Exposición «Tintín y la Luna»

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He tenido la suerte de que una buena amiga me invitase a visitar una interesante exposición y os doy más detalles sobre la misma.

Se trata de la exposición «Tintin y la Luna» que puede verse en el CaixaForum Zaragoza.

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Datos

Fecha: Del 27 de noviembre de 2019 hasta el 1 de marzo de 2020

Lugar: CaixaForum Zaragoza

Horario: De lunes a domingo y festivos, de 10 a 20 horas

Entrada: 6 euros (gracias clientes CaixaBank y menores de 16 años)

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Introducción

En 1969, un ser humano, el astronauta Neil Armstrong, pisaba la Luna por primera vez. Sin embargo… ¡Tintín ya la había pisado mucho antes, en 1950! Ciencia y cómic se unen para relatar ese viaje histórico.

En 2019 se cumplieron 50 años de la llegada del hombre a la Luna. Esta exposición relata la misión que lo hizo posible, el proyecto Apollo, y sus logros científicos y tecnológicos.

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El célebre personaje Tintín, de la mano de su autor Hergé, tuvo la suerte de comenzar su viaje al satélite en el año 1950.  Concretamente en el cómic «Objetivo: la Luna», para pisarla dos años después, en 1952, en «Aterrizaje en la Luna».

El personaje de cómic se adelantaba así nada menos que 17 años al astronauta Neil Armstrong y a su compañero Edwin Eugene Aldrin, apodado «Buzz», quien lo hizo en segundo lugar.

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Contenido

En esta exposición se ve cómo la humanidad ha soñado con alcanzar la superficie de la Luna desde siempre.  En especial desde que Galileo la observara por primera vez con un telescopio construido por él mismo en 1609.

Entre las piezas que componen la exposición, se encuentra la reproducción del primer telescopio de Galileo, que le permitió ver y estudiar la superficie de este satélite.  Los telescopios que utilizó Galileo producían la imagen mediante juegos de lentes.

Durante siglos, el telescopio permitió dibujar mapas cada vez más y más detallados de la superficie de nuestro satélite: algunos, verdaderas obras de arte.

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Hay información sobre las distintas fases de la luna y también podemos ver la réplica de la escafandra de Emilio Herrera. En 1935 este ingeniero creó la escafandra estratonáutica, un modelo autónomo para los tripulantes de globos de gran altitud que fue el precursor del traje espacial. El estallido de la guerra dio al traste con el proyecto de utilizarlo en vuelo.

La exposición muestra todo lo que conocemos acerca de nuestro satélite natural, y cómo se prepara un viaje espacial hoy y también medio siglo atrás, en aquella misión histórica que culminó con la llegada a la Luna el 20 de julio de 1969.

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El Apollo 11 culminó un programa de misiones tripuladas iniciado por la NASA a principios de la década de 1960, en dura competencia con los esfuerzos de la Unión Soviética. Al Apollo 11 le precedieron un par de vuelos en órbita terrestre, el primer vuelo tripulado para circunvalar la Luna y un ensayo general que incluía todas las maniobras excepto el alunizaje propiamente dicho.

Partiendo de las estaciones de seguimiento espacial involucradas en esa misión, podemos rehacer el viaje que en su día hizo la misión tripulada Apollo 11.

El proyecto exigió la construcción de una red de centros de control. Además se establecieron tres estaciones de seguimiento (una en Fresnadillas de la Oliva, en España), para poder mantener las comunicaciones durante la trayectoria hacia la Luna, así como el alunizaje y el regreso a la Tierra.

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En la exposición «Tintín y la Luna» se pueden observar las diferentes fases del Saturn V, el cohete de la NASA que impulsó la cápsula en la que viajaban los tres astronautas: Neil Armstrong, Edwin Eugene Aldrin “Buzz” y Michael Collins.

El primer requisito para alcanzar la Luna es conseguir suficiente velocidad, casi 11 kilómetros por segundo.  Para ello, los ingenieros diseñaron el Satum V, el cohete de mayor tamaño y potencia utilizado hasta hoy, así como todas las instalaciones necesarias para su lanzamiento y el control del vuelo.

Hay una maqueta, medía más de 110 metros de altura (como un edificio de 36 pisos) y pesaba unas 2800 toneladas al despegue.

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Asimismo, nos enteramos de qué experimentos hicieron en ese viaje, lo que dejaron allí y lo que trajeron a la Tierra, y por supuesto, cómo fue el viaje de regreso hasta nuestro planeta.

Los astronautas deben llevar consigo todos los consumibles que necesitarán durante el viaje: oxígeno, alimentos, agua… Además de consumibles, también debían llevar equipos de ejercicio, botiquines médicos, herramientas y, en especial, equipos de grabación.

Por eso, encontramos los alimentos utilizados en viajes espaciales, incluyendo las latas de refresco de cola, especialmente diseñadas para viajar al espacio, así como diferentes objetos reales y productos de higiene y de primera necesidad, desde la pasta de dientes hasta las bolsas fecales y de orina.

En la Luna, los residuos, tanto sólidos como líquidos, se arrojaban al exterior para reducir peso antes del despegue.

Y no pueden faltar documentos, diarios, revistas y objetos de merchandising que narran ese momento histórico.

Es muy chula la reproducción de la sección de mandos del módulo lunar.  Era una nave muy pequeña en la que se había ahorrado hasta el último gramo, por ejemplo, carecía de asientos. Los dos pilotos iban de pie, lo que permitía una mejor visión del terreno.

También destaca una reproducción del ordenador de a bordo, un ordenador que, pese a ser el primero en construirse usando circuitos integrados, tenía únicamente teclado numérico y sus prestaciones eran infinitamente menores de las que da hoy el teléfono móvil más primitivo.

Su diseño marcó un hito en el desarrollo de equipos informáticos, tanto en el software como en el hardware.  Aunque en realidad, se parecería más a una calculadora de ahora.

El primer viaje a la Luna fue una misión con una fuerte carga simbólica pero limitado alcance científico.  La estancia duró menos de un día; y la salida al exterior, poco más de dos horas. Los astronautas nunca se alejaron más de cincuenta metros de su nave.

El principal objetivo era comprobar las dificultades para moverse y trabajar y, sobre todo, obtener algunas muestras de suelo lunar.

El Apollo 11 llevó a la Luna tres experimentos científicos: un captador de viento solar, un reflector láser y un sismómetro para registar temblores del terreno.

Los astronautas llevaban consigo todos los equipos necesarios para cualquier imprevisto: herramientas (tanto para su uso dentro de la nave como para recoger muestras), aparatos para hacer ejercicio y mantenerse en forma, e incluso un kit de supervivencia por si a su regreso aterrizaban en zonas deshabitadas.

Hay una vitrina con las herramientas empleadas en las tareas de la nave o un cedé con la música que emplearon los astronautas para hacer gimnasia en una reciente misión espacial.

Y es especialmente impresionante la reproducción a escala real de la cápsula en la que los astronautas regresaron al planeta. ¡Qué pena no poder sentarse en sus asientos imaginando su regreso a casa!

El módulo de mando era el vehículo que cobijaba a los astronautas durante la mayor parte de la misión: lanzamiento, trayectoria translunar, órbita lunar y retorno a la Tierra.

Era la única parte de la nave capaz de resistir el calor producido por la reentrada en la atmósfera.  Pero sus reservas de aire, agua y electricidad eran mínimas.

La segunda parte

La segunda parte se centra en la figura de Hergé.  En su forma de trabajar y en las aventuras de Tintín relacionadas con la luna.

En las paredes nos sorprenden las ilustraciones de su famoso cohete.

Y también de la luna.

A través de una serie de vitrinas con la fisonomía del planeta Saturno, aprendemos más sobre su forma de trabajar, sobre el proceso de creación a partir de bocetos y cartas.

1. La idea de base

«Para mí, crear un cómica es, antes que nada, contar una historia. Por lo tanto, al igual que con cualquier historia, lo primero que necesito es un hilo conductor, una especie de hilo de Ariadna, que el lector (¡y también el autor!) pueda seguir». 

2. La construcción de la historia

«En mi caso, texto y dibujos nacen de forma simultánea: una cosa complementa y explica la otra.  Luego, muy paulatinamente, a medida que el relato avanza, la historia se desarrolla, adquiere solidez y se enriquece con nuevos personajes, ocurrencias y acontecimientos inesperados.  Esta es la función de los bocetos iniciales.  En ocasiones, es necesaria una gran cantidad de bocetos antes de llegar al esquema definitivo». 

3. La documentación

«Al confeccionar la maqueta del cohete lunar, fuimos muy minuciosos; y, al terminarla, la mostramos al propio Ananoff para que nos diera su visto bueno. Quería que, cuando Bob de Moor dibujara el cohete, supiera exactamente en qué parte de la nave espacial se encontraban los personajes.  Era básico que todo los detalles estuvieran en su lugar, y que todo fuera perfecto». 

4. El dibujo a lápiz

«En esta fase, empleo toda mi energía.  Dibujo furiosamente, como un poseso, borro, tacho, estallo, voy demasiado lejos, me obstino, suelto tacos, hago bocetos de tal o tal postura… A veces, me dejo llevar hasta tal punto que termino perforando el papel: estoy tan concentrado tratando de conferir la máxima intensidad a una expresión o a un movimiento que ni me percato de ello». 

5. El entintado

«Si es que existe un «truco» para dibujar con trazos firmes y sin machas de tinta, sinceramente, no creo que sea algo que me pertenezca en exclusiva… Existen decenas, cientos de dibujantes, que dominan el arte de trazar líneas firmes y evitar las manchas de tinta». 

6. El coloreado

«Salvo raras excepciones, los colores se aplican uniformemente, es decir, sin sombras ni degradados. En mi opinión, eso mejor la legibilidad del resultado final y hace que los dibujos sean más frescos». 

7. Producción y Distribución

«Llegados a este punto, el trabajo del dibujante se ha terminado.  A partir de aquí, toma el relevo el fotograbador, que es quien realiza las placas que luego se imprimirán.  Y finalmente llega el turno del impresor.  Él es el encargado de poner en marcha las prensas de impresión, que empezarán a girar con su ruido retumbante…» 

Mi opinión

En definitiva, os recomiendo que hagáis un hueco en vuestra agenda cuanto antes y que visitéis esta exposición porque es realmente interesante.

Sobre todo, porque el contenido es muy didáctico y nos permite descubrir mucho más sobre la luna, verla muy de cerca y, a través de una pantalla táctil, visitarla con detalle, comprobando dónde aterrizaron las distintas expediciones.

La muestra está compuesta por documentos sonoros y gráficos de la misión, módulos interactivos como el simulador del lanzamiento de un cohete y objetos como las muestras de alimentos y los productos de aseo que los astronautas utilizaban en el transbordador, los trajes espaciales o el ordenador de a bordo con el que se llegó hasta la Luna.

Y cuenta con muchos medios táctiles con mucha información, incluyendo juegos y experiencias que hacen la visita muy entretenida. No nos perdimos nada, tocamos todo, probamos todo y repetimos los vídeos explicativos una y otra vez.

Sin ninguna duda, la exposición transmite las dificultades de la conquista de la luna, cómo hubo que aguzar el ingenio para resolver problemas con una tecnología hoy obsoleta.

A pesar de que no soy una gran aficionada al cómic, adoro a Tintín desde muy pequeña.  Buena parte de la culpa de que sea ahora lectora empedernida la tiene él.  Me leí todos los volúmenes y ahorraba para ir comprándomelos poco a poco.  Me apasionaban sus aventuras y sus increíbles viajes.  Admiraba su lealtad, su amistad y sus perspicacia.

Por eso, ha sido un placer disfrutar con los dibujos de Hergé, con sus palabras y con las ilustraciones decorativas, en las que tuve que hacerme las fotos correspondientes.

¡Un millón de gracias por la invitación a la visita, gracias por pensar en mí y por el ratico de después! Cierto, es un lujo encontrar alguien con quien conversar.