He visitado otra interesante exposición y me apetece contaros un poco más sobre la misma, para que os animéis a ir a verla.

Se trata de la Exposición «Julio Romero de Torres. Pintor de Almas».

La muestra está ubicada en el Ibercaja Patio de la Infanta (en San Ignacio de Loyola, 16) y estará en la ciudad del 11 de junio al 8 de septiembre de 2019.

Aunque es una pena, la entrada a la exposición no es gratuita, ni siquiera para clientes de la entidad bancaria (detalle poco comprensible).

El horario es el siguiente: de lunes a sábado, de 11 a 14 y de 17 a 21 horas.  Los domingos y festivos de 11 a 14 horas.

En torno a la exposición, se organizan también actividades complementarias:

  • Visitas guiadas: los sábados a las 10.00 y a las 17.00 y los domingos a las 11 horas. También para grupos de hasta 30 personas.  Y tienen una duración de 60 minutos.
  • Taller para familias: Sábados y domingos a las 12.00 horas.  Adultos con niños de de 6 a 12 años. Grupos hasta 30 personas. Duración: 90 minutos.

Se han reunido treinta obras del pintor cordobés, pertenecientes todas ellas a colecciones particulares.  Es por tanto, una ocasión única de disfrutar de estas pinturas en el mismo espacio.

Además la muestra, fruto de una profunda investigación e identificación de las personas retratadas, otorga el protagonismo absoluto a la mujer en sus diferentes versiones.

Representa a la mujer liberada, a la transgresora, a la emancipada, sin distinciones y mostrando las distintas clases sociales.  Por eso, Romero de Torres es un pintor de almas.

Su obra refleja una pintura heredada de la mejor tradición española.

Nacido en una familia de artistas, es un pintor simbolista que, cronista de su tiempo, destaca por su estilo personal, en el que conjuga sentimiento popular y folclore.

Julio Romero de Torres (1874-1930) fue más que un pintor, fue un auténtico intelectual.

Su implicación en la vida cultural y social de su época le lleva a participar en las tertulias del Café Levante y a compartir mesa con grandes escritores y pensadores.  Como su querido amigo (e impulsor de estas tertulias): Ramón María del Valle-Inclán.

Además de otros escritores y pintores de la época, como José Augusto Martínez «Azorín», Santiago Rusiñol, Pío y Ricardo Baroja o José Gutiérrez Solana.

El artista cordobés fue, ante todo, un pintor de almas.

Un transgresor que iba más allá del rancio academicismo.  En realidad, está muy lejos del tópico folclórico de su temática.

Su poética andaluza posee fuentes de inspiración que le llevan a ser uno de los grandes simbolistas del siglo XX.

Hay que destacar su forma de de abordar los temas en sus pinturas.

La figura siempre aparece en primer término.  Mientras en segundo plano destacan algunos elementos que nos hacen pensar en un telón.

Las mujeres suelen ser las protagonistas de esa narrativa, pero no limitada a un objeto erótico o de deseo.

Cultiva la imagen de la condición femenina a través del Modernismo, del Simbolismo e incluso del Decadentismo, porque él es un artista libre.

Los distintos tipos de feminidad que aparecen en su pintura son ilimitados.

Estamos así ante mujeres poderosas, fuertes, desafiantes, ante la femme fatale que tanto fascinaba a Europa en ese momento y que, en España, parecía imposible aceptar.

Unas mujeres que parecen llenas de melancolía en paisajes oscuros, con una variedad cromática que no aleja de la tenebrosidad: azules, pardos, ocres y grises.

Entrevemos significados alegóricos y aparecen otros temas de interés, como la muerte, la vida, el amor, lo sagrado, lo profano o el mundo taurino y flamenco.

Julio Romero de Torres comprendió todo lo que había hacia atrás, bebió de las fuentes del arte, adquirió conocimientos y puso en cuestión lo formalmente establecido.

En 1914 el cordobés afirmó:

«La pintura ha de ser lo que fue siempre, porque desde los primitivos a Goya, pasando por tantos temperamentos y escuelas, el concepto fue el mismo, porque es eterno.

Valle-Inclán, el gran maestro, lo ha dicho de la manera más concisa y feliz: «Nada es como es, sino como se recuerda». La pintura debe ser la verdad vista a través del recuerdo«.

En definitiva, os animo a que visitéis la exposición:

  • Porque es una oportunidad única de disfrutar de estas obras en un solo espacio,
  • Porque este pintor retrata como nadie el alma femenina,
  • Por la variedad de mujeres que aparecen en estos cuadros, que nos permiten acercarnos a la marcada personalidad del artista.
  • Porque ahora os vais a fijar también en lo que aparece en segundo plano y en los detalles.

También porque vais a poder dar una vuelta por una de las joyas de nuestra ciudad, el Patio de la Infanta.  Sin lugar a dudas, unos de mis rincones preferidos por lo que puede observarse y por lo que esconde.

Pero eso… ¡¡os lo cuento en otra ocasión!! De momento, ya tenéis deberes…