Lunes de otoño. Carmen Posadas

El lunes 21 de octubre tuve la oportunidad de asistir a una interesante charla de Carmen Posadas: «Recuerdos, memoria y literatura», dentro de la programación de «Lunes de otoño», organizada por la Fundación Caja Rural de Aragón.

Lugar: Sede Central Caja Rural de Aragón, C/ Coso 80

Horario: 19:30 horas

Fecha: 21 de octubre de 2019

Precio: Entrada gratuita

Ya sabéis que me gusta muchísimo escuchar a los escritores y conocer curiosidades sobre su forma de trabajar.  Podéis leer las entrevistas que he hecho a diversos autores en el blog.  Por eso, cuando me enteré de que se había organizado este ciclo con distintos autores, no dudé en apuntarme a varias de las sesiones previstas.

En concreto, los encuentros que se han programado son los siguientes:

  • Carmen Posadas (21 de octubre): «Recuerdos, memoria y literatura»
  • Isabel San Sebastián (28 de octubre): «La novela como máquina del tiempo»
  • José Calvo Poyato (4 de noviembre): «¿Historia contra novela?»
  • Javier Sierra (11 de noviembre): «Misterios y enigmas en la literatura»

En realidad, se trata de conversaciones entre el protagonista de cada fecha y dos novelistas: José Luis Corral y su hijo, Alejandro Corral.  El marco es incomparable, ya que todos los espacios de este edificio son espectaculares y poder disfrutarlos ya merece una visita.

El formato es muy atractivo, porque van surgiendo las preguntas como si estuviesen tomando un café informal, intercambiando impresiones y opiniones. La sala estaba llena de público y también colaboraba la librería París, brindando la posibilidad de adquirir las obras de los tres.

Carmen Posadas contó numerosas anécdotas y fue un verdadero placer escucharla, haciéndose realmente corto el tiempo que nos dedicó.

Empezó explicándonos que un escritor va descubriendo una historia que ya está, tal y como hacía Miguel Ángel con sus esculturas, que partían de un bloque de piedra.

“La escultura ya estaba dentro de la piedra. Yo, únicamente, he debido eliminar el mármol que le sobraba”

Diferenció entre escritores ciegos y cojos.  Por una parte, los primeros tienen todo estructurado antes de comenzar a relatar la historia, conocen perfectamente a sus personajes, de los que tienen elaborada una ficha completa, sobre su personalidad, gustos, evolución, etc.  Por otra parte, los segundos no saben cuál será el final, van dejando paso a la trama que se abre camino, a partir de una frase inicial o una idea.

Ella se incluyó en el segundo grupo, mientras que José Luis y Alejandro, dedicándose al género histórico, pertenecen lógicamente al de los ciegos.

Nos confesó que gracias a sus defectos se dedicó a la literatura, porque no era ni tan guapa ni tan graciosa como sus hermanas.  El mejor recuerdo de su trayectoria es aquel fax que le mandó su padre, después de no hacer ningún comentario sobre su obra durante mucho tiempo, de mostrarse indiferente a su labor.

En cambio, su peor experiencia es el piropo terrorista, muy común, especialmente antes, hace unos años.  Ese falso halago consiste en alabar algún aspecto positivo (habitualmente físico) para relegar tu valía en el ámbito profesional.  ¿Qué mujer no ha recibido una desagradable «galantería» de este tipo?

Nos reveló cómo eligió al narrador de «El testigo invisible», porque era importante quién iba a contar la historia real.  El verdugo despidió a un pinche de cocina que era un niño.  Esa figura podía servirle, porque los pequeños tienen un plus, siempre cuentan la verdad, pero a la vez no entienden algunas cosas.  Pero ese menor puede haberse convertido en un viejo que recuerda y todo cambia.

Afirmó que en cada libro siempre hay algo autobiográfico.

Nos narró cómo en «Maestra de títeres», la madre y la hija le permitieron representar distintas realidades, dándole así un interesante juego y múltiples posibilidades.  Y a partir de ese título, nos hizo reír con los chascarrillos de sus vecinos en la casa en la que vivió cuando llegó a España.  Incluso comparó ese edificio, que compartía con el ministro de la Gobernación, Juan Antonio Vallejo-Nágera o Lorenzo Caprile, con el famoso «13, Rue de Percebe».

Nos hizo partícipes de que «Pequeñas infamias» versa sobre las casualidades, de cómo encontró el consejo de Santa Teresa sobre la importancia de la paciencia, de lo que ocurrió con la falsa Anastasia y de dónde estaba cenando cuando le concedieron el Premio Planeta aquella noche de 1998, cuando figuraba en las quinielas como favorita, pero no quería pasar el amargo trago de no ser la elegida finalmente y le avisaron a toda prisa.

Me encantó su frase de «Espera y verás» (de la película «My fair lady») y la fuerza que le dio para no rendirse y perseguir sus objetivos, a pesar de la actitud de su pareja de entonces.

Además estuve muy atenta cuándo nos desveló cuáles son para ella los secretos para ser un buen escritor:

  • No es necesario ser ni muy inteligente, ni muy culto, porque puedes llegar a aburrir a los lectores con tu prolija sabiduría, elaborando farragosos textos que acaban por abandonarse.
  • Eso sí, hay que ser muy perseverante.

Y generosamente nos dio dos importantes consejos a los que lo estamos intentando: tener una gran curiosidad y ser un gran lector.

¡Un millón de gracias a Carmen Posadas por su tiempo, por sus amenas palabras, por compartir sus impresiones, algunas de sus vivencias y muchas confidencias! Gracias también a los conductores del acto: José Luis y Alejandro Corral, por plantear esas cuestiones que nos interesaban a todos los asistentes.  Gracias a los organizadores (personal de Fundación Caja Rural de Aragón) por esta magnífica iniciativa cultural y a Librería París, por ser un referente en la lectura de Zaragoza.

Me dio mucha pena no poder quedarme para conocerla personalmente (no se puede vivir con tanta prisa, pero hay que llegar a tantas cosas) y para que me firmase su libro… ¡espero que haya alguna futura ocasión!

El próximo lunes más…