Iglesia de San Felipe de Zaragoza

Iglesia de San Felipe de Zaragoza

Hace unas semanas pude hacer una nueva e interesante visita sin salir de la ciudad, en esta ocasión a la Iglesia de San Felipe y Santiago el menor de Zaragoza.  ¡Os voy a contar más detalles!

Tipo de visita: 

Alma Mater Museum ha puesto en marcha un proyecto llamado «Entramos hasta la sacristía».  Y propone visitar distintas iglesias de Zaragoza.

Cada espacio y cada iglesia tienen su propio contexto histórico y artístico, y por eso te ofrecen descubrirlo sin restricciones porque entramos hasta la sacristía.

Los nombres de las visitas son:

  • Santa María Magdalena y el MUDÉJAR.  Esta visita os la conté aquí.
  • Santa Engracia y los MÁRTIRES.
  • San Felipe y las DEVOCIONES POPULARES. 
  • San Gil Abad y su VECINDARIO. Esta visita os la conté aquí.
  • Nuestra Señora del Portillo y las MUJERES.

El precio es de 8 euros por persona.  En su página tenéis todos los detalles.

Iglesia de San Felipe de Zaragoza y las devociones populares:  

La iglesia de San Felipe y Santiago el Menor es un espacio donde todo huele a barroco. ¿Cuál es su esencia? ¿Qué nos evoca su interior? ¿Qué hay detrás de su arte? En esta visita nos meteremos de lleno a experimentar las sensaciones que nos transmite un templo como este. Sólo así podremos ser conscientes de su verdadera dimensión.

El horario de la vista es:

  • En invierno: los viernes a las  17.30 horas.
  • En verano: los jueves a las 19.45 horas.

Yo la hice en horario de invierno, por lo tanto, un viernes a media tarde.

Exterior: 

Primero, nuestro guía, Luis, se presentó y nos dio la bienvenida.  Solamente éramos cinco personas.  A mí me encantó que fuéramos tan poquitos, porque fue una visita casi personalizada, muy tranquila y con posibilidad de fijarnos en todos los detalles.   Para comenzar la visita, nos detuvimos en el exterior. La iglesia de San Felipe y Santiago el Menor, de estilo barroco y neoclasicista, se encuentra en una de las plazas con más encanto de la ciudad.

En esa plaza se encuentran también el Torreón Fortea y el Palacio de Argillo que, en su interior, acoge el Museo Pablo Gargallo, uno de mis preferidos de Zaragoza.  En su día, en esta plaza se encontraba la Torre Nueva, una torre inclinada que fue derribada.  Siempre he pensado que esa torre debería construirse de nuevo, siguiendo las numerosas imágenes que hay conservadas de la misma, muchas de ellas en Montal, que alberga un pequeño y encantador museo.

Volvamos a la iglesia, lo que más destaca del exterior de esta iglesia es su portada barroca.  Su puerta antiguamente era una de las que daba acceso a la Basílica del Pilar, pero fue desmontada y trasladada a su actual emplazamiento. En el exterior, la portada presenta una composición llena de plasticidad y movimiento, que parece anticiparnos el rico interior. Sobre las columnas salomónicas se sitúan las figuras de los dos titulares: San Felipe y Santiago el Menor.

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Interior: 

Ya dentro, descubrimos una magnífica iglesia. El primer templo de data documentalmente del siglo XII ( a raíz de la reconquista de la ciudad en 1118). La actual iglesia de San Felipe y Santiago el Menor se comenzó en 1686, tras derribar la anterior porque se quedó demasiado pequeña ante el aumento de la población de la parroquia.

En el impulso de las nuevas obras desempeñó un papel fundamental la familia de los marqueses de Villaverde, al ceder el solar para la ampliación de la iglesia y ayudar con generosas aportaciones económicas. Más adelante, os contaré una curiosidad sobre este tema.

En 1691 se inauguró el actual templo construido sobre la traza de un templo medieval. Las obras se iniciaban en 1686, realizadas con el patrocinio de los vecinos Marqueses de Villaverde propietarios del vecino y contiguo palacio, llamado también de Argillo, y la entusiasta colaboración de la sacristana María Herrer. El autor del proyecto y maestro mayor de la fábrica fue Miguel Jiménez; Francisco de Urbieta se encargó del trabajo de cantería (zócalos, cornisas, portada) y del estuco de bóvedas, cornisas y cupulines interiores el escultor aragonés Pedro Franco Miranda.

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La iglesia es de planta de salón de tres naves más una amplia cabecera poligonal, y atrio a los pies con coro alto. La nave central es de mayores proporciones, y unas y otras se cubren con bóveda de cañón con lunetos. En la nave central se sitúan los únicos vanos que iluminan el templo.

Las esculturas: 

En el interior, se conserva gran cantidad de obra artística de carácter mueble, destacando por su abundancia la obra del escultor Ramírez que posee este templo.

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Luis hizo que nos fijásemos en las esculturas del apostolado realizadas por José Ramírez de Arellano y fue inevitable detenerse un buen rato, porque son magníficas.

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La nave central está flanqueada por nueve apóstoles, que nos fueron conduciendo hacia el altar, siguiendo la idea del espacio-camino característico de los templos barrocos.

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Estas imágenes representan a San Pedro, San Pablo, San Juan, San Andrés, Santo Tomás, San Bartolomé, San Mateo, San Marcos y Santiago.

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El baldaquino: 

Y, cuando llegamos al altar, nos esperaba una gran sorpresa, un espectacular baldaquino.

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El Altar Mayor es un baldaquino que sigue el modelo creado por Bernini para San Pedro del Vaticano. Las columnas salomónicas de mármol negro de Calatorao enmarcan las imágenes de San Felipe y Santiago el Menor; el conjunto se completa con las figuras de cinco Virtudes: Caridad, Esperanza, Fortaleza, Justicia y Fe.

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El baldaquino muestra en lugar preferente a dos apóstoles más (que se suman a los de la nave central), San Felipe y Santiago el Menor.  Sobre cuatro espléndidas columnas salomónicas de mármol negro se sustenta un grupo escultórico que representa las virtudes. Reunidos en el mismo templo los apóstoles de la iglesia católica y apostólica, con Pedro mostrándonos las Llaves del Cielo.

Detrás del altar: 

Nadie espera que, detrás del imponente baldaquino y del retablo con las figuras de San Felipe y Santiago el Menor haya nada más. Pero, a ambos lados, dos grandes puertas doradas se abren y dan acceso a un espacio reservado para el coro y el órgano de la iglesia de San Felipe.

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El coro: 

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Pudimos sentarnos en las misericordias del coro.

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Desde el coro:  

Visitando el coro, Luis nos hizo fijarnos en una ventana con reja.  Desde allí la familia que había contribuido a la construcción de la iglesia, podía asistir a los actos religiosos desde su casa.  Curioso ¿no?

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Las capillas:

En las naves laterales se sitúan varias capillas con retablos barrocos y diferentes obras.

La construcción de la capilla mayor -1714-1716- se debió en parte, nuevamente, al hijo del marqués de Villaverde, quien cedió el solar que ocupan presbiterio, coro y sacristía,  interviniendo como maestros de obras Francisco Zeballos y Juan Yarza  y, como carpintero, Pedro Sisarán. Finalmente, una tercera etapa arquitectónica-decorativa del templo puede situarse en torno a 1750-2, cuando el arquitecto real Ventura Rodríguez (quien, por cierto, se casó en 1751 con Rita Garro, parroquiana de San Felipe) aconsejó eliminar los adornos de estucos.

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Ecce homo:

En una de esas capillas pudimos observar el Ecce Homo, una escultura en la que hay que detenerse. Es la más antigua de las que procesionan en la Semana Santa de Zaragoza.  Una Semana Santa que, sin duda, merece la pena.

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San Expedito:

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También en una de esas capillas, descubrimos a San Expedito.  Si os digo la verdad, nunca había oído hablar de este santo.  Fue un comandante de las legiones romanas, que tuvo a su cargo miles de hombres y sirvió al emperador Diocleciano, entre los siglos III y IV. Parece que combatió a los bárbaros en el Oriente del imperio romano. Y, en medio de su tarea, Expedito comenzó a tener cada vez más devoción por la fe cristiana, y tras algunas dudas finalmente decidió convertirse.

San Expedito es el santo de las causas justas y urgentes. Y, por lo que contó otro de los asistentes, se le reza bastante cuando se busca sitio para aparcar, por el tema de la urgencia.  Así que ¡ya sabéis!

Mi opinión: 

En este caso, mi opinión es bastante parecida a la que ya escribí respecto a la visita de San Gil Abad. Si tenéis la ocasión, os recomiendo esta visita a una iglesia situada en el centro de la ciudad, en concreto, en una plaza que también merece una visita por todo lo que ofrece y que, además de para la cultura, tiene lugares para descansar, tomar algo y disfrutar del entorno.  Y es recomendable visitarla en este tipo de recorrido, guiado, porque así puedes descubrir aspectos que te pasarían desapercibidos o acceder a rincones a los que normalmente no podrías entrar, como el coro.

A veces, pasamos por la puerta de estos lugares y no conocemos todo lo que guardan, vamos de paso y no encontramos el momento adecuado para entrar.  Y merece la pena conocerlos más a fondo, caminar despacio por sus naves, por su capillas, contemplar sus retablos o fijarnos en los detalles de sus esculturas, en ese baldaquino barroco del altar…

Me gustó detenerme en la fachada, una imponente obra de dos cuerpos, rematada con frontón triangular sobre cornisa volada, que genera una sensación de extrema verticalidad por las seis pilastras que la recorren de arriba a abajo.

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Y me sorprendió gratamente su interior barroco.  Me encantó poder acceder al coro por esa puerta dorada, casi secreta.  Además, esta iglesia es uno de esos notables y escasos conjuntos barrocos que todavía se conservan en la ciudad.  .

Si tenéis la oportunidad, no os perdáis esta visita.  Desde luego, yo ya estoy pensando apuntarme a las otras que están programadas.   Y espero poder disfrutarlas tanto como ésta.  Sí, lo reconozco, después de la visita, hubo cenita en buena compañía, tras tomarnos primero un delicioso café en una terraza de la maravillosa plaza San Felipe.  El tiempo acompañaba y, cuando eso sucede, hay que dejarse llevar… 

¡Enhorabuena a Alma Mater por este iniciativa, por esta oportunidad que nos brinda de conocer mejor algunas de las iglesias de la ciudad, de vivir una experiencia diferente!

 

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