Reseña Prohibida en Normandía Mis Palabras con Letras

Reseña «Prohibida en Normandía»

Autora: Rosario Raro

Páginas: 444

Curiosidades

La reseña de «Prohibida en Normandía» viene a sumarse a las otras dos reseñas que ya tenéis disponibles en esta página de libros de Rosario Raro: «Volver a Canfranc» (podéis verla aquí) y «El cielo sobre Canfranc» (podéis verla aquí).  Ambas comparten escenario -como se desprende de sus títulos-: Canfranc y, sobre todo, su maravillosa estación.

Pero vamos con la nueva novela.  Tras publicar en la editorial Planeta «Volver a Canfranc» (2015), «La huella de una carta» (2017), «Desaparecida en Siboney» (2019) y «El cielo sobre Canfranc» (2022), obras con las que suma más de treinta ediciones; en esta ocasión, la autora se basa en algunos acontecimientos de la vida de Martha Gellhorn como reportera de guerra durante el periodo 1944-1945 y, en especial, en su relevante papel durante el desembarco de Normandía.

Esta corresponsal huyó siempre de convertirse en una nota a pie de página de la vida de otra persona, Hemingway.  La sola mención a quien fue su marido tan solo durante cinco años suponía que su biografía y su obra carecieran de importancia eclipsadas por este hecho.

Su crónica del desembarco de Normandía no se publicó hasta el 22 de julio de 1944, y, además, muy mutilada.  A sus jefes les dio igual perder la exclusiva que hubiera supuesto publicar el texto de la reportera en cuanto se recibió.  Todos unieron sus fuerzas para relegar su artículo y silenciarla.

Otro texto que escribió sobre el buque hospital en el que trasladaron a los soldados heridos durante las primeras horas desde el norte de Francia no vio la luz hasta 1959, quince años después.  Nunca le perdonaron que escribiese sobre temas tabú, que denunciase el comportamiento execrable de algunos soldados.  La acusación de antipatriota la persiguió siempre, a pesar de lo mucho que hizo por los ciudadanos de su país.

Además, la novela con la que debutó en la literatura Martha Gellhorn permaneció en el olvido hasta que en 2012 la Biblioteca Británica compró una copia.

Por todas estas razones (y bastantes más), la escritora Rosario Raro decidió publicar este libro, para colocar a su protagonista en el primer plano del que nunca debió ser borrada.  Martha Gellhorn se había propuesto desvelar, con el que altavoz que representaba la prensa americana, la importancia de las mujeres en aquellos acontecimientos sobre los que parecía, a pesar de su máxima exposición a las balas enemigas, que pasaban de puntillas, desapercibidas, relegadas, tratadas con desdén y menosprecio, sin que se descubrieran sus pasos, puntos invisibles sobre la tela de la historia.

Martha nunca pensó en lo que le convenía y en lo que no, siempre optó por contar la verdad o, más bien, su verdad, sin tener en cuenta las consecuencias porque esa forma de actuar la consideraba ya, en sí misma, un fin.  Las demás reporteras lo sabían.  Solo ella enumeraría las sombras más oscuras de aquella guerra, los temas más espinosos e inasumibles de la estrategia puesta en marcha por los aliados para derrocar al régimen criminal de Hitler.

Esta novela tiene un inicio muy potente.  Unas primeras páginas rebosantes de acción y tremendamente impactantes. Recuerda los comienzos de algunos de los libros de Gabriel García Márquez:

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo» (Cien años de soledad)  
«El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo» (Crónica de una muerte anunciada) 

Pues el de «Prohibida en Normandía» no se queda atrás.  A la protagonista el lector la conoce en medio del campo de batalla.

Ya en esos párrafos del principio, nos damos cuenta de que nuestra protagonista es muy valiente.

Más tarde iremos descubriendo que, además de valiente, Martha es una mujer que se posiciona siempre en contra de las injusticias.  Por ejemplo, de su ciudad natal no soporta el arraigado racismo que impide la convivencia en cualquier lugar.  Le hieren estos comportamientos segregacionistas, probablemente porque es hija y nieta de judíos alemanes.  Abomina de cualquier forma de discriminación y por eso la vemos defendiendo a un marinero afeminado, que sufre el maltrato de algunos miembros de la tripulación. O sufriendo por tantas gentes desposeídas de todo durante la Gran Depresión, sobreviviendo a duras penas tras el hundimiento de la economía.

También que muchos no soportan que sean tan intelectual.  Un compañero suyo la llega a encañonar con una pistola por pisarle una exclusiva.  Ella primero lo denuncia, después retira los caros y pide que lo despidan, pero él sigue en su puesto.

El caso es que ella, tras haber participado en otras guerras, está decidida a conseguir un pase que le permitiera llegar hasta la primera línea, a pesar del rumor -convertido después en orden– de que las mujeres permanezcan solo en la retaguardia, sin formar parte.  Su objetivo es que le firmen el permiso para llegar hasta las costas del desembarco y unirse a las tropas contraviniendo la decisión del alto mando.

Para empezar, boicotean sus planes cuando no le permiten ir a Europa en avión y debe viajar en un carguero.  Siente rabia por tener que viajar en esas condiciones, pero también satisfacción por verse allí con destino a Europa.

«El miedo no podía formar parte de su equipaje, debía lanzarlo por la borda» (página 65)

Sin embargo, no se rinde, se mantiene firme en su propósito. Ella nunca lo ha tenido fácil en su vida.  Pasa su infancia compitiendo con sus hermanos, a pesar del apoyo de sus padres, que nunca hacen distinciones entre ellos. A París llega con una máquina de escribir portátil, dos maletas y setenta y cinco dólares en el bolsillo.  Nadie le regala nunca nada.  Se deja la piel, literalmente.

«Para sobrevivir redactó anuncios sobre unos baños supuestamente adelgazantes y artículos sobre moda francesa que enviaba a Estados Unidos mientras vivía en el hotel más barato que pudo encontrar» (páginas 268 y 269)

Siente su profesión con un compromiso ineludible y continuo en el que no caben excusas.  Necesita relatar lo único que de verdad importa en cualquier conflicto: las vidas humanas, esas historias pequeñas, como las llaman otros.

Para ella, muchos de sus compañeros periodistas creen que sus propias biografías están a la altura de sus egos hipertrofiados.  Entre esos compañeros está, aunque le duela reconocerlo, su famoso marido.

La mayoría de los capítulos han sido escritos en el mismo lugar donde suceden, es decir, en Hollywood, San Francisco, San Luis, Londres, Dover, Normandía, Canfranc…  La autora considera que conocer los escenarios a través de todos los sentidos, cuando es posible, permite transmitir mejor después las sensaciones que producen, conducir a los lectores hacia una experiencia inmersiva.

Y, también como apunte curioso, nos cuenta que Martha Gellhorn estuvo en Benicasim, Castellón, aunque esta información resulta difícil de rastrear porque ni siquiera aparece de forma correcta en muchos lugares su apellido, en las crónicas hablan de ella como «la rubia acompañante de su marido» u «otra más de sus esposas». Justo lo que ella trataba de evitar a toda costa.

Sinopsis

Una novela basada en hechos reales que conmemora el 80 aniversario del desembarco de Normandía.

La reportera Martha Gellhorn colabora con The Ghost Army, un ejército fantasma creado en Hollywood para engañar a los nazis. Ella y su marido, el famoso Ernest Hemingway, inventan las vidas de soldados que no existen. Pero Martha aspira a mucho más; quiere cruzar el Atlántico y relatar de primera mano la etapa definitiva de la guerra.

Para conseguirlo tendrá que rebelarse contra el rol que quieren asignarle como mera sombra en la vida de su marido y, además, desafiar una prohibición del alto mando militar que impide la presencia de mujeres en la secreta operación del desembarco de Normandía. Contra todos los intentos de borrarla y de ningunearla, esta extraordinaria periodista luchará por la libertad y arriesgará su vida en una épica travesía que la llevará desde Hollywood hasta Canfranc, pasando por San Luis, Londres, Dover y Pau, entre otros lugares.

«Prohibida en Normandía» le rinde justicia al amor y a la verdad.

 

Mi opinión 

Estructura

El libro se divide con 88 capítulos.  Estos capítulos se organizan:

  • Los dos primeros capítulos
  • Doce años antes del desembarco: capítulo 3
  • Un mes antes del Desembarco: desde el capítulo 4 al 21
  • Tres semanas antes del Desembarco: desde el capítulo 22 al 29
  • Una semana antes del Desembarco:  desde el capítulo 30 al 31
  • La víspera del Desembarco: capítulos 32 y 33
  • El día del Desembarco: desde el capítulo 34 al 49
  • El día después del Desembarco: capítulo 50
  • Dos días después del Desembarco: desde el capítulo 51 al 53
  • Tres días después del Desembarco: capítulos 54 y 55
  • Cuatro días después del Desembarco: capítulos 56 y 57
  • Cinco días después del Desembarco: capítulo 58
  • Seis días después del Desembarco: del capítulo 59 al 61
  • Una semana después del Desembarco: del capítulo 62 al 71
  • Dos semanas después del Desembarco: del capítulo 72 al 81
  • Un año después del Desembarco: del capítulo 82 al 84
  • Treinta años después del Desembarco: capítulos 85 y 86
  • Un siglo después del Desembarco: capítulo 87
  • Dos siglos después del Desembarco: capítulo 88

El libro termina con varios apartados:  El primero es «Notas de la Autora» con:

  • 1. Sobre la protagonista
  • 2. Las otras protagonistas
  • 3. Los otros protagonistas
  • 4. La censura militar, periodística y la ocultación de los hechos
  • 5. La escritura
  • 6. La guerra
  • 7. Esta novela
  • 8. Los libros (o el que debería ser uno de los principales antídotos contra la guerra).

El resto de los apartados son: Personas reales que aparecen referidas en esta novela y Personajes.

La historia está contada en tercera persona y en pasado.

La historia

«Prohibida en Normandía» es, sobre todo, la vida de Martha Gellhorn como reportera de guerra durante el periodo 1944-1945 y, en especial, su relevante papel durante el desembarco del Ejército en la costa de Normandía. Fue la única mujer que participó en el trascendental desembarco y arriesgó su vida para contar la verdad.

La novela nos permite acompañarla desde que decide participar en este acontecimiento histórico y se encuentra con la oposición de quienes deben autorizar esa participación.  Y la razón es que es mujer, no hay otra.

Los principales periódicos estadounidenses prohíben la presencia de reporteras de guerra durante la invasión de la Europa continental.

«Martha aparentó una seguridad que no era cierta porque conocía los rumores que circulaban por las redacciones de los principales periódicos estadounidenses respecto a que el Ejército se disponía a prohibir la presencia de reporteras de guerra durante la invasión de la Europa continental» (página 38) 

Tampoco su marido parece apoyarla en la decisión, a pesar de que, anteriormente, han compartido otros conflictos bélicos.  Martha Gellhorn vive como una continua injusticia que, a pesar de todo lo que hace, se la identifica tan solo como la exmujer del famoso escritor.

Pero, sobre esta relación, me detengo más adelante, en el Resumen.

«Martha siempre había considerado que era muy importante ayudarlo, por ese motivo quería que él también se implicara en lo que pretendía llevar a cabo» (página 44) 

Con la lectura del libro, descubrimos muchos aspectos sobre la guerra y, sobre todo, sobre el Desembarco.  Tenemos más datos sobre el papel que tuvo The Ghost Army, el ejército fantasma diseñado en Hollywood, que llevó a cabo una misión secreta y muy cinematográfica en los alrededores de Dover.

«La idea era construir una ficción y hacerla pasar por algo real, tal como hacían con las películas en Hollywood» (página 53) 

En definitiva, es el arte del engaño.  La estrategia incluye decorado y actuaciones.  Un pequeño grupo de soldados simula ser el grueso de las tropas aliadas y pone sus vidas en riesgo para atraer la atención del Ejército alemán mediante sofisticados trampantojos.  Como dispositivo, deber ser algo espectacular y convincente.

Una de las cosas más interesantes que encontramos al acompañar a la protagonista, es que descubrimos a muchas mujeres que tienen un papel relevante durante la guerra, a pesar de que sus historias son poco o nada conocidas.

Son matemáticas, enfermeras -setenta mil, algunas en los hospitales de campaña, de evacuación y de base, otras entre los buques, los trenes hospitales y las estaciones navales-, las mujeres del Servicio Postal del 6668 Batallón del WAC, Women’s Army Corps, el cuerpo de mujeres del ejército -ochocientas cincuenta y cinco jóvenes-.

Por supuesto, vivimos de primera mano cómo transcurre el Desembarco.  En algunos momentos, estamos dentro, estamos en plena batalla.  Casi parece que escuchamos los proyectiles, que van a alcanzarlos.  Casi nos aturde el estruendo de la batalla, podemos sentir el drama.

«Las balas y las granadas no distinguían entre quienes aún respiraban y los que habían dejado de hacerlo» (página 12)

Nos acercamos a los soldados, muchos de ellos muy jóvenes, demasiado.   Son muchachos imberbes, a algunos ni siquiera les ha cambiado la voz ni se les han ensanchando los hombros.

«Lo primero que vio mientras descendía por la rampa fue a varios jóvenes que explotaban en el aire» (páginas 11 y 12)

Pero no solo sentimos el Desembarco desde el lado aliado.  También compartimos la experiencia con algunos soldados alemanes, desde su lugar.

«Desde el búnker, Helmut, Kelgock, Zimní, Rainer, Krombacher y el resto de sus compañeros desde el campamento se admiraban ante la incesante llegada de más y más lanchas» (página 220)

Incluso, conocemos a sus familiares.

«Muy poco a poco, apoyados uno en el otro, volvieron por el sendero de tierra hasta su hogar, que entonces se había convertido en el lugar que, además de acogerlos a ellos, albergaba, como huésped principal, la ausencia de su hijo» (página 230)

Asimismo, somos partícipes de cómo vive la gente en medio de la guerra, cuando se acaban el agua, los alimentos, las medicinas.  Cuando se destrozan simultáneamente el ánimo y la fortaleza al enfrentar largas y aciagas jornadas sin electricidad e incluso sin luz natural durante el día, porque debían esconderse en sótanos, túneles o búnkeres en cuanto suenan las sirenas.  Una vida de ratas asustadas, en medio del caos y la destrucción.

«Donde antes se alineaban los edificios, quedaban solo las estructuras de algunos de ellos sobre montones de escombro, madera, utensilios de estaño, cristales, ladrillos y tejas rotas, camas desvencijadas, cascotes, vigas» (página 259)

También se habla de que casi todos los agentes alemanes están doblados, lo que es un gran triunfo.  Son captados por el servicio de inteligencia británico para que transmitan informaciones falsas a su país.

«Martha conocía el procedimiento a través del que eran captados por el servicios de inteligencia británico para que transmitieran informaciones falsas a su país» (página 35)

Durante la preparación del desembarco, es primordial contar con la certeza de que los soldados no difundan ninguna información sensible, para que todo funcione según lo previsto.

«Son hombres de honor, han jurado mantener el secreto durante cincuenta años bajo pena de ser juzgados en una corte marcial.  Puede que su participación en este operativo de despiste la vivan como una forma de representar en espectáculo itinerante, pero la muerte es real, es la única certeza absoluta.  Se juegan la vida como todos los demás.  No tenemos derecho a dudar de ellos» (página 129)

En la víspera de la gran operación militar, solo los oficiales de rango superior conocen todos los detalles.  El efecto sorpresa de la invasión era fundamental, respecto a aquello, van todos a una.

Nos enteramos de cómo se entretienen los soldados:

«Le relataron que, durante sus descansos, cualquier cosa era buena para intentar distraerse.  Jugaban a las cartas, remendaban sus ropas y asistían a las misas que se celebraban en la cubierta de alguno de los buques atracados allí, pero, sobre todo, escribían a sus novias y familiares» (página 183)

En muchos casos, esas serán sus últimas cartas, sus testamentos afectivos.

Y aprendemos aspectos de Hollywood.  Allí muchas de sus estrellas viven rodeados de una estela de acólitos, con una corte de aduladores, a los que confunden con amigos.  Personas inseguras, con un desmedido afán de protagonismo y que necesitan contar con la aprobación ajena.

Al margen de eso, es curioso ver cómo muchos actores de esa época, participan en la guerra como militares.

Más detalles de la guerra.  La censura militar es muy importante para que no se filtre nada.

«Aprovecha el tiempo aquí lo máximo posible para redactar tus crónicas, algún día podrás publicarlas, pero antes de ponerte manos a la obra, para no trabajar inútilmente, ten presente que lo que escribas deberá pasar la censura militar.  No todo se puede contar» (página 121)

La censura militar conoce tan bien lo que debe ocultarse como lo que es necesario comunicar.

Y, una vez que acaba la guerra, los medios solo quieren publicar material que ayude a olvidar.   A los que quieren contar lo que han visto, les llaman antipatriotas, el Departamento de Defensa no quiere que se cuenten lo que ellos consideran exageraciones y calumnias contra el Ejército de los Estados Unidos.

Una enfermera nos cuenta que algo ha cambiado en esta guerra:

«No va a ocurrir como en la otra guerra, en la que las infecciones se llevaron a tantos.  Ahora contamos con las sulfamidas, con la penicilina, el DDT, y además estamos preparadas para la hacer transfusiones» (página 124)

Además, se describe la forma en la que Hitler recibe las primeras noticias sobre los bombardeos.  Decide que lo mejor respecto a esos funestos augurios es ignorarlos.  No muestra ninguna reacción.  Cuando intentan narrarle más detalles sobre los ataques, él lo evita con un aleteo de su mano derecha.  No supo de la invasión aliada hasta pasado el mediodía del Día D.

Otro tema importante en el libro es la labor de la Organización, en la que ayudan a cruzar la frontera, a cualquier hora, con lluvia, relámpagos, nieve, ventisca y siempre bajo el acecho de los perros lobo con los que los alemanes rastreaban el monte.   Era de una de las doscientas redes creadas por los servicios secretos aliados, para las que trabajaban más de veinte mil voluntarios.

Bastantes guías de los que pasaban a las personas que huían eran españoles que conocían las rutas que seguían los contrabandistas.

«A unos los movían sus ideales humanitarios y para otros era solo una labor muy bien remunerada, aunque había excepciones» (página 305)

Se trata el tema de las violaciones de las mujeres durante la guerra.  Sobre esto, me detengo más un poco más abajo.

En la novela se habla también de la Alemania Secreta, un reducto de resistencia que, al principio, no quiere que los aliados ganen la guerra, sino que quieren derrocar al régimen hitleriano desde dentro. Después los acontecimientos viran y la alianza de los ejércitos occidentales se convierte en la única forma de acabar con el estado de terror instaurado.

Y hay referencias a los campos de concentración y la marca que dejan en el alma de las personas que pasan por ellos.

Los personajes

Martha Gellhorn es reportera de guerra, se convierte en los ojos de sus conciudadanos.  Participa en varias guerras, que le inyectan tal dosis de espanto que su rebeldía crece hasta abominar de cualquiera de las variadas máscaras con las que el poder se muestra y oculta a la vez.  Sus ojos parecen las imágenes de un caleidoscopio, por los puntos dorados y radiales repartidos sobre sus iris verdes.  Está casada con el escritor y periodista Ernest Hemingway.

Destacan las ondas de su melena dorada perfectamente marcadas, sus rasgos finos y su casi metro ochenta.  Su risa es una promesa a otro mundo mejor, radiante y siempre estival.  Le encanta bailar: coordinación, rapidez, ritmo y, lo más importante, diversión.  Estar siempre a la vanguardia la define.  Es atrevida, decidida y perseverante,  también previsora, está llena de fuerza. No tiene la voz chillona ni los ademanes impostados.  Es sagaz y ocurrente. Habla español con una fluidez asombrosa, aunque no de forma tan correcta como el francés, y sabe algo de alemán.

Hortense Flexner es una amiga poeta de Martha.

Otto Mannheim es el atento anfitrión alemán que recoge en 1932 a un grupo de periodistas en el aeropuerto de Múnich, entre los que se encuentra Martha, a los que trata como copistas autómatas. Pasan varias veladas a solas ante la chimenea, hablando de temas muy variados.  Es muy alto, tiene una elegancia innata, nada impostada, pero combinada con cierta rusticidad.  En su rostro, los ángulos marcados y los rasgos más suaves se armonizan.  Sus ojos azul Prusia parecen ocultar, como tras un telón, mucho más de lo que muestran.

Sonríe de forma amigable y misteriosa a la vez, entablando un continuo e íntimo combate entre la necesidad de expresarse y la introspección y reserva exigida por su rango.  Desconcierta que se muestra como un irredento seguidor del nazismo, pero su erudición trasluce numerosas lecturas y conocimientos artísticos universales.  Habla un inglés casi sin acento y tiene origen aristocrático;

Los abuelos de Martha que emigran desde Breslavia a San Luis. De su tierra mantienen la costumbre de comer salchichas y patatas en su palco del teatro de la ópera.

El doctor Albert Gellhorn es el padre de Martha y es un ginecólogo judío.  Atiende indistintamente a pacientes blancas y negras, el único de la ciudad que lo hace. Él y su mujer le brindan a Martha en cualquier circunstancia su protección y nunca la juzgan.

El general Harvey. Conoce a Martha en la piscina del Hollywood Athletic Club.  No falta a su entrenamiento ni siquiera la mañana siguiente al día de Acción de Gracias.  Sus ojos son negros y chispeantes, como si rieran siempre bajo las cejas angulosas.  Su boca es una raya sin labios, su mandíbula muy bien rasurada, los pómulos altos y la nariz grande y recta.  Tiene una gran prestancia, es vigoroso.  El béisbol le hace famoso durante su formación en la academia militar, donde es el jugador estrella.

Es discreto, efectivo y de trato afable.  Es el primero de su promoción en obtener el grado de general y es de Misuri, como Martha.  Antes trabaja en los ferrocarriles, como calderero.  Está obsesionado con el tiempo, como si poseer los artefactos que lo miden le permitan desentrañar su mecánica y ajustarlo al cariz de sus vivencias.  Fuma.  Es reconocido por su personalidad calmada, su saber estar, su rectitud, su comportamiento nada estridente.

Ernest Hemingway es el marido de Martha.  Es escritor y periodista, para muchos el periodista con más talento de toda su gran nación.  Es bastante bromista con todos.  A su mujer le molesta su excesiva proximidad a otras mujeres.  Para ella su actitud es excesivamente ligera, como si casi nada le resulta relevante o como si ya está de vuelta de todo.  Pero él defiende su capacidad de discernimiento, de saber qué es lo único que merece la pena y la alegría.

Dwight D. Eisenhower es compañero de promoción de Harvey en la academia militar.  General de cinco estrellas del Ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, es comandante supremo aliado en el frente de la Europa occidental, responsable de la exitosa Operación Overlord con la posterior liberación de Francia y Alemania entre 1944 y 1945. También es un político y el 34.º presidente de los Estados Unidos, entre 1953 y 1961.

Patton es un general, conocido por su mal humor y por las continuas salidas de tono con quienes lo rodean, tanto con sus subordinados como con sus superiores se comporta de una forma grotesca, exagerada y muy poco oportuna.  Es un guerrero puro y feroz, se gana el sobrenombre de General Sangre y Agallas.  Estudia Literatura Clásica e Historia Militar, se licencia en West Point.  Lleva unos cuarenta años casado con Beatrice Banning, ambos se conocen desde la infancia, pero es muy evidente que esta larga relación no parece haberle aportado al general ninguna estabilidad emocional.

Por fuera es de hierro, reforzado con wolframio, dicen algunos, pero esta cápsula metálica encierra a su peor enemigo: él mismo con su nulo don de gentes y los continuos cambios de humor, su personalidad desbordante en el peor sentido del término.  Es de San Gabriel, California. Muchos soldados lo detestan por la forma tan estricta que tiene de aplicar la disciplina militar, pero que, aún así prefieren estar bajo su mando porque consideran que es la mejor opción para salir vivos.

John Cecil Masterman es un profesor de Oxford.  En 1914, durante la guerra anterior, lo internan en un campo alemán, donde gana un dominio perfecto del alemán. Mientras está recluido se hace amigo del tío de Martha.  Es un gran aficionado a la literatura e incluso a escribir novelas y obras dramáticas de misterio.

Moritz Gellhorn es tío de Martha, de él hereda su amistad con Masterman.

Glenn Connors y Aldrich Merck son dos agentes.  El primero es conocido como Darling y el segundo como Brandy.  Glenn es un operador de radio homosexual.  Aldrich es un piloto alcohólico de la RAF, que sabe que sus días de vuelo acabarán si se descubre su adicción.

Guinardó es un agente español que coordina a otros muchos.

Gerda Taro es una compañera fotógrafa alemana de Martha.

Sam Wood es un director de cine.

Faulkner es guionista.

Copping es un sargento, un hombre de enorme valor que salva a todos los niños de una escuela en llamas.

Douglas Fairbanks Jr. es un teniente, es el famoso actor que, además es militar.  Tiene la capacidad de convertir siempre en algo artístico lo más mínimo y vulgar.  Lleva un bigote muy bien recortado que reproduce de manera exacta la forma abultada de su labio superior.  Tiene una mirada serena y magnética.  Se peina de forma que un par de rizos oscuros le caen entrelazados sobre la frente.  Tiene una mujer y dos hijas que le esperan en Estados Unidos.

Otros actores estadounidenses también están en la guerra: Glenn Ford, Henry Ford y el actor británico Alec Guinnes, que sirve en la Royal Navy.  Su presencia y buen humor sosiegan.

David Niven es otro actor y militar, coronel.  Es británico.  Le encargan que encuentre a quien debe hacerse pasar por Monty.

Bernard Law Montgomery es un general británico. En 1944 es designado comandante de todas las fuerzas terrestres durante la operación Overlord desde los desembarcos iniciales hasta después de la batalla de Normandía.

Meyrick Clifton James es el encargado de suplantar a Montgomery.

La señora Maddison es la sirvienta que Harvey contrata para que trabaje en su casa, junto a su esposo.

Edna Fischel es la madre de Martha es activa y participa en todas las causas sociales que le resulta posible.  Lucha desde el comité que preside para conseguir que las clínicas sean gratuitas, para que se reduzca el humo de las fábricas y para que se prohíba el trabajo infantil.  Es una de las fundadoras de la Liga de Mujeres Votantes.

Los hermanos de Martha se convierten en lo que se espera de ellos, hombres rectos, aunque, por suerte, no exentos de un gran sentido del humor.  A los tres sus padres les prohíben los chismes y rumores.  Solo pueden hablar de lo que esté avalado por su capacidad de observación y experiencia.

Roald Dahl es amigo de Martha y agregado aéreo de la embajada británica en Washington. Durante la Segunda Guerra Mundial, tras un accidente aéreo, Dahl es trasladado a Washington donde, aparte de comenzar por casualidad su carrera literaria, espía a los norteamericanos para Churchill, se codea con figuras políticas y artísticas de Estados Unidos (entre ellos, Roosevelt y Walt Disney) Es un novelista, cuentista, poeta y guionista británico de ascendencia noruega.

Gudrun es la institutriz austriaca de Martha, le enseña algo de alemán, muy poco porque sus padres deciden despedirla pronto debido a algunos peculiares métodos pedagógicos que asustan a los niños.

Mary Welsh es compañera de Martha, quien la admira como profesional, pero la compadece en lo referente a su vida privada.  Está casada con un millonario, Lawrence M. Cook, un hombre aborrecible que posa para los fotógrafos de prensa con otras mujeres como trofeos de caza, que la llama «carroñera», por dedicarse a informar sobre los conflictos bélicos, y se burla de ella.  Es muy reconocible por sus inseparables gafas de sol de pasta negra.

Tiene un porte distinguido siendo hija de un leñador de Minnesota, eso dice mucho de la manera en que ha decidido mostrarse a los demás.

El barón Beaverbrook, apodado el Aristócrata Proletario -porque su periódico, el Daily Express, es el más leído por los obreros de todo el mundo-, es quien contrata a Mary Welsh.

Ronald Town es un periodista del que solo saben que hasta aquella fecha ha escrito de cine y boxeo para un periódico de Texas.

Ruth Cowan Nash es una reportera de Salt Lake City.  En los círculos periodísticos se celebra su arrojo y sagacidad.  Firma la mayoría de sus crónicas para United Press con el seudónimo masculino Baldwin Cowan.

Eleanor Roosevelt es la mujer del presidente.  Es ella quien presenta a Martha y a Ruth, siempre se refiere a ellas como dos de sus favoritas.  Destaca por su labor social, intenta reducir la desigualdad y una larga lista de variadas injusticias.

Wes Gallagher es el director de Associated Press en el norte del continente africano.

Kent Cooper es el director general de la Associated Press.

Helen Kirpatrick es otra periodista compañera, jefa de la oficina del Chicago Daily en Londres.  Tiene una mayor autoridad entre el grupo de compañeras.

Lee Miller es otra compañera periodista, fotógrafa.  Se ha movido cámara en mano entre las ruinas que quedan tras los bombardeos, es quien capta con mayor detalle la devastación que deja tras de sí el Blitz.  Exagera sus gestos al hablar y mueve excesivamente las manos y todo el cuerpo.  Su determinación y el alcohol, a partes iguales, hacen que sus ojos brillen mucho.  Ha triunfado con su serie de retratos de las mujeres del servicio naval y de las pilotos.

Su belleza y físico son su maldición. Lucha de forma constante entre el rechazo y la aceptación de su cuerpo y de su rostro, a veces siente vergüenza y otras alardea de su silueta y de sus rasgos.  Bebe desde niña, desde el mismo momento en que comienza a cortarse el pelo ella misma y a usar solo pantalones porque se siente más protegida por esa prenda cerrada.

Man Ray es el fotógrafo que se burla de los convencionalismos y las mojigaterías.

La duquesa de Westminster es una conocida editora de revistas.

Gertrude Lawrence es una actriz, una socialité británica. La canción Nymph Errant (Ninfa errante) de Cole Porter va dedicada a ella.

Leslie Howard es un actor.

Ann Mitchell es la secretaria de Masterman.  Estudia Matemáticas y, a los pocos meses de graduarse, se convierte en una de las mejores criptoanalistas del mundo.  Se dedica a romper los códigos, que los alemanes cambian cada noche.  Le resulta fácil descifrar cualquier mensaje.

Jasper Maskelyne es un mago, enrolado en el equipo de camuflaje.  Se presenta voluntario y lo alistan tras pasar un examen.

La sargento Summersby es quien conduce el Cadillac de Einsehower, es la mejor de los chóferes con los que cuenta el Cuerpo Motorizando Británico de Transporte;

Dotty es una enfermera.  Mastica chicle y se pinta las uñas de un tono rojo encendido. Vive en Pataluma, en el área de la bahía de San Francisco hasta que se une al departamento de Relaciones Públicas de la Marina, se afilia a Cruz Roja porque quiere viajar al extranjero.

Mike es un soldado en el que piensa la enfermera Dotty.

Stella es otra enfermera.  Es enfermera de raza, por convicción y vocacionalmente.

Lindsay Bennett es una enfermera de New Florence, Misuri, una localidad muy cercana a San Luis, de donde es Martha.

Shirley Ambrose es de la primera promoción de vuelo, graduada en la School of Air Evacuation, de Bowman Field, en Kentucky.  Va a estar con los soldados en los aviones de carga. Es una rubia muy animosa.

Shilshut es un cabo.

Dolores Brown, Mary Barlow y Mary Bankston son algunas compañeras del Servicio Postal del 6668 Batallón del WAC, Women’s Army Corps.  Llevan sus gruesos abrigos cruzados que, por la falta de calefacción durante el invierno, no se quitan más que para lavarse y para dormir.  Llevan las solapas bien plantadas sobre los pañuelos blancos del cuello a juego con los guantes.

El señor Chambers es un empleado del hotel Dorchester.

John Weissman es de Arizona y trabaja en el Post, en The Washington Post;

Fanny Hugill es la encargada de registrar las rutas de los buques que navegan por el canal de La Mancha.   Trabaja subida en una escalera desde la que traza las singladuras de los barcos de la Royal Navy sobre un enorme mapa mural.  Tiene veintiún años.  Es una persona serena que no se da la menor importancia.

Tennat es contralmirante y Ramsay es almirante, de ambos depende directamente Fanny Hugill.

Endre Friedmann, al que todos conocen como Robert Capa -el seudónimo que inventa junto a Gerda Taro-, es un fotógrafo húngaro.  Le une a Martha el afán por contar los efectos de la tragedia en la gente de a pie.

La señora Rhegoland es una criada en el refugio de Hitler en los Alpes bávaros.  Pasa su escaso tiempo libre tejiendo calcetines para los soldados del frente oriental, entre los que se halla su hermano Hervé.

Helmut Traum es un cabo de veinte años y natural de Hannover;

Aldo Krombacher es otro soldado.  Su madre es Berta, que vive en una modesta casa de Weiskirchen, en la orilla del río Sarre.  Su padre es Haines.

Kelgock es otro soldado.

Zimní es un cargador checo que acaba de cumplir diecisiete años.

Rainer es el soldado que lleva las municiones.

Reuters Doon Campbell es un reportero.

Walter Bedell es el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Expedicionaria Aliada.  Todos le llaman Beetle.

Prímula es la mujer de David Niven.  Es oficial de sección en el WAC, pero deja el ejército para criar a sus hijos, Jamie y David Junior.  Es tan bella como la flor de la que lleva el nombre.

Timothy Crane es un piloto de Arkansas.  Es uno de los mejores y especialista en mantener la calma en medio de la tempestad.  Es bastante menudo, tiene la mandíbula y los pómulos muy marcados y los ojos de un color azul grisáceo.

Luc-Marcel Faure es un campesino francés.

Solange es una mujer de Pau.  Tiene un aspecto candoroso, los ojos almendrados color miel, el cabello del mismo tono, la piel blanca y el cuello largo.  Transmite una agradable sensación de bienestar.  Su marido es Baptiste.

Clifford es un piloto inglés.

John Drylie es un piloto escocés.

Avery es otro piloto.

Jeffrey es otro de los aviadores.

Jamie es uno de los pilotos más jóvenes.

Briand es un chófer.

Pilar es la dueña de La Serena en Canfranc-Estación, es una fonda y allí acogen a muchos de todas partes.

Tricio es el marido de Pilar, un hombre alto y voluminoso.  Es un imán para los líos.  Ambos son hospitalarios.

Elisabetha Belmont es la madre de un soldado de Arizona, Estados Unidos.

Javier es el empleado más joven de La Serena, es camarero.

Bruno Gesche es comandante del Führerbegleitkommando, la unidad militar encargada de la protección personal de Hitler, formada por investigadores especializados.  Pasa más tiempo ebrio que sobrio.

Alfred Becker es un chófer.

Friday es un agente, un hombre vestido de una forma demasiado correcta para las circunstancias y pelirrojo.  El tono rebelde de su cabello parece lo único que escapa a su control.

Brendan Wilkinson es el preceptor de Otto.

James Baxton es el director de Collier’s.

Evangeline Owen es la secretaria de James Baxton.

David Scherman es un reportero de Life.

Roland Penrose es un artista que pasa de abanderar el movimiento surrealista en Gran Bretaña a ofrecer sus servicios al ejército como experto en camuflaje.

Los lugares

En esta novela hay un lugar protagonista:  Normandía, que se encuentra en el noroeste de Francia, frente al Canal de la Mancha.

Allí: las Playas desde Sainte-Honorine-des-Pertes hasta Vierville-sur-Mer, rebautizada en la operación como Omaha beach, esa zona del Muro Atlántico; Pointe du Hoc, donde desembarcan más de doscientos guardabosques estadounidenses; el pueblo de Sainte-Mère-Église, donde aterrizan los paracaidistas; Bahía del Sena; Caen; Saint-Lô; la península de Cotentin; puerto de Cherburgo y Fort du Roule; cementerio alemán de La Cambe, a veinte kilómetros del estadounidense de Colleville-sur-Mer, con blancas cruces latinas y algunas estrellas de David, con el monumento funerario en el Jardín de los Desaparecidos y una estatua; acantilado de Shakespeare.

También en Francia: Calais; París; El Havre; Ruan; el castillo de La Roche-Guyon, en la región del valle del Oise; Tarbes en el sur de Francia y su cine Méridien; Pau; Toulouse; Lourdes; departamento de los Altos Pirineos; la Fôret de Fréteval; Saint-Fromond en el distrito de Saint-Lô; Bayeux; Urdos, localidad en el distrito de Oloron-Sainte-Marie, y el hotel Les Voyageurs; viaducto ferroviario de Arnousse.

También viajamos a Estados Unidos:

  • Hollywood en Los Ángeles: Sunset Boulevard y el número 8358 -a la altura del cruce con Kings Road-, el Hollywood Athletic Club, la Sunset Tower -aquel edificio de tan ecléctica decoración, con sus famosos frisos de yeso de motivos vegetales entre los que asoma un bestiario mitológico e incluso una representación de Adán y Eva-, Boulevard Magnolia, el ayuntamiento de Los Ángeles; Richfield Oil Company Building con la fachada negra y dorada como una lata de gasolina.
  • San Luis, en Misuri.
  • Laurel Canyon.
  • Washington y la Casa Blanca.
  • Cayo Hueso.
  • Nueva York.
  • Texas.
  • Salt Lake City.
  • Baltimore.
  • Springfield en Ohio: el número 220 de la calle Walnut, Gailey’s Drug Store.
  • Pataluma en el área de la bahía de San Francisco.
  • Bowman Field en Kentucky.
  • San Gabriel, California, Beverly Hills y las colinas de Santa Mónica.
  • Bedford, una localidad del sur de Virginia.
  • Condado de Graham, en Arizona.
  • Illinois desde Naperville, Rockford, Champaign y Aurora hasta llegar a Chicago.

Misuri es el área geográfica conocida en Estados Unidos como el Rhineland, las tierras del Rin, una zona con muchos viñedos plantados en su mayoría a mediados del siglo XIX por inmigrantes alemanes.

En Gran Bretaña: Oxford y la fachada rosada del Worcester College, Headington School; Dover, en el sudeste de Inglaterra: Cannon Street, Hotel Burlington, Hotel Balmoral; Folkestone, en el sudeste de Inglaterra, un municipio costero frente al canal de la Mancha, con puerto y The Leas, los acantilados de arena verde y arcilla dura; el condado de Kent; el puerto de Liverpool; el mar del Norte; Portsmouth; Bletchley; Bristol; Weymouth, sudoeste de Inglaterra; Glasgow en Escocia; Birmingham; Balmoral en Escocia; Southwick, sudeste de Inglaterra; la desembocadura del río Wey; la isla de Portland; Culford, el este, en el condado de Suffolk; isla de Wight.

Londres: el Támesis, los Docklands, el 53 de Park Lane, el Dorchester, el 31 de Grosvenor Street, el Library Bar -al que llamaban el Museo Líquido, porque en sus estanterías se alineaban coñacs-; una sastrería de la calle Savile Row del elegante barrio de Mayfair; sede del M15 en Saint James Street; el Star; estación de Waterloo; Belgravia Square; Grosvenor Gardens House, la manzana de apartamentos también conocida como Belgrave Mansions; los jardines de Buckingham Palace; Victoria Square; el hospital San Bartolomé en el barrio de Smithfield, con el arco de fachada con la estatua de Enrique VIII entre cuatro columnas, el patio y la escalera principal entre dos murales: Estanque de Bethesda y El buen samaritano; Downshire Hill en Hampstead, zona residencial de Camden.

El Dorchester era el hotel que los servicios de noticias de la prensa extranjera habían elegido para alojar a sus corresponsales por las garantías que ofrecía frente a las bombas, terremotos e incendios por su construcción de hormigón armado sin pilares.  Es de estilo art déco, con columnas a ambos lados, los frisos a la entrada, los faroles de forma dorada colgados del techo, los sofás revestidos de una seda verde que producía un efecto acuoso y las cortinas en las paredes.

España también tiene su papel en el libro: Madrid y el hotel Palace, la embajada americana; Barcelona, a mediados de marzo de 1938, con la sangre corriendo por sus calles; Brunete; el golfo de Vizcaya; Zaragoza; Canal de Berdún; Sabiñánigo; Fiscal; Aínsa; Campo y Pont de Suert; Barbastro, capital del Somontano; la Canal Roya y los ibones de Anayet; hospital de Santa Cristina de Somport; Zaragoza, el Gran Hotel -muy cerca de la plaza de Santa Engracia-; Valencia; el Estrecho; Badajoz; Cádiz.

Y Canfranc-Estación: las flores de color violeta y blanco redondas; la balaustrada de piedra junto al río; un local llamado La Serena; el paseo de Los Melancólicos.

La Estación, un edificio inverosímil, tiene una cúpula en el centro y dos alas simétricas, el tejado está recubierto de unas escamas de piedra de un color entre el gris oscuro y el azul marino, sobre una fachada larguísima en la que se abren muchas ventanas y puertas.  Tras bajar las escaleras de mármol del túnel de acceso, se recorre el pasillo subterráneo y se suben las escaleras que conducen al vestíbulo, entonces aparece una nave con enormes cristaleras que enmarcan el Pirineo y la techumbres, que más parece la de una catedral.  Destacan la taquilla de madera labrada, el quiosco y los escudos de España y Francia.

Alemania:

  • Lagos de Berchtesgaden.
  • Múnich: aeropuerto, plaza del mercado o la del palacio; iglesia de Maria Gern a las afueras, el cuartel de la Gestapo en la Briennerstrasse con la Türkenstrasse, los edificios culminados por largas agujas, la plaza Odeón, la Prinzregentenplatz.
  • Berlín: la Marienkirche, la Cancillería, el teatro Admiralspalast.
  • Breslavia, en la Baja Silesia.
  • Berghof, el refugio alpino de Hitler en los Alpes bávaros, llamado el Nido del Águila o también el Kehlsteinhaus, en el Obersalzberg, al norte del macizo de Kehlstein; el hotel Zum Türken.
  • Distrito de Merzig-Wadern.
  • Una mina de Untersberg a la que algunos llaman Agujero del Dragón, y otros del Diablo.
  • Augsburgo.
  • Las regiones de Sajonia y Franconia.
  • Núremberg: hotel Elch en el número 11 de la Irrerstrasse, la plaza principal.
  • La orilla alemana del lago Constanza.
  • Puerto de Lindau.
  • Dachau, un pozo en el infierno.
  • Duisburgo, en la confluencia entre el Rin y el Ruhr.
  • Wadern.

Argentina: Ushuaia -enfrente del canal Beagle, con el océano Pacífico a un lado y el Atlántico al otro, rodeado por los montes Martial y su glaciar; la Patagonia y la Tierra del Fuego.

Se mencionan el noroeste de África; la casa del filósofo Nietzsche en Sils-Maria en la región de la Alta Engadina; el bar de pescadores Sloppy Joe en Cayo Hueso, al sur de Florida; China; Finlandia; Singapur; Birmania; la Bretaña francesa; Gibraltar; Argelia; Dar es Salaam; Nairobi; Túnez; Galicia; la meseta de Giza; Italia; el puerto de Alejandría y el canal de Suez; Canadá: Australia; Polonia; Tokio; Dinamarca; Noruega; Roma; Salzburgo en Austria, el Schloss Klessheim; Holanda; Bélgica; Santiago de Compostela; Suiza y Ginebra; Lisboa; Braunau am Inn en Austria.

Referencias: 

Hechos históricos:

  • Desembarco de Normandía; guerra de España; la Endlösung der Judenfrage o Solución Final para la cuestión judía; guerra de Finlandia en 1939, la guerra de China en 1940; la Gran Depresión; la campaña en los territorios del Gobierno de Vichy del noroeste de África; el 7 de diciembre de 1941 Estados Unidos entra en la guerra; estratagema para fingir que el general Montgomery se hallaba en el norte de África, cuando estaba en el sur de Inglaterra preparando las maniobras del desembarco; la Gran Depresión; firma del Tratado de Versalles; combates en Italia; la Operación Fortitudo Sur; la Conferencia de Teherán; campaña de Napoleón contra los turcos; evacuación de los soldados desde la ciudad portuaria de Dunkerque en la región de la Alta Francia, entre finales de mayo y principios de junio de 1940;  un mago oculta a los ojos de Rommel el puerto de Alejandría y el canal de Suez; la Gran Guerra; la Convención de Ginebra; visita de Jorge VI a Dover; la operación Overlord; disolución de la Abwehr o Defensa en febrero de 1944; la batalla de julio de 1937 en Brunete; la operación Titanic; la operación Overlord.
  • La operación Juno y Sword, la compañía D del 2º Batallón de la Infantería Ligera Oxfordshiere y Buckinghamshire al mando del mayor Johrn Howard toma el primer objetivo: el puente Pegasus; el discurso de Churchill ante la Cámara de los Comunes; el coronel general Alfred Jodl revocó la orden de avance de dos divisiones hacia el norte de Normandía; el excepcional desayuno servido en el USS Samuel Chase a los soldados el día D por unos camareros vestidos con traje blanco; el régimen de Vichy; cierre del paso internacional del tren en el puesto fronterizo de la provincia de Huesca; gobierno de Pétain; crímenes en masa a ciudadanos judíos; la Noche de los Cristales Rotos; efectos de los bombardeos en la retaguardia alemana: severos problemas de abastecimiento de comida, municiones y combustible; la Luftwaffe lanzó Cruces de Hierro sobre el campamento de su Ejército; ruptura de las defensas alemanas e irrupción con más de un millón trescientos mil soldados en el valle del Ruhr; la liberación de París y llegada a Berlín; rendición incondicional de Alemania a ls dos horas y cuarenta y un minutos de la mañana del lunes 7 de mayo de 1945; avance de los rusos hacia el oeste de Europa; en 1931 Hitler obtiene la ciudadanía alemana; suicidio de oficiales alemanes en el último bastión nazi; entre 1938 y 1939 expedición alemana a Ushuaia.

Personajes históricos:

  • Hitler; Einsenhower; Patton; John Cecil Masterman, un profesor de Oxford; Bruto y Julio César; André Malraux, el escritor y político; el rey Jorge VI; Wallis Simpson; la reina Isabel Bowes-Lyon; doctor George Franklin; Aníbal; Churchill; Eva Braun; Bormann, secretario privado de Hitler; Heinrich Hoffmann, el fotógrafo personal de Hitler; Joseph Goebbels, el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Reich y doctor en Letras; Hans Lammers, el jefe de Cancillería; Speer, el ministro de Armamento; Gretel, la hermana de Eva Braun, y Franziska, su madre; Ranke, el doctor y director del Instituto de Fisiología General y de Defensa; el coronel general Alfred Jodl; Erwin Rommel; Döme Sztójay; Virginia Albert-Lake, americana y parte de la Resistencia; el teniente general Karl-Wilhelm von Schlieben; el embajador Samuel Hoare; Franco.

Entidades, instituciones, organizaciones, ejércitos o asociaciones: 

  • El Gobierno alemán; el Reich; Departamento de Defensa; academia militar de West Point; la Doble Cruz, una organización de los servicios secretos; The Ghost Army, el Ejército Fantasma, el simulacro con el que engañar a Hitler; el Comité XX; la RAF; el Estado Mayor; la oficina de Planes Especiales; 12º Grupo de Ejércitos de Estados Unidos; Cruz Roja; Ejército de Salvación; el servicio de inteligencia británico (M15); la Royal Navy; la Unidad de Entretenimiento; Departamento de Defensa; el Columbia College de Hollywood; el Art Center College of Design; la Luftwaffe; el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada en Londres; la Entertainments National Service Association; British Council; el British Motor Transport Corps; Cuerpo de Señales del Ejército; la Unidad de Radio; departamento de Relaciones Públicas de la Marina; American Nurses Association; la School of Air Evacuation; el Servicio Postal del 6668 Batallón del WAC, Women’s Army Corps; el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada en Londres.
  • La Defence School of Policing and Guarding (la Escuela de Policía de Defensa y Vigilancia); la Royal Navy; Oficina Central de Seguridad del Reich; Metropolitan Courthouse de Los Ángeles; la WAAF, la Women’s Auxiliary Air Forece; el FUSAG; la base naval de Weymouth; la UFA, Universum Film AG, el conglomerado de empresas más importante de la cinematografía alemana; la 23 Headquarters Special Troops; Southwick House; la Policía Militar; la Brigada de Fusileros; Regimiento de Comandos Phantom;  116º Regimiento de Infantería de la 29ª División del Ejército de Estados Unidos; las tropas de Wehrmacht; la Resistencia; la Gestapo; el Gobierno de España; las SS; la Abwehr; la Gendarmerie; la Milice, las fuerzas paramilitares de Vichy; la Feldgendarmerie; la SiPo, la Policía de Seguridad nazi; la Milice francesa; la Guardia Civil española; la Gestapo; 79ª División de Infantería; Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada; la 83ª División de Infantería del Séptimo Ejército estadounidense; las Juventudes Hitlerianas; la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge, la organización para la conservación de cementerios de los caídos de guerra; Consejo de Control Aliado.

Barcos:

  • El carguero Harald Blatand, un barco noruego; el crucero USS Augusta; el acorazado USS Texas; el buque Lady Connaught; barco Schewabenland.

Literatura:

  • Poema All Souls’Night, 1917 (Víspera de la Noche de Todos los Santos) de Hortense Flexner; Shakespeare; «Vidas paralelas» de Plutarco; Shakespeare y El rey Lear; el poeta Stefan George.

Cine:

  • La productora Sunset Pictures; la Metro-Goldwin-Mayer; Katharine Hepburn; Greta Garbo; Glenn Ford; Henry Fonda; Alec Guinness; William Holden; Burt Lancaster; Mickey Rooney; La tragedia de la Bounty; Cumbres borrascosas, la historia de amor encarnada por Laurence Olivier y Merle Oberon; Las rocas blancas de Dover; Joan Crawford; Clark Gable; King Kong; los dibujos animados de Mickey Mouse; los filmes de aventuras de Errol Flyn y Clark Gable; la Paramount; Peter Ustinov; El prisionero de Zenda; Mary Pickford; la UFA, fue el estudio cinematográfico más importante de Alemania durante el periodo de esplendor de la República de Weimar y durante la Segunda Guerra Mundial.

Clubs:

  • Hollywood Athletic Club.

Medios:

  • El diario militar Stars & Stripes, es el periódico del Departamento de Defensa; revista Collier’s; el Daily Express; Time, Life y Fortune; el periódico San Antonio Express-News de Texas; United Press; Associated Press; Chicago Daily News; Vogue; Albany Times Union;The New Republic; The Washington Post.

Bebidas:

  • Un Martini blanco; whisky Famous Grouse; dry martini.

Trenes:

  • Wabash, compañía de ferrocarriles; la Bluebell Railway; el trazado del ferrocarril cerca de Sainte-Mère-Église y Sainte-Marie-du-Mont.

Filosofía:

  • Nietzsche.

Misiles:

  • V-1.

Misión:

  • Programa Beach Jumper, con el que simularon numerosos desembarcos anfibios.

Música:

  • Louis Armstrong; Benny Goodman; Duke Ellington; Para Elisa de Beethoven; piano fabricado por Edwin Beckstein; el aria Die Frist ist um (Se acabó el plazo) de la ópera El holandés errante; Wagner; Kitten on the keys (El gatito sobre las teclas); el drama Tannhäuser; el himno Die Wacht am Rhein (La guardia del Rin).

Banderas:

  • La Union Jack.

Gángster:

  • Al Capone.

Campaña de bombardeos:

  • El Blitz, como se llamaba a los ataques relámpago de la aviación alemana sobre el Reino Unido.

Libro de Martha:

  • The Trouble I’ve seen (El problema que he visto).

Petróleo:

  • Compañía petrolera Shell.

Perros:

  • Gloster Gladiator.

Minas:

  • Minas de cobre Anaconda en Butte, una ciudad de Montana.

Aviones:

  • Spitfire; P-51 Mustan; los Lancaster, descritos como pájaros negros y letales; Piper J-3 Cub; el biplano Havilland Tiger Moth; Lancaster III NE150.

Tanques:

  • Sherman.

Fortificaciones:

  • La línea Gustav en Italia.

Premios:

  • Pulitzer.

Campos:

  • Campo de Ruhleben, un pueblo a diez kilómetros al oeste de Berlín; Dachau, a apenas trece kilómetros de la capital de Baviera; Bergen-Belsen; el de Föhrenwald en Baviera.

Coche:

  • Rolls Royce Phantom 1; Cadillac.

Chaquetas:

  • Mackinaw.

Himnos:

  • Himno de las enfermeras del Cuerpo, con música compuesta por Lou Singer y letra escrita por el neoyorquino Hy Zaret.

Espías:

  • Mata Hari.

Fotografía:

  • Art Kane.

Pintor:

  • Arthur Singer.

Modista:

  • Bill Blass.

Decorador:

  • George Distel.

Máquina de escribir:

  • Smith Corona modelo Standard.

Laberinto de túneles metálicos:

  • El Fan Bay.

Lanchas:

  • Las lanchas Higgins.

Municiones:

  • Municiones Mauser.

Ametralladoras y armas:

  • Las Hitlersäge, las ametralladoras MG 42; las Karabiner 98k.

Estructuras:

  • Las puertas belgas, nombre de las estructuras semisumergidas diseñadas para impedir desembarcos, los erizos checos, o caballos de Frisia, enormes arañas metálicas sobre la arena.

Cigarrillos:

  • Pall Mall.

Fábrica:

  • Hispano-Suiza.

Comida:

  • Garbure, sopa tradicional de una región francesa.

Tapices:

  • De la Manufacture Royale des Gobelins de Paris.

Mitología nórdica:

  • Un ragnarök, la batalla final dictada por la voluntad de los dioses.

Biblia:

  • La mujer de Lot.

Relojes:

  • Compañía relojera Bulova, con sede central en Queens.

En resumen… «Prohibida en Normandía»

Ya os he contado muchas cosas sobre el libro y su argumento.  La verdad es que, después de haber leído ya dos novelas de Rosario Raro, tenía ganas de que publicase una nueva.  Y llegó el momento.  No sé muy bien cómo, pero me enteré de que en abril iba a tener en el mercado otra historia publicada por Planeta.

¡Qué ganas, qué impaciencia!  Empecé a pensar si volveríamos a Canfranc (siempre es una excelente idea regresar a ese lugar mágico), si cambiaría radicalmente de escenario, de época, de personajes, si sería ficción, si sería histórica…  Sí, cierto, me gusta imaginar antes de tener la certeza.

El caso es que pasó un tiempo, no recuerdo cuánto, hasta que en redes sociales vi por casualidad la nueva portada del libro.  ¡Madre mía, qué ilusión! Normandía.  Y el Desembarco.  Me apasiona saber más cosas sobre ese acontecimiento histórico.  Punto positivo para llamar mi atención: la temática.

El caso es que, como os cuento, detenerme en las tres palabras del título ya me situó en un lugar: Normandía.  Y esa alusión me trasladó a un hecho histórico que todos tenemos en la memoria aquel día, el 6 de junio de 1944, cuando los aliados desembarcaron en aquellas playas de Francia en un ataque sin precedentes.  Una invasión que supondría el fin del régimen nazi en Europa y en la que no acompañaron ni las condiciones meteorológicas.

No dejéis de leer este artículo de National Geographic«Día D. La Batalla de Normandía».

Normandía es un viaje que tengo pendiente desde hace mucho y un destino que ahora se ha convertido en imprescindible.  Habrá que encontrar un hueco y visitarlo.  Es probable que, ahora mismo, muchos entiendan la razón por la que menciono tanto esa escapada últimamente.  No puedo ni quiero aplazarla más.

Y quedaba pendiente saber más sobre la otra palabra del título: Prohibida.  Como podéis imaginar, esa palabra también me dio qué pensar.  ¿Por qué prohibida? ¿A quién se refiere?  Efectivamente, todos los ingredientes me gustaban, sabía que ya no iba a poder dejar el libro.

Pues bien, descubierto el título y el contexto histórico, toca meterse en la historia.  Y empezar a conocer a los personajes, en concreto a nuestra protagonista, Martha.

Y, entonces, me acordé.  No hace mucho, leí «Lo que la primavera hace con los cerezos» de Marta Robles (podéis ver la reseña aquí).  Como os conté, es un libro donde se recogen historias de amor y desamor de grandes creadores.  Pues bien, hay un capítulo, dentro de apartado dedicado a los más promiscuos, titulado «Ernest Hemingway, el macho promiscuo que a lo mejor no era tan macho».

En esa parte, la escritora hace un recorrido por las esposas del autor.  Y, claro, hace referencia a Martha Gellhorn, la protagonista de esta novela:

«La siguiente mujer que aparece en la vida de Hemingway replica el comportamiento de la primera y pasa de amiga de la pareja a amante del escritor y luego esposa en muy poco tiempo.  La rubia, atractiva, ingeniosa e inteligente Martha Gellhorn, periodista y corresponsal de guerra, que viajó a España para cubrir al lado del escritor la Guerra Civil y que se casó con él a los dieciséis días de que Hemingway consiguiera el divorcio de su anterior esposa» (página 312) 

Ahí se explica también que a Hemingway le enamoró de ella su independencia, su brillantez y capacidad de dejarlo todo para irse a contar los conflictos bélicos.

Ya os he contado más arriba que nuestra protagonista es muy valiente, que se posiciona siempre en contra de las injusticias, que muchos no soportan que sean tan intelectual, que está decidida a conseguir un pase que le permitiera llegar hasta la primera línea, que no se rinde, se mantiene firme en su propósito. que ella nunca lo ha tenido fácil en su vida, que siente su profesión con un compromiso ineludible y continuo en el que no caben excusas.

Y, sobre todo, que necesita relatar lo único que de verdad importa en cualquier conflicto: las vidas humanas, esas historias pequeñas, como las llaman otros.

Ella se siente muy unida a sus compañeras mujeres, las siente muy cerca, porque pertenecen a una misma especie profesional, la de las incomprendidas.  Son reporteras honestas y muy trabajadoras, que tienen que trabajar los comentarios frívolos de sus colegas hombres, sus comportamientos infantiles, su insistencia en que redacten desde un punto de vista femenino.  Tienen claro que deben seguir batallando contra la misoginia.  No pueden permitir que las dejen fuera.

«Chicas, nos trasladamos al bar, seguidnos.  Necesitamos que nos hagáis la velada más agradable.  Quién sabe si mañana seguiremos vivos» (página 75)

Se cuestiona continuamente su inteligencia, criterio y saberes. Incluso su participación en la batalla pasa desapercibida, como tantas cosas.  Por ejemplo, la fotógrafa Lee Miller dispara su cámara en lugares donde antes ningún civil lo ha hecho.

O tienen que soportar las palabras o apelativos burlones y despectivos de sus maridos por su trabajo: «carroñera» o «cangrejos de caparazón blando».  Otra evidencia de que el trato es diferente es que a ellas les llaman por sus nombres, no por sus apellidos como hacen entre los reporteros hombres.

O tienen que aguantar una presión mayor por ser mujeres, llegado a tener que adoptar seudónimos masculinos para rebajarla.

«Esto le rebajaba la presión.  Lo hizo así hasta que descubrieron que aquel hombre no existía, y el mismo ejecutivo que se había acercado ex profeso hasta la redacción de la agencia para elogiar su talento la acabó despidiendo» (página 74)

Ellas quieren que paren los comentarios sobre su aspecto, que usen motes para denominarlas, no sufrir un trato condescendiente que sea evidencia en una forma de tratarlas que no se corresponde con su edad adulta, sino que expresa un hiriente paternalismo.  Anhelan contar la vida sin cortapisas, ejercer su oficio tal como lo hacen sus compañeros.

«Que nos tomen en serio.  Nosotras también nos jugamos la vida» (página 81)

Ellas acceden a encargos de forma indirecta porque sus colegas renuncian a ellos o, en el caso de Martha, su marido.

Ya que hablamos de las compañeras de Martha, quiero desvelaros que hay muchas más corresponsales de las que aparecen en el libro.  Por ejemplo, Tania Long, Margaret Bourke White y Katherine Coyne.

Pero, centrándonos en las que sí salen y con las que compartimos páginas, coincido con la definición de Martha sobre la amistad.  Ella siente en carne propia lo que lo que le había pasado a una de sus amigas.  También es llamativo cómo le gusta la solidaridad con las mujeres con las que se va encontrando, a las que considera tan dignas de admiración.

«Se había propuesto compensar, con el altavoz que representaba la prensa americana, su discreción y humildad, desvelar su importancia en aquellos acontecimientos en los que pasaban desapercibidas, de puntillas, puntos invisibles sobre la vasta tela de la historia» (página 209)

No quiero dispersarme, centrémonos en el meollo de la novela: el objetivo de nuestra protagonista.  Realmente, lo que más le importa a Martha es contar lo que va suceder durante el desembarco a quienes están con el alma en vilo mientras los soldados luchan por la libertad de Europa: sus familias y sus demás seres queridos.

«Por encima de su objetivo personal y profesional, lo que estaban en juego era mucho más: que las reporteras de guerra no fueran relegadas, que no las obligaran a enmudecer, que su escritura no fuera invisible, y borraran sus ojos de los acontecimientos históricos y, con ello, su perspectiva y su importancia» (página 107)

Y se encuentra con esto:

«Señora Gellhorn, pensaba que estaba al corriente de que el Estado Mayor aliado no permite a las corresponsales acreditarse» (página 113)

Solo pueden ir hombres a cubrir esa información.  La excusa es que deben protegerla, que no es sitio para ella porque va a ser una de las más duras batallas de la historia.

Las únicas mujeres a las que tienen en cuenta para la operación son las enfermeras, y no está claro que embarquen en el primer momento.  Martha lamenta que no se le tome en serio, pero va seguir adelante con permiso o sin él.

«Nuestros conciudadanos tienen derecho a saber qué sucede aquí con esos chicos, con sus hijos, nietos, sobrinos, amigos, maridos, novios…» (página 115) 

Ella está convencida de que detrás de la prohibición del alto mando está la creencia de que si alguna mujer desembarca en una esas playas le quitan mérito a la operación, porque pensarán que algo así lo puede hacer cualquiera, incluso una mujer.  Las reporteras están hartas, existe un clima de irritación entre ellas.

Me gusta mucho cómo la autora compara el hotel Dorchester, durante la guerra, con Martha cuando llega a Londres.  Ella se da cuenta de que es el mismo hotel, pero tocado por la guerra. La contienda había avejentado el lujo del establecimiento, todavía parecía mantenido milagrosamente, como si en cualquier momento pudiera deshacerse y desaparecer, convertirse en cascotes y polvo por la acción de lotería de las bombas.

«Ella también había cambiado.  Igual que le había sucedido en Madrid, sentía como una herida el disparate que suponía aquel dispendio de las agencias de noticias internacionales en contraste con el hambre que padecían los londinenses» (página 70)

Pero, volvamos ahora a su marido, Hemingway.  Cuando se conocen, a ella le gusta que él se muestre como un cómplice, porque es lo que más necesita.  Alguien con quien verlo todo desde el mismo lugar, él le hace ver que siempre estará de acuerdo con ella.

«Sabes lo mucho que significas para mí.  Ayúdame con esto, por favor.  Te enamoraste de una mujer intrépida, ahora no puedes cortarme las alas» (página 47)

Él se convierte en una extensión de su voz interior, alguien con quien compartir sus pensamientos y la manera de aplicarlos.  Cuando ella decide irse, él prefiere que no se marche. Enamorada todavía, ella piensa que le honra el hecho de que, a pesar de sus reticencias, aceptara.

En cualquier caso, ambos quedan en que el escritor va a tramitar las acreditaciones de los dos.

Eso no sucede.  Y nuestra protagonista se siente traicionada:

«Voy a decirte lo que pienso; si no aceptan que vaya yo, deberías renunciar.  O los o ninguno.  Si me excluyen y tú vienes, les estarás dando la razón» (página 117)

Finalmente, el escritor va a acreditarse por Collier’s para cubrir el desembarco.  La revista solamente puede enviar a un corresponsal, como cada medio.  Ella espera que le hagan llegar el pase de prensa.  Pero se lo deniegan, a él no.

«Lo que tendría que hacer es renunciar a ser el corresponsal de Collier’s en Europa, ese sería un gran gesto por su parte, pero le puede la ambición, como si aún no hubiera conseguido bastante» (página 119)

Solo llega una por lo de la prohibición a las mujeres.  Martha se siente traicionada porque su marido no quiere renunciar a su pase.  Está muy decepcionada, cuando llegue su marido ella estará fuera del conflicto.  Cuando se encuentran cara a cara siente rencor y rabia. No va a volver a confiar en nadie.

Lo cierto es que más de quinientos treinta periodistas entre prensa, radio y fotógrafos están acreditados.  Y también que muchos de ellos no salen de alguna de las lujosas cafeterías mientras dura el desembarco para no alejarse demasiado de sus bebidas.

Inventan las historias en lugar de vivirlas.  Todo lo contrario a Martha, que las vive, que primero se traga el mundo por los ojos y después convierte en palabras sus experiencias.

«Pero no solo eso, aquellos seudoperiodistas, además, se describían a sí mismos como los principales actores de las misiones de guerra en las que supuestamente participaban» (páginas 140 y 141))

Siempre impresiona la labor del Ejército Fantasma, esa operación es la que más repercusiones tiene en la otra, todos se exponen al máximoSalva muchísimas vidas.  Es increíble cómo se consigue engañar a la cúpula militar del Gobierno nazi con diferentes recursos:

«Para ello, el mayor recurso con el que contaban eran los mil veintitrés hombres que componían su unidad; debían simular que el lado británico del canal de la Mancha a aquella altura estaba plagado de tropas preparadas para cruzar a Francia» (página 57)

Sin duda, es un acto de prestidigitación con el que pretenden multiplicarse y simular que atraviesan aquellas aguas.  La puesta en escena tiene que resultar por completo creíble.  Tienen entre manos una superproducción de Hollywood, con un inmenso plató, pero no para fabricar ficción, sino para hacerlo pasar todo por real.

Tanques hinchables, maniquíes, aparatos para crear ilusiones ópticas mediante espejos y maquetas, marcas en el terreno, mensajes falsos… una suplantación de la realidad, una imitación de la vida que resulta más completa y creíble y, sobre todo, más conmovedora. El enfrentamiento en las playas de Normandía es una hecatombe, pero la defensa alemana no ha tenido tiempo para concentrar sus fuerzas gracias a los artificios y los decorados.

Por otra parte, es curioso como se reprocha a las reporteras en la guerra que sean vulnerables, pero en esas circunstancias todos lo son.  Incluso Harvey, a pesar de que su formación en la academia lo ha capacitado para muchas cosas, no ha servido para mitigar su miedo ante determinadas circunstancias.  ¿Cómo consiguen apaciguar ese temor? Algunos aprovechan la más mínima excusa para bromear como forma de hacer frente al horror.

Y, a pesar de esos reproches, los lectores vamos descubriendo la determinación de Martha, que nunca se separa de sus herramientas de trabajo.  Su determinación es bastante mayor que su miedo.  Ella se repite que va a llegar hasta el final, que no se va a rendir en medio de la danza de sombras que la máquina de espejismos ha puesto en marcha.  Sin embargo, es muy honesta también, lamenta su salida apresurada sin despedirse, también no haber podido ser del todo sincera con alguien muy especial.

Simplemente quiere que su gesta sea incontestable, que las imágenes que tome asalten, junto con sus palabras, las páginas de los periódicos y revistas.  Quiere ser transmisora de que lo que sucede, dar respuestas a quienes esperan, a quienes les preocupa lo que está ocurriendo.  Es su trabajo, independientemente de lo demás.

Además de las reporteras, hay muchas mujeres en la sombra, mujeres a las que no les dejan destacar, poniendo como excusa los motivos de seguridad.  En cambio, sus compañeros hombres sí constan.  Como sucede en el caso de la tímida Ann Mitchell en el M15.

Más mujeres en la sombra son las enfermeras o las ochocientas cincuenta y cinco jóvenes del Servicio Postal, que trabajan en tres turnos de ocho horas, siete días a la semana, para que los soldados reciban noticias de los suyos, con ellas las cartas no se acumulan.

También Fanny Hugill, la encargada de registrar las rutas de los buques que navegan por el canal de La Mancha.  Cuando Martha le pregunta cuál diría que es su mayor desafío, ella responde escueta que conseguir que sus compañeros se fíen de ella.

Martha se interesa por ellas, les pregunta, muestra interés en su labor, las escucha.  Y, sobre todo, quiere que se conozca su destacado papel a través del trabajo que realizan.

Aparece el amor que hacer perder la templanza a un hombre metódico y que hacer hace que una mujer luchadora e intrépida se sienta intimidada. Para él, el persistente recuerdo de la reportera es como una telaraña de metal irrompible que le oprime el cerebro y de la que no encuentra la forma de desligarse. Para ellos, el amor es que juntos se sientan invencibles. ¿No es muy romántico?  Sienten su afecto sin distancias, imposturas ni protecciones. Quieren estar juntos, pero libres, coordinados en sus ritmos vitales, bailando con la vida, sin renunciar a todo lo demás que forma parte de sus exuberantes naturalezas, de acuerco con su idea del amor: tener a alguien en quien confiar plenamente.

«A ella sus gestos y su presencia la aliviaban, no podía evitar dejarse llevar.  Le pareció que aquello era lo único» (página 180)

En cuanto al amor, Martha solo quiere a alguien en quien confiar por completo.  Esa es su idea del amor, parece sencillo, pero no es fácil de conseguir.  Sabe que a los hombres les gusta mucho que ella sea tan salvaje, pero para domarla.  Eso no es lo que ella quiere.  Lo que ella quiere es alguien en quien confiar, capaz de ayudarla en cualquier situación anteponiéndola a todo, pero que, a la vez, la haga sentir libre, alguien que atisbe que la independencia es consustancial a ella.

«Me apoyas y me comprendes a pesar de todas las circunstancias.  Además…, confío en ti» (página 272)

¿Sabéis algo?  Aunque parezca increíble, hasta en la guerra surge el amor y también, en ocasiones, la pasión.

«Le gustó saberse deseada.  En tales circunstancias, la pasión eclosionaba en el momento más inesperado, como si la guerra la retuviera dentro de un artilugio de vapor del que saltaba la válvula de repente y sin que, muchas veces, se supiera por qué» (página 258)

Y el disfrute de los placeres cotidianos, como un buen guiso -que entonces era un manjar- en medio del horror los hacía sentirse vivos y con esperanzas.

Se hace referencia varias veces en el libro a los objetos personales que quedaron en la playa.  Objetos que se desplazaron a la deriva sobre las aguas del canal de la Mancha. A los soldados se les caen durante su avance o cuando saltan por el aire alcanzados por los disparos de los artilleros: paquetes de cigarrillos, biblias, libretas, cepillos de dientes, cuchillas de afeitar, espejos, cartas y muchas fotos.  Retratos de personas y familias enteras que se encuentran muy lejos de allí, aunque parecen observar esa escena infernal desde la arena.

«Resumían sentimientos y esperanzas, hasta que, mojados, rotos y hundidos, como quienes habían sido sus propietarios, dejaron de tener valor» 

En esta guerra, tal y como se describe en el libro, la vida se extinguía a mucha velocidad, mediante una rapidez mecánica y alumbrada por múltiples fogonazos, las luces que constituían la despedida de tantos de este mundo.

Asimismo, es triste descubrir en uno de los personajes la mirada de las mil millas, cuando sus ojos parecen enfocados en algo lejano, en imágenes de horror fijadas para siempre en las retinas, parece que no ve lo que tiene delante.

Y, como os decía en «Curiosidades», hay otro tema escalofriante: las frecuentes violaciones de las mujeres durante la guerra.

«Él ya no la dejó ir.  La derribó contra los escalones y le abrió con un solo gesto la chaqueta del uniforme de manera que los botones saltaron.  Mientras la inmovilizaba con el otro brazo, le subió la falda» (página 307)

Cuando esto sucede, la mujer se siente débil, como nunca, pero no por la heridas físicas, sino porque es consciente de su vulnerabilidad.

En definitiva, Rosario Raro consigue que entendamos a Martha, que nos pongamos en su lugar y en el de todas las reporteras.  Las tratan como leprosas, como si su profesión fuera una tara, pero solo en ellas.  No se tiene en cuenta sus años de experiencia, ni que se deban a los lectores y a su imperiosa necesidad de ver a través de sus ojos lo que sucede en Europa. Las consideran solo cáscaras sin contenido, huecas.

La sociedad le exige pagar un precio demasiado alto por ser una mujer entregada en cuerpo y alma a su profesión: su felicidad a cambio de su éxito profesional y su independencia.

Ella debe ganarse a sangre y fuego lo que desde el momento en el que escoge su oficio tenía que haber sido una práctica natural. Desea que terminen de una vez los continuos y triviales comentarios sobre su belleza o su estatura.

Aprendamos que nadie debe decirle a una niña, como le ocurrió a Ann Mitchell, que las matemáticas son muy poco femeninas.  Después, durante la guerra, ella es una brillante criptógrafa que simula ser solo la secretaria de Masterman.

Y Fanny Hugill vive otra situación injusta, se la ningunea por ser mujer, su trabajo cartográfico no se reconoce de la misma manera que el de otros.  Ella planifica las operaciones navales del desembarco y ese día está en la sala de operaciones.

Ojalá ninguna mujer se tenga que ocultar, como Martha, para conseguir su objetivo, ni oculten su trabajo o su presencia después de jugarse la vida.

La escritora, con su decisión de escribir sobre Martha Gellhorn, nos desvela la importancia de las mujeres en aquellos acontecimientos sobre los que parece, a pesar de su máxima exposición a las balas enemigas, que pasan de puntillas, desapercibidas, relegadas, tratadas con desdén y menosprecio, sin que se descubran sus pasos, son puntos invisibles.

Gracias, Rosario, por recordarnos que el triunfo definitivo no consiste en vencer en las batallas, sino en acabar con ellas de una vez.  Algo que, por desgracia, no hemos conseguido todavía. ¿No hemos aprendido nada?

«Con esas palabras parecía referirse a una enfermedad, así las recibió Martha, para quien la guerra era la peor calamidad que podía sufrirse porque, al contrario que otras plagas y catástrofes, era provocada y evitable» (página 273) 

Gracias también por llevarnos de nuevo a Canfranc, ese lugar tan especial.  Esta novela permite visitar de nuevo la estación, encontrarse otra vez con Pilar y Tricio, acercarse a La Serena, donde los parroquianos pasan la tarde entre barajas, coñacs y comentarios sobre la guerra y las escaramuzas de los maquis.

Destaca también de este libro, la labor de investigación y documentación de la autora para mostrarnos tantos temas en esta novela, de una forma amena, sin que haya datos innecesarios.

Por último, me quedo con la valentía de Martha, enumerando las sombras más oscuras de aquella guerra, los temas más espinosos e inasumibles de la estrategia puesta en marcha por los aliados.  Y con su determinación:

«Terminó diciéndole que la encontraría allí porque no pensaba regresar a América por mucho que le insistieran, que cuanto más se empeñaran en enviarla de vuelta a casa como a una intrusa que había aparecido en un lugar insospechado, más reforzarían su determinación de quedarse en Europa, y que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguirlo: cambiar de identidad, obtener un pasaporte británico…, todo lo que le ocurriera, pero al margen de su marido» (página 150) 

Por todo lo anterior y porque sé que os va a gustar, os invito a leer «Prohibida en Normandía».  Después, como siempre, cuando la hayáis leído ¡dejad vuestros comentarios!

Mis fragmentos preferidos 

«Mi misión es más grande que mi vida» (página 28)

«El hecho de que no se vieran obligados a luchar en primera línea de fuego preservaba su integridad física, pero no la de su conciencia.  Aunque en una guerra la seguridad nunca es un hecho» (página 96)

«En las guerras no saben a quiénes matan» (página 103)

«Martha pensó que, para ella, el otro lado de la guerra no eran las playas de Normandía, sino la paz» (página 139)

«¿Sabe qué nos unce, señora Gellhorn? Que no podemos evitar complicarnos la vida» (página 168)

«Tal como acababa de reflexionar, la guerra provocaba un continuo carpe diem, no daba tregua ni admitía aplazamientos.  En la situación de ambos, mañana podía significar nunca» (página 172)

«Por eso quiero estar en una de esas playas, para romper de una vez esta inercia que no me lleva a ningún lado salvo a naufragar» (página 175)

«Se había propuesto compensar, con el altavoz que representaba la prensa americana, su discreción y humildad, desvelar su importancia en aquellos acontecimientos en los que pasaban desapercibidas, de puntillas, puntos invisibles sobre la vasta tela de la historia»  (página 209)

«Concluyó que, tras los últimos vapuleos de la historia, sus habitantes lo único que ansiaban era el sosiego que les llevaría la paz en Europa»  (página 362)

«Martha pensó en la cantidad de lugares en los que se había sentido que sobraba: en el hotel Dorchester, en el barco hospital cuando querían trasladarla al campo de trabajo, en la revista… No sabía cómo podría evitar que el resentimiento por tanto ninguneo le cambiara el carácter»  (página 375)

«Martha sabía que la suma de todo lo escrito equivalía a tener una granada en las manos, una bomba de información, pero no sabía cuándo podría tirar de su anilla y lanzarla»  (página 379)

«Que si mis escritos molestan de esta manera al poder es que estoy haciendo bien mi trabajo»  (página 394)

Los fragmentos que me hicieron reflexionar

«Un compañero suyo la llamó «marisabidilla» y la encañonó con una pistola porque le había pisado una exclusiva. Parece que hay otro tipo de batallas más cotidianas que las nuestras» (página 59)

«Ella también lo sentía así: con cada víctima le arrancaban un trozo al futuro, este ya no podría ser nunca completo debido a lo que se le había escatimado con todas aquellas bajas y las posibilidades que representaban.  Cada desaparición afectaba al conjunto de la sociedad» (página 103)

«Necesitaba despejarse porque no dejaba de pensar en su marido y en que ella no estaba dispuesta a ser una nota a pie de página en la vida de él, decidido a convertirse dentro del ámbito del periodismo y de la literatura en una estrella de tal fulgor que nadie consiguiera hacerle sombra» (página 159)

«Martha conocía los riesgos de su profesión, no era nada ingenua al respecto porque siempre se había visto obligada a lidiar con más inconvenientes que ventajas, pero aun así no podía ocultar su decepción» (página 263)

«Pensó en lo que les habría costado a sus madres traerlos al mundo, en los esfuerzos de sus familias para criarlos y en que, cuando cayeron acribillados por las balas estas segaron también las ilusiones de los suyos y les tiñeron la vida de negro para siempre» (página 367)

«Nada ata más que la libertad» (página 383)

Palabras aprendidas

  • Noray: Poste o cualquier otra cosa que se utiliza para afirmar las amarras de los barcos. Amarra que se da en tierra para asegurar la embarcación.
  • Pogromo: Masacreaceptada o promovida por el poderde judíos ypor ext., de otros grupos étnicos.

 

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