Reseña “Respirar por la herida” 

Víctor del Árbol 

Respirar por la herida

Páginas: 446

Curiosidades

Esta novela fue publicada en 2013.

Os cuento algo sobre el autor:

Víctor del Árbol nació en Barcelona en 1968. De pequeño quería ser mayor, como todos los niños. Afeitarse, como su padre, hablar como él. Incluso ha copiado su estilo de letra. Pero a diferencia de él, que no le apasionaba la literatura, Víctor desde pequeño quería ser escritor para contar las historias que tenía en la cabeza. La biblioteca era uno de sus espacios preferidos, donde le dejaba su madre mientras iba a trabajar para limpiar casa en Barcelona.

Sinopsis

Para Eduardo la vida no tiene sentido desde que perdió a su esposa y a su hija en un trágico accidente de coche. A partir de entonces, pasa los días inmerso en un estado depresivo, incapaz de cerrar la profunda herida que le atormenta.

Abandonó la pintura y pasó de ser un artista respetado a convertirse en víctima del alcohol y la autocompasión. Pero su vida da un nuevo giro cuando recibe un encargo insólito. Gloria Tagger, una famosa violinista, le pide que pinte el retrato de Arthur Fernandez, un rico empresario responsable de la muerte de su hijo y de otra niña. Él, tanto como Gloria, necesita comprender que se esconde tras su rostro; averiguar que siente, que piensa y si se arrepiente.

A cada pincelada, y a medida que cobra forma la obra, más supura la herida de Eduardo. Ha iniciado un viaje del que tal vez no podrá regresar…Nada queda al azar en un heterodoxo thriller carente de héroes y villanos.

Mi opinión personal

Este libro tiene una trama complicada magistralmente trazada.  El hilo del que parte todo, el tronco de la historia es el protagonista, Eduardo Quintana.  A través de lo que le pasó y le va sucediendo, vamos descubriendo a otros personajes que forman parte de una red. Se trata de un entramado complejo, formado por distintos sucesos y coincidencias, que nos van llevado a conocer todos los datos y la relación o el conflicto que les une. 

Absolutamente todos tienen un papel importante y una razón para estar en la novela.  Todos tienen algo que ver y las piezas van encajando en el momento adecuado.  Resulta fascinante conocer a cada uno de ellos, con su complejo carácter, con sus blancos y sus negros, con los matices que tienen las personalidades de cada persona.  No hay ninguno que se libre de un sufrimiento enorme, de un daño casi irreparable en su vida.  

La minuciosa labor del autor, nos permite conocer la psicología de cada uno de ellos al detalle y profundizar en sus difíciles circunstancias, en los fuertes recuerdos de su pasado que han dejado huella, que les han marcado irremediablemente. 

Hay episodios realmente duros, de complicada asimilación. De esos que dibujan una mueca de horror en la cara del lector. De esos que te hacen dudar del ser humano, por su crueldad y capacidad de hacer sufrir. De esos que no te dejan indiferente y te hacen reflexionar y darles muchas vueltas, después de leerlos despacio. 

La historia te permite también adentrarte en varios escenarios, tanto físicos como mentales; en ambientes claramente diferenciados, con sus características y peculiaridades; en múltiples situaciones sociales y personales.  En ese sentido, es igualmente enriquecedora e interesante, tanto para aprender como para intentar ponerte en el lugar de otras personas, para comprender que a menudo no es fácil elegir, ni siempre se tiene otra opción.  

El lenguaje es claro y directo, llamando a las cosas por su nombre y sin ahorrar datos escabrosos si son necesarios.  Pero si algo me ha gustado, es la forma de encadenar situaciones del pasado con el momento de la acción en una misma página, en una transición sencilla y a la vez totalmente comprensible.  De un párrafo a otro, sin giros complicados, te trasladabas a una vivencia anterior del personaje, para volver más tarde al punto dejado anteriormente.  

Por supuesto, recomiendo el libro.  Es la segunda novela que leo de Víctor del Árbol.  La primera fue “La tristeza del samurái” que también me impactó bastante y me gustó.  Creo que desde ya, este escritor se ha convertido en otro de los básicos de mis preferencias.  

Mis fragmentos preferidos 

“Es extraño ese silencio en el que parecen decirse muchas cosas entre dos desconocidos sin pronunciar una sola palabra” (página 26)

“Querría decirle muchas cosas, pero las palabras se vuelven feroces cuando las empuja la ira” (página 89) 

“La verdadera muerte no era el olvido , sino el recuerdo perpetuo, la imposibilidad de escapar de un instante fatídico que, a fuerza de repetirse, se acaba inventando, como una película cuyo final ya conoces porque la has visto cientos de veces, añadiendo cada vez algo más, un nuevo alfiler que ayude a mantener el sufrimiento actualizado” (página 90) 

“La paz nunca vuelve del todo después de la pelea, el sosiego ya no es el mismo, queda cosas por decir, aristas bajo la superficie que pinchan como espinas, pero si procuras evitarlas, las cosas pueden llevarse más o menos bien” (página 95)

“La vejez es silencio, sí.  Un silencio que tiene poco de calma y mucho de habitación vacía. Valoramos esas cosas de la vida cuando ya se están acabando, la compañía inteligente, los paseos, una buena caga por la mañana, una canción que hemos escuchado mil veces sin prestarle atención” (página 188) 

“Los sueños mudan con rapidez hacia las pesadillas.  Basta un gesto, un segundo, una decisión tomada de modo impulsivo y desaparece un horizonte para que emerja el siguiente” (página 218) 

“Es la poesía lo que permite mantener la serenidad, y al mismo tiempo nos da la esperanza de que un día despierte la niñez que una vez habitó nuestro cuerpo” (página 336)

“A veces quieres querer a alguien y no sabes cómo llegar a esa persona.  Se acumulan tanto desencuentros que terminas por perder la senda y no hay modo de recuperar el rumbo” (página 419) 

Los fragmentos que me hicieron reflexionar

“Siempre queda algo por decir cuando ya no queda tiempo para decirlo” (página 13)

“Somos personas diferentes en una misma vida” (página 40) 

Palabras aprendidas

  • Hibisco: Planta de la familia de las malváceas, muy apreciada por su valor ornamental y por sus grandes flores, generalmente rojas, aunque existen numerosas variedades de diversos colores, y que se cultiva en los países cálidos. 
  • Jerigonza: Lenguaje especial de algunos gremios.  Lenguaje de mal gusto, complicado y difícil de entender.  
  • Verga:  Pene.
  • Tuero: Leño grueso que se pone en el fondo del hogar.  Trozo de árbol cortado y limpio de ramas.  
  • Tarama: Leña delgada
  • Intersticio: Hendidura o espacio, por lo común pequeño, que media entre dos cuerpos o entre dos partes de un mismo cuerpo.
  • Inasible: Que no se puede asir, tomar con la mano.
  • Amarar: Dicho de un hidroavión o de un vehículo espacial: Posarse en el agua.  
  • Lateros: Latoso, fastidioso. 
  • Calamina: Carbonato de cinc, anhidro, pétreo, blanco o amarillento, o rojizo cuando lo tiñe el hierro.  Es la mena de que generalmente se extrae el cinc. 
  • Tepe: Pedazo de tierra cubierto de césped y muy trabado con las raíces de esta hierba, que, cortado generalmente en forma prismática, sirve para hacer paredes y malecones. 
  • Grama: Planta medicinal de la familia de las gramíneas, con el tallo cilíndrico y rastrero, que echa raicillas por los nudos y tiene hojas cortas, planas y agudas, y flores en espigas filiformes que salen en número de tres o de cinco en la extremidad de las cañitas de unos 20 centímetros de largo. 
  • Mucama: Persona empleada en el servicio doméstico. En hospitales y hoteles, persona encargada de la limpieza. 
  • Desgaire: Desaliño, desaire en el manejo del cuerpo y en las acciones, que regulamente suele ser afectado.  
  • Conmilitón: Soldado compañero de otro en la guerra.  
  • Fetua: Decisión que da el muftí a una cuestión jurídica.  
  • Imprecar: Proferir palabras con que se expresa el vivo deseo de que alguian sufra mal o daño.  
  • Empurar: Imponer a alguien una sanción o un castigo.  
  • Promisión: Promesa de hacer o cumplir algo fijado.  
  • Derviches: Entre los musulmanes, especie de monje.  
  • Guedeja: Cabellera larga.  Mechón. Melena del león.

 

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