primera foto).  Allí pudimos probar distintos tipos de maltas.

Las nuevas, mucho más grandes, son de acero inoxidable.  No las pudimos ver, porque ese momento estaban limpiando y estaba el suelo mojado.

Durante la fermentación, gracias a la labor de la levadura el mosto se transforma en cerveza. En Ámbar disponen de dos opciones para fermentar: en la sala de tinos abiertos o en cerrado en los tanques verticales. La sala de tinos abiertos es una auténtica joya de la cervecería, es el único lugar donde se puede ver cómo trabaja la levadura.  En nuestra visita, los tinos estaban vacíos, aún así la sala es espectacular.

Una vez que las levaduras han hecho su trabajo transformando el mosto en cerveza, tienen un líquido al que los cerveceros llaman cerveza verde. Entonces pasa a las bodegas, allí, a cero grados y en completa oscuridad, la maduración de sus cervezas ronda aproximadamente el mes.

Actualmente Ámbar cuenta con 17 variedades, la gama española más amplia elaborada en una misma fábrica. Como curiosidad, nos contaron que la primera cerveza en España sin gluten, apta para celiacos, se hizo en esta fábrica.

Después de la estupenda visita, pudimos disfrutar de una cata de algunas de las cervezas que elabora esta fábrica.

Entre otras, yo opté por probar la cerveza Monte Perdido, elaborada con microflora salvaje a muy baja temperatura.  Se ha hecho por el centenario del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, para hacer honor a la cordillera ubicada en la comarca del Sobrarbe, Patrimonio de la Humanidad, y que este año 2018 celebra cien años como Parque Nacional.

El resultado de sabor que buscaban era: salvaje, complejo, rodeado de incertidumbre, sorprendente, divertido y con mucha chispa. Al probarla, según Ámbar, te encuentras con un líquido pálido en color, intenso en aromas frescos y verdes; a hierba, a resinas vegetales… y con un punto de acidez en boca que rompe con los cánones cerveceros más habituales.

Mi opinión personal: no tengo un paladar tan exquisito como para encontrar tantos matices, me pareció una cerveza con un sabor distinto y, al mismo tiempo, agradable; desde luego, con un punto sorprendente.  Sí, me gustó y, cuando la tomé, intenté trasladarme, aunque fuese un instante, a esa auténtica maravilla que es Ordesa.

Antes la visita era gratuita y tenía muchísima lista de espera, incluso de un año.  Ahora tiene un precio de 6 euros y no hace falta esperar tanto.  Podéis ver toda la información aquí.  Hay 20 plazas totales disponibles por visita y es para mayores de 12 años (siempre acompañados de un adulto). De 12 a 18 años, la visita es gratuita.

Desde luego, os animo a que os apuntéis y conozcáis este lugar tan especial de Zaragoza.