Autor: Luis Zueco
Páginas: 602
Curiosidades
Voy a comenzar la reseña de la novela «El mercader de libros» recordando la entrevista que tuve la ocasión de hacerle a su autor, Luis Zueco. Podéis leerla aquí. Entonces acababa de publicar esta novela y le pedí que me comentase que resaltaría de la misma para convencerme de que tenía que ser mi siguiente lectura? Y esta fue su respuesta:
«Porque si te gusta leer, en “El mercader de libros” vas a poder vivir realmente cómo los libros cambiaron el mundo. Esta novela es un viaje apasionante por el inicio del siglo XVI, imagínate cómo sería vivir en la Europa que acaba de ser consciente que se había descubierto un nuevo mundo y que se podía dar la vuelta a la tierra. A donde llegaban animales y productos nunca imaginados. Donde se había abandonado las tinieblas de la Edad Media y se había abierto al humanismo y al renacimiento. Y donde, por primera vez en la historia, el pueblo tenía acceso a los libros. Ya no estaban ocultos en monasterios ni había que ser un noble o un erudito, cualquiera podía comprar un libro y leerlo en su casa frente al fuego. Y pregúntate también, porque todo ese renacer humanista, todos los avances tecnológicos, todas las reformas religiosas y el descubrimiento de nuevos mundos, coincidió exactamente con la imprenta y la publicación a gran escala de los libros».
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Aunque he tardado un poquito más de lo previsto, he aceptado su consejo y he leído esta obra.
En este caso, el autor se centra en el siglo XVI, abandonando así un poco la Edad Media, protagonista en sus novelas anteriores. En este punto, es importante indicar que a él siempre le ha llamado la atención el hecho de que no hay un consenso sobre cuándo se produce el inicio del Renacimiento y de la Edad Moderna.
A él le gusta resaltar que en 1453 ocurrió un hecho fundamental, apareció el primer libro no copiado a mano. En este año, Gutenberg inventó la imprenta, que permitió la difusión de la cultura de una manera antes nunca conocida. Se recuperó todo el saber clásico oculto durante siglos en los monasterios y se difundió por toda Europa, dando a conocer los avances y conocimientos tecnológicos. En realidad, fueron los libros impresos los que cambiaron el mundo y sus habitantes, haciéndolos más modernos.
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La imprenta fue el invento que democratizó los libros, que los hizo accesibles para todos. Fue la clave del fin de mundo antiguo y medieval, y el inicio del actual. Produjo un cambio de época. De hecho, uno de los personajes, en concreto Úrsula, es una alegoría que evoca el inicio de la Edad Moderna. El protagonista, Thomas, es un prototipo de hombre del renacimiento, curioso, crítico, aventurero. Así que, para él, Úrsula siempre estará presente. Curioso ese juego literario ¿no?
«Él solo tenía una reina, su Úrsula. Abandonada, a ratos olvidada, pero su reina, su amada» (página 98)
A través de esta novela, viajamos a un tiempo de profundos cambios, marcados por el descubrimiento de América y la invención de la imprenta. Gracias a ella el humanismo y el Renacimiento se expandieron rápidamente. Es un homenaje al clásico pero también a las novelas medievales, se palpa el mundo del libro en cada página.
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Además, el autor nos acerca hasta la Colombina, la mayor biblioteca de Occidente en aquel momento, creada en Sevilla por don Hernando, el hijo de Cristóbal Colón:
«El hijo de Colón lo que quiere es tener todos los libros del mundo en un mismo sitio. Entonces, crea una red de comerciales, de espías por toda Europa que le informan de todos los libros que se van imprimiendo en todos los países, los compraban, anotaban cuánto habían costado, dónde, los enviaban a España y él los cogía en la biblioteca»
Llegó a atesorar cerca de 20 000 títulos, unos cinco mil todavía se conservan hoy.
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Por último, quiero contar que el libro se publicó el 12 de marzo de 2020, dos días antes del estado de alarma que nos encerró a todos en casa (¡qué lejano parece ya todo eso!). Tuvo que cancelar todo tipo de promoción y aún así fue un éxito tremendo de ventas. Para Luis Zueco, vivirlo encerrado en casa fue algo extraño, a la vez que inesperado.
No hizo ninguna presentación presencial, solamente una mini presentación en Andalucía. Por eso, se volcó en redes sociales, realizando todo tipo de actividades, de directos, de videos cortos, recreaciones de los escenarios de la novela. Así contactó con el público, que respondió muy bien y se interesó bastante haciendo consultas. Y es que, en la novela hay tantas cosas, que se presta a que los lectores quieran saber más. De hecho, surgieron dudas sobre cosas supuestamente secundarias pero que también eran muy interesantes porque la novela es muy rica en detalles.
Sinopsis
Esta novela es un viaje a los años siguientes a la invención de la imprenta, cuando un mercader de libros emprende la búsqueda de un misterioso ejemplar que ha sido robado de la mayor biblioteca de Occidente, creada en Sevilla por el hijo de Cristóbal Colón.
Año 1517. El joven Thomas atraviesa la incipiente Europa renacentista huyendo de su pasado. Son los años siguientes al descubrimiento de América y la invención de la imprenta, un periodo de profundos cambios que han supuesto el fin de la Edad Media. La curiosidad que siente por el Nuevo Mundo, cosechada en sus múltiples lecturas, le llevará hasta España, donde comenzará a trabajar con un mercader de libros.
El encargo de localizar un ejemplar envuelto en un halo misterioso le conduce hasta Sevilla, una próspera ciudad que sirve como enlace en el comercio con las Indias y que alberga, entre sus murallas, la biblioteca más importante de Occidente, creada por el hijo de Cristóbal Colón y llamada la Colombina. Será precisamente allí donde Thomas descubra que alguien ha robado el libro que él busca y, por alguna razón, tiene mucho interés en que nadie lo encuentre.
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Hubo un tiempo en que los libros permitían descubrir nuevos mundos, tambalear los dogmas más sagrados y cambiar el curso de la Historia. Luis Zueco nos sumerge en los albores de la bibliofilia y nos traslada, en una perfecta unión de rigor histórico y trama trepidante, a una época en la que la palabra impresa podía ser el arma más peligrosa.

Mi opinión
Estructura
El libro comienza con un Prefacio. Después, se divide en partes:
- I: El sacro Imperio Romano. Dividida en capítulos: 1. El laurel 2. La cena 3. El anillo 4. El lago de Como 5. El vino 6. El animal 7. Luna 8. El tabaco 9. Amberes
- II: Amberes: 10. Erasmo 11. El muelle 12. La Edad Media 13. La ciudad de las mujeres 14. Worms 15. Las tesis 16. La huida
- III. Zaragoza: 17. Gorka 18. Gaztelugatxe 19. Alonso 20. Luis de Coloma
- IV. Sevilla: 21. El Guadalquivir 22. El palacio 23. La biblioteca 24. Las maldiciones 25. La oferta 26. Las lluvias 27. Fango 28. El mercado 29. La Casa de Contratación
- V: La Biblioteca: 30 Miguel de las Cuevas 31. Santiago 32. La cárcel 33. Triana 34. Don Hernando Colón 35. El Guardián 36. Marco Polo
- VI. La búsqueda: 37. Doña Manuela 38. La visita 39. Julia 40. La locura 41. El impresor 42. Brígida Maldonado 43. El espía 44. El Cascanueces 45. Los sueños 46. Juan Cromberger 47. Libros prohibidos 48. Ajuste de cuentas 49. Dafne 50. Luis Colón 51. Las Islas de las Especias
- VII. El conflicto: 52. Miguel Enériz 53. El mercader 54. Los Caños de Carmona 55. El mar del Sur 56. Desglosables 57. Badajoz 58. Los gemelos 59. El puente de barcas 60. La boda 61. El emperador 62. Juan Pablos 63. El gremio 64. Sofía 65. La ley 66. La prensa 67. El señor de los ladrones 68. El secreto 69. El dibujante 70. La carta 71. Julia 72. La Torre del Oro
- VIII: El Nuevo Mundo: 73. El viaje 74. La Española 75. Los primeros 76. La isla 77. Úrsula 78. El barco 79. El secreto 80. Ítaca.
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Después de los capítulos, concluye con un Epílogo y Notas del autor.
La historia
«El mercader de libros» es, en palabras del autor, un homenaje a los libros. Esta novela es un viaje a los años siguientes a la invención de la imprenta. Y viajamos hasta ese momento de la mano de un mercader de libros a quien le encomiendan la búsqueda de un misterioso ejemplar que ha sido robado de la biblioteca de don Hernando Colón, el hijo de Cristóbal Colón. A partir de ahí, empieza la aventura. Un viaje apasionante por distintos lugares, siguiendo a Thomas, compartiendo sus trabajos y su periplo.
Realmente, el verdadero protagonista es un libro. La búsqueda se centra en un libro titulado «Amores imposibles», escrito por un autor sevillano e impreso en Sevilla, a principios de siglo. El tratamiento del tema amoroso en el libro es novedoso, muy moderno y cuenta con unos grabados espléndidos, muy sensuales, también realizados por el autor. Los sublimes grabados muestran a su amada en todo su esplendor y son revolucionarios en mostrar el placer de la mujer, resultan escandalosos.
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En el texto, la trama amorosa es tratada con transparencia, con mucha libertad, la mujer tienen mucho protagonismo. El libro ofrece una historia de amor para personas inteligentes, tanto para hombres y para mujeres. Está escrito en prosa y dividido en capítulos.
«Eso no lo sé, solo tenemos su nombre y apellido, Jaime Moncín, y el título del libro, Amores imposibles; sabemos que fue escrito hace unos veinte años y que el texto viene acompañado de unos grabados de gran calidad y temática, digamos, amorosa. Nuestro benefactor, don Luis de Coloma, es coleccionista de libros raros, ya los sabéis. No me dio mucha más información, pero al parecer esos grabados resultan muy sugerentes» (página 230)
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A través del libro, seguimos a Thomas por una buena parte de Europa, junto a él recorremos distintos lugares–que también tienen un papel importante, como podréis ver en el apartado dedicado específicamente-, buscando un nuevo rumbo para su vida, su camino y posteriormente el libro de referencia.
Acompañándole en esa trayectoria, vamos aprendiendo distintos aspectos de los temas que se tratan. Por ejemplo, sobre la invención de la imprenta, la historia de los libros y su importancia, cómo se mercadeaba con ellos, cómo se hacían los encargos y qué procesos se utilizaban, cómo se intentaba continuamente mejorar los fondos de las distintas colecciones de libros.
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Respecto a su historia, antes de la imprenta, los libros eran escasos, frágiles y muy caros. Cada ejemplar se copiaba letra a letra durante meses. De hecho, se relata cómo había que preparar el pergamino porque requería un proceso muy delicado, cómo se lavaba la piel recién cortada, cómo se usaba la piel de terneros nonatos para los mejores libros., cómo para cada libro se debía sacrificar a un rebaño entero.
Luego la piel se empapaba en una solución para eliminar los pelos del animal, se adhería a un marco de madera y se estiraba como un tambor para que se secara y se le daba un último repaso con un cuchillo afilado. En esos tiempos, un manuscrito valía una fortuna. Llevaba hasta dos años de trabajo y con el equivalente a su valor, uno se podía comprar una casa en la mejor zona de Amberes. Poca gente tenía acceso a ellos.
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Y se habla de los incunables, libros impresos todavía en su cuna. Hechos cuando la imprenta acababa de echar a andar y no había nada tipificado. Un único impresor lo hacía todo: manipulaba la prensa, fundía los tipos, fabricaba el papel, encuadernaba, editaba y los vendía. Esos libros, a pesar de ser impresos, trataban de reproducir fielmente los manuscritos.
También cómo eran las imprentas de aquel momento como, por ejemplo, la del señor Thys:
«La imprenta ocupaba un espacio dividido en dos, uno ante la calle, a modo de tienda y muestrario, donde se exponían los mejores encargos. Libros perfectos, lujosas encuadernaciones con tipos distintos de letra. En ellos impresionaba la calidad de los trabajos y la perfección de la escritura. Al segundo espacio se llegaba a través de una escueta puerta en ángulo que daba a un enorme taller con largas mesas, donde se preparaba el papel y se formaban los tipos. Las joyas del taller eran dos enormes máquinas de impresión» (página 92)
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En las páginas de la novela, se explican las ventajas de la imprenta, porque va a llevar el conocimiento a más personas y a más rincones. Pero no se olvida de mencionar algunos aspectos que pueden resultar negativos, como la crítica a los libros de caballerías o que la imprenta es una nueva arma:
«La imprenta es una nueva arma. Y la luz se ha abierto entre las tinieblas. Pero la luz puede ser cegadora, sobre todo para aquellos que la ven por primera vez» (página 385)
Además, encontramos numerosas referencias al oscuro periodo de la Edad Media y el abandono de la cultura clásica en ese periodo. Y, como contrapartida, al Humanismo en el que se vive un renacimiento de todo ese saber olvidado durante mil años; al acceder a las fuentes clásicas se descubren biografías de héroes y fabulosos personajes históricos, que testimonian el interés por lo humano frente a la vida de santos, y la mitología, que representa un rico repertorio de la conducta humana.
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La era de la razón, bajo la luz de los libros.
«La imprenta nos ha facilitado un enorme conocimiento que está posibilitando avances técnicos, médicos y científicos y por tanto, también descubrimientos de nuevas tierras» (página 222)
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También nos acercamos al descubrimiento del Nuevo Mundo, sobre los viajes de Colón, ya que, por ejemplo, en Amberes poco sabían sobre este tema, a la gente no se le escuchaba hablar de ello en las calles, ni buscaban libros sobre esa cuestión en las librerías, apenas habían oído hablar, era como si los españoles quisieran mantener en secreto las riquezas y maravillas de esas tierras, tal vez por eso prohibían viajar al resto de los cristianos.
Y se cuenta cómo era viajar en una nao y cómo algunas naufragaron:
«Toda la vida de la nao San Juan se desarrollaba en cubierta; los marineros debían estar siempre dispuestos para izar o plegar las distintas velas en función del cambio de los vientos. Por el día, la cubierta era un hervidero de hombres en movimiento, por la noche se reunían allí formando grupos al calor de un brasero y una botella de vino. Contaban antiguas leyendas marinas, bebían y reían hasta que el sueño los vencía» (página 164)
Por cierto, algunos decían que fue en un libro donde Cristóbal Colón halló la información para llegar al Nuevo Mundo.
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También vamos descubriendo los distintos productos que llegaron de América, como el tabaco:
«Yo conocí al primero que trajo el tabaco. Su nombre se me ha ido de la cabeza, pero se apellidaba de Jerez, y fue uno de los marinos que navegaron en el primer viaje de Colón. Cuando volvió a España no dudó en presentar el descubrimiento en su pueblo. De eso sí me acuerdo, que se llamaba Ayamonte. Pero fue encarcelado, ya que dijeron que solo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humano por la boca» (página 71)
O la patata:
«Hay un producto que puede hacer desaparecer el hambre. Me lo dijo un portugués; la planta se acomoda a todos los climas y a toda suerte de terrenos, donde se multiplica por medio de sus tubérculos, tallos, hojas y semillas. Su fruto, que consiste especialmente en la raíz, no teme los estragos del granizo. Abandonada bajo tierra, resiste al hielo, y a la primera tibieza de la primavera rebrota con mayor vigor. La llaman «papa»» (página 71)
El tomate:
«Me da a mí que esa roja y redondeada que dicen tomate tiene que valer para algo más que para decorar» (página 362)
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El libro nos da mucha información sobre la biblioteca de don Hernando Colón:
«Esta biblioteca no debe parar nunca de crecer, espero llegar pronto a los treinta mil ejemplares; y no quiero irme de este mundo sin asegurarme de tener cincuenta mil. Mi biblioteca será el cerebro dentro de esa cabeza que es España de un imperio universal: albergará toda la información que pueda encontrarse en todo el mundo para que cualquier pregunta que necesite respuesta pueda ser respondida y no se pierda ninguna información, por banal que esa sea». (páginas 222 y 223)
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Además, hay constantes referencias a la «Ilíada» y la «Odisea». De la mano de los personajes, nos narra que la «Ilíada» es la historia de Aquiles, un hombre al que solo le importa la fama. Tal es así que cuando tiene que elegir entre una vida larga, placentera y tranquila en su reino, o una muerte heroica en Troya, embarca hacia ella. Aquiles es valiente y comprometido. Los hombres pueden ser como él o como Ulises.
En la «Odisea», Ulises se lanza a las más extrañas e imprevisibles aventuras, algunas son hasta cómicas y lujuriosas. Ulises no quiere morir de manera heroica, quiere disfrutar de la vida, del viaje. Extraña a su familia, pero no duda en deleitarse con la vuelta, de experimentar. Es terrenal, sabe disfrutar de los pequeños placeres de nuestro mundo.
En realidad, conservamos mucho más de los griegos de lo que creemos.
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A través de un contador de historias que encuentra Thomas, recordamos que, antes de que existieran los libros, así se transmitían los conocimientos, los pensamientos, las leyendas. La gente memorizaba las historias y pasaban de generación en generación, corriendo el peligro de que muchas se alterasen o se perdiesen. Eso cambia con los libros, que se convierten en guardianes de esa memoria y defienden a los hombres del olvido.
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Aparece el tema de la esclavitud:
«Entre los muchos negocios que tienen, esl más rentable es el de vender esclavos de África, y conmigo que no cuenten. Que ya se lo dijo la reina Isabel que en gloria esté, al almirante Cristóbal Colón. Que debía instruir en la religión cristiana a los indios. Y tratarlos muy bien y con cariño, y abstenerse de hacerles ningún daño, disponiendo que ambos pueblos debían conversar e intimar y servir los unos a los otros en todo lo que fuera menester» (página 357)
Y se explican métodos de guerra: los tercios, cómo durante siglos las grandes batallas fueron de caballería y la infantería no decidía nada. Eso terminó cuando se volvió al sistema clásico: la legión romana o la falange de los griegos. Grupos compactos de piqueros, espadachines y ballesteros, así se consiguió detener los cargos de caballería. Del mismo modo, cambiaron los castillos, que se quedan anticuados, para empezar a construise ciudadelas, con fosos, baluartes, los muros más bajos y anchos para soportar los impactos. Las torres se cambian por casamatas y garitas.
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Asistimos a las publicaciones de Erasmo y de Lutero, y a sus consecuencias. A la expedición de Magallanes, fallecido en el trayecto, y el regreso al mando de su segundo, Elcano.
A la descripción de lo españoles de aquel momento -¿y también de ahora?-: de carácter sobrio y soberbios por naturaleza, más inclinados a las armas, de estatura ágil, diestros y ligeros de brazo; se estima el honor, de modo que por no mancharlo, no nos preocupa la muerte.
Sin olvidar de cómo hablan de política los personajes. Para algunos, el arte de la política consiste en saber distinguir la naturaleza del problema y en elegir el mal menor. A otros les parece que todos los gobernantes son unos mentirosos, que si pueden te engañan y si no pueden, también.
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Y, junto a todo esto, hay amor -verdadero y no tanto-, hay aventura, hay amistad, hay intriga, traiciones, desengaños, pasiones cruzadas y lealtad.
Los personajes
Úrsula Müller es la única hija de Federico y Eleonor. De niña es graciosa e inquieta, trepa a los árboles, algo que horroriza a su madre. A sus trece años le regalan un anillo de oro, un regalo que emociona a la pequeña, tanto que no se lo quita jamás. Su madre le explica que una dama debe lucir sus joyas; ella ya es toda una mujer y merece comenzar a tener sus propias alhajas.
También su madre insiste en que una mujer debe estar instruida y en que debe aprender a leer, a pesar de que hay quien cree que es cosa de hombres. A ella le cuesta imaginar un mundo sin libros. Con quince años, se convierte en toda una belleza, se mueve con delicadeza y seguridad, como suspendida sobre sus pequeños pies. Es educada desde niña por su madre para ser una perfecta esposa cristiana, le insiste en que debe luchar con la idea que los hombres tienen de las mujeres, que las ven como volubles, débiles, charlatanas, de lengua suelta, vanidosas y de dudosas apetencias.
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Eleonor es la madre de Úrsula, es una mujer hermosa, todavía joven, de cabellos lisos y rojizos y un cuello fino que estiliza su figura. Es francesa, de uno de los reinos más grandes y poderosos de Europa. Insiste en que uno no es de donde nace, sino de donde le quieren y ella es feliz en Augsburgo, donde ha conocido a su esposo, Federico Müller. Una de las pocas cosas buenas que enseña a su hija es a escuchar, hay que dejar que la gente hable, que tarde o temprano terminan contando más de lo que deben.
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Federico Müller es el padre de Úrsula y el esposo de Eleonor. Es un ricohombre con negocios en minas y ganado. Viven en una casa cerca de la catedral. Quiere moldear a su hija a su gusto.
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En Augsburgo hay dos familias que son las más ricas: los Fugger y los Welser.
Los Welser se dicen descendientes del general bizantino Belisario. Bartolomé Welser es el mayor, llamado como su padre y conocido por su ambición, y de quien todas esperan que continúe y amplíe los negocios de su familia. Es de los muchachos más altos y corpulentos de la ciudad. Lucas y Uldarico son sus hermanos pequeños, son mucho menos hábiles y precisos que el primogénito. .
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Los Fugger son sus rivales, compiten por ser la familia más rica no solo de Augsburgo, sino de todo el Sacro Imperio Romano Germánico. Son acaudalados banqueros con negocios en toda la Cristiandad.
Los hermanos son Antón y Raimundo, menudos y tenaces. Están a cargo de su tío Jacobo. Son casi iguales, solo se diferencian en los cuatro dedos más alto que es el mayor, Raimundo. Visten de forma similar, con el cabello largo y peinado hacia los lados. Tienen los ojos oscuros De los dos, Antón es el más espabilado, y destaca en los números y las cuentas.
El cabeza de familia es Jacobo Fugger el Joven. Se rumorea que presta dinero a príncipes y reyes que tiene más que ver en la elección del papa que los propios cardenales de Roma. Es amigo del padre de Thomas. Sabe impulsar los negocios familiares y diversificarlos, convirtiéndose en el banquero y comerciante más rico y conocido del Sacro Imperio, logrando el monopolio del mercado del cobre en Europa. Entre sus clientes se encuentran la alta nobleza, las casas reales europeas y la Iglesia católica. Sufraga guerras y coronaciones de reyes.
Jacobo Fugger el Viejo sienta las bases de los negocios de familia.
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Thomas Babel es el protagonista de la novela. Es el hijo del cocinero de los Fugger. Es zurdo, por mucho que sus padres le han obligado a utilizar su mano derecha, él tiene el instinto de desenvolverse con la izquierda. Usa la derecha para todo, escribir, comer y golpear la pelota, pero sigue conservando la destreza de nacimiento. Pierde a su madre cuando solo tiene seis años, en un parto prematuro. Su padre es su única familia.
Desde muy pequeño, su padre le ha leído cuentos todas las noches en una liturgia íntima, sentado al borde de la cama. La amistad de su padre con Jacobo Fugger -que no tiene hijos-, le permite ser educado con sus sobrinos, Antón y Raimundo. Siempre han jugado los tres en los jardines de la enorme residencia de los Fugger. Descubre el latín, idioma que pronto domina, no es en cambio tan hábil con las matemáticas, y eso que se esfuerza.
Está orgulloso de su padre. No le gusta el bullicio. Es un joven de pelo oscuro y espeso, que mira fijamente sin decir nada, pensativo y misterioso. Sus ojos son verdosos. Le gusta aprender, es un oyente inteligente.
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Marcus Babel es el padre de Thomas, su única familia y es oriundo de Augsburgo y muy querido en la ciudad. Trabaja como cocinero para la influyente familia Fugger. Le da un consejo a su hijo: debe acostumbrarse a imaginar lo imposible, así siempre irá un paso por delante del resto. Le explica que los hombres son sencillos, repetitivos. Utilizan las mismas palabras, hacen los mismos gestos. Son previsibles, solo hace falta ser buen observador y usar eso para ir más allá.
Le insiste en usar la cabeza; esa es la mejor arma, ni espadas, ni arcabuces, ni picas, sino la razón. Le dice que ya en la antigüedad los hombres buscan las explicaciones de todo lo que los rodea, se hacen preguntas. Esa es la naturaleza humana Desea visitar aquellas islas de donde vienen las extraordinarias especias que, como él suele decir, convierten el comer en un placer.
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Klopp es el maestro de los Fugger. Es un monje de cabello escaso y blanquecino que contrasta con una frondosa y alargada barba. Es un hombre esbelto, de notable estatura, aunque los años le pesan tanto que anda encorvado, como si llevara una roca sobre la espalda. Cuando se alza sobre su bastón saca a relucir un porte imponente.
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Conrad es un forastero pelirrojo de cabello largo y alborotado, con malos modales, que tiene un carro. Ya casi ni se acuerda de su nombre, lo ha perdido de no usarlo. Referirse a él por el color de su cabello es lo que todos hacen de forma habitual, y como no tiene una casa propia, nadie llega nunca a conocerlo lo suficiente como para tener interés en preguntárselo. Comercia principalmente con paños, aunque no le hace ascos al vino, a los libros o a las velas.
Con los años cada vez tiene menos fuerzas y se siente más solo. Antes no le preocupaba la soledad, ahora sí, porque se da cuenta de que ya se ha comido casi toda la tarta de la vida. Lleva un tiempo pensando en retirarse, dejar de viajar y establecerse en una pequeña ciudad, cerca del mar o de un lago, y pasar sus últimos años allí. No quiere estar más tiempo solo.
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Ambrosio es el señor de la torre en la villa de Bellagio. Es afable, de trato agradable. No parece tener esposa, pero sí dos sirvientas jóvenes, y cuenta con varios hombres de armas y unos mozuelos para el servicio. Da trabajo a Thomas, a quien no le gusta cómo le mira.
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Massimiliano Lamberti es un humilde marino e incansable viajero, ha surcado las aguas de todo el mundo. Habla un italiano algo tosco y se ayuda de numerosos gestos, es muy expresivo. De su vestimenta llama la atención unos vistosos zapatos acuchillados, con unos cortes que dean a la vista las medias. Es un hombre moreno, fuerte, que lleva una espada al cinto y viste camisa larga blanca. Tiene al público embelesado hablando de las maravillas de unas tierras que llama el Nuevo Mundo.
Es napolitano. Ha ido en el último viaje de Colón. Es un hombre de carácter ameno, siempre está de buen humor y no para de contar anécdotas. Gesticula mucho con las manos, tiene el don de la palabra y también un buen físico. Alto, de rostros simétrico, es ágil y le gusta silbar. Canturrea canciones y melodías. Es un hombre curioso en todo, su aspecto es pintoresco, usa ropas tintadas, por tanto, caras, y que parece viejas o reutilizadas. Pero son su buen porte las luce con dignidad.
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Lancero es el caballo de Massimiliano, se lo ha vendido un maestre de Mantua. Es un caballo de guerra, un animal formidable, con un gran porte. Ha llevado a su dueño por todos los caminos sin fallarle nunca.
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Luna es la llama de Massimiliano, es un animal de allende los mares. Se la ha vendido un comerciante genovés.
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Geraldine es la mujer de un matrimonio joven que regenta la posada de Annecy. Es muy alegre, a menudo se la oye cantar en la cocina. Antoine es su marido y se anima en ocasiones y toca una flauta pequeña con un sonido muy melódico.
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Clara tiene una casa para dormir en Namur. Es viuda y tiene cuatro hijos varones a su cargo. El marido ha muerto de unas fiebres hace un par de meses y la mujer necesita dinero para criar a su prole hasta que sus hijos mayores puedan comenzar a trabajar. La casa no es espaciosa, pero sí muy agradable, y cocina como los mismísimos ángeles. .
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Clementine es una morena de grandes pechos, que pasa la noche con Massimiliano. Es bajita, con caderas, pechos y cara redondeados y voz chillona. Su pelo oscuro y áspero, forma gruesos rizos que le caen sobre los hombros. Nubla la mente del otrora espabilado descubridor.
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Pieter Tillemans es un hombre de aspecto siniestro que asegura ofrecer el mayor número de alquileres de todo Amberes.
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Rodrigo Sanmartín es un hombre español de los muelles de Amberes, Mal encarado mira como si perdonase la vida y tiene los brazos llenos de cicatrices. Proporciona tabaco.
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Jan Thys tiene una imprenta en Amberes. Es un hombre alto, con unos anteojos en la nariz y un minúsculo sombrero sobre su pelo grisáceo. En su taller abundan tinteros, escribanías, resmas de papel con marca de agua, mazos de plumas entrefinas, plumas azules, cañones finos, tinajas y tarros con tinta, morteros de piedra, goma arábiga y agallas para hacer tinta. Allí trabajan una decena de hombres, y Thys dirige todo el taller con mano dura. Por el trato que recibe de sus subordinados, se nota que todos ellos lo respetan.
Ha heredado el taller de su padre y este del suyo, los conocimientos del arte de la impresión de libros se adquieren, como en todos los oficios, por tradición familiar, o mediante firma de un contrato con un maestro impresor que se comprometa a la enseñanza del oficio al aprendiz, y también la manutención, alojamiento y un sueldo durante los años de aprendizaje. Es muy respetado en el gremio porque se preocupa mucho de la calidad de las impresiones, de que la edición sea acorde con el original y carente de posibles errores.
Hereda muchas deudas y tiene que hacer cambios para que sea rentable. Es serio y profesional, aunque a algunos les parece que le falta ambición. Solo sabe trabajar, nunca sale de Amberes. Es aburrido y previsible.
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Carlos es el aprendiz más joven del taller de Jan Thys. Fuerte, con cabello rubio y abundante barba. Tiene más aspecto de herrero o de marino que de impresor. Es el más hablador, se mueve con seguridad, se le intuye ambicioso y seguro de sí mismo. Es el único que dialoga con unos y con otros, y además aporta temas de conversación que no tienen que ver con la imprenta. Se le ve un hombre amigable, con buen humor. Trabajador y, a la vez, capaz de hacer un lapsus y comentar las últimas noticias que se oyen por Amberes.
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En el taller, Thys cuenta con dos oficinales de confianza, hombre maduros, de aspecto similar: canosos, delgados y con anteojos. Callados y disciplinados, parecen hacer su trabajo de memoria. A unas pocas indicaciones de su jefe, responden de manera automática, sin rechistar. Apenas conversan con el resto de los trabajadores; solo dan órdenes, que deben cumplirse a rajatabla y de forma inmediata.
Y allí trabajan también dos ayudantes, ambos son contrapuestos, uno alto y otro escaso de estatura; moreno y rubio. Tienen excesiva carga, por lo que cada uno va a los suyo y es imposible hablar con ellos
Los materiales y los repartos los hacen tres zagales más jóvenes, muy vivaces, que van y vienen según las necesidades del taller.
…
La señora Thys es voluminosa y con el pelo rizado, siempre vestida de negro, y se la intuye una mujer de carácter. Su porte es autoritario. Es directa, distante, severa, controladora y antipática. Es como una muralla que evita que su hija pueda ser vista por los demás. La insolencia con ella tiene consecuencias.
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Edith Thys es la hija de Jan Thys y su esposa. Parece tímida, eclipsada por el tamaño y el porte autoritario de su madre. Sus ojos de largas pestañas son grandes, de un verde intenso, tan verdes como los espesos bosques de los Alpes. Su madre la tiene muy vigilada, muy protegida, Posee un rostro redondeado y la forma de su nariz es discreta, parece hábilmente perfilada por un escultor. Tiene la piel blanca y lisa y la mirada serena.
Es delgada, lo contrario que su madre, sus pechos apenas se intuyen y sus caderas son bien redondeados. Sus ojos con como dos faros verdemar que te hipnotizan en medio de la noche, como las sirenas. Es cautivadora y hermosa, muy inteligente. La imagen callada y tímida que proyecta cuando está ante sus padres contrasta con la agudeza y la seguridad que irradia al estar sola, sin ellos. Es bella, vivaz e incisiva, habla con pasión contagiosa.
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Las criadas de los Thys son dos jovenzuelas que caminan con la mirada baja y mucha prisa, como queriendo evitar a toda costa que nadie las detenga.
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Matías es un hombre recién llegado de Lovaina que asiste a una de las reuniones humanistas. Insiste en que las indulgencias son un abuso de poder, sin base en las Escrituras. Confunden a la gente y la llevan confiar la absolución de los pecados en las indulgencias, dejando de lado el sacramento de la confesión y el arrepentimiento verdadero. Entrega a Carlos y Thomas las tesis de Lutero para que las impriman.
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Gorka es un vasco grandote con terrible acento en francés. Le llaman el Gigante. Es marinero y navega en la nao San Juan, allí es uno de los marinos más respetados. Luce una barba larga, espesa y oscura, y sus manos son enormes. Lleva un sombrero rojizo. A su corpulencia une una extraña serenidad. Siempre en calma, es como si su enorme envergadura lo ayude a mantenerse inalterado ante cualquier contratiempo.
Carga los barriles de agua, alza las velas, tensa las sogas más difíciles. Nunca tiene una mala palabra o reproche. Es verdad que es callado, pero todo lo que sale por su boca tiene un enorme sentido.
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Martín de Urtubia es el capitán de la nao San Juan. Es un marino experto, de al menos cincuenta años, Tampoco habla mucho, no le hace falta; los hombres a su mando responden a sus escuetas órdenes sin rechistar. A veces le basta una mirada o un gesto para hacerse entender. Es como si no quisiera malgastar palabras. Cojea al andar, es una cojera pronunciada.
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Lorenzo es un pastor alto y delgado como un palo. Su nombre es el de un santo de una ciudad que se llama Huesca, diácono de Roma. Resulta ser muy hablador. Trabaja de sol a sol con las ovejas, y como en verano los días son tan largos, las jornadas se hacen interminables. Duerme en la paridera, cerca de un río, y madruga para llevar a los animales a unos montes cercanos y a pasar.
No está de acuerdo con el comercio de lana, pues la envían a Flandes para que allí la trabajen los flamencos y hagan carísimos paños que luego compran los burgueses y nobles españoles. El pastor es bastante tajante y testarudo.
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Alonso García es un mercader de libros que transporta libros polémicos, de humanistas. En España se los encargan grandes nobles o ricos prohombres para sus bibliotecas privadas, porque son coleccionistas de libros raros, y él los trae desde el extranjero. Son libros para coleccionistas, no son libros prohibidos. Es un hombre muy viajado, ha nacido en Barcelona hace cuarenta y cinco años. Su padre, comerciante de aceite, lo lleva desde niño en sus viajes por el Mediterráneo, especialmente a Cerdeña, Sicilia y Nápoles.
Sin embargo, descubre a edad temprana un interés inusitado por los libros. Se involucra tanto en la lectura de la Ilíada de Homero que su propio padre teme por su cordura. Nada más lejos realidad, Alonso se transforma con la lectura de los versos de Homero, dotándole de una nueva perspectiva, más madura, de la vida Elige una vida emocionante y peligrosa: la vida de mercader de libros. Es delgado y habla con seguridad.
Asegura que todo lo que se quiera saber sobre los hombres está en la Ilíada y la Odisea. Su consejo es que si solo puedes elegir dos libros que leer, que sean esos. Los hombres puede ser como Aquiles: comprometidos, dispuestos a morir por nuestro honor. O como Ulises: aventureros, navegantes, disfrutando de cada instante.
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Luis de Coloma es un hombre espigado, con el mentón cuadrado y los ojos hundidos. Hay algo de viejo en su figura, como si los años pasan más rápido de lo normal en su cuerpo. Le gusta el reloj de la Torre Nueva de Zaragoza, pero no el viento que sopla con frecuencia en la ciudad. No le entusiasman las visitas de extraños. Es un coleccionista de libros muy especial. Su familia es clave en el descubrimiento de las Indias; su abuelo es secretario de los Reyes Católicos, él firma las capitulaciones con Cristóbal Colón.
En su colección hay libros de todas las disciplinas, de todas las épocas: tratados de leyes, libros piadosos, de historia o música, manuscritos antiguos con tipografías arcaicas.
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Jaime Moncín es un escritor sevillano, un genio muy precoz. De joven, Jaime está obsesionado con la lectura, intenta leer cada vez más rápido, realiza pruebas. Conquista con la palabra, recita poesías de memoria, sabe el porqué de todas las cosas y tiene un don para el dibujo, es muy cautivador. Su capacidad de comprensión y memoria son increíbles. Le encantan los grandes héroes como Julio César, Alejandro Magno…
Es encantador. Proviene de una familia humilde, es hijo de un artesano. Vive más tiempo ensimismado en sus sueños que con los pies en la tierra. Es un hombre inquieto, inteligente, sensible, una persona preparada, con sueños y habilidades intelectuales, aunque de una familia sin recursos. Su amistad con Miguel Enériz le posibilita tener acceso a libros y, seguramente, también el poder asistir al colegio del convento de San Pablo. También es amigo de Juan Cromberger.
Es un muchacho brillante, excepcional, dibuja como los ángeles, lee sin descanso. Lo razona todo, busca explicación para todo. Es un verdadero inconformista, no sabe dónde están los límites. También es tímido y un tanto lunático, parece vivir encerrado con sus pensamientos. Es un torbellino, tan pronto te relata la historia más increíble que puedas imaginar como se queda callado, mirando sin que puedas saber lo que pasa por su cabeza.
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Jacobo Cromberger es el dueño de la imprenta más grande de Sevilla. Es de Núremberg, hijo de un artesano, pelea mucho para progresar. Además de la imprenta, tiene otros negocios. Tiene buena memoria, se acuerda de todo lo que publica. Entra a la imprenta de oficial y se casa con la viuda del primero de los dos socios, Meinardo Ungut, y a los pocos años se queda como dueño único. Tiene multitud de negocios: esclavos, tierras, minas… Es de los hombres más ricos de Sevilla. La imprenta es su negocio más conocido, pero posee otros, por eso envía flotas enteras a las Indias.
Es un hombre mayor, más que alto que la media; tiene una barba blanca, espesa y corta que le cubre de forma uniforme el rostro y se une de manera perfecta con su cabello, del mismo color y cortado a la misma longitud. Tiene los ojos tan azules que impresiona. Sus manos son enormes y se ven llenas de estrías, como las de un artesano.
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Juan Pablos es un trabajador de la imprenta Cromberger. Tiene el cuello largo y la nariz puntiaguda. Es un hombre resuelto e italiano, llega a Sevilla (es de Brescia, en la Lombardía) para embarcar hacia el Nuevo Mundo, pero no puede hacerlo por estar prohibido para los extranjeros. Así que anda por la ciudad haciendo todo tipo de trabajos, desde aguador a ayudante de zapatero, hasta que encuentra a Jacobo, quien le ofrece un puesto en la imprenta. Quiere ser el primero en embarcar y montar allí una imprenta.
Es disciplinado, poco dado al sentido del humor, y no le importa echar las horas que son necesarias, más de una vez se ha quedado a dormir en el propio taller. Obedece sin rechistar, trabaja bien y nunca cuestiona una orden, es un empleado modélico. O eso parece, porque teje en las sombras sus propias ambiciones y cuenta con buena cantidad de sobresueldos ganados a proveedores del taller.
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Estanislao Polono y Meinardo Ungut son dueños anteriores de la imprenta.
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Héctor Sanmartín es un coleccionista de libros, sobre todo de caballerías, de Sevilla que compra un ejemplar del libro de Moncín. Posee una de las mejores colecciones de autores sevillanos.
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María Ortega es una mujer que se ocupa en la imprenta de corregir textos, la mejor correctora. Es una mujer de unos cincuenta años, con la mirada transparente y la espalda muy recta.
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Hernando Colón es el hijo del almirante Cristóbal Colón y el mayor comprador de libros de Sevilla, posee una colección inmensa. Tiene un palacio cerca de la Puerta de Goles. Tiene innumerables influencias y poder. Luce muy distinguido. Tiene cabellos negros y rizados. Viaja una sola vez con su padre y ya tiene suficiente. Parece más un marino que un hombre de letras. Es precisamente esa mezcla de ambos lo que mejor expresa su aspectos.
Es un hijo ilegítimo. Cristóbal Colón lo tuvo con una cordobesa antes de poder salir para el océano. Lo reconoce, le otorga el apellido, le da educación, posición, pero los títulos y las posesiones al otro lado son para Diego.
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El Jaco es el dueño de una posada, un local austero y tranquilo por la calle de las Harinas. Es un hombre de miembros proporcionados, rostro luengo y cabeza empinada. No le gusta la gente que habla mucho, le da dolor de cabeza.
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Marcos Gutiérrez es el guardia de la puerta del palacio de don Hernando, de mirada desafiante. No es un hombre muy amigable.
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Víctor es el jardinero en el palacio de Hernando de Colón. Es un hombre delgado y se le ve un hombre tranquilo, en paz, como si ese jardín es su sitio. Le gusta la compañía de los árboles. Atareado en las huertas, es un hombre amable, discreto y silencioso. Cuesta creer que él solo pueda hacerse cargo de todo aquello.
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Diego Colón es hermano de Hernando e hijo de Cristóbal Colón. Él hereda los títulos y dominios en el Nuevo Mundo.
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El Guardián es la persona que tiene la biblioteca de don Hernando a su cargo. Es un hombre corpulento, con el pelo muy corto, los ojos grandes y unas cejas pronunciadas. Su rostro es pétreo y su voz tajante. Es un hombre serio, sin atisbo alguno de sentido del humor; sus movimientos lentos y su forma de ser sosegada contrastan con su enorme corpulencia. Parece no tener nombre, todos lo llaman así. Es cordobés, su padre es maestro y por eso recibe una buena educación; prosigue con la profesión de su progenitor, especializándose en obras clásicas, cuando apenas hay libros de ese género.
Es el encargado de revisar el trabajo de los lectores, los que resumen y clasifican los libros, y de supervisar el buen estado y la seguridad de la biblioteca. Se enorgullece de ser el bibliotecario. Su madre es tía segunda de la de don Hernando y ha cuidado de ella durante algunos años. De joven deja Córdoba para trasladarse a Granada, fue elegido para ordenar y clasificar los libros que hay en La Alhambra. Luego marcha a Barcelona y se reencuentra con su joven sobrino Hernando. Desde entonces no se separa de él, es su mano derecha. Él fue quien trae hasta Sevilla los restos de Cristóbal Colón.
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Rosalía es una mujer que vive en el palacio, de piel oscura y brillante, con los ojos como dos enormes pozos sin fondo y el pelo negro y rizado. Es delgada y tiene el cuello largo, lo que la hace parecer todavía más alta. Su voz es dulce y se mueve con un suave movimiento. Manejar los sentimientos de los hombres es su mejor cualidad. Sabe moverse por el palacio sin ser vista. Pide permiso a don Hernando para aprender a leer y él no se niega, es el Guardián quien la instruye.
No piensa ser una esclava toda su vida y no es ajena a la lujuria que desprenden los hombres cuando la miran. Tiene la piel negra como el carbón. Llama poderosamente la atención, es alta y delgada, se mueve con rapidez; tiene el pelo tan largo, rizados y oscuro que parece envolverte con él. Es quizá demasiado hermosa y como una extraña en aquel palacio. Surge del jardín como si fuese la misma selva, su sombra se ve por lo pasillos como un fantasma.
La compran siendo solo una niña, junto con su madre, una mujer fuerte, que la quiere todo lo que una madre puede querer y que le cuenta viejas historias de su tierra africana y de sus antepasados. Se siente segura en el palacio, pero a medida que crece, se sabe cada vez menos libre.
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Doña Manuela es la cocinera del palacio. Es chata y ancha, y tiene el cabello oculto bajo un pañuelo. El rostro es pálido y redondeado, con unos pequeños ojos negros que resaltan por su profundidad. Entre sus cazuelas, es la gobernanta de la cocina. No es una mujer fácil de engañar. Ha nacido en Sevilla, en barrio de Santa Cruz, en sus laberínticas calles llenas de patios, en la calle de la Pimienta, quizá esa calle la predestina a ser cocinera. No la convencen las paparruchas del destino.
A los quince años se casa con el hijo de un borceguinero que vive cerca de un corral de comedias, y se va a vivir a la calle Borceguinería, donde están todas las tiendas que venden aquel tipo de bota. Enviuda pronto y se queda con cuatros hijos, todos varones. Para sacarlos adelante tiene que vender la casa y el taller y buscar trabajo de lo único que sabe hacer: cocinar. Son años duros, sacar una familia así adelante supone muchos sacrificios y eso le amarga el carácter. Todos sus hijos se han embarcado hacia las Indias.
Manda mucho más que una cocinera al uso. A pesar de que es dura y malhumorada, también es disciplinada y trabajadora. Es honesta, siempre centrada en sus guisos, tiene poco tiempo para los demás, incluso para sí misma. Se mueve con habilidad entre ollas y pucheros. Cuando se siente tranquila y disfrutando de lo que más le gusta en la vida, su rostro brilla y se muestra hermoso.
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Sebas es un joven sevillano al que Thomas salva la vida en la inundación, sacándole del agua. Luego él le salva de un tumulto en el mercado de Malbaratillo. Tiene buena planta, es alto, delgado y con el pelo oscuro, igual que la barba, que le crece desigual. Tiene marcados los pómulos y, al hablar, se le nota que le falta un colmillo. Ha llegado a Sevilla desde Coria del Río, con una mano delante y otra detrás. Busca refugio en Triana y poco a poco, gracias a su ingenio, se gana la vida.
Se le queda grabado a fuego todo el hambre que ha pasado y se promete a sí mismo que jamás va a sufrir por no no comer, eso lo tiene muy claro. Desde entonces progresa de manera más que meritoria y aprende mucho sobre la ciudad. Consigue numerosos contactos, todo el puerto lo conoce. Habla con todos y tiene fama de poder conseguir casi cualquier cosa que le pidan. Él no lo hace solo por dinero, esa es su principal baza, en muchas ocasiones pueden pagarle con una información, un chivatazo o una confesión.
Le gusta hablar, pero sobre todo escuchar. Y así se entera de todo lo que sucede a su alrededor. Lo sabe todo de los tejemanejes del puerto de Sevilla. No es un ladrón, ni un confidente; es un informador. Sevilla es una ciudad tan grande que es difícil saber todo lo que pasa en cada una de sus callejuelas, para él eso es una enorme oportunidad que puede explotar. Está acostumbrado a oír cualquier clase de historia por las calles de la ciudad, por absurda o fantasiosa que parezca.
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El Indio tiene un puesto de cuchillos al final del mercado del Malbaratillo. Tiene uno de los brazos tatuado con símbolos. Además de los brazos tatuados es alto y fornido. Es sevillano, con una piel de aspecto grueso, no de gordura, sino de resistencia. Salta a la vista que en una pelea es un hombre a evitar, que no conviene enfadarlo. Es un malcarado que maneja todo tipo de delitos.
Es astuto, así que para pasar desapercibido y poder hacer sus trapicheos de forma pública, pero discreta, tiene ese puesto de cuchillos, muchos de los cuales usan luego sus secuaces en todo tipo de traperías. También vende libros, pues dice que lo hace parecer más respetable, aunque todos son robados.
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Julián es un hermano, un fraile del convento de San Pablo, uno de los más importantes de Sevilla, que cuenta con un colegio anexo. Ha sido profesor y ahora se encarga del archivo. Está ya entrado en años, le cuesta respirar y mira con los ojos caídos.
Otros monjes del convento son: fray Ponce y fray Augusto, trasladado al hospital en el monasterio de la Trinidad, está enfermo, no sabe lo que dice, es un hombre hablador, la vejez le cubre el rostro, el color de su piel es amarillento y su cuerpo parece hundido, como si los huesos ya no puedan soportar el peso de su carne.
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Miguel de las Cuevas es un hombre al que el Consejo de los Veinticuatro le designa para la vigilancia de las tabernas de la ciudad. Es un hombre pausado, de gestos tranquilos. No tiene más de cuarenta años, viste de negro, con espada al cinto, y en su rostro resalta un alargado bigote moreno.
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Santiago Lafuente es un viejo soldado de Logroño. Es un grandullón al que no le gustan los negocios relacionados con la esclavitud. Es una especie de espía, que pone sus habilidades solo al servicio de causas justas y cristianas. Embarca de joven para Nápoles y allí vive hasta que se enrola al servicio del Gran Capitán y luchas desde Milán a Sicilia, en unas formaciones especiales de combate compuestas por tres unidades distintas de arcabuceros, mosqueteros y piqueros como él. Conoce en persona al papa Borgia y a su hija, Lucrecia.
Cuenta historias que parecen fantasiosas, otras suenan a muy reales y, al final no se sabe si dice verdades o imaginaciones. Posee cierto aire casquivano o frívolo, todo lo dice con demasiada ligereza. Es una persona sólida, de la que que te puedes fiar. Su aspecto habitual es rudo y descuidado.
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La Santa es una mujer que regenta una posada, pequeña y sin tabernas cercanas, en Triana. Tiene el pelo abundante, en largos rizos que le caen por la espalda, los ojos grandes y despiertos, y un lunar justo debajo de la nariz. Anda algo coja.
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Antonio es un hermano, un monje del monasterio de la Trinidad, un conjunto de considerables dimensiones, en la zona norte. Se muestra amable y dispuesto a ayudar.
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Miguel Enériz es amigo de Jaime Moncín, estudian de niños juntos, siempre están juntos, son muy amigos. Es de buena famlia, el primogénito. Los Enériz son proveedores de plantas del Nuevo Mundo para el jardín de Colón. Ahora él tiene muchos negocios.
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Sofía Crombreger es hija de Juan Cromberger y nieta de Jacobo Cromberger. Lleva libros de su padre para la biblioteca de don Hernando. Va de vez en cuando, le gusta el jardín del Nuevo Mundo y también involucrarse en el negocio familiar. Es una mujer hermosa, con un rostro suave y elegante. Es bastante alta. Lo que más resalta de ella son sus ojos, y no por su color castaño, sino por su tamaño y su brillo. Es una mirada llena de una fuerza contenida.
Sabe que a las mujeres no se les permite ocupar ciertos puestos y que son invisibles para todo lo importante.
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Julia Enériz es hermana de Miguel Enériz. Es todo delicadeza, se asemeja a una taza de porcelana, valiosa, hermosa y frágil. Ella también estudia en el convento de San Pablo, porque su madre es estricta en su educación y quiere que su hija también tenga una formación amplia. Siempre ha estado unida a su hermano, con el que apenas se lleva trece meses. Cree que el verdadero amor es imposible.
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Brígida es la madre de Sofía Cromberger y esposa de Juan. Es una mujer de indudable parecido con Sofía, de hermosura más madura, aunque no por ello menos profunda. Su padre es uno de los mejores impresores de Salamanca, por eso sabe mucho de libros. Es una consumada impresora, lo lleva en la sangre y, sobre todo, en la cabeza. Ella es una mujer fuerte, con las ideas muy claras, no es una esposa sumisa y obediente.
Es astuta, conoce mucho mejor el mundo de los libros y la impresión que su propio marido. Sus contactos y experiencia catapultan a la imprenta Cromberger hasta convertirla en la más importante de España. Cree que su hija es demasiado curiosa e impulsiva.
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Eugenia es una señora que, en un pequeño antro con una mesa corrida en Santa Cruz, hace un potaje con unas especias traídas de las Indias que es gloria bendita. Es una mujer arrugada, como una pasa. Parece muy vieja.
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Cascanueces es un tipo alto que tiene la cabeza como aplastada y que acompaña a Sebas.
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Hermenegilda es la mujer que le alquila la estancia a Santiago, una alcoba en el callejón de las Brujas. Es parca en palabras como ella sola, que tiene ocho hijos, todos varones. Para alimentarlos parte su casa y alquila cuartos. Es más retorcida que una serpiente. Mira siempre de reojo y murmura en voz baja para sí misma. Viste de negro y va siempre con la cabeza tan cubierta que parece una bruja.
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André es un portugués que ofrece pasajes poco convencionales para las Indias. Es un hombre bajo, con poco pelo y un bigote exagerado, que va siempre acompañado por un fiero perro del norte. Si cuanto te acercas al tipo el animal ladra, ya puedes olvidarte de cerrar un trato con él. Si por el contrario se te frota por las piernas, puedes obtener un suculento descuento.
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César es uno de los hermanos libreros que trabajan cerca de la catedral de Barcelona. Son dos hermanos, una hermana y el marido de esta. La librería la abrió el padre hace cincuenta años.
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Melquíades Gómez es un mercader de libros, venido de lejanas tierras. Es un hombre muy delgado, de mirada grave, con un sombrero grande y negro como las alas extendidas de un cuervo.
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Juan Sebastián Elcano es el marino vasco que logra dar la vuelta al mundo y volver de las Islas de las Especias. Es un hombre más bien delgado, de buena estatura y que viste de forma elegante. Tiene una barba poblada y bajo el sombrero que porta se adivina un pelo rizado y moreno.
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Caboto es el piloto mayor de la Casa de Contratación de Sevilla. Es un veneciano peliagudo, que ha servido al rey de Inglaterra Enrique VIII. Parece que le gusta más la fama y la riqueza que servir a la corona. El puesto de piloto mayor no es cualquier cosa; lo designa directamente la Corona y se requiere ser un experto navegante y sobre todo un experimentado cartógrafo capaz de trazar rutas y elaborar mapas. El primer Piloto Mayor es Américo Vespucio.
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Diego Ribero es uno de los más reputados cartógrafos. Tiene un puesto en la Casa de Contratación y ha adoptado la carta de naturaleza española. Es portugués. Sobre todo es conocido como inventor, pues ha ideado astrolabios y otros instrumentos de navegación.
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Teo es un zagal, un crío de pelo largo y negro, que quiere ganarse una moneda.
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Lázaro de Castiliscar es un empresario de La Española.
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Mendieta es un vasco, el que más sabe sobre los barcos que entran y salen del puerto. Es un tipo sin rastro de pelo en la cabeza. Está acompañado de una pareja de esmirriados y mal encarados que beben e un extraño botijo de color ocre.
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Ambrosio Ehinger dirige una expedición.
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Cristóbal Plantino es un impresor de Amberes ya experimentado que acaba de abrir su propio taller.
Los lugares
La trama se desarrolla entre diversos escenarios, aunque destaca una ciudad especialmente. Pero, vayamos por partes.
La historia comienza en Augsburgo.
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También desde el principio del libro, se hace referencia a las Islas de las Especias, un remoto lugar donde también crece el clavo y otras especias valiosas. Es el lugar más fragante y delicioso del mundo. Los portugueses son los que traen desde ese lugar tan lejano las especias a Europa, atravesando muchos lugares. Están en el fin del mundo, es la tierra más maravillosa que existe, el único lugar donde crecen plantas extraordinarias. El padre del protagonista, que es cocinero, es quien le empieza a hablar de este lugar.
Son cinco islas: Terenate, Tidore, Mauién, Motiel y Bachán.
«En las Islas de las Especias, un remoto lugar donde también crece el clavo de olor y otras especies valiosas. Peor la nuez moscada solo la hallarás allí. Tiene una envoltura que se denomina «macis» y es también una especia como la propia semilla; una vez secada se separa del resto del fruto. Así que la nuez moscada es el único fruto que da dos especias diferentes. Incluso los aceites que se extraen de su tronco se usan en la cocina» (página 22)
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Asimismo desde el inicio, encontramos referencias al Nuevo Mundo, descubierto por los españoles, hacia poniente. Unas tierras con animales asombrosos, manjares para los sentidos, extrañas plantas e increíbles aventuras. Tierras fértiles de gentes extrañas, hombres salvajes, de frutas y plantas exóticas, de animales mitológicos. Y oro, mucho oro.
De ese Nuevo Mundo se habla de la isla de Santiago, de la isla de La Española, la más grande que Colón encontró y eligió para crear un asentamiento, aunque en las capitulaciones que firma con los reyes para emprender el viaje no está la construcción de una colonia. También construye un fuerte, que se llama Navidad porque se levanta el día de Navidad de 1492.
«Voy a relataros las maravillas del Nuevo Mundo, la fertilidad de esas tierras descubiertas por Cristóbal Colón, su verdor permanente y su clima benigno, apto para el buen desarrollo de la vida humana, animal y vegetal, con especies nunca vistas que embriagan los sentidos» (página 58)
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Seguimos al protagonista por el lago de Como y la villa de Bellagio, un enclave cercano a una ciudad poderosa como Milán. Bellagio es una población amurallada sobre lo alto de una ladera, rodeada de campos de viñas y olivos. Más tarde, le acompañamos a Saboya, en el valle de Aosta, con unos enormes picos que rodean el valle y que deben de formar una barrera natural que lo aísla de las lluvias. Pasamos por Martigny, situada en en un codo del Ródano, una ciudad con un imponente castillo y edificios de excelente factura. También por Monthey, Aigle, Friburgo, Lausanne, Port-sur-Saône, Annecy, Nancy, Metz, Luxemburgo
Y Namur en Flandes, una ciudad próspera, con un espectacular castillo sobre un espolón rocoso que domina la orilla norte del río Mosa. Paramos en Gembloux y luego nos recibe Amberes, uno de los centros comerciales más prestigiosos de Europa, una ciudad rica.
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En las calles de Amberes hay mucho ruido, la gente grita en cada esquina, en el mercado, en las tiendas, en el puerto. Hay trabajo, comercio con toda Europa, el puerto con más actividad, las mejores imprentas. Es el principal puerto receptor de lana para la elaboración de paños finos -llamada Oro Blanco-. Crean una institución llamada Bolsa. A este destino acude gente desde todos los extremos de la Cristiandad a vender sus productos, sobre todo los mercaderes castellanos de la lana.
Allí viven y trabajan representantes ingleses, germanos, portugueses, italianos, castellanos… Se agrupan en naciones, cada una de las cuales tiene su casa consular, sus almacenes y sus zonas asignadas para la descarga de los barcos. La calle más céntrica y concurrida es la de la Lana, en la esquina con la calle Waag.
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Embarcamos, navegamos por el golfo de Vizcaya, las costas de Aquitania y llegamos al puerto de Bilbao en España, país con estos límites: el océano Atlántico, el Mediterráneo y los Pirineos, que le proporcionan un carácter excéntrico y relativamente aislado en relación con el resto de la Cristiandad. El corazón del país es Castilla, una inmensa fortaleza natural, elevada, rodeada de montañas y fácil de defender. En cambio, las zonas marítimas, especialmente las desembocaduras de los ríos Ebro y Guadalquivir, se hallan más expuestas.
Al llegar a tierra, ve una costa agreste y Gaztelugatxe, una ermita transformada en una espeluznante fortaleza, con un acceso espectacular, un estrecho camino que parte de tierra firme y cruza sobre las rocas por un puente de piedra. Desde Bilbao toma el primer camino que encuentra. El verdor del paisaje del norte va dando paso a una tierra llana, áspera, de olivos y almendros, de extensiones interminables y un sol de justicia.
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Llega a Vitoria, una ciudad amurallada y una plaza bien defendida. Continúa hacia el sur y su siguiente destino es Pamplona, bien defendida y de mayor tamaño que las anteriores que ha visitado. Haciendo escalas, llega a Logroño, presidida por una gran iglesia en obras y ciudad por la que pasa el Camino de Santiago. Prosigue hasta la ribera del caudaloso río Ebro, pasa por Tudela y sigue camino.
Recorre una inmensa planicie, en la que sopla un viento inmisericorde que inclina las copas de los almendros y los olivos. En los alrededores de una gran urbe, el río dibuja unos meandros que rodean la villa como abrazándola. Está en Zaragoza. Al entrar por una de sus puertas, penetra en el laberinto entramado de callejuelas, es una ciudad compleja, los edificios están muy juntos, por algunas calles no pueden pasar dos hombres a la vez y los edificios no tienen ventanas. Visitamos sus murallas y otras zonas diferentes, también un mercado y la Torre Nueva.
«Le gustaba aquella torre, recordaba cuándo se había construido, hacía unas décadas. Gran parte de la ciudad se opuso, especialmente el arzobispado, ya que no veía con buenos ojos que el campanario más alto de la ciudad no perteneciera a ninguna iglesia. Pero el rey Fernando, al que llamaban el Católico, insistió en su construcción, y nadie se atrevía a oponerse al monarca. Fue un acierto, desde que se inauguró el reloj que la coronaba marcaba las horas de todos los habitantes de Zaragoza, que ya no tenían excusa alguna para llegar con retraso» (páginas 194 y 195)
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Desde ahí parte hacia Sevilla, la ciudad protagonista del libro, la capital del Viejo Mundo, pero más cerca que nunca del Nuevo. Cuando Thomas llega le impresiona la espectacular vista y su efervescencia. Los galeones remontan el río, el puerto deslumbra. El alto campanario de la catedral se divisa desde la lejanía, una muralla rodea toda la ciudad, con un arenal -una enorme explanada- que la separa del río. Al otro lado, un arrabal grande y, al fondo, una torre defensiva, casi sobre el cauce, protegiendo el puerto.
Es inmensa, dicen que va a llegar a los cien mil habitantes. Solamente tiene un puente y es de barcas. Frente a la muralla hay una multitud de cabañas y un montículo a cuyos pies se ubica un bullicioso mercado. En la orilla se vislumbra un amplio arrabal, del que sobresale la figura de un grandioso castillo oscuro, jalonado por diez torres, y altos muros.
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En Sevilla: la Puerta de Goles; la Puerta del Sol; la calle de las Harinas; lujosos edificios con más elementos decorativos que los de Zaragoza; la Giralda, colosal y fascinante; las gradas de la catedral; la zona del arroyo que bordea la muralla antes del puerto; el convento de San Francisco, el monasterio de San Jerónimo de Buenavista; la calle de los genoveses, en la colación de santa María; la calle de los Alemanes; el Patio de los Naranjos; la Puerta del Perdón; las Puertas de Triana; la Puerta Nueva.
La Macarena; la Puerta del Arenal; los desagües de Santa Lucía; la Puerta de Jerez; la Puerta Real; santa Clara; santa Inés; la cuesta de Castilleja; Triana; la iglesia de Santa Ana y la capilla de las Ánimas Benditas del Purgatorio; el mercado del Malbaratillo; el convento de San Pablo; monasterio de la Trinidad; la Casa de la Contratación; el Alcázar Real; un teatrillo y la Cazuela; la calle Sierpes; el Postigo del Aceite; el muelle de mulas; la mancebía el Compás de la Laguna; el Monte del Malbaratillo.
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También el castillo de San Jorge, la fortaleza de la Santa Inquisición; los conventos de la Cartuja o los Remedios; el barrio de Santa Cruz, con sus laberínticas calles llenas de patios; la calle de la Pimienta; el corral de comedias de la calle Borceguinería; Ayuntamiento; Audiencia; la Cárcel Real; barrio de los Humeros; el callejón de las Brujas; calle Vida y calle Muerte; la Torre del Oro, una torre albarrana que permite defender el río y el acceso al puerto.
«Sevilla se llenó todavía de más color del habitual, de un color especial» (página 476)
Hospitales como el de la Sangre o el de San Lázaro, la puerta de Carmona; el Tagarete, un arroyo que sirve de foso natural; la fuente de Calderón; el Matadero; las curtidurías y lavaderos de lana de los barrios de La Calzada y San Bernardo; los Caños de Carmona, un acueducto de cuando los árabes con trescientos noventa arcos, algunos duplicados por un cuerpo superior, para vencer el desnivel del terreno; Puerta de la Macarena; la Puerta del Perdón; la Capilla Mayor de la catedral; cuadra de la media Naranja; la Puerta de Córdoba; el monasterio de San Isidro; las ruinas de la Sevilla vieja; la laguna de la Pajería; San Leandro; colegio de Santa María de Jesús.
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Sevilla no es Triana. En Triana, para empezar te recibe la silueta imponente del castillo de San Jorge, sede de la Santa Inquisición. No muy lejos, la iglesia de Santa Ana -la catedral de los marinos-; después, el entramado de callejuelas, tabernas y posadas se mezclan con talleres de alfarería, herrerías, cabañas y casas humildes. Siempre hay alguien escuchando y observándote.
Dentro de las murallas de la ciudad hay cierta sensación de seguridad, los comerciantes y artesanos se hacinan en los locales, abundan los religiosos y la guardia recorre las calles. En cambio, en Triana todo es diferente, no hay orden ni autoridad. Todo es un enorme caos de gentes de todo tipo, allí donde miras te sorprende una escena peor que la anterior. En las calles embarradas, se oyen gritos desde todas las esquinas y los ajustes de cuentas son a plena luz del día.
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Y hay que detenerse especialmente en el palacio de Colón, en lo alto de una colina. El arco de entrada se sustenta sobre pilares con capiteles clásicos, y sobre él destaca el escudo de Colón, sujeto por delfines. Los amplios ventanales de la fachada se hallan decorados por bustos y motivos florales. Está rodeado de una cerca y en su interior se adivinan esbeltos árboles y una frondosa vegetación. El acceso es una puerta recia, para carruajes, y un inusual color anaranjado.
Se trata de un edificio hermoso, de dos plantas, con columnas clásicas. Desde allí arriba la vista es impresionante. El palacio sigue el modelo de las casas de los célebres humanistas italianos, con bellos jardines y situadas en las afueras de las ciudades, en lugares donde disfrutar de la suficiente tranquilidad para llevar a cabo sus estudios y trabajos. La fachada principal es de mármol de Carrara. El interior es también sorprendente.
«Las paredes estaban cubiertas de azulejos que formaban imágenes de diversos colores y motivos. En el centro vieron un patio, a modo de claustro, con una fuente de la que brotaba agua y cuyo sonido relajaba la mente. A su alrededor, otras plantas exóticas, esculturas y bustos clásicos, que parecían antiguos gobernantes o deidades paganas» (página 218)
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Dentro de ese palacio:
La biblioteca de don Hernando, la Colombina, con una escultura en el centro representando a Demetrio de Falero, el primer bibliotecario de la legendaria Biblioteca de Alejandría. Una estatua de cuerpo entero de un hombre ataviado con una soga y un rollo de papel en la mano, con indudable influencia clásica.
«Libros y más libros. Y más allá, más libros. Todo eran estanterías, una tras otra, una encima de la otra, y cuando parecía que esta se acababa aparecía otra más. Pasillos que giraban y volvían a girar hasta donde alcanzaba la vista. Todos ellos complemente repletos de libros» (página 220)
Y el jardín. Las variedades de plantas y árboles que allí crecen son extraordinarias. Árboles de enormes troncos y con raíces recorriendo la superficie, flores inmensas con pétalos amarillos, frutos de todos los colores. Y una huerta frondosa, larga y espaciosa. Hay más de cinco mil árboles que pueblan el espacio comprendido entre el río y la casa. Entre ellos, distintas especies americanas, plantadas de naranjos y limoneros con muchas copias de otros árboles y arbustos preciosos y raros traídos de allende los mares, entre los que destacan los gigantescos zapotes.
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Thomas también viaja a Badajoz, una dinámica ciudad, asentada sobre la orilla meridional del río Guadiana, con dos altos cerros rodeándola, el de San Cristóbal y el de Orinaza. Un enclave entre reinos, en épocas de paz frecuente escenario de bodas, tratados y encuentros más o menos amistosos. Cuando suenan trompetas de guerra, se convierte en una de las principales plazas estratégicas.
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Se mencionan el reino de Francia; España; reino de Portugal; Guinea; África; la India; la gran China; Cipango; Venecia; Milán; Baviera; los Alpes; el Reino de Nápoles; Borgoña; la Toscana; Roma; Frankfurt; Mantua; Génova; Flandes; Lorena; Luxemburgo; el Obispado de Lieja; Bruselas; Ginebra; Lyon; Barcelona; Egipto y el río Nilo; Pérgamo; Alejandría; Ayamonte; Londres; Castilla; Bilbao; Burgos; Bergas; Brujas y el río Zwin; Damme; Sajonia; Rotterdam; Gante; Austria; Toledo; Salamanca; Valladolid; Lovaina; Aquisgrán; Constantinopla; Grecia; mar Mediterráneo; Worms, a orillas del Rin; el Egeo, la isla de Tinos, frente a Miconos; océano Atlántico; Bermeo.
Escocia; Inglaterra; el mar del Norte; Malta; el Cantábrico; Asia; París; Cerdeña; Sicilia; Siracusa; Núremberg; Atlántida; Osuna; Játiva; Santander; Lombardía; Coria del Río; el cabo de San Vicente; Damasco; Tierra Santa; Sánlucar; Cádiz; los Pilares de Albayla; el Naranjal; Córdoba; Granada y la Alhambra; Italia y Florencia; el río Rubicón; la Provenza francesa; la costa del Mar del Sur; Salamanca; Lyon; Medina del Campo; Colonia; Troya; Panamá; el Darién; La Coruña; Tordesillas; islas de Cabo Verde; islas Canarias; Guinea; Lisboa; Brasil; las Azores; el Vaticano; Brescia; Cabo de la Vela y Maracapana; Cartagena; Génova; las costas de Argel; Mallorca; Cuba; Cabo de las Once Mil Vírgenes.
Referencias
Hechos históricos:
- La recuperación de buena parte del Imperio Romano de Occidente de las garras de los invasores bárbaros; el Sacro Imperio Romano Germánico; la antigua Grecia; batalla de Montecassino; la disputa de los reyes de España y Francia, ambos pretendían el trono imperial y Milán era una plaza estratégica; la ambición del rey de España por el Milanesado y parte de Borgoña; llegada por primera vez de Colón al Nuevo Mundo con tres naves españolas; solo los españoles podían viajar al Nuevo Mundo y únicamente la Casa de Contratación en Sevilla daba los permisos para embarcar; la publicación de una tesis contra las indulgencias de Roma; el monopolio el papiro en el Egipto en la Antigüedad; el primer viaje de Colón; con el reinado de Carlos de España se produjo la unión de las zonas de producción de lana en Castilla con las de transformación en Flandes, barcos enteros salían de Castilla a través del puerto de Bilbao, cargados de lana metida en sacas que llegaban desde Burgos.
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- Carlos I de España elegido sucesor de Maximiliano I y nuevo emperador; la guerra entre Francia y España a punto de estallar; llegada a las imprentas de encargos para imprimir textos clásicos griegos; tratado de paz entre Carlos V y Francisco I de Francia; en junio de 1520 deja de llegar lana castellana al puerto de Amberes; levantamiento de Toledo, Salamanca o Valladolid contra el emperador Carlos V porque se negaban a que sus rentas de gastasen fuera de las fronteras del reino de Castilla, los rebeldes se hacían llamar comuneros; la caída de Roma; viaje de Carlos V camino de Aquisgrán para ser coronado; caída de Constantinopla y el Imperio de Oriente; la Antigüedad clásica; la Edad Media; bula Exsurge Domine emitida por el papa León X en 1520; las Tesis de Lutero; creación del obispado de Cuba; excomunión de Lutero en 1521 y convocado en Worms por el emperador para que compareciese ante la Dieta Imperial; Martin Lutero clavó el 31 de octubre del año 1517 sus noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg; batalla contra los turcos en el Mediterráneo.
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- Vuelta de Colón con más de mil quinientos hombres al fuerte de La Navidad; eclipse de luna del 29 de febrero; la conquista de Granada; las capitulaciones de Santa Fe; pragmática de los Reyes Católicos que prohibía a los libreros, impresores y mercaderes imprimir ningún libro de ninguna facultad o lectura, u obra que fuera, pequeña o grande, en latín o en romance, sin que primeramente hubiese para ello licencia y especial mandato; redacción de una lista de libros prohibidos; el Imperio Español; terremoto de Sevilla; conquista del Reino de Granada; el accidentado cuarto viaje de Colón, perdió sus cuatro naves y naufragó en una isla, un viaje bajo multitud de condiciones, de las que incumplió la mayoría; prohibición de los Reyes Católicos de esclavizar a los indios, porque Isabel los declaró súbditos; Colón en prisión durante seis semanas; tercios del Gran Capitán en Lombardía con tres tipos de combatientes: piqueros, arcabuceros y mosqueteros; batallas de caballería: las Navas de Tolosa, Muret, Alarcos. la antigua Esparta; el rey de España aprobó que los extranjeros comerciaran con las Indias.
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- Fracaso del rey en si invasión de la Provenza francesa y recuperación de Milán por parte del reino de Francia e inicio del ataque contra Nápoles; expedición comandada por Magallanes con cinco barcos y doscientos treinta y cinco tripulantes; reunión en Badajoz sobre las Islas de las Especias para definir a quién pertenecían con una delegación de nueve expertos; Alejandro Magno cruzó Persia; expedición de Vasco Núñez de Balboa, que encontró el paso hacia Asia; expedición a las Islas de las Especias en 1521; el tratado de Tordesillas en el que se repartieron el mundo Portugal y Castilla; construcción de una armada para cruzar de nuevo el mar del Sur; boda en Sevilla de Carlos V; préstamos de banqueros a disposición de la Casa de Austria; exclusividad otorgada a los Welser para la conquista y colonización del territorio comprendido entre el Cabo de la Vela y Maracapana; renuncia de Carlos V en favor de su hijo Felipe a la jefatura de la Orden del Toisón de Oro, el ducado de Borgoña y, por tanto, a la corona de los territorios de los Países Bajos.
Personajes históricos:
- El general bizantino Belisario, uno de los más afamados militares de la historia; Felipe de Habsburgo, Felipe el Hermoso; Juana de Castilla; emperador Maximiliano I de Habsburgo; Carlomagno; el papa León X; Carlos I, rey de España; Rodrigo de Jerez, presentó el tabaco en su pueblo, Ayamonte; Francisco I de Francia; la archiduquesa Margarita de Austria; el almirante Cristóbal Colón; Hernando Colón; León X, Lutero; el príncipe Federico III, elector de Sajonia; Agustín de Hipona; Gutenberg; Martín de Urtubia; Luis de Coloma; Fernando el Católico de Aragón; Augusto; faraón Ramsés en el antiguo Egipto; Isabel de Castilla; Alejandro Magno; Fernando de Valdés, inquisidor general; Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán; papa Borgia y su hija, Isabel de Portugal; el ilustrísimo duque de Arcos.
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- Lucrecia; el Gobernador de Damasco; Ptolomeo I; Gregorio XIII; Julio César; rey Fernando III el Santo; Diego Colón, heredero de los títulos y posesiones al otro lado del océano; el último rey moro de Sevilla, Al-Mutamid y su amada Itimad; Luis Colón, hijo de Diego; Magallanes; Juan Sebastián Elcano; Vasco Núñez de Balboa; el papa Alejandro VI; Vicente Yáñez Pinzón; el rey Juan II; García Jofre de Loaisa, comentador de la Orden de San Juan; cardenal Salviati; el clérigo Juan de Zumárraga; Hernán Cortés; Giovanni Paoli, Juan Pablos; sultán de Egipto; la hija del rey Alfonso X; Jorge de Meneses, navegante de su majestad el rey Juan III de Portugal.
Entidades, organismos, ejércitos o instituciones:
- La Iglesia católica; construcción de la biblioteca de la ciudad griega Pérgamo; la biblioteca de Alejandría; la Bolsa; Estados Generales; Consejo Privado; Casa de Contratación; la Iglesia en Roma; la Cristiandad; Dieta Imperial; la Santa Inquisición, Consejo de la Santa y General Inquisición; Corona de Aragón; el Cabildo; Orden del Carmen; el Consejo de los Veinticuatro; Universidad de Lovaina; la Armada; las Trinitarias; la Tesorería del rey de Portugal; la Santa Sede; Orden de San Juan; Dieta de Worms; órdenes de caballería de Santiago, Calatrava y Alcántara.
Arte:
- El pintor Alberto Durero; Leonardo Da Vinci.
Mitología:
- Eros; Apolo; la ninfa Dafne; Júpiter; Perseo, Zeus; Medusa; Helios, sol de Zeus; el Monte Olimpo de los griegos; Atenea.
Bebidas:
- Vino de Sajonia; vino de la Toscana; vino de Lyon, El Beaujolais.
Rutas:
- La Ruta de la Seda.
Religión:
- La obra de Bernardo de Menthon; Adán y Eva; la Biblia; Dios; las Sagradas Escrituras; la Biblia maldita; san Juan Bautista; las santas Justa y Rufina; santa Clara; santa Inés; san Isidoro de Sevilla; la Virgen; el Purgatorio; sábado de Pasión; Semana Santa; Virgen de las Fiebres.
Perros:
- San Bernardo.
Plantas:
- La flor de sol, el sol de las Indias o la corona de Júpiter.
Libros:
- Las cartas de Abelardo a Eloísa; la Eneida de Virgilio: la guerra de Troya, Eneas, Cartago, Dido; Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam; La Ciudad de las Damas de la poetisa Christine de Pizan; La educación de la mujer cristiana; El banquete de Platón; la Ilíada de Homero: es el relato de la guerra de Troya y describe la guerra, Ulises Penélope, Otrintida; Ifitión; La Odisea, que narra el regreso de Ulises de su reino de Ítaca y describe la restauración del orden, la isla de Calipso; Amores imposibles de Jaime Moncín, ilustrado con grabados de gran calidad; un libro de san Antonio; La Celestina: Calixto y Melibea; Los viajes de Marco Polo; Libro de los Epítomes, el corazón de la biblioteca de don Hernando, un extenso compendio de los resúmenes de los libros; libro de Petrarca; Ars moriendi o el arte del bien morir; el Amadís de Gaula.
De América:
- Tabaco; la papa; maíz; una pimienta de las Indias, que allí se llama «chile».
Filósofos:
- Aristóteles; Sócrates; Platón; Séneca; Tomás de Aquino; Agustín de Hipona.
Matemáticos:
- Euclides; Abraham Zacuto.
Movimientos:
- El Humanismo: propugna una formación íntegra del hombre en todos los aspectos, fundada en las fuentes clásicas, muchas de ellas perdidas y descubiertas recientemente en los monasterios, los humanistas quieren acceder a un latín más puro, más brillante y genuino, y al redescubrimiento del griego.
Demonios:
- Titivillus, un demonio al que se le adjudican los errores ortográficos en los libros y las equivocaciones que se hacen sin darse cuenta en las oraciones; Lucifer.
Naos:
- La San Juan; la Santa María; San Vicente, que naufragó sin supervivientes; Santa María de la Victoria; la Sancti Spiritus; Santa Lucía.
Talleres de imprenta:
- Cromberger; taller de Estanislao Polono; Meinardo Ungut.
Reliquia:
- Santa reliquia del Lignum Crucis.
Fábricas:
- De azulejos de Triana.
Cosmógrafo:
- Martin de Bohemia.
Monedas:
- Craiçer.
Acueducto:
- Los Caños de Carmona.
Geógrafos:
- Ptolomeo; Marino de Tiro.
Cartógrafo:
- Diego Ribero.
Diplomático:
- Nicolás Maquiavelo.
Música:
- Te Deum landamus.
En resumen… «El mercader de libros»
Es el primer libro que leo de Luis Zueco y tengo claro que no será el último. Además, me ha gustado mucho, porque tiene un poco de todo y eso siempre resulta entretenido. Empecé fuerte con la lectura, pero luego tuve que ocuparme de otros temas así que paré. No obstante, en cuanto pude, la retomé para ya no soltarla. Como ya os he contado, me la había recomendado el autor, entre todos sus libros,así que era una apuesta segura.
Esta novela está dedicada a los libros y a la importancia de la imprenta, que era el rápido y potente vehículo de transmisión de todas las nuevas ideas, el inicio de una era. Tuve la suerte de escuchar al escritor en el ciclo «Lunes de otoño», haciendo un recorrido por sus obras y también comentado su forma de escribir y de documentarse. ¿Sabéis dónde se organiza ese ciclo literario? En Caja Rural de Aragón. Ese espacio ocupa el solar donde estuvo el palacio de Luis de Coloma, uno de las personajes que aparece en la novela.
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Y es que hubo un tiempo en que a Zaragoza se la conocía como «La Harta», por la riqueza que mostraba en los numerosos palacios que había en la ciudad. Una ciudad orgullosa que estaba a la vanguardia del arte y la cultura en esos momentos de la historia. Aunque muchos de esos palacios han desaparecido, aún quedan edificios como el palacio de los Condes de Sástago, el de los Condes de Morata, el palacio de los condes de Argillo, la casa palacio de los Torrero, el de Fuenclara, o el de la Real Maestranza.
El caso es que, en el Coso, una de las vías en las que más palacios renacentistas se construyeron, se situaba desde 1539 la casa palacio de Juan Coloma, secretario del rey Fernando El Católico. El edifico tenía la tipología típica de los palacios renacentistas aragoneses, siendo muy similar al cercano Palacio de los condes de Sástago. La fachada tenía una gran puerta de acceso en piedra con arco de medio punto, un alero volado en madera, y un gran patio central con escalera de acceso a los dos pisos superiores. Fue realmente curioso oír hablar de este libro en uno de los escenarios que se menciona y se describe. Pero bueno, luego vuelvo a Zaragoza.
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Entrando ya en materia, me ha encantado leer cómo funcionaban las máquinas de los talleres de imprenta, paso a paso y con todos los detalles. Conocer cómo los distintos tipos de letras que iban utilizando se tallaban sobre un bloque de metal, cómo se colocaban después sobre una placa de cobre y se golpeaban, cómo sobre la hendidura del metal se vertía plomo fundido que al enfriarse adoptaba la forma de la letra. Y cómo esa era la parte más costosa del proceso.
Asimismo, como una vez que disponían de las letras, debían formar cada página del libro y esa era la labor del cajista, que solía ser un oficial. Entonces, sobre unos soportes, que llamaban galera, colocaban las líneas y columnas en que estaría organizando el texto del libro. Pero debían hacerlo al revés, así que usaban un espejo para ver el reflejo, que luego se pasaría al papel en la forma correcta.
«Una vez la placa estaba formada, se intentaba y se usaba una prensa parecida a las que hacían vino para pasar la tinta al papel. La prensa tenía un gran tornillo que había que girar con fuerza mediante una palanca para que presionara el papel» (página 96)
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Es una delicia asistir, como si estuviésemos allí mismo, al trabajo de la imprenta. Junto a Thomas, cuando ya ha ascendido y es un excelente tirador, o sea, el encargado de colocar el papel en la prensa, vivimos como uno de los oficiales elegía los tipos necesarios para formar las palabras y las ponía línea a línea en un instrumento de sujeción. Entre palabras colocaba una pieza como separador, y entre renglón y renglón disponía tiras de metal a modo de interlíneas.
Luego organizaba las líneas en el componedor y, a continuación, armaba la tirada. Ayudándose de cuñas sujetaban todo el conjunto y evitaban que se moviese de su sitio. Asegurada la tirada, llegaba el proceso más complejo. Alisaba el papel en la platina, con mucho cuidado de no estirarlo demasiado y que se rompiese. El oficial entintaba con una almohadilla de cuero los tipos, y el otro oficial colocaba con rigurosa exactitud cada hoja de papel sobre ellos. Hacían girar el tornillo de la prensa, haciendo presión e iniciando así las copias. Sin duda, un trabajo duro pero gratificante.
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Por supuesto, ha sido emocionante descubrir cómo, con este invento, se comenzó a despertar un gran interés por la lectura y el conocimiento. Saber que ya entonces se publicaban una gran cantidad de libros, que la gente empezó a comprarlos para bibliotecas que tenían en sus viviendas. Y que no solo eran nobles los clientes de la imprenta.
Porque a esos talleres acudían todo tipo de personas: artesanos, comerciantes, alguaciles… Y mujeres, muchas mujeres. Ya en esos talleres, como ocurre ahora en las librerías, se aconsejaba y se informaba de las novedades, se conocía los gustos de los clientes y se les recomendaba qué libros adquirir. Además, en esos talleres, fue muy relevante la llegada de encargos para imprimir textos clásicos griegos, con aquellas historias mitológicas y legendarias, con aventuras de dioses, cíclopes y héroes, un mundo fabuloso de leyendas.
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Y eso nos lleva directamente al Humanismo, que propugnaba una formación íntegra del hombre en todo los aspectos, fundada en las fuentes clásicas. Los humanistas querían acceder a un latín más puro y al redescubrimiento del griego para restaurar todas las disciplinas que ayudasen a un mejor conocimiento y comprensión de los autores de la Antigüedad Clásica. Al acceder a las fuentes clásicas descubrían biografías de héroes y fabulosos personajes históricos, que testimoniaban el interés por lo humano frente a la vida de santos.
Y también la mitología, que representaba un rico repertorio de la conducta humana Los griegos usaban su mitología para explicar todos nuestros comportamientos, y no solo los piadosos como hacían los santos. Tenían la certeza de que conociendo las historias griegas, podían comprender a todas las personas y conocer las bajezas humanas, sus envidias, sus pasiones y sus debilidades. Querían olvidar ese periodo oscuro que había sido la Edad Media y vivir el renacimiento de lo clásico, gracias en buena medida también a la invención de la imprenta.
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Porque la imprenta posibilitó el abaratamiento del coste, la difusión masiva de las ideas humanistas y la aparición del sentido crítico. Como se resalta en las páginas del libro, la imprenta devolvió a la vida cientos de espléndidos libros olvidados y permitió que las ideas nuevas viajasen rápido y llegasen hasta cualquiera que desease leerlas. Aunque, como sigue ocurriendo en la actualidad, no todo lo que se publica es bueno.
Es un momento en el que surge también el libro de Erasmo, en el que Dios no perdía su papel predominante, pero se situaba en un plano diferente y ya no era la respuesta a cualquier problema. El hombre tenía mucho que ver en su destino y su inteligencia era considerada un valor superior, somos nosotros, con nuestro trabajo y nuestras capacidades, quienes debemos sacar nuestra vida adelante.
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Empezaba a valorarse la fama como una virtud, el esfuerzo, la superación y el conocimiento. Había que tener fe en el hombre, luchar y esforzarse, pelear por la fama y la gloria en este mundo, incitar a realizar grandes hazañas y emular las del pasado clásico de Roma y Grecia. Todo cambiaba, antes no los habían educado con los valores de superación y de búsqueda de la grandeza, porque se premiaba la humildad, la sumisión, la resignación, aceptando el lugar que te correspondía por nacimiento.
«Aquel texto confiaba plenamente en la razón de los hombres y su capacidad de conseguir a través del cultivo de las letras clásicas la sabiduría necesaria para entender el mundo» (página 104)
Y, en ese momento, se plantean esas cuestiones, porque nadie debía ser menos por nacer humilde, tenían que ser los méritos y el uso de la razón los que definiesen a cada uno. La única obligación de un hombre debía ser intentar hacer realidad sus sueños.
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Cambiando de tema, ha llamado mi atención cómo en el libro se plantea la diferencia entre los manuscritos y los libros impresos. En los primeros había errores, porque toda copia, por bueno que sea el copista, genera errores en el texto. Si vuelve a copiarse, se reproducen esos errores y se añaden nuevos. Y así sucesivamente. Eso no ocurre con los libros impresos.
«No me fío de lo que se copiaba a mano, sabemos que se cometieron graves errores en aquellos siglos oscuros» (página 410)
Y se diferencian también en el coste. Un manuscrito valía una fortuna, llevaba hasta dos años de trabajo, poca gente tenía acceso a los libros: reyes, príncipes, altos burgueses y apenas nadie más. ¿Sabíais que Gutenberg lo que pretendía era copiar libros manuscritos?
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Ahí surge un debate que se menciona en el libro, porque con la invención de la imprenta muchos sostenían que el libro debía seguir siendo manuscrito, porque aseguraban que la posibilidad de que cualquier tuviera acceso a los libros era temible. Aseguraban que si la gente leía mucho, enloquecería. Que los hombres y las mujeres comunes no podían meter tantas palabras ni ideas dentro de su cabeza. Temían que los libros propagasen ideas equivocadas.
Hablando de privilegios, no debemos olvidar que en la Antigüedad era aún peor, porque no existía el alfabeto. Para ser lector había que estudiar durante años para dominar las combinaciones de miles de extraños signos. Los lectores eran una minoría privilegiada que mantenía sus conocimientos en secreto. Eso lo cambiaron los fenicios.
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Y eso nos lleva a detenernos en cómo ha cambiado la forma de leer a lo largo de la historia. Por ejemplo, leer en papiro implicaba ir desenrollándolo con la mano derecha. Era un movimiento complejo, que se convertiría en cotidiano. Pero al terminar el papiro, quedaba enrollado al revés, así que debían desenrollarlo de nuevo para dejarlo en la posición correcta para el siguiente lector.
Tengo que reconocer que, leyendo este libro, me ha venido a la cabeza en numerosas ocasiones «El infinito en un junco» de Irene Vallejo. Un ensayo que, como ya sabéis, me encantó. Os lo conté aquí. Y en este punto tengo que contaros que estoy muy orgullosa de los escritores aragoneses, porque la literatura de mi tierra vive un gran momento.
Volvamos a lo nuestro, en «El mercader de libros» también se evoca cuando se leía en voz alta. Los libros eran como partituras y los lectores eran en realidad oyentes. Las lecturas en público eran habituales. Dicen que todo cambio cuando Agustín de Hipona vio a un obispo de Milán pasar páginas sin pronunciar las palabras escritas, tan concentrado, casi rezando, que propuso que todo el mundo leyera en silencio y así cambió. Sin ninguna duda, acertó.
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Y también me he fijado en cómo se plantea la necesidad de clasificar los libros en una biblioteca.
«Conozco a muchos coleccionistas de libros que los almacenan sin ningún orden. Luego pierden mucho tiempo en encontrar uno en concreto. Además, aunque los lean, pasados unos años olvidan su contenido, y tienen que volver a leerlos, o no recuerdan en qué libro aparecía tal frase o tal idea. La clasificación de los libros, al menos de su contenido o del tema principal, es vital cuando se tienen en grandes cantidades» (página 112)
¿Será por ese motivo por el que yo hago reseñas?
Después, en partes posteriores de la novela, vemos cómo don Hernando organiza su biblioteca. Cada uno de los lectores se coloca en un escritorio; disponen de dos cuadernos, uno de ellos en blanco, un tintero y varias plumas. Deben anotar los resúmenes de los libros que lean según unos patrones. Para poder trabajar en la biblioteca todos realizan un exigente examen en la Universidad de Salamanca. Y quien obtiene la mejor nota pasa luego un año de formación.
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Por otro lado, me quiero detener en los comentarios que Edith le hace a Thomas sobre la situación de las mujeres en aquella época:
«¿Conoces una sola mujer que sea escritora? ¿Has leído algún libro escrito por mujeres? Las mujeres han escrito libros, pero nadie los conoce; apenas se imprimen. Si así fuera, todo había sido diferente, el mundo sería mejor. Ojalá yo pueda, algún día escribir un libro explicando la vida de las mujeres» (página 126)
En otro pasaje, añade que él no tiene ni idea de lo que supone ser una mujer. Le confiesa que se examina todo lo que hacen, no tienen libertad, dependen de su padre y luego de su marido, no pueden ni siquiera comprar libros porque está prohibido.
Sofía también añora poder ser lectora en la biblioteca de Hernando Colón, pero sabe que a las mujeres no se les permite ocupar ciertos puestos, que son invisibles para todo lo importante. Incluso añade que su abuelo dice que una mujer distrae a los hombres de la lectura, que una mujer que lee les perturba.
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Aunque no es el destino principal del protagonista, me ha encantado que salga mi ciudad en la historia, Zaragoza. Me gusta la referencia que se hace de la Torre Nueva, una construcción icónica con una historia muy curiosa. Cuando se construyó gran parte de la ciudad se opuso, especialmente el arzobispado, ya que no veía con buenos ojos que el campanario más alto de la ciudad no perteneciera a ninguna iglesia. Pero el rey Fernando el Católico, insistió en su construcción, y nadie se atrevía a oponerse al monarca. Y después su derribo fue rocambolesco, un desastre ciertamente.
He paseado por sus calles y he sentido nuestro viento, el cierzo, que sopla con frecuencia y que es parte de nuestra personalidad, como el hecho de que la fundaran las legiones romanas en honor a Augusto y que los musulmanes la convirtieran en la capital de un reino rico y próspero.
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Antes he contado cosas del palacio de Luis de Coloma. Ahora regreso porque quiero trasladaros que actualmente es un edificio modernista precioso y céntrico. Allí se hacen muchísimas actividades culturales de la ciudad y, en otro momento de su historia, comió Albert Einstein. Pues bien, en el libro se describe la exuberante escalinata de mármol blanco -bajo una cúpula con un precioso artesonado de madera con figuras geométricas-, el alargado pasillo en cuyas paredes colgaban tapices de escenas de caza, una sala que daba a un patio interior por el que entraba abundante luz, varios pasillos más, un salón con decoración en tonos verdes, otro salón dorado y otro granate, hasta llegar a su biblioteca.
Una biblioteca con altas estanterías labradas con dibujos alegóricos, llenas de libros. Los pasos de los visitantes quedaban amortiguados por una mullida alfombra de motivos florales, bajo un bellísimo techo adornado con filas de casetones. Era un templo dedicado al saber.
Teniendo en cuenta que adoro las bibliotecas, podéis imaginar lo maravilloso que sería poder visitar las bibliotecas que aparecen en el libro.
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Pero sí, el gran escenario de la novela es Sevilla, una ciudad con un color especial, como aparece descrita, ¿dónde he oído eso antes? Sus calles estrechas, sus plazas, los colores, con un corazón que palpita y su latido puede oírse en cualquier parte, con su imponente Giralda… (Ya perdonaréis porque estoy divagando mucho, pero en relación con esta referencia al corazón, he recordado que Albert Einstein dijo que en Zaragoza sintió «las palpitaciones del alma española»).
En este punto, quiero resaltar la comparación que hace Thomas entre ciudades:
«Augsburgo la recordaba muy verde, con mucha vegetación. Amberes en cambio era gris por las lluvias y azul por los canales y el puerto. Servilla, en cambio, quizá por el sol, o por lo dorado de la Giralda, tenía rojos, amarillos, naranjas y ocres» (página 359)
Aunque en la ciudad andaluza no todo es bueno, además de trasladarnos distintos ambientes, no se olvida de las enfermedades. El autor nos cuenta el autor que por culpa de los mosquitos de las lagunas y el arroyo Sevilla era un foco de paludismo, y además había brotes de cólera todos los años. Se daban frecuentes casos de fiebres, llamadas en la época tercianas y cuartanas, según los días que duraban.
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Se subraya el valor de las puertas en la ciudad. Las puertas tenían un valor determinante en todas los sentidos: durante la noche protegían la vida y la salud de los vecinos, y estaban consideradas como puertas santas; quebrantarlas estaba castigado hasta con la pena de muerte. Las puertas se abrían a la salida del sol y permanecían así durante el día, pues muchos trabajaban fuera de la ciudad en los campos de labor cercanos, en los molinos, las viñas y las huertas . Pero, al atardecer, los guardas cerraban las puertas sin excepciones y si no llegabas a tiempo, debías dormir extramuros.
Y el de la muralla, que actuaba en las ciuades como cordón sanitario que las aislaba del exterior enfermo en tiempos de epidemia. En cuanto se tenía la noticia de la aparición de un brote contagioso, se colocaban guardas en las puertas para vigilar que la gente que entraba no procediera de lugares infectados. Cuando se decidía prevenirse del contago, la ciudad se cerraba.
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¡Ah! No puedo evitar contaros un importante consejo que nos dan en el libro. Cuando se intenta ocultar algo, siempre se pone fuera de sitio, y eso es un error fatal. Si quieres que no descubran tu secreto, tienes que dejarlo a la vista, en un lugar que le corresponda. Así lo mantienes oculto, a la vista de todos. ¿Qué os parece? A mí, desde luego, una excelente recomendación.
Por si todo esto fuera poco, aprendemos a distinguir entre papeles. Se hace referencia al papel blanco de Flandes, el más moderno que había, de calidad excelente. En cambio, en Sevilla se usaba un papel casi marrón, no era un papel de calidad. Y se explica que la pasta de papel es lo más caro de la fabricación de un libro. En España debían tener problemas de suministro y usaban esa pasta ocre.
Y se cuestiona cuánto vale un libro o cuándo un libro es bueno o malo, o si un libro por ser escaso es mejor que otro que tiene miles de ejemplares. La respuesta es que los libros están vivos, mutan, son diferentes en función de la persona que los lee, por eso uno puede ser extremadamente valioso para ti, pero vulgar para otro.
…
Del libro, me quedo con el poder de la palabra escrita, con que los libros son una mente inmensa, que abarca el conocimiento de toda la humanidad, que sin ellos cada generación olvidaría lo aprendido por la anterior y así sucesivamente
Para ir terminando, me ha hecho muchísima gracia el guiño que se hace en el libro sobre las firmas de libros:
«¡Qué curioso! Nunca había oído tal cosa, imaginaos que todos los lectores quisieran que los escritores les firmaran libros, sería una locura. Ojalá tengáis razón, ello significaría que los libros han alcanzado gran popularidad entre nobleza y vulgo» (página 113)
Y una frase de uno de los personajes me ha recordado un gran clásico del cine. Ahí lo dejo, para que leáis el libro y la encontréis.
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Sin ninguna duda, quiero recomendaros este libro porque lo he disfrutado y he aprendido mucho sobre los libros y su poder:
«Los libros son un arma poderosa, se han disputado guerras por ellos desde la Antigüedad; mire ahora que lo que sucede con las tesis de Lutero… Están provocando un cisma en la Iglesia, se usan para enfrentar estados y reinos. Y en el fondo son solo palabras, pero obre de aquel infravalores el poder de los libros» (página 346)
Además, me ha entretenido y me ha hecho estar pendiente de las pesquisas de los mercaderes, mientras iba conociendo a los distintos personajes. En el libro vais a encontrar una magnífica mezcla de ingredientes y personajes, que participan en una trama que os obligará a permanecer atentos, porque no debéis perderos ningún detalle, ya que las piezas van encajando conforme avanza la lectura.
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Por todo lo anterior, os invito a leer «El mercader de libros», porque se nota la gran labor de documentación, porque os va a situar perfectamente en el contexto histórico, porque vais a disfrutar viajando con el protagonista por distintos e interesantes lugares y conociendo a peculiares personajes, porque os va a animar a saber más sobre ese momento histórico, lleno de acontecimientos y cambios: Nuevo Mundo, imprenta, humanismo… Y porque está contado de una forma amena, con un estilo ligero y un lenguaje sencillo, sin hacerse pesado, de una manera ágil.
Después, como siempre, cuando la hayáis leído ¡dejad vuestros comentarios!
¡Gracias, Luis, por este viaje maravilloso, la reseña ha tardado, pero espero que haya merecido la pena! Ojalá me puedas firmar el ejemplar muy pronto.
Mis fragmentos preferidos
«La guerra es para que ganen los ricos y mueran los pobres, por eso les gustan tanto a los reyes» (página 37)
«Y los hombres siempre hemos escuchado cuentos a la luz de una hoguera. Las palabras son solo aire susurrado, pero son poderosas» (página 57)
«La historia de los hombres se repite, volverán a llegar tiempos oscuros, los hombres se volverán necios, la ignorancia se apoderará de sus vidas y olvidarán su pasado. Pero entonces los libros nos salvarán. De hecho, los libros ya nos han salvado muchas veces» (página 67)
«Señor, le diría que todo gran viaje comienza en los libros» (página 86)
«Solo aquellos que se atreven a llegar lejos pueden descubrir lo lejos que pueden llegar» (página 94)
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«Lo hacen porque los libros son la única arma que tenemos contra el olvido, ¿y acaso hay algo que temamos más los hombres que el olvido?» (página 101)
«Debería ser obligatorio leer la Ilíada y la Odisea, en ellas aprenderás más sobre los hombres que en ninguna otra parte» (página 191)
«Cada libro que veis tiene alma. El alma de quien lo escribió y el alma de quienes lo han leído y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro se lee, su alma crece y se hace más fuerte» (página 224)
«Yo he viajado más de lo que podáis imaginar, os lo aseguro, más con la imaginación que en la vida real. La lectura y viajar son actividades similares, por eso un libro puede ser una magnífica brújula para encontrar nuestro camino» (página 226)
«Por suerte ahora los libros eran los guardianes de esa memoria, los que defendían a los hombres del olvido» (página 277)
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«Antes eso podría ser hasta normal, pero con la invención de la imprenta no podemos permitir que ningún escritor caiga en el olvido. Esa es la lucha más feroz, mi biblioteca es como un castillo de la memoria asediado por las huestes del olvido» (página 306)
«Don Hernando Colón me ha explicado una gran verdad: todos tenemos un don. Todos hemos venido al mundo por un motivo, con un fin» (página 370)
«Lo que yo sé es que la vida no es como uno quiere, sino como a uno se la dan. Es como un río, va por donde a uno le dejan. Aunque parezca que va por donde uno quiere, no es así, siempre busca el desnivel, Un río siempre puede desbordarse. Pero termina volviendo a su cauce» (página 436)
«El amor es incontrolable, inevitable, como una tormenta que nos arrastra y nunca sabemos a qué playa nos empujará, o si nos ahogará antes de llegar a la orilla. Hay que dejarse llevar por el amor. Y confiar en él» (página 502)
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«El miedo forja los reinos más poderosos, el miedo es la mayor de las armas, solo el miedo convierte a los hombres en valientes» (página 503)
«Bueno, es que a veces la gente no lee lo que le gusta, sino lo que les dicen que lean, y claro… Hay quienes controlan las publicaciones. Influyen, hacen publicidad, sueltan rumores, hacen que la gente rica ponga de moda ciertas lecturas…» (página 512)
«No, un secreto es entre dos personas. La información es lo que esas dos personas creen que es un secreto, pero ya lo sabe una tercera» (página 521)
«Lo que te dicta tu corazón, no la cabeza, ni quien te rodea, ni siquiera las leyes, ni los que nos gobiernan. Lo correcto es aquello que sientes como tal en tu corazón» (página 593)
Los fragmentos que me hicieron reflexionar
«Por eso no hay que desistir. A una noche mala, por axioma le sigue una menos mala» (página 57)
«La guerra es más sencilla, coges una espada y te matas con otros. Para la paz hay que sentarse, dialogar, pensar, ceder y llegar a acuerdos. Y eso cuesta mucho a las personas, y más a los que mandan. Lo ciho, la guerra es más rápida; para matarnos unos a otros no hay que pensar mucho» (página 65)
«Los libros han cambiado el mundo en más ocasiones de las que imaginamos. Sin los libros, cada generación estaría condenada a repetir los mismos errores que sus antepasados, solo los libros nos separan de la barbarie. El día que no haya libros, tampoco habrá hombres» (página 67)
«Las palabras pueden transformar la voluntad de los hombres. Con las espadas o las picas puedes doblegarlas, pero nunca cambiarla» (página 73)
«Todo se conquista con dificultad, con el sudor de nuestra frente. Como Ulises en la Ilíada, el principal peligro de todo hombre estriba en olvidar su objetivo -afirmó el mercader de libros-, desprenderse de sí mismo, dejar de perseguir el sentido de su vida. No lo olvides nunca » (página 191)
«A veces la mejor compañía es uno mismo» (página 325)
«Todos necesitamos hacer un viaje, la vida al fin es eso, un viaje» (página 436)
«En la vida no solo hay que luchar sin miedo, sino, sobre todo, aprender a hacerlo con esperanza» (página 583)
Palabras aprendidas
- Tonada: Composición métrica para ser cantada.
- Borceguí: Calzado que llegaba hasta más arriba del tobillo, abierto por delante y que se ajustaba por medio de correas o cordones.
- Resma: Conjunto de 20 manos de papel.
- Tragasantos: Persona beata que tiene gran devoción a las imágenes de los santos.
- Usillo: Achicoria silvestre.
- Calafate: Hombre que calafatea las embarcaciones. Calafatear: Cerrar las junturas de las maderas de las naves con estopa y brea para que no entre el agua.
- Piquero: Soldado que servía en el Ejército con la pica. Chile, Ecuador y Perú Ave palmípeda, de pico recto puntiagudo, que anda en grandes bandadas y se alimenta de peces.
- Carraca: Antigua nave de transporte de hasta 2000 toneladas inventada por los italianos. Barco viejo o tardo en navegar. Artefacto deteriorado o caduco. Sitio en que se construían los bajeles.
- Urcas: Embarcación grande, muy ancha por el centro, y que sirve para el transporte de granos y otros géneros.
- Polacra: Buque de cruz, de dos o tres palos enterizos y sin cofas.
- Jabeques: Embarcación costanera de tres palos, con velas latinas, que también solía navegar a remo.
- Saetías: Embarcación latina de tres palos y una sola cubierta, menor que el jabeque y mayor que la galeota, que servía para corso y para mercancía.
- Encamisada: Ataque militar que se realizaba de noche por sorpresa y cubriéndose los soldados con una camisa blanca para no confundirse con los enemigos. Mojiganga nocturna en la que se vestían largas camisas blancas con hachones encendidos.
- Albarinos: Afeite que usaban antiguamente las mujeres para blanquearse el rostro.
- Cornudilla: Pez martillo.
- Poterna: En las fortificaciones, puerta menor que cualquier de las principales, y mayor que un portillo, que da al foso o al extremo de una rampa.


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