Entrevista Rosario Raro Mis Palabras con Letras

Entrevista a Rosario Raro

Recién comenzado el mes de febrero, saboreando ya algunos días que anticipan la primavera, he podido hacerle una entrevista a la escritora Rosario RaroSin duda, una excelente oportunidad de conocerla un poquito mejor, porque ha contestado con muchísima generosidad a todas las cuestiones planteadas. Estoy segura de que os van a interesar sus respuestas.

Como suele ser habitual, ha respondido a las 12 preguntas sobre diversos temas relacionados con la literatura, con su forma de escribir y sobre sus libros.

Y, antes de comenzar, os recuerdo que tuve el privilegio de escucharla en una charla el otoño pasado.  Como no podía ser de otra forma, os lo conté todo con detalle aquí.  Entonces nos relató, de una forma muy amena, muchos aspectos sobre sus novelas, su forma de escribir y sobre cómo trabajaba los personajes.  Pero, ya sabéis, cuando se trata de conocer un poco mejor a los escritores, nunca es suficiente.  Así que le planteé esta entrevista y ella aceptó.

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Os la presento:

Rosario Raro nació en 1971 en una ciudad de gran relevancia histórica: Segorbe. Una circunstancia que imprime carácter.

Escribe desde que tenía siete años porque enseguida descubrió que con esta actividad se sentía muy libre y feliz. Comenzó a presentarse a concursos literarios muy pronto y por eso ha ganado tantos: porque probó suerte en muchos. Sus primeras publicaciones fueron una serie sobre leyendas del Alto Palancia en la revista Agua Limpia a los catorce años.

Como desde tan joven tuvo muy clara su vocación, a los dieciocho comenzó a estudiar Filología Hispánica en la universidad de Valencia. En 1996 el destino le llevó hasta Lima, la capital de Perú. Allí supo que siempre hay otras formas de hacer las mismas cosas.

Cuando regresó en 2001 se presentó al premio de relatos Ciudad de Huelva y ganó. Aquel fue un momento decisivo en su vida porque animada por este triunfo decidió quemar las naves y dedicarse profesionalmente a la literatura ya que la cuantía de este galardón se lo permitía, al menos por unos meses.

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Desde entonces, pasó por todas las fases editoriales posibles: publicación por instituciones que habían premiado sus obras, autoedición, coedición, edición hasta que llegó a Planeta con su novela «Volver a Canfranc» en 2015. Siempre dice que en su biografía las siglas A.C. significan antes y después de Canfranc. Esta novela tiene su propia ruta literaria por los escenarios de este enclave ferroviario del Alto Aragón. Después publicó también con Planeta «La huella de una carta» y «Desaparecida en Siboney», novelas con las que contó de nuevo con el favor de los lectores.

Ahora vive de la literatura, pero no exclusivamente de la escritura, porque también es profesora de Lengua Española y Escritura Creativa en la Universitat Jaume I de Castellón, una profesión que forma parte de la misma constelación libresca y con la que consigue seguir aprendiendo.

Además de narrativa, poesía y relato también ha escrito bastante ensayo. La culminación de este último género fue su tesis doctoral sobre la forma de la escritura en internet; se titula Los textos expandidos (y un par de líneas más). Con ella obtuvo el grado de doctora en Filología Hispánica.

Entrevista a Rosario Raro Mis Palabras con Letras 2

Sus libros:

Volver a Canfranc (2015)

La huella de una carta (2017)

Desaparecida en Siboney (2019)

El cielo sobre Canfranc (2022)

Reseña Volver a Canfranc Mis Palabras con Letras

Y aquí está la entrevista:

1.-  Esta primera pregunta se ha convertido en un clásico y es obligatoria en mis entrevistas, ya que me interesa mucho conocer vuestra respuesta y profundizar en vuestras referencias literarias. Estoy convencida de que, siendo escritora, eres primero una gran y apasionada lectora.  ¿Qué te gusta leer y cuáles son tus autores preferidos? 

Mi compañero de letras Pere Cervantes dice que él no se cree a los escritores que no leen, a mí me sucede algo similar.

Leer forma parte de mi trabajo, el cincuenta por ciento, aproximadamente, por ese motivo, algunos días antes de levantarme de la cama (madrugo muchísimo) ya me he leído un libro. No exagero si te digo que leo más de trescientos sesenta y cinco libros al año. Tengo que leer mucho porque estoy en varios jurados de novela y relato, reviso obras de mis alumnos, redacto informes de lectura, me piden que evalúe textos, analizo los libros de los autores que invitamos al curso de escritura de la Universitat Jaume I y al club de lectura de El Corte Inglés de Valencia y Castellón, etc. Pero tampoco tiene demasiado mérito, al fin y al cabo, es para lo que llevo formándome desde 1989.

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Si se trata de libros que leo durante el proceso de escritura de mis novelas es el tema el que decide ese acercamiento. Suelo leer también “a mis clásicos”, los autores que tengo en una estantería especial, y a los que siempre vuelvo: Cervantes, Pessoa, Caterina Albert (Víctor Català), Dino Buzzati, Max Aub, las mujeres de la generación del 27 (Nelken, Saornil, Arderiu, Catarineu,  Mulder, Roca de Togores, etc. etc. etc.), Mercè Rodoreda, Bradbury, Julio Ramón Ribeyro, Alonso Cueto, Francisco González Ledesma, Vicent Andrés Estellés, Elena Poniatowska, el poeta limeño Luis Hernández Camarero, Montserrat Roig, Albert Sánchez Piñol, escritores alemanes, ingleses, franceses y norteamericanos actuales y a muchísimos compañeros a los que no cito para no olvidarme de nadie de la colección de Autores Españoles e Iberoamericanos en la que yo publico mis novelas.

También son libros fetiche para mí «Crónica del alba» del escritor aragonés que falleció en San Diego, California, Ramón J. Sénder. Me sirvió para algo muy importante: para saber sin ninguna duda que quería dedicarme a escribir. Y después llegaron: «Rebeca» de Daphne Du Maurier, «El alienista» de Machado de Assís, «Camino de Sirga» de Jesús Moncada, «Bearn o la sala de las muñecas» de Llorenç Villalonga. Me gustó especialmente «Mundo maravilloso» de Javier Calvo, se nota que el autor, además de escritor es traductor.

2.-  Tengo la seguridad de que todos los principios son difíciles para cualquier autor.  Por eso, quiero pedirte que nos cuentes con detalle cómo comenzó tu aventura de escribir, cómo fueron esos primeros pasos dando forma a tus palabras. 

Sí, escribo desde que tengo uso de razón. Mi sueño entonces era que me publicara la editorial Planeta. Cuando sucedió por primera vez sentí que “la vida me había sacado a bailar” como dice uno de mis personajes.

Desde que escribí mi primer relato —por llamarlo de alguna forma—más o menos a los siete años, me divirtió mucho esa posibilidad recién descubierta de insuflar vida al papel, de convertir palabras en elementos 3D, de observar mucho para después contar lo que me resultaba interesante. Escribir es una forma de vivir en una continua realidad aumentada porque a lo que nos rodea le añadimos muchos significados más.

¿En qué momento decides ser escritora?

A partir de los quince años comencé a escribir en la revista Agua Limpia de Segorbe. Ya había ganado entonces bastantes concursos literarios. El momento en que pensé que ya no había vuelta atrás fue cuando en 2001, al regreso de Lima, ciudad en la que viví varios años, gané el premio de relatos de Huelva y entonces me dije que aquello suponía que ya había quemado las naves y que tenía que continuar hacia adelante. En esa exploración continúo.

Descubrí que la escritura me permitía estar donde quisiera y con quien quisiera y además con mis relatos y poemas podía corregir la realidad, es decir, que cuando algo no sucedía como a mí me hubiera gustado pues lo reescribía. La persona que más leía en mi entorno fue mi abuela. Al final de su vida solo repasaba una y otra vez «La plaza del diamante» como si hubiera llegado a la conclusión de que todo lo que a ella le interesaba estaba en esa novela de Mercè Rodoreda.

3.-  Es un momento complicado para los libros, las librerías y la lectura.  En ese contexto y teniendo en cuenta que has publicado tres novelas: “Volver a Canfranc” (2015), “La huella de una carta” (2017) y “Desaparecida en Siboney” (2019) ¿puedes contarnos si vives de la profesión de escribir? ¿Cómo ha sido tu relación con las editoriales?

Sí, vivo de escribir porque el 85% de mi tiempo, energía, ilusión y entusiasmo lo dedico a este oficio. Dar clase de Escritura Creativa y Lengua Española en la universidad es mi necesaria conexión con el mundo real para no encerrarme en eso que se ha enunciado como el mito de la torre de marfil.

Según los datos publicados a finales de 2021, este pasado año ha sido el mejor para la industria editorial desde 2013. Así que creo que podemos hablar claramente de una recuperación.

4.-  Como sabrás, se comenta con frecuencia que los jóvenes dejan de leer a los 17 años porque prefieren lo inmediato, la tecnología, el móvil.  ¿Es posible hacer algo para recuperar su afición? ¿Se puede competir con las series y con lo visual que ellos eligen? ¿Es viable convencerles de la importancia de los libros?

Creo que decir que los jóvenes no leen es algo así como un mantra social. En las ferias del libro las colas más interminables son las formadas por adolescentes. Además, leen en muchas aplicaciones para el móvil por lo que yo no opondría el hecho de utilizar un dispositivo tecnológico a que no estén leyendo. Mis alumnos del grado de Traducción de la Universitat Jaume I tienen 18, 19 y 20 años y te aseguro que leen muchísimo por afición, no solo los materiales de la asignatura.

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5.- Esta es otra pregunta que repito en mis entrevistas, porque me apasiona descubrir vuestros pequeños secretos, vuestra forma de trabajar. Me interesa conocer cómo escribes, si tienes un espacio determinado para hacerlo, un horario fijo, algún ritual. 

Escribo a primera hora de la mañana, cuanto más temprano mejor. Lo único que me resulta imprescindible para escribir es la soledad. Tampoco puedo escribir contra una pared. Si el ordenador está conectado a Internet, mejor. De esta forma, es como tener varias ventanas enfrente, además de la física, la terraza, el balcón, etc. También escribo mucho en los viajes con luz natural y mi ordenador portátil con el que puedo hacerlo en cualquier lugar. Eso sí, prefiero contar con una conexión a internet para consultar a cada momento el diccionario de la RAE. No escucho música ni la radio porque para mí la escritura es como una inmersión que me supone adentrarme en otro territorio y nada en ese lugar creado puede ser distinto a lo que escribo. A veces para “entrar en situación” escuchó las canciones que se nombran en mis novelas o relatos, pero solo antes de empezar.

También dibujo mapas mentales, lo ordeno todo en esquemas, en cuadrículas, en escaletas, utilizo cualquier medio que me sirva de ancla para la memoria.

Para mí de todo el proceso, la escritura supone un 20% y corregir el texto ocupa un 80% de mi tiempo dedicado a un libro, a un relato, a un artículo, poema, etc.

A mis alumnos les digo que escribir —mejor o peor— lo puede hacer cualquiera, que como decía Óscar Wilde solo son necesarias dos cosas o tener en cuenta dos reglas: “tener algo que decir y decirlo” pero donde se mide un escritor es en la fase de taller de mecánica y después de taller de orfebrería. Suele aplicarse aquello de que cuanto más se tacha más aumenta la calidad de una obra.

6.- También me gustaría saber cómo te inspiras, cómo solucionas un día de poca creatividad, cómo vas formando los personajes, si tienes el final de la historia claro desde el inicio.  Además, quiero pedirte que nos cuentes cómo te documentas, cómo preparas la información que servirá de contexto a tus personajes. 

Estamos en el siglo XXI y tenemos que aprovechar los recursos de los que disponemos: consulta de diccionarios en línea, Google Maps, búsqueda de fuentes de documentación como tesis doctorales en la base de TESEO, lectura de libros en Google Books, etc. Un etc. larguísimo. Ahora mismo es inédito el acceso que tenemos a una ingente bibliografía, testimonios, documentales…

Consulto las hemerotecas digitalizadas de algunos periódicos y numerosísimos documentales. Creo que para escribir literatura la documentación tiene que ser mixta: historia y ficción combinadas, como en el resultado.

Sobre los personajes, el desafío con el que siempre nos encontramos es el que describe el mito de Prometeo como el fuego de los dioses, es decir, ser capaces de insuflarles vida a los personajes, que el lector crea que han existido realmente, cualquier cosa que se entienda por “existir realmente”.

Unamuno elogiaba lo que de contradictorio hay en el ser humano, todos tenemos conductas en las que, como se dice, nos desconocemos, pero tanto a la hora de la escritura, como en la vida, tenemos que tender hacia la coherencia.

Cuando creo un personaje pienso en alguien real: un actor, un amigo, incluso en un político para caracterizar a alguno. De esta forma, ante mí, ya han tomado carnalidad, ya son reales, después solo tengo que trasladar al lector todas las sensaciones que me producen, de esta forma también sé también cómo hablan, qué dirían y que no, qué piensan, cómo se comportan, etc. Si son creaciones ex nihilo, es decir, de la nada, creo que correría el riesgo de que parecieran fantasmagorías o figuras de cartón piedra.

7.- Me he animado a participar en distintos concursos, no sé si acertadamente, con el fin de encontrar un sitio y comprobar la calidad de mis relatos.  Sé que ganaste el premio de relatos Ciudad de Huelva. En tu opinión, ¿son útiles estos certámenes? ¿Cuál es tu experiencia? ¿Has sido jurado alguna vez?

Siempre siempre les recomiendo a mis alumnos del taller de escritura creativa de la universidad Jaume I que se presenten a premios literarios. No es cierto que estén todos amañados. Yo he sido jurado de algunos con una dotación económica altísima y nadie me ha dicho lo que tenía que opinar, valorar, etc. Nadie se ha dirigido a mí durante el proceso de deliberación. Me he sentido completamente libre.

Además, la vía de acceso a algunas editoriales es a través de los premios que organizan. Es su forma de seleccionar autores.

Su verdadero valor reside en que son otras personas, que no nos conocen de nada, quienes opinan sobre nuestro trabajo. Además, proporcionan estímulo para continuar y sobre todo mucho ánimo. Consisten en constatar que hay alguien al otro lado.

8.- Supongo que no hay una sola respuesta, ni es fácil definirlo.  Pero ¿qué crees que tiene que tener un buen escritor para serlo?  ¿Se puede aprender a escribir con la formación adecuada o es un valor innato? 

Ambas cosas, la técnica es muy importante, pero conmover también.

Respecto a la formación, yo siempre les digo que no tengan prisa porque como decía Juan Manuel Caballero Bonald: “La prisa es la carcoma de la literatura” y que no publiquen nunca con una *(H)editorial con hache (escribo el asterisco para marcar la incorrección). Me refiero a estas que con la impresión (porque no es publicación ni edición) de cada obra matan (figuradamente claro) a un autor. Es mejor no publicar que hacerlo de esta manera porque lo único que se consigue con un libro maltratado, con faltas de ortografía y de cualquier tipo: de sintaxis, anacolutos y demás errores hasta en la contraportada y en la dedicatoria, como algunos que he visto y que se me han caído de las manos (y esto en sentido literal) es que nadie se vuelva a tomar en serio a ese autor y que no se le vuelva a leer.

Sobre esto hay una frase de Richard Bach que me gusta mucho, dice: “Un escritor profesional es un amateur que no se rinde”. Y otra de Agatha Christie: “Hacen falta veinte años para triunfar de un día para otro”.

Creo que la perseverancia es muy importante. La pasión y el cálculo también.

También les recomendaría que leyeran sobre lo que sucede con la semilla del bambú.

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9.- Me interesa también tu opinión respecto a internet y las redes sociales.  A los lectores nos gusta la cercanía que permiten con los escritores y la posibilidad de hacerles llegar nuestras impresiones sobre sus obras.  ¿Crees que facilitan la relación entre autor y lector? ¿Pesa más lo positivo que lo negativo? ¿Es importante gestionarlas directamente o es mejor contar con un profesional?

Las redes sociales como entornos comunicativos, más que informativos, definen nuestra época porque reproducen a escala muchas de las características de estas primeras décadas del siglo XXI. De alguna forma nos otorgan el don de la ubicuidad y nos permiten acceder a muchos contenidos, a veces demasiado volubles y efímeros.

Tienen una enorme función para visibilizar todo aquello que se publica, pero hay que darles un uso muy racional, reposado, y evitar siempre ante la pantalla las prisas o la falta de serenidad en la escritura y en la inclusión de contenidos. Tengo perfil de Facebook, Twitter e Instagram. En las redes sociales incluyo solo cuestiones librescas.

Necesitaría más páginas para mi vida familiar, social, laboral, para los viajes tan necesarios para escribir y las otras aficiones también conocidas como hobbies, además de la literatura, otro espacio web para relatar la intendencia o manera de articular todo lo anterior, y después están las cosas y las casas de la salud y sobre todo el reporte de la existencia más placentera: la que alberga la esperanza en que todo irá a mejor. Lo dicho: en las redes solo libros. Todo lo demás que, por suerte, es mucho: en vivo y en directo.

10.- Otra clásica cuestión en mis entrevistas. ¿Crees que existe una literatura para mujeres y que si el autor es hombre o mujer influye en el libro? 

Creo que no se puede hablar de literatura femenina porque no existe un concepto complementario, es decir, la literatura masculina. Creo que tener en cuenta quién ha escrito la historia y calificarla respecto a eso es un prejuicio. Algo así como hablar de literatura de autores pelirrojos, etc.

11.-  En mi web, publico también reseñas de mis lecturas. De hecho, acabo de comprarme “Volver a Canfranc” para que sea una de mis próximas lecturas. Si tuvieses que quedarte con uno solo de tus libros ¿cuál me recomendarías para que fuese mi próxima lectura?

Esto supondría pedirle a alguien que elija entre sus hijos, algo así como lo que sucede en «La decisión de Sophie», el libro de William Clark Styron que después se adaptó al cine. Los quiero a todos por igual

12.-  Y la última pregunta está relacionada con el futuro. Recuerdo que en tu charla en el ciclo “Lunes de otoño de Caja Rural de Aragón” (de la que hablé en la página porque me encantó) nos adelantaste algo de tu próximo trabajo.  Nos comentarse que iba a aparecer el tema social, que estaba basada en hechos reales y que suponía sacar a la luz acontecimientos muy relevantes pero que no son demasiados conocidos.  Por favor ¿puedes adelantarnos algo más? ¿Quieres compartir algún secretillo más sobre esta nueva novela?

Sí, claro, se va a titular «El cielo sobre Canfranc» y se publicará el 6 de abril. Así que ya sabes de qué trata.

Un fuerte abrazo virtual, pero muy real para ti y para todos tus lectores y muchas gracias por la entrevista.

¡¡Tengo que darle un millón de gracias por esta entrevista a Rosario Raro!!  Ya veis que muy pronto, en el mes de abril, va a publicar una nueva novela, situada en Canfranc, una localidad preciosa que mi también me encanta.  Este pasado verano hice de allí una caminata, que os conté aquí.  Sin ninguna duda, tengo pendiente hacer la visita que se hace sobre tu libro, porque además ha obtenido el premio a mejor experiencia turística de Aragón en 2021.

Fue un verdadero placer escucharte en la charla de Caja Rural de Aragón hablando sobre tus novelas y ahora contar con tus amplias respuestas en la entrevista que me has concedido.  Tengo que decirte que ya he leído lo que sucede con la semilla de bambú y me parece maravillosa la lección que esconde ese proceso.

Rosario, espero sinceramente que tu nueva obra sea un éxito, tal y como ha ocurrido con las anteriores.   Y espero leer muy pronto tu novela «Volver a Canfranc», que ya está en mi casa.  Espero que algún día me la puedas firmar y dedicar  ¡Gracias por acercarte hasta esta página y por tu generosidad!  Otro abrazo virtual muy real de vuelta para ti. ¡Te esperamos por aquí siempre que quieras!

 

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