Autora: Viviana Rivero
Páginas: 580
Curiosidades
Voy a iniciar la reseña de la novela «Apia de Roma» comentando que es la tercera novela que leo de su autora, Viviana Rivero. Como ya os he comentado en otras ocasiones, ella es una escritora argentina que ha trabajado como asesora legal de empresas y como abogada, y ha puesto en marcha numerosos grupos de autoliderazgo para crecimiento y desarrollo de la mujer. Además, ha sido productora y directora de programas televisivos.
Como os digo, he leído varias de sus novelas: «El alma de las flores» (tenéis disponible la reseña aquí) y «Una luz fuerte y brillante» (tenéis la correspondiente reseña aquí). Además, hace un tiempo, la escritora respondió a las 12 preguntas en una entrevista que me concedió.
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A raíz de esa maravillosa conversación en la que fue compartiendo conmigo sus generosas respuestas, se generó un contacto siempre agradable y dadivoso por su parte. Me ha invitado a las presentaciones de sus libros. Todavía no ha sido posible mi asistencia, ya que se organizan en Madrid, pero espero sinceramente poder acudir en alguna futura ocasión y disfrutar de estos actos, porque seguro que son una delicia.
Os cuento esto como introducción a un gesto increíble que tuvo conmigo. La cosa es que yo le voy recomendando y dejando libros a mi madre (no sabe consultar en internet y no puede ver mis reseñas, aunque creo que le gustarían). Siempre me dice que sé lo que le entretiene y que acierto. A mí, por otra parte, me gusta mucho que dedique parte de su tiempo a la lectura, no puede haber mejor compañía y es una afición mejor que la televisión, sin ninguna duda.
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Pues bien, le presté los dos mencionados anteriormente y le encantaron. De hecho, después de disfrutarlos, me dijo que era su autora preferida y que quería leer todas sus obras. Le mandé un mensaje a Viviana para comentárselo y ¡sorpresa! Me mandó un audio muy cariñoso dedicado a ella personalmente. ¿Os lo podéis creer? Se emocionó al escucharlo y me ha pedido varias veces que lo vuelva a poner. Estaba feliz porque era para ella. Es un detalle que le agradeceré eternamente.
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En esta nueva novela, la escritora vuelve a traer al presente a una pionera, algo que le gusta mucho hacer. Le atrae recuperar a las primeras mujeres que se atrevieron a hacer algo diferente. En este caso, empezó a investigar y descubrió muchos temas que empezaron esas mujeres. Por ejemplo, fundar un banco cuando ellas no tenían ni siquiera capacidad jurídica. Entre tanta prohibición y tanta falta de derechos, se las arreglaron para fundar un banco y prestar dinero beneficiando solamente a otras mujeres. Era un banco que funcionaba fuera de la legalidad, ya que no tenían otra manera de manejar sus propios negocios.
Es también importante destacar que Apia no existió, pero le sirvió para desarrollar su historia. Es un modelo ficticio de esa época que le sirve para poder contar qué pasaba si una mujer se salía de las limitaciones que le imponían.
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Previamente estudió de manera pormenorizada el contexto histórico. Y así supo más sobre la vida de Cleopatra. Por eso, quiso contar dos historias paralelas, las de dos mujeres, educadas de una manera similar por otra mujer. A Apia la educó su madre para ser fuerte como el metal. A Cleopatra la educó su niñera para no dejarse dominar por nada.
Por último, quiero subrayar que, cuando a Viviana Rivero le preguntan si habla de mujeres fuertes porque es una tendencia que está de moda, ella responde que no, que el mayor aliciente está en hablar de pioneras.
«La mujer siempre quiere ir más allá de los límites, le ponen un límite pero se las arregla para buscarlo»
Sinopsis
Una historia de pasión, violencia y superación en un momento clave de la historia de Roma.
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Roma, siglo I a.d.C.: la joven Apia Pópulus contrae matrimonio con Salvio Sextus, un próspero comerciante de perlas de edad avanzada.
Abocada a un matrimonio que no desea, la joven debe revestirse con una coraza para cumplir con sus obligaciones, soportar los desdenes de su hijastro y defender su casa de las confabulaciones políticas. La ciudad es un hervidero repleto de intrigas. Tras el asesinato de Julio César en el Senado, Marco Antonio y Octavio, el futuro emperador, se disputan el poder. Los crímenes están a la orden del día y Salvio Sextus teme por su vida.
El único apoyo de Apia es su fiel esclava Furnilla; juntas forjarán una alianza inquebrantable y lucharán por abrirse camino en un medio hostil. Ella será su única aliada y confidente cuando Apia se enamore de un atractivo militar.
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Con su habitual maestría para construir tramas apasionantes, Viviana Rivero retrata a una mujer que hace frente a los mandatos y las imposiciones de su época en pos de la igualdad, la independencia y el amor verdadero.
Mi opinión
Estructura
El libro «Apia de Roma» se divide en distintas partes.
Comienza con los capítulos.
- Hoy. Año 35 a.C.
- Recuerdos. Año 44 a.C.
- Hoy. Año 35 a.C.
- Recuerdos. Año 44 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 35 a.C.
- Recuerdos. Año 44 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 35 a.C.
- Recuerdos. Año 43 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 35 a. C.
- Recuerdos. Año 43 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 35 a.C.
- Recuerdos. Final del año 43 a.C. y principio del 42 a. C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 35 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Recuerdos. Año 41 a. C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 35 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Recuerdos. Año 41 a.C.
- Hoy. Año 35 a. C.
- Recuerdos. Año 40 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 35 a.C.
- Recuerdos. Año 39 a.C.
- Hoy. Año 35 a.C.
- Recuerdos. Año 39 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 35 a.C.
- Recuerdos. Año 38 a.C.
- Hoy. Año 35 a.C. . Cleopatra. La Reina de Egipto
- Recuerdos. Año 38 a.C.
- Hoy. Año 34 a.C.
- Recuerdos Años 37 y 36 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 34 a.C.
- Hoy. Año 34 a.C.
- Hoy. Año 33 a.C.
- Hoy. Año 31 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 31 a.C. Cleopatra. La Reina de Egipto
- Hoy. Año 31 a.C.
- Hoy. Año 31 a.C.
- Hoy.
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Después de los 36 capítulos, concluye con un Epílogo (página 567), una Nota final (página 491) y un Glosario de términos latinos (página 576).
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El libro está escrito en tercera persona y en pasado, aunque hay algunas partes – claramente diferenciadas- que se cuentan en presente, son las referidas a Cleopatra.
Los capítulos que se centran en el «Hoy», comienzan generalmente relatando hechos históricos, a través de los murmullos que se escuchan en las calles de Roma.
«Roma hablaba, jamás callaba. Pero había murmullos que la ciudad incrementaba, como sucedía con las palabras y exigencias de los hombres; y otros, que la ciudad buscaba callar, como aquellos que correspondían a las súplicas de las mujeres» (página 257)
La historia
«Apia de Roma» es la vida de una mujer, Apia. Ella es una mujer romana y adinerada, marcada por su historia de amor, por su vocación y por la gran amistad que logra tener con Furnilla, la esclava en la que se apoya. A través de ella, nos acercamos a todas las injusticias y restricciones que las mujeres sufrían hace miles de años. También descubrimos muchos aspectos de Roma en aquel momento histórico.
Una parte fundamental de la novela es que Apia quiere comerciar y no le dejan:
“Con mucho pesar tenemos que daros la noticia de que no podréis concurrir porque no se permite la presencia de mujeres. Eso no quita para que continuéis negociando por vuestra cuenta” (página 38)
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Quiere, pero ella no puede seguir comerciando si no consigue entrar a las reuniones de los hombres de la cofradía. Allí es donde se toman todas las decisiones importantes, como el precio de las perlas en cada ciudad, para así poder competir con otros negociantes del lugar. Necesita estar presente en esas tertulias porque allí se decide en qué barco llevarán la mercancía, de qué puerto zarparán y qué día. Por eso, se ve obligada a entrar de otra forma, a escondidas.
«Por más que alguien te los reconozca, hay una realidad inamovible: jamás te dejarán entrar a la cofradía de los margaritarii» (página 32)
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Muy pocas mujeres podían comerciar de manera completamente independiente. Para comerciar y administrar sus herencias y capitales, las romanas necesitaban nombrar un tutor masculino de su confianza, quien firmaba los papeles correspondientes en su nombre. Necesitaban a ese tutor masculino para firmar sus transacciones económicas, un hombre de su confianza para que actuara bajo sus órdenes y en representación de la interesada. A cambio, él ganaba una buena suma de dinero.
«Las peticiones de las mujeres habitaban en una nebulosa subterránea, muy lejos de la superficie donde se escuchaban a viva voz las pretensiones masculinas. Roma aún era de los hombres. Pero las romanas no se daban por vencidas; y si se prestaba atención, en cada suave murmullo podía descubrirse cómo se concebían planes o se lanzaban ideas para traspasar los límites que al patriarcado romanos les había impuesto» (página 257)
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Aunque, junto a este deseo de Apia por comerciar, nos encontramos con que, en realidad, hay dos historias paralelas a lo largo del libro. Concretamente, son las de dos mujeres educadas de una manera similar por otras mujeres: Apia y Cleopatra. A ambas les enseñan que deben ser fuertes.
A Apia, su madre le insiste en que piense que es de metal, fuerte y frío, porque nada tiene que quebrarle.
«Estaba a punto de encerrarse a llorar cuando recordó el consejo de su madre. Apoyó su espalda contra una de las columnas del atrio, cerró los ojos y se imaginó que era de bronce, como los cascos que protegían a los soldados romanos. Dura y fría, Irrompible, de metal» (página 162)
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En cambio, a Cleopatra es su niñera que le enseña y le insiste en que debe ser fuerte como las pirámides y ella absorbe su fortaleza de esas construcciones. Siente que ella y las pirámides comparten la misma esencia, la fuerza de los antiguos faraones. Paciencia y fortaleza son sus dos palabras favoritas. Habla, piensa, dirige, plantea, pero no llora.
Se promete no hacerlo nunca, no necesita quebrarse; en su interior lleva la dureza y la fortaleza. Lucha hasta conseguir lo que quiere y jamás se esclaviza ante nada ni nadie, porque es de piedra y eso nunca cambia. No sufre, casi no siente, ni lo bueno ni lo malo. Ella misma se ha insensibilizado.
«Cierra los ojos e imagina que eres una pirámide más. En tú interior se encuentra la fortaleza de tu pueblo, tómala. Hazla tuya. Las pirámides te guiarán para ser fuerte» (página 67)
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No obstante, hay una gran diferencia, porque lo que sucede es que reaccionan de forma diferente a esa enseñanza. En el caso de Apia, le van pasando cosas por las que decide cambiar. Se va dando cuenta de que siendo dura como el metal no sufre, pero tampoco siente nada de lo bueno de la vida, se vuelve inerte, no tiene nada de sensibilidad. Y ella no quiere que eso sea así y, por ese motivo, cambia.
Por su parte, Cleopatra no llega nunca a flexibilizarse, ella jamás olvida que tiene que ser dura, que no tiene que permitir que nada cambie. Los hombres deben enamorarse de ella, pero ella no. Esa es su fortaleza frente al sexo masculino. Aprende desde pequeña que nada tiene que dominarla, ni el amor por un hombre, ni las riquezas, ni la maternidad, ni el poder, ni los lujos.
Por tanto, se nos muestran dos vidas y su forma diferente de adaptarse a los cambios, como hay que aprender a ser flexible, porque tal vez la vida nos manda mensajes y nos exige que nos arriesguemos.
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A lo largo de la novela, descubrimos la situación de la mujer en Roma:
«Al fin y al cabo, qué era una mujer, sino una mercancía que bien podía usarse como trofeo» (página 122)
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Además, se habla de la esclavitud en Roma. En el foro, en medio de las instituciones de gobierno y las religiosas había un importante mercado de esclavos. Se podrían comprar allí o en las lujosas tiendas nuevas.
También vemos como una esclava personal jamás se atrevía a cuestionar a su domina, aunque la viera ir directo a un precipicio. O como, para los dueños, algunos esclavos, ya sea por la melancolía o por rebeldía, terminaban siendo una mala inversión.
«Le alegraba que así fuera, aunque también le inquietaba porque había algo en la vida de los esclavos que se vivía con temor cuando el amo era querido, y consistía en la dolorosa posibilidad de que el dueño no los necesitará más» (página 112)
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Asimismo, se trata las diferencias entre clases sociales. El trato entre las personas de clase más baja era bastante más libertino. Por ejemplo, las conversaciones entre los soldados y las sirvientas eran complemente informales. Una trabajadora no necesitaba regirse por protocolos en su manera de hablar ni de moverse. Trabajan por poco dinero.
En cambio, una mujer de linaje, según la costumbre, no podría negociar directamente con un vendedor, sin usar a sus esclavas. Ninguna romana que cuidara su buen nombre debía entrar en una tienda y realizar sola una transacción. Para regatear y pagar estaban sus sirvientes; y para salir a la calle, también.
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Y sobre los matrimonios, arreglados por los padres y con grandísimas diferencias de edad entre los cónyuges. Eran pocas o casi inexistentes las privilegiadas que se casaban por amor o, al menos atracción y con hombres de edades próximas.
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Aprendemos sobre las perlas, de donde venían y cómo se comercializaba con ellas, incluso quien la extraía del mar, hombres a quienes se les paga muy poco.
«La mayoría son criminales condenados, obligados a realizar la tarea en las peores condiciones. Se lanzan desnudos, abrazados a una piedra para descender rápidamente y con una pinza de hueso en la nariz para contener la respiración, pero muchas veces se les perforan los tímpanos porque bajan cuarenta veces al día» (página 161)
Nos enteramos de que margaritaria (de margarita y margaritum, perla) es una joyera, que vende perlas. Y margaritarius: perteneciente a las perlas; mercader de perlas, joyero.
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Otro tema importante es la amistad, construida sobre la gratitud y la lealtad. Y hay amor, viajes, historia…
Los personajes
Apia Populus es una mujer romana de familia acomodada. Se casa con catorce años con Salvio. Tiene el cabello largo , abundante y rizado hasta la cintura. A los veinticuatro años se queda viuda, después de diez años de matrimonio, unos años de casada carentes por completo de emoción. Es una mujer que pelea para ser libre y poder seguir comerciando con las perlas. Ella negocia margaritas, con el capital que administra, se dedica a la compra y a la venta.
Desde niña es rapidísima con las operaciones, aun con las más difíciles. Es atractiva y segura. Su cuerpo es voluptuoso, es romana pura. Sus ojos son penetrantes de color marrón oscuro. Una parte importante de su vida la conforman los negocios, disfruta de esa actividad, la entretiene, se siente buena en algo. Las transacciones, única ocupación enteramente propia, le dan satisfacción.
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Tribunio es senador y el vecino más cercano de la casa paterna de Apia.
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Furnilla -Kayley es la esclava de Apia, quien la despierta cada mañana. Se transforma en un escudo de ojos y oídos a la hora de cuidar a su señora. Es rubia -con el pelo casi blanco de tan claro, de corta melena-, con ojos claros y transparentes -del color del cielo-y muy delgada, aunque sus formas son redondeadas. Es celta, los celtas de Britania destacan por tres . Habla latín. Sus pechos están sanos y sus piernas son fuertes. Sabe leer y escribir. Tiene cicatrices en la espalda. Se arriesga por su ama, es su aliada, se lo demuestra, puede confiar en ella. Sabe utilizar las plantas, su madre le enseñó y también aprendió observando a Dunio.
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Salvio Sextius es el marido de Apia Populus. Es un hombre mayor y experimentado, instruido y adinerado, es un buen hombre, no se trata de un sádico, ni de un violento, es considerado un ciudadano respetable, adinerado y tranquilo que ha criado a una familia y quiere formar otra porque se siente solo. Es pacífico y, hasta donde se sabe, no ha pegado a la que ha sido su primera mujer. Tiene un hijo y una hija de su primer matrimonio, que lo quieren y honran. Es el hombre que trae las primeras comitivas de la India para comerciar.
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Senecio Sextius es el hijastro de Apia, el hijo de su marido de un anterior matrimonio. Es un hombre casado, con bastantes más años que ella. Vive en una casa con su mujer y cinco pequeños en edad escolar.
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Liam es un liberto que trabaja en casa de Apia. Es un hombre de aspecto delicado y vestido con una buena túnica cuando lo compran. Es judío y bueno para las matemáticas. Ha sido dueño de un negocio importante y por las deudas contraídas en operaciones mercantiles ha terminado siendo vendido como esclavo. Ayuda en algunas actividades comerciales, como las relacionadas con la contabilidad. Debe desempeñar un papel importante en los negocios de Apia.
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Tulio Apio Populus es el padre de Apia. Es senador. Quiere a su hija, pero atiende a las costumbres romanas.
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Caelia es la esposa de Tulio Apio Populus y la madre de Apia. Está muy enferma. El casamiento de su hija tiene que salir bien desde el principio, porque ella ya no estará para poder ayudarla, ni para aconsejarla.
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Octavio es un muchacho, sobrino y heredero de Julio César, elegido por este como su hijo adoptivo. De cabello rubio y ondulado y de complexión media. No es muy alto, pero sí bien proporcionado, por lo que parece de mayor porte. A pesar de su corta edad, supera a los demás políticos en preparación, inteligencia y astucia. Cuando tiene dieciocho años, ya goza de fama de perspicaz, sanguinario, astuto y ambicioso.
Es un gran manipulador y calculador. Su explosiones de furia son famosas al igual que su terrible mal humor y falta de paciencia con los torpes y lentos. Su personalidad es agresiva.
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Atia Balba es la madre de Octavio y amiga de la familia de Tulio Apio Populus. Es una mujer de extraordinaria belleza, carácter fuerte y muy amiga de la madre de Apia.
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Petronia es la hija de Salvio. Está casada y es madre de nueve hijos; los mayores tienen casi la edad de Apia. Tiene un carácter tan especial que le permite socializar hasta con las piedras. Poco a poco su relación con Apia va mejorando.
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Octavia es la hija de Atia Balba, la menor.
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Agripa y Mecenas son amigos de Octavio, ambos morenos y gruesos. Mecenas es un hombre extremadamente bondadoso al que le gusta el arte, especialmente la pintura, y amante de los recitales de poesía. Su figura alta y corpulenta, su rostros poco agraciado y bondadoso son muy particulares.
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Cleopatra es una niña que tiene que huir con urgencia para salvar su vida, junto con su padre y un séquito de unas pocas personas. Luego es la reina de Egipto, de extraordinaria belleza.
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Sharifa es el aya de Cleopatra de niña. La mujer la cría desde que es un bebé porque su madre no está desde hace muchos años.
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Berenice IV es la hermana de Cleopatra. Mata a su madre, también a su marido y le arrebata el trono a su propio padre.
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Manius Marcio es un centurión. Es alto y musculoso, de cabello oscuro y algo ondulado, sus ojos de color verde claro llaman la atención y miran con bondad. Su sonrisa blanca y perfecta es una de sus mejores armas con las damas, igual que sus ojos claros y bondadosos. Cuando una mujer le interesa, en menos de una hora, está en la cama con ella. Por su alto cargo, duerme solo en el cuartucho del cuartel donde vive. Ama a Roma y estar dispuesto a dar la vida, su amor emana del orgullo y del honor de pertenecer al más grande imperio jamás conocido, pero también incluye el sentimiento simple, puro y amoroso que lo une a la tierra que lo ha visto nacer.
Es muy puntilloso con su arreglo personal, tiene grabados a fuego los cuidados que debe tener para verse como el honorable soldado que es. Igual esmero dedica a sus armas, que pueden salvarle la vida. Se alimenta únicamente con dos comidas al día. Siempre va hasta las últimas consecuencias, pero con la verdad en la mano, jamás miente. Nunca agobia a nadie y es un amante de su libertad.
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Marco Antonio es el actual cónsul romano y general respetado del ejército que ha combatido en numerosas batallas. Es moreno, fuerte y apasionado, sanguinario y arrebatado. Le seguimos hasta Egipto.
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Cicerón es un orador sobresaliente.
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Dunio es un maestro, un gran pensador, reconocido por su dedicación a las ciencias naturales y por sus libros escritos sobre plantas y medicina.
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Tolomeo XIII es el hermano de Cleopatra, existe una hostilidad manifiesta entre ellos. Ambos son irrefrenables y amos absolutos. Su padre ha muerto unos meses atrás y desde ese momento, ellos gobiernan Egipto sin ponerse de acuerdo en nada. Él es un jovenzuelo de doce años, ella una madura muchacha de dieciocho. No solo son hermanos, también esposos.
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Décimo Ovidio es amigo y colega de Manius Marcio, de su misma edad. Es alto, delgado y moreno.
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Elia es una chica del pueblo de Manius Marcio, que le había gustado, pero a la que tiene que dejar cuando se enrola.
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Julio César es un general romano de cincuenta y tantos años.
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Hortensia es una mujer que lidera a un grupo femenino que se presenta en el foro para quejarse porque Octavio implementa un impuesto, que recae únicamente sobre las mil cuatrocientas mujeres más ricas de Roma. Ese gravamen es un golpe certero a las pocas romanas libres, a los hombres no se les aplica.
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Tanusia es una mujer que pide clemencia a Octavio por su marido con amor y valentía.
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Fulvia es la esposa de Marco Antonio. Claudia es su hija.
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Cesarión es el hijo de Julio César y Cleopatra.
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Kira es una esclava de la casa del padre de Apia. Es de tez morena y largos cabellos oscuros. Se mueve por la casa con diligencia.
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Placidia (conocida como la Estoica) es una de esas mujeres que prestan dinero a las romanas. Esta prestamista vive en una casa ubicada en el foro. Su peinado es sobrio y con algunas trenzas.
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Lucio Antonio es hermano de Marco Antonio.
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Octavia es la hermana de Octavio. Se casa con Marco Antonio.
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Escribonia es otra mujer de Octavio, a quien llevaba diez años. Se caracteriza por su continuo parloteo sin sentido, su forma de ver la vida es elemental, su conversación insípida y su belleza es fabricada a base de maquillaje, ropaje multicolor y peinados recargados, cuando no ridículos.
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Atenodoro es el maestro de Octavio, es quien le aconseja que frente a sus recurrentes ataques de ira y antes de actuar precipitadamente diga para sus adentros el alfabeto completo.
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Cleopatra Selene y Alejandro Helios son los hijos mellizos de Cleopatra.
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Mansala de los Junos es la esposa de Tito Mancio, dueño de tres tiendas de joyas y perlas.
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Julia es la única hija de Octavio.
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Veintidio es el mejor lugarteniente de Marco Antonio.
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Tolomeo Filadelfo es otro hijo de Cleopatra.
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Antonia la Menor es hija de Marco Antonio.
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Livia Drusila es otra mujer de Octavio, bonita y joven. Es miembro de una familia perteneciente a la alta clase política de Roma, es una mujer muy preparada, paciente y de charla amena, criada en el amor y el orgullo por su ciudad, en la necesidad de ofrecerse por entero a ese Estado romano que lo exige todo. Maneja muy bien las pócimas y tiene fama de mostrar una estudiada modestia, equilibrada en todas sus maneras y, para evitar las críticas, cuida lo que habla, sus movimientos e incluso su vestuario.
Su esposo anterior es Tiberio Claudio Nerón.
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Taciana. No voy a contaros quién es este personaje, tendréis que descubrirlo leyendo el libro.
Los lugares
La trama se desarrolla, principalmente, en Roma, la gran ciudad del mundo antiguo, la bella, la que enorgullece a sus ciudadanos, la perla de Occidente, aquella que representa lo civilizado y organizado en contraposición a los pueblos bárbaros.
En Roma visitamos: el foro de Roma; el Palatino, donde los ricos tienen sus enormes y lujosas casas en la ladera del monte; la Cloaca Máxima; Porticus Margaritaria; Campo de Marte; vía Sacra y su zona elegante; la Subura, un sórdido barrio de ambiente sombrío, las viviendas se apilan unas sobre otras; calle Argileto, la vía que lleva desde la parte lujosa de la ciudad a la humilde; Porticus Margaritaria; vía Emilia; templo de las Vestales, ubicado en pleno foro; la vía del Argileto; el teatro de Pompeyo Magno; el barro de Trastévere; el río Tíber; la fuente de la calle de Lapis; el Argileto,
Roma está fundada sobre siete colinas principales: Palatino, Aventino, Capitolino, Celio, Esquilino, Viminal y la del Quirinal. Otra menos conocida es la del Janículo, desde la que puede verse cada pequeña luz que hay prendida en los hogares, cada lámpara encendida en los templos o en la puerta de los edificios públicos ubicados en el foro.
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Las thermae son grandes termas construidas por el Estado para la plebe, son verdaderos negocios cuyas ganancias se dividen entre el Gobierno y los que tomaban a su cargo la explotación del complejo. Los ricos que visitan los baños públicos lo hacen acompañados de varios sirvientes. Uno le asiste durante el baño, otro se encarga del masaje, un tercero lo depila, un cuarto tiene la tarea de llevar la ropa blanca y vigilar su vestimenta, mientras un quinto, finalmente viste al amo.
La apotheke (palabra griega) es el almacén de remedios medicinales.
Cavea es una parte del teatro, anfiteatro o circo en la que están ubicadas las gradas. Está dividida en distintas partes.
La caupona es una hostería; taberna donde se vende vino y comida.
Una cloaca es un conducto por donde van las aguas sucias.
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En la Roma de ese momento no existe el alumbrado público, carecen de números en las casas y tampoco las calles tienen nombres. Para mantener al pueblo informado acerca de los grandes acontecimientos políticos, se crean boletines que difunden en distintos lugares públicos de la ciudad.
Octavio debe enfrentarse a muchos problemas por el crecimiento de Roma: necesita remediar la escasez de agua potable en la ciudad, solucionar la falta de trabajo para el pueblo, debe frenar las insubordinaciones de los soldados en algunas regiones de la península, precisa llevar adelante la restauración de la Cloaca Máxima construida seis siglos antes. Es una gran metrópoli que crece día a día al igual que sus problemas.
La Cloaca Máxima es una de las redes de drenaje más antiguas del mundo construida en Roma y que vierte en el río Tíber.
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También descubrimos las partes de una casa romana de clase alta:
- Atrium: atrio, patio cubierto ubicado junto a la entrada y el vestíbulo que hace las veces de espacio de distribución entre las estancias.
- Tablinum: sala principal de la vivienda donde se recibe a las visitas.
- Peristilo: en la casa romana o en los edificios públicos romanos, gran patio interior rodeado por un pórtico adornado con parterres y fuentes, destinado al esparcimiento y las recepciones sociales.
- Lararium: larario; capilla privada, lugar que los gentiles destinan en cada casa para adorar a los dioses domésticos.
- Triclinium: triclinio, diván, lecho o escaño para recostarse en el que pueden comer hasta tres personas. Designa igualmente la estancia destinada al comedor en las casas romanas.
- Cathedra: silla, asiento.
- Balneum: nombre que reciben las termas construidas en las grandes casas particulares.
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El lujo del Palatino (con sus soberbias edificaciones repletas de arcos y columnas) contrasta con la Subura, con sus calles sucias y malolientes, donde el calor se vuelve asfixiante. Las casas son un cúmulo de viviendas apiladas unas sobre otras. No se sabe dónde empieza la de la derecha y dónde termina la de la izquierda; y se levantan de manera amorfa, con los ladrillos puestos según la necesidad y sin organización. Se ven como un mismo bloque abarrotado de escalerillas asimétricas famosas por su peligrosidad. En muchas de las casas, en vez de puerta hay una tela mugrienta. A menudo, en una sola habitación viven varias familias.
Duermen en simples esteras. En verano la gente se asfixia y en invierno tiembla de frío, pero sin otra posibilidad continuan desarrollando sus vidas en esas madrigueras a pesar a la aspereza del clima, de los incendios y de los derrumbes.
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Asimismo, nos desplazamos a Egipto: Alejandría; las pirámides y todo el lujo que envuelve a Cleopatra.
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Nos trasladaremos también una playita muy pequeña, cerca del puerto de Ostia, a unas veinte millas romanas. Allí los romanos menos pudientes se van de vacaciones alquilando una pequeña edificación que hace las veces de casa. Para llegar hasta allí, hay que recorrer el camino adoquinado que cada diez mil pasos romanos dispone de una mutatio, un establecimiento donde se pueden cambiar las bestias, arreglar una rueda y hasta tomar un refrigerio.
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Se mencionan Oriente; Britania; Apolonia; Brindisi; Pompeya; Iliria, una vasta región al otro lado del Adriático, la que en el mundo moderno se conocería como la zona que abarcaba desde Albania a Eslovenia; Petra, un importante enclave comercial de Oriente; la India; Mutina; la Galia Cisalpina; el mar Rojo; Siria; Capua; Campania; China; el golfo Pérsico; el Índico; costa africana del Mediterráneo; Grecia; Filipos; Tarso; río Cydno; Alejandría; río Po; Adriático; Regio; Cerdeña; Sicilia; Perugia; Sición; el Peloponeso; la región de Partia; Armenia; el golfo de Ambracia, junto a la colina llamada Accio.
Referencias
Hechos históricos:
- Asesinato de Julio César; extinción de la venerada República para dar nacimiento al Imperio; preocupación por la llegada de Octavio; celebración por Octavio de manera fastuosa de los juegos públicos en honor a la diosa Venus Genetrix; aparición de un gran cometa; antagonismo entre Octavio y Marco Antonio; quejas de los romanos por la falta de trigo, que parecía ser cíclica; campaña bélica en Iliria; la estremecedora batalla de Alessia; asedio de Marco Antonio a Décimo Bruto en Mutina; escaramuzas entre Octavio y Marco Antonio y posterior reconciliación; la pretensión de que Octavio sea nombrado cónsul; la lucha intestina mientras los valientes soldados romanos se esfuerzan por extender todavía más los límites de lo que va a ser uno de los grandes imperios del mundo antiguo; llamamiento de los senadores a las tres legiones apostadas en África para que se presenten en Roma; se le otorga a Octavio el cargo de cónsul; llegada de Julio César a Egipto persiguiendo a su enemigo Pompeyo; Octavio revoca el decreto que nombraba enemigos públicos a Lépido y Marco Antonio; Segundo Triunvirato; la lex Titia; la lex Roscia theatralis; sublevación en el sur de un grupo de esclavos, cerca de Capua.
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- Revuelta de Espartaco en el año 73 a.C.; se promulga la divinidad de Julio César; Octavio se hace llamar divino filius; Octavio y Marco Antonio acaban con los asesinos de César, Casio y Bruto, en Filipos, el primero regresa triunfal a Roma, el segundo se queda en Oriente para renovar las alianzas con el reino de Egipto; protestas contra las decisiones de Octavio, que concede a los veteranos de su ejército parcelas de tierra ubicadas en terrenos que él expropia; Corpus iuris civilis del emperador Justiniano; levantamiento de Lucio Antonio y Fulvia; idilio de Marco Antonio y Cleopatra; festividad por la reconciliación entre Octavio y Marco Aurelio en Brindisi; incendio en la Subura; derrotas de Marco Antonio frente a los partos; la lex Oppia; crítica a Marco Antonio por la vida que se prodigaba en Egipto; la batalla de Taormina; desfile de Marco Antonio por Alejandría en un carro triunfal ataviado como el dios Dionisio; victoria de Octavio sobre su enemigo Sexto Pompeyo; los barcos de Octavio y los de Marco Antonio frente a frente en Grecia.
Personajes históricos:
- Julio César; Octavio; el senador Tilio Cimbro; el senador Casca; Marco Bruto, hijo de Servilia, la amante de César; Pompeyo Magno; Cicerón; Cleopatra; Marco Antonio; Tolomeo XII; Berenice IV; Hircio y Pansa; Décimo Bruto; Lépido; Cornelio y cuatrocientos centuriones; Tolomeo XIII; Quinto Pedio; Pompeyo; Bruto y Casio; Mamercus; el orador Licino Calvo; la abogada Caya Afrania; Sexto Pompeyo, hijo de Pompeyo Magno; Lucio Antonio; Hipócrates, el griego; Mecenas, amigo de Octavio; Asinio Polión, general de confianza de Marco Aurelio; Munacio Planco.
Entidades, organismos, ejércitos o instituciones:
- Senado; los Sextii; cuerpo de bomberos de Egipto; el Gobierno.
Dioses:
- Flora; Minerva; Talassio; Mercurio; Venus Genetrix; Jano, el dios de los principios y de los finales felices; Sirona, la diosa que adoraba su pueblo; Júpiter; Osiris; Isis; Marte; Venus Victrix; Cupido; Juno; Dionisio.
Provincias:
- Galia Cisalpina; Narbonense.
Cráter:
- Averno.
Historiador:
- Dion Casio.
Síndrome:
- Síndrome de Estocolmo.
Oficios:
- Tonstrix: peluquera, barbera, la mujer que afeita.
- Tonsor: peluquero, barbero.
- Archimagirus: jefe de cocina; cocinero principal.
- Praeceptor: preceptor, maestro; el que manda.
- Pollinctor: embalsamador, enterrador.
- Praeficae: plañidera, mujer alquilada para llorar en los funerales.
- Pronuba: mujer que acompaña y asiste a la novia, madrina. Perteneciente al himeneo, nupcial.
- Venaliciarius: comerciante de esclavos; lo que pertenece a la venta de esclavos.
- Negotiator: negociante, comerciante; agente, procurador.
- Negotiatrix: la mujer que comercia; la que negocia, prepara, arregla.
- Tabellarius: mensajero, correo.
- Dispensator: administrador, tesorero.
- Arcarius: arquero, tesorero, mayordomo. Letras o billetes que han de ser pagados en metálico.
- Caupo: tabernero, mesonero.
- Praetor: pretor; general, jefe de un ejército. Magistrado romano, juez, alcalde, gobernador.
- Saga: encantadora, hechicera, supersticiosa. Por extensión, mujer sagaz, sabia, erudita.
Ejército:
- Caliga: en el ejército, sandalias militares con tachuelas en la suela.
- Lorica: loriga, coraza, cota de malla, armadura que protegía el pecho de los soldados.
- Paludamentum: clámide, especie de capa encarnada que vestía un jefe de Ejército sobre la armadura.
Vestimenta y adornos:
- Fascia Pectoralis: venda, faja, banda. Banda de tela con la que las mujeres realzaban el pecho.
- Lunula: especie de collar ornamentado con la figura de media luna utilizado, sobre todo, por las mujeres romanas a modo de amuleto.
- Palla: vestido talar de mujer; capa corta de los antiguos galos.
- Rica: especie de velo de mujer de color púrpura y con franjas.
- Stola: ropa de las damas romanas, talar, hueca y con muchos pliegues atada a la cintura.
Comidas y bebidas:
- Mulsum: vino mezclado con miel; jarabe de vinagre.
- Puls: género de comida hecha de harina o de legumbres cocidas.
- Spira: torta o rosca de masa endulzada con miel.
Utensilios:
- Cochlear: cuchara, por su forma similar a la concha.
- Ligula: cuchara.
En resumen… «Apia de Roma»
El libro es un viaje a Roma que, en esa época, era un nido de víboras donde las traiciones estaban a la orden del día. Hoy se estaba en un bando y mañana en otro, según la conveniencia. Los romanos no veían lo importante en las personas, sino que se dejaban guiar por los detalles externos, como vestidos, joyas y pañuelos en la cabeza en vez de detenerse en las miradas, los gestos o las voces.
«El deseo más fuerte se concentraba en conservar o en alcanzar el poder, ambición que les interesaba aún más que la dignitas, pese a que los romanos se llenaran la boca hablando de la importancia de ser dignos» (página 103)
Es un mundo frívolo y fútil, que carece por completo de la habilidad para ver lo fundamental, de vislumbrar la esencia de los individuos. Para el romano, la fama, la popularidad y el lugar que ocupa en la sociedad constituyen una constante preocupación. Les encanta subir en la escala social y exhibir sus posesiones: desde joyas, vestimentas y peinados, hasta literas y casas.
«En una sociedad inflamada de perfidias, engaños, traiciones y muertes extrañas, que muchas veces iban acompañadas de depravaciones sexuales y mentiras, cada cual buscaba la solución a su problema y trataba de sobrevivir como podía» (página 391)
…
A partir de ahí, el libro es una lección constante de la vida en Roma. Acompañar a Apia en su existencia, nos permite aprender muchísimos aspectos de los romanos de entonces. Algunos se refieren a sus costumbres como sociedad:
- Defixio: tablillas de maldición utilizadas en el mundo grecorromano para reclamar justicia, dañar la reputación de alguien o vengar a un enemigo a través de textos dirigidos a los dioses infernales o liminares. Una vez escritas sobre finas hojas de plomo, las tablillas se enrollaban, doblaban o clavaban; también se enterraban en pozos o tumbas.
- Lar y lares: dioses del hogar.
- Mille Passus: milla romana, unidad de medida utilizada para calcular distancias largas en las carreteras y caminos en la Roma antigua.
- Paterfamilias: en la antigua Roma, jefe o cabeza de familia.
- Proletarii: las gentes pobres de Roma que no contribuían a la República más que con sus hijos para la guerra.
- Sacrosanctitas: sacrosantidad, privilegio de inmunidad que se concedía a los tribunos de la plebe, mediante el cual eran intocables. Fue también asumida por Julio César como dictador perpetuo y a partir de ahí utilizada por los emperadores romanos.
…
También sobre la situación de las mujeres en esa sociedad. La autora nos transmite a través de la protagonista que las mujeres sentían en su triste existencia que no podían elegir nada fuera de sus vestidos y peinados. A veces, creían que hasta la política, influenciando su vida, terminaba decidiendo más que ellas sobre su propia existencia.
Eso sí, en Roma era habitual que las niñas de buena familia, cuando terminaban su educación escolar primaria, continuaran sus estudios de manera privada, formándose bajo la guía de un praeceptor que las instruía en el conocimiento de la literatura latina y griega. También en esa etapa aprendían a cantar, a danzar, a toca la lira y a bordar; esta última actividad manual era una de las grandes pasiones de las romanas. No importaba cuánto dinero tuviera el padre o el marido, la mujer sabía bordar y, en general, le gustaba mucho hacerlo en su casa.
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Por todo lo anterior, me gusta que Apia entienda que hay una necesidad de cooperación entre las mujeres que vaya más allá de las divisiones que impone la sociedad romana. Aunque muchas otras no pueden percibirlo, algunas visionarias ya lo aprovechan. Incluso, se cuenta como algunas mujeres de Roma son pioneras, al sentar las bases del primer banco por y para mujeres, uno que con los años sería descubierto para la historia a través de papiros desenterrados, porque para poder subsistir como institución de préstamos femeninos tienen que seguir manteniéndolo en secreto.
Aunque es ilegal nada las detiene, porque hay una necesidad y de alguna manera hay que remediarla. Un pequeño grupo de mujeres operan con absoluta discreción para que los hombres no se percaten y no les nieguen la posibilidad de continuar con ese sistema de colaboración femenina.
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En cualquier caso, legar a ser una matrona romana era lo mejor que podía sucederle a una mujer, y ellas deseaban alcanzar ese estado. Las matronas eran respetadas, gozaban de libertad para realizar salidas al teatro, para comprar cuantos vestidos quisieran e ir a las fiestas, maquillarse con los polvos traídos de Oriente y hacerse peinados primorosos. Ellas dirigían a las esclavas que las servían y cuantos más hijos tenían, mayor consideración alcanzaban. Se movían de un lugar a otro recostadas en sus lujosas literas llevadas por los esclavos de la casa.
Las mujeres romanas aspiraban a casarse, a tener marido, para tener hijos y convertirse en matronas. El mundo de los hombres era grande, amplio, sus importantes decisiones cambiaban el destino de las naciones. Ellos se movían con total libertad. El universo de las mujeres era pequeño; ellas no tenían decisión ni siquiera sobre sus propios cuerpos.
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Y hablando de casarse, en la novela también se cuentan muchos detalles sobre los matrimonios en Roma. Por ejemplo, el padre de Apia, decide que el matrimonio de su hija sea con un hombre bastante más mayor y sine manu.
«Tulio Apio Populus, gracias al comentario del maestro, acababa de decidir que el matrimonio de su hija fuera sine manu. Como Apia había dato muestras de dominar los números, comprendió que si a él le pasaba algo malo ella podría manejar la fortuna que le dejaría como herencia. No deseaba casarla cum manu y que quedara sometida a su esposo» (página 27)
Es decir, el matrimonio podía ser:
- Cun manu: convenio matrimonial en el que la esposa abandonaba la familia paterna y se incorporaba a la del marido; todos los bienes de la mujer pasaban a formar parte del patrimonio del esposo.
- Sine manu: convenio matrimonial en el que la esposa permanecía bajo la patria potestad de su padre; la mujer conservaba sus bienes.
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Tras contraer matrimonio, una esposa no podía negarse a nada con su marido. Aunque había casos en los que las hijas, asustadas después de la noche de boda, querían regresar a sus hogares paternos, desatándose así un gran jaleo con idas y venidas de una casa a la otra acompañadas de las consiguientes quejas por parte del novel esposo.
Además, se describe cómo mayo es un mes nefasto para casarse, porque coincidía con la fiesta de las Lemurias.
Y son muy curiosas otras de sus costumbres. La primera, el trinoctium o espacio de tres noches. Según la ceremonia romana, antes de cumplir un año de convivencia con el esposo, la mujer abandonaba el hogar y dormía tres noches en la casa paterna con el propósito de no formar parte de la estirpe del marido.
«Además, tenía que reconocer que haber ido a su casa paterna para cumplir con el trinoctium la había puesto de buen humor. A pesar de que cada día se había cruzado con su padre solo unos pocos minutos, la felicidad de deambular por los ambientes familiares y de dormir en el que fuera su cuarto aún le duraba» (página 158)
La segunda es el uxorem ducere: tras el banquete de boda, un cortejo acompañaba a la novia hasta la casa de su marido.
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Del matrimonio vamos al sexo. Porque entre los romanos todavía se respetaba la institución del matrimonio y la consecuente procreación. La mayoría de la gente no criticaba demasiado si el acto se hacía entre hombres y mujeres. Lo que en verdad la sociedad amonestaba era ser la parte dominada en la relación; por ese motivo, muchas mujeres tenían sexo con sus esclavas y no con los esclavos; de esa manera evitaban la vergüenza de ser sujeto de dominación.
«Si a alguien le agradaba ser la parte pasiva de una relación, más le valía mantener oculto su gusto, ya que de hacerse público sería ampliamente criticado, cuando no motivo de burlas y hasta de pintadas en las paredes de la ciudad. La gente de buena familia se casaba y así consumaba el acto. Los demás llegaban a esa circunstancia sin mucho preámbulo ni compromiso» (página 46)
En Roma, el sexo no exigía demasiados preámbulos. Distinto era el caso de las vírgenes recién casadas.
…
Y llegamos el tema de la esclavitud. En Roma los esclavos abundaban. La autora nos cuenta que a los nacidos como tal por ser hijos de esclavos, se les sumaban los libres que, por alguna razón, terminaban en esa condición, como era el caso de los prisioneros de guerra que pasaban a ser del Estado, que, en subastas públicas, eran vendidos a los particulares. También estaban los niños robados por los piratas, al igual que aquellos que eran vendidos por sus propios padres, algo permitido. Y estaban los hombres libres que habían contraído una deuda que no podían pagar y pasaban a ser propiedad del acreedor.
Todos ellos eran la mercancía humana con la que se comerciaba en el foro. Los había de todas las edades y nacionalidades. Se exhibían en una tarima giratoria. A los recién llegados de ultramar se los podía identificar porque llevaban un pie blanqueado con yeso. Había esclavos entendidos en diferentes tareas: coperos, músicos, camareros; también enanos, bailarines y doctos.
«Los hombres y las mujeres que estaba a la venta tenían colgado al cuello un cartel que informaba de su nacionalidad, virtudes y defectos. Las cualidades que más los encarecían eran -en ese orden- la inteligencia, la preparación y la belleza» (página 129)
…
Y es importante destacar que existía cierto placer en un esclavo cuando sentía superioridad sobre otro. Los esclavos podían ser castigados con el látigo y las laceraciones, a veces, desgarraban los músculos y llegaban al hueso. Luego tardaban meses en sanar, cuando no se infectaban y terminaban matando al esclavo.
Llama la atención la relación entre amos y esclavos. Los sirvientes siempre conocían las risas, las lágrimas y las discusiones de sus señores, hasta sus suspiros y deseos ocultos. Para los patrones, sin embargo, el mundo privado de sus sirvientes siempre queda vedado, oculto entre las sombras. Ellos jamás saben qué hay en sus corazones, no se enteran de sus discusiones ni de sus conversaciones.
…
Pero hay mucho más. Las páginas de esta historia nos enseñan también que las paredes de los edificios en la Subura mostraban pintadas y dibujos groseros, porque a los romanos les gustaba plasmar sus quejas, sus chistes y sus inclinaciones políticas no solo con palabras sino también con dibujos porque muchos no sabían leer ni escribir, pero querían expresarse.
Ya os he comentado que a las mujeres romanas, les encantaba bordar. Todas practicaban esta actividad y se la transmitían a sus sirvientas más hábiles y menos embrutecidas por los trabajos duros de la casa. El bordado venía a convertirse en una escapatoria del aburrimiento. Llama la atención especialmente que, una vez al año, los esclavos llevaban al mercado todas las obras bordadas en la casa para que fueran exhibidas y vendidas. Incluso se competía para ver qué familia juntaba más dinero en esa jornada.
…
Se subraya también como se encomendaban a sus dioses protectores y cómo tomaban su baño. Hasta los dueños de las casas más modestas lo hacían con la ayuda de al menos tres sirvientes que debían cumplir muy bien con su tarea. Se trataba de un momento importante, un disfrute que en Roma no se le negaba ni a los más pobres, ni siquiera a los esclavos, quienes, junto a los más humildes, por unas pocas monedas podían ir a las grandes termas.
Asistimos a la tarea de limpiar las paredes y techos que quedaban ennegrecidos. Participamos en declamaciones que, a veces, recitaban poesías dramáticas y profundas, mientras que otras, eran monólogos graciosos. Nos sorprendemos al leer que los poderosos en Roma podían pedir a una mujer, utilizando esa palabra para encubrir un real y carnal propósito. Y nos fijamos en que en los hogares romanos se ponía en la puerta «Arse verse» como conjuro contra los incendios.
…
Tampoco me puedo olvidar de la vestimenta de las mujeres ricas romanas. A lo largo del libro, se hace referencia a esta cuestión en numerosas ocasiones, cuando acompañamos a Apia en esta tarea. A las romanas peinarse y vestirse cada mañana les exigía mucho tiempo. Una vez hecha la elección de la vestimenta eran ayudadas por las sirvientas especialmente entrenadas para la difícil tarea de vestirlas con varias capas de telas:
- fascia pectoralis, para sostener el busto.
- la túnica, que se colocaba sobre la piel.
- stola, el vestido propiamente dicho, largo hasta los pies y ceñido a la cintura con un cordón.
- palla, el amplio manto con el que sea tapaba la cabeza.
- A veces, utilizaban la rica, un velo cuadrado que cubría la espalda y la cabeza y que también empleaban las flaminicas en las festividades religiosas.
Completaban el atuendo diademas, anillos, pulseras, collares, aros y demás accesorios de moda.
…
Para los pies se usaban:
- soleae: sandalias.
- socci: suecos.
- calcei: zapatos, atados con cuatro tiras de cuero y cerrados por una lengüeta de piel adornada por una hebilla de marfil.
Las romanas no recibían visitas por la mañana, todas seguían esa regla. Sus arreglos personales requerían tanto tiempo que hasta el mediodía no se encontraban preparadas para que las vieran.
«Cualquier mujer que se preciara de tal no aparecería ante nadie sin maquillaje, peinado y ropa cuidadosamente elegidos. Muchas ni siquiera se dejaban ver por su marido antes del mediodía» (página 120)
…
La escritora se detiene en el uniforme completo de un soldado:
- las grebas, que le protegían las piernas
- caligae: las sandalias militares con las suelas tachonadas.
- lorica segmentada: la armadura que le protegía el pecho.
- el paludamentum: capa de color escarlata que llevaban sujeta al hombro los oficiales de algo rango.
Por norma, cada soldado era el único responsable de mantener en perfecto estado sus armas y debía estar preparado para enfrentarse a cualquier lance que se le presentara. Los soldados se levantaban temprano, hacían largas marchas diarias y peleaban cuando tocaba en sangrientas batallas.
Los días en el campamento eran duros pero emocionantes y llenos de verdadera camaradería. Acampaban en grandes extensiones de tierra que convertían en una especie de ciudad, donde también se montaban termas para que a los soldados nos les faltaran los baños calientes y un hospital con excelente servicio médico. Los soldados, mientras duraba su servicio, no podían contraer matrimonio.
…
Hay algo que también quiero recoger aquí. Aparecen las cerezas, mi fruta preferida y no puedo dejar de ponerlo en la reseña:
«Y la estrella de la mesa: una fuente enorme ribeteada en oro rebosante de cerezas. Hacía poco tiempo que esa fruta había sido introducida en Roma, y debido a su elevado precio solo estaba disponible para la clase alta» (página 96)
Por supuesto, conocemos otros detalles en cuanto a comidas y la forma en la que comían los alimentos, recostados cómodamente en divanes.
«Se tendieron en los divanes frente a la mesa que se hallaba repleta de comida. Había trozos pequeños de carne de cerdo, cabrito y cordero. Uvas, melocotones, granadas, nueces y dátiles. Huevecillos, habas, garbanzos y verduras cortadas. También ciervo y jabalí hervido en leche. Y como no podía faltar: la típica puls, gachas hechas con cereales puestos a remojo y hervidos, el acompañamiento de toda comida romana» (página 96)
…
Por otra parte, me ha encantado admirar el cambio de la protagonista. De ser dura como el metal a empezar a sentir. Sentir lo bueno y lo malo.
«Ella era otra persona, podía sentirlo en cómo percibía la vida o en los cambios que materializaba en su rutina. Habiéndose permitido el dolor por primera vez en mucho tiempo, todo su ser se había transformado» (páginas 431 y 432)
Vemos como toma decisiones que comprenden desafíos significativos y los va aceptando. En un momento dado, por diversas circunstancias, ya no quiere huir de los sentimientos, dulces o dolorosos. No quiere pagar el precio de la insensibilidad, un coste demasiado elevado que no está dispuesta a asumir. Quiere sentir y, a partir de ahí, no va a permitir que nadie la pisotee.
…
Y si me gusta Apia, más me gusta Furnilla y su lealtad inquebrantable por su ama. Tienen una relación entrañable, una amistad que va evolucionando a la vez que lo hacen ellas. Es una mujer que tiene miedo a ser libre, pero que finalmente logra escribir su destino.
Para ir terminando, después de todo lo que os he contado, es evidente que hay que resaltar la labor de documentación que ha llevado a cabo Viviana Rivero. Está claro que se ha empapado de la cultura romana de ese momento concreto.
«Normalmente leo de doce a quince libros para escribir una novela, pero en el caso de Roma fueron más de treinta, porque era casi como escribir de otro planeta: la gente no comía en un comedor con cubiertos, comían en camastros cogiendo la comida con la punta de los dedos, se trasladaban en literas en las que podían ir recostados y eran llevados por los esclavos. Me parecía un desafío muy grande que alguien al leer disfrutara caminando por esas calles y entendiera cómo eran, porque en cierta forma, es la cuna de nuestra civilización»
…
Tras leer el libro, creo que el principal mensaje es que debemos aprender a aceptar los cambios que nos trae la vida.
Mi madre, fiel lectora de Viviana, ha pasado una temporada un poco fastidiada y sé que le va a encantar leer este libro. Estoy deseando dejárselo.
Por todo lo anterior, os invito a leer «Apia de Roma». Después, como siempre, cuando la hayáis leído ¡dejad vuestros comentarios!
¡Gracias Viviana por darnos a conocer a otra pionera, a otra mujer fuerte, que persigue su sueño y no se rinde, que aprende a evolucionar y a sentir!
Mis fragmentos preferidos
«Porque, ¿qué era la vida si no cambios constantes? Aunque algunos se aceptaban fácilmente, otros no. La esencia humana se resistía» (página 41)
«Este mundo es de los hombres y no de las mujeres. Y tú tendrás que ser fuerte y fría para subsistir. Porque nada tiene que quebrarte. Nada. Es la única manera si eres mujer. Pensarás en el hierro, que es fuerte y frío, casi imposible de romper. Cuando sientas que flaqueas, piensa que eres de metal. En ese momento, hija, imagina un trozo de hierro y visualiza que te conviertes en él, que te transformas en metal fuerte y frío» (página 47)
«Porque te prometo que después de un tiempo triste siempre vendrá uno feliz, de la misma forma que tras una tormenta sale el sol. Y para poder disfrutar de esas bondades que te dará la vida tendrás que estar entera a pesar de haber pasado momento adversos» (páginas 47 y 48)
«Muchos pensamientos acudieron a su mente y llegó a una conclusión: cuando los momentos malos hacían su aparición, había que entregarse y esperar a que pasaran porque luego vendrían los felices. La vida era un cambio continuo y había que confiar en que la próxima curva trajera la dicha» (página 505)
«La vida era una caja de sorpresas. Una alteración tras otra en donde cada acto estaba ligado a otro de manera irreversible, y la única seguridad era el cambio constante. Había que aprender a vivir con esa situación» (página 519)
Los fragmentos que me hicieron reflexionar
«Al final, concluyó que algunos nacían llenos de amor, y eso daban, mientras que otros nacían repletos de odio, y eso destilaban» (página 328)
«Nadie podía vivir sin la plenitud que otorgaba la libertad en todas sus facetas. Libre, para sentir lo bueno y lo malo; libre, para moverse, para elegir con quién tener intimidad; libre, para… había mucho por disfrutar» (página 492)
Palabras aprendidas
- Cilicium: Cilicio; faja de cerdas ceñida a la carne que se usa para la mortificación.
- Stultus: Tonto, estúpido, necio, loco; fatuo; ignorante.


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