Reseña «Largo pétalo de mar»

Isabel Allende 

Páginas: 375

Curiosidades

Comienzo esta reseña de «Largo pétalo de mar» recordando que ya os conté aquí, en la reseña de «Más allá del invierno» mi devoción por Isabel Allende y que, para ella, cada libro es un acto de amor, una ofrenda que prepara con gran cuidado, con la esperanza de que será bien recibida.

En esta nueva publicación, la autora aborda por primera vez la Guerra Civil española, relacionándola con el destino de la historia de Chile, entremezclando así la historia de los dos países.  El título está tomado de un verso de Pablo Neruda, en el que el poeta compara a su patria con esas palabras.

Isabel Allende obtuvo información sobre la travesía del Winnipeg de dos fuentes:

  • Porque conoció a Víctor Pey (recientemente fallecido) cuando éste estaba viviendo su segundo exilio, esta vez en Venezuela, país al que tuvo que marcharse cuando el golpe de Estado del general Pinochet. Pey fue uno de los españoles que se trasladó a Chile en aquel barco de exiliados españoles.  Con él, pudo mantener conversaciones sobre aquel viaje.
  • Además, Carmelo Soria le había comentado esa travesía cuando fue secretaria suya en Naciones Unidas.

Así, coincidiendo con el 70 aniversario de la llegada del Winnipeg a Chile, «Largo pétalo de mar» cuenta la historia de Víctor y Roser, una pareja catalana que formó parte de los más de dos mil exiliados españoles que llegaron al país andino a bordo del navío fletado en 1939.

La novela recorre la historia de medio siglo en Chile, desde los años cuarenta a los noventa, pasando por el golpe de estado de Pinochet.

Sinopsis

Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver.

En plena Guerra Civil española, el joven médico Víctor Dalmau, junto a su amiga pianista Roser Bruguera, se ven obligados a abandonar Barcelona, exiliarse y cruzar los Pirineos rumbo a Francia.

A bordo del Winnipeg, un navío fletado por el poeta Pablo Neruda que llevó a más de dos mil españoles rumbo a Valparaíso, embarcarán en busca de la paz y la libertad que no tuvieron en su país. Recibidos como héroes en Chile —ese “largo pétalo de mar y nieve”, en palabras del poeta chileno—, se integrarán en la vida social del país durante varias décadas hasta el golpe de Estado que derrocó al doctor Salvador Allende, amigo de Víctor por su común afición al ajedrez.

Víctor y Roser se encontrarán nuevamente desarraigados, pero como dice la autora: “Si uno vive lo suficiente, todos los círculos se cierran”.

Mi opinión 

Como he comentado más arriba, el poético título se toma de unos versos de Pablo Neruda: «Ese largo pétalo de mar y nieve». 

«…españoles que partían a ese país larguirucho de América del Sur, aferrado a las montañas para no caerse al mar, del que nada sabían.  Neruda habría de definirlo como un «largo pétalo de mar y vino y nieve…» con una «cinta de espuma blanca y negra», pero eso no les habría aclarado su destino a los desterrados» (página 141)

Y no solamente está ahí presente el poeta chileno, porque cada capítulo se abre con una cita relacionada y porque incluso aparece como personaje a lo largo de las páginas.

«Esa noche contaban con un invitado especial, Pablo Neruda, quien a los treinta y cuatro años era considerado el mejor poeta de su generación, una proeza, porque en Chile los poetas se daban como maleza» (página 116)
«… lo recibió Pablo Neruda.  Era un hombre todavía joven, de ojos inquisidores y párpados de árabe, pesado de hombros y algo encorvado, parecía más macizo y entrado en carnes de lo que realmente era, Como Víctor pudo comprobar cuando se puso de pie para despedirlo» (página 136)
«Así fue como Pablo Neruda y su esposa, la pintora argentina Delia del Carril, vivieron dos semanas ocultos en la casa de los Dalmau. (…) Al poeta no le pasaba inadvertida la coincidencia de que su cena viniera del Winnipeg» (página 235)

Isabel Allende aborda por primera vez la Guerra Civil española y las consecuencias del exilio para el bando republicano perdedor, además de recrear la historia chilena de medio siglo.  Ya sabéis, porque os lo conté en una reseña anterior y porque os lo he repetido más arriba, que esta escritora es una de mis preferidas, una de mis imprescindibles.  Por tanto, se han unido en «Largo pétalo de mar«: una autora que me apasiona y un tema que siempre ha despertado mi curiosidad.

Sin embargo, a pesar de todo eso, no sé muy bien el motivo por el que me ha costado ponerme con esta reseña. No encontraba la forma adecuada de empezarla, ni el camino más acertado y recto para afrontarla sin meterme en demasiados líos.  Pensándolo bien, tal vez haya sido por la situación que se vive ahora mismo en nuestro país o porque estoy un poco desconcertada con el tratamiento que se está dando desde el ámbito político a algunas etapas de nuestra historia.  No obstante, ese es otro tema ajeno a lo que nos ocupa y solamente me quiero detener, por si os suena de algo, en lo que Salvador Allende comenta a Víctor Dalmau en el libro:

«Agregó que igualmente peligrosos eran los vociferantes extremistas de izquierda, que exigían una revolución como la cubana; esos cabezas calientes le hacían tanto daño al gobierno como la derecha» (página 281

A mí me encanta leer libros, artículos y reportajes que versan sobre el conflicto interno que padeció España, sobre todo porque creo que es fundamental conocer bien lo sucedido para intentar no caer en errores parecidos.  Creo sinceramente que, aparte de aprender bien nuestro pasado a través de referencias fidedignas, ese es el fin principal de la novela histórica.  Y por eso supongo que me desagrada profundamente la utilización política (a menudo con escasos conocimientos) de ideas manipuladas, o no exactamente honestas con la realidad, en beneficio propio para generar conflictos.

Dicho esto, este libro abarca un periodo bastante largo, aproximadamente sesenta años en la vida de los personajes, llevándonos de su mano a distintos países: España, Chile, una pincelada de Estados Unidos y Venezuela.   Según mi criterio, es un lapso de tiempo quizá demasiado amplio para una sola novela. Por eso me ha parecido que algunas partes (el último tercio principalmente) transcurre a un ritmo excesivamente rápido, sin detenerse en detalles y pasando velozmente por las existencias de los implicados, así como por el entorno histórico.

Sobre los protagonistas, he visto de nuevo la fuerza y empuje que Isabel Allende imprime a casi todas las mujeres de sus narraciones y que tanto me atraen, destacando su interés en ellas, recreándose en su carácter y en los pormenores de su personalidad.  Y he reconocido su forma de presentarlas especialmente en el personaje de Juana Nancucheo, a la que otorga un papel destacado desde su función en la organización doméstica.

«la mestiza de origen criollo e indígena mapuche del sur profundo, de edad difícil de adivinar«

Como siempre, la narradora nos cuenta tanto de las personas que van apareciendo a lo largo de las páginas y nos acerca tanto a ellas que, de hecho, se puede casi conocer su alma y compartir sus preocupaciones, sus temores, sus recuerdos.  Aunque me ha faltado un poco de ese mimo suyo, de esa forma tan característica de desnudarlas interiormente para los lectores, tan habitual en su prosa y en sus obras anteriores.  Este aspecto se acentúa en la parte final, por esa celeridad que he mencionado más arriba.   Entiendo que esto pueda deberse a que, en este caso no solamente es relevante el devenir de los personajes, porque se trata asimismo de reflejar los acontecimientos trascendentales que acontecen en los países de referencia.

Respecto a Víctor Dalmau y Roser Bruguera me ha costado mucho entrar en su historia de amor, he sentido que se trataba más de un apaño, de un conformarse con la situación, no he sentido nunca que fuese auténtica y no he llegado a creérmela.  Él me ha resultado algo insulso y a veces poco creíble en su desarrollo, pero es encomiable su capacidad de superación.  Ella me ha parecido algo fría, creo que llega a jugar un poco con la candidez de él y, sin embargo, he admirado su predisposición para adaptarse y afrontar los cambios, sin arrugarse ante cada inicio, optando por extraer algo bueno en medio de la dificultad.

Me ha gustado sobre todo la primera mitad de la historia, porque está contada con más calma y deteniéndose más en los rasgos de los protagonistas y también en lo que pasa a su alrededor, que les afecta y va moldeando sus circunstancias y su porvenir.  En concreto, me ha impactado la parte dedicada al exilio, desde la dura y complicada salida  a través de los Pirineos hasta las condiciones del campo de concentración.

«Morían muchos, entre treinta y cuarenta al día, primeros los niños de disentería, después los viejos de pulmonía y luego el resto de a poco» (página 89)
«Mucho más tarde el mundo habría de sacar las cuentas debidas: murieron cerca de quince mil personas en esos campos franceses de hambre, inanición, maltrato y enfermedades.  Nueve de cada diez niños perecieron» (página 89)
«Para entonces la población del campo se componía casi exclusivamente de decenas de miles de soldados republicanos sometidos al  hambre, la miseria, los golpes y las humillaciones constantes de sus carceleros» (página 127)

También debo reconocer que el relato me ha resultado muy previsible en algunos tramos, tal vez porque es una crónica de unos hechos que ocurrieron realmente.  Además, me ha costado descubrir el «realismo mágico» de la escritora, ese peculiar estilo tan reconocible en sus líneas.  Lo he podido intuir un poco en ese episodio que está ambientado en el convento (no quiero dar más detalles porque no quiero desvelar nada).

«Pronto el mar comenzaba a agitarse y una ola escupía en la arena a una niña cubierta de escamas, como un engendro de sirena» (página 218)

Me han encantado también las descripciones del Canal de Panamá, de Chile y de Venezuela.

«Víctor, Roser y los otros pasajeros y tripulantes observaron maravillados el sistema de compuertas que los llevaba del Atlántico al Pacífico.  Las maniobras eran un prodigio de  precisión en un espacio tan ajustado que desde la cubierta podría conversar con los hombres que trabajaban en tierra a ambos lados del barco» (página 150

Es evidente y relevante que Isabel Allende se ha documentado a fondo para su novela y se nota muy positivamente, sobre todo en cómo refleja la parte emocional de Víctor y Roser.  Se nota que ha podido entrevistar a supervivientes del aquel esperanzador viaje en barco, conociendo así de primera mano sus sentimientos durante la travesía y en el emocionante momento de llegar a otra nación, que marcaría sus destinos.  De hecho, ha contado con el valioso testimonio del español Víctor Pey Casado, nacionalizado chileno y ya fallecido, que fue director del periódico Clarín, hasta su clausura por el golpe militar, y consejero de Allende.

Cuesta imaginarse lo terrible que debe ser huir de tu país, después de perder una guerra en la que has participado defendiendo tus convicciones.  Padecer unas horribles condiciones en un campo de concentración en otro lugar que no acepta tu presencia. Conseguir ser elegido para embarcar en un periplo que te lleva a otro destino del que no conoces nada para empezar literalmente de cero. Comenzar tu futuro desde la base a miles de kilómetros de tu origen y asistir, después de todo, a que allí vuelven a repetirse, casi exactamente calcadas, las mismas vicisitudes, teniendo que salir de nuevo con igual incertidumbre de tu existencia.

«Esto ya lo vivimos en España, Jordi.  Tú no estabas allí en el 36, pero te digo que es la misma cosa.  Ojalá no termine tan mal como allá», fue el único comentario de Carme» (página 260
«Largo pétalo de mar». En resumen…  

Según mi criterio: ¿Es un libro recomendable para leer? Sí, por supuesto.  ¿Es un libro ameno? Desde luego, para mí especialmente los dos primeros tercios.  ¿Es la mejor obra de Isabel Allende? No, para mí no lo es, por todo lo que os he ido contando y porque no he acabado de encontrar la magia de sus palabras.  ¿Es la mejor novela que has leído sobre la Guerra Civil española? Sin ninguna duda no, aunque lo cierto es que creo que se ha centrado más en la parte del exilio y en el comienzo en un nuevo país, relatos que están muy bien descritos y que me han permitido compartir con los protagonistas su experiencia.  ¿Te parece una buena historia de amor? No especialmente, pero reconozco que no todas las relaciones deben ser increíblemente apasionadas.

En definitiva, os recomiendo su lectura porque para mí Isabel Allende siempre será imprescindible, pero si habéis leído poco de esta autora, os animo a comenzar con otras novelas.

Y, ya sabéis, cuando lo hayáis leído ¡contadme vuestra opinión!

Mis fragmentos preferidos 

«Estaba inerte, con la expresión tranquila de quien ha visto a los ángeles y ya nada teme.» (página 13)

«Son idealistas, Víctor.  De esos hay muy pocos en el mundo.» (página 40)

«Se me rompió el corazón, musitó.  En ese momento entendió el significado profundo de esa frase, creyó escuchar un sonido de cristal quebrado y sintió que la esencia de su ser se derramaba e iba quedando vacío, sin memoria del pasado, sin consciencia del presente, sin esperanza para el futuro.» (páginas 86 y 87)

«La recibieron con ese afecto sin sentimentalismo de los españoles» (página 92)

«Todo el mundo habla con los muertos de vez en cuando, Isidro» (página 95)

«Poesía es lo que se queda en la cabeza y no se olvida» (página 119)

«… pero la posibilidad de estar solos y conversar en susurros sin testigos los unió más que si hubieran hecho el amor.» (página 149)

«Millares de luces temblorosas del puerto y de las viviendas de los altos cerros de Valparaíso competían con las estrellas, de modo que no se sabía dónde terminaba el paraíso prometido y dónde comenzaba el cielo» (página 156)

«… pero como no volvió a verla, el amor se le convirtió rápidamente en leyenda» (página 178)

«Se estaba adaptando a la ciudad y aprendiendo a entender a los chilenos, que en el fondo se parecían a los españoles en lo generosos, atolondrados y dramáticos» (página 195)

«… nada crece en la penumbra de los secretos, el amor necesita luz y espacio para expandirse, sostenía ella» (página 210)

«Cada persona tiene una historia y quiere contarla» (página 245)

«… pero ella sostenía que a veces una omisión piadosa se aprecia más que una verdad inútil» (página 249)

«… era la angustia del amor dividido, de la separación, de vivir y morir lejos de los suyos» (página 278)

«Se repetía la metáfora del abedul, que se dobla ante la tempestad, pero no se quiebra» (página 295)

«La ley natural del universo es la entropía, todo tiende al desorden, a romperse, a dispersarse, la gente se pierde, miren cuántos se perdieron en la Retirada, los sentimientos se destiñen y el olvido se desliza en las vidas como neblina» (página 307)

«… estaba descubriendo cuán vulnerable al halago es un viejo engreído» (página 337)

«Víctor había pasado la vida lidiando con el sufrimiento y la muerte, estaba familiarizado con las emociones volcánicas que sacuden al paciente en trance de muerte, porque las enseñaba en la facultad: negar su suerte, volarse de rabia por padecerla, regatear con el destino y lo divino para prolongar la existencia, hundirse en la desesperación y por fin, en el mejor de los casos, resignarse ante lo inevitable» (página 339)

«No era lo único que tenía en común: también compartían la tendencia a la melancolía, que él mantenía a raya aturdiéndose con el trabajo y ella con antidepresivos y refugiándose en la seguridad inalterable de su familia» (página 371)

«Tengo ochenta años, los cumplí el día que llegaste.  Esta es la edad de la memoria, Ingrid.  Es la edad de hacer un inventario de la vida» (página 373)

Los fragmentos que me hicieron reflexionar

«La guerra lo deformaba todo, hasta la memoria» (página 172)

«Un día iban a tener que hablar de eso, de cuánto tiempo dura un duelo, de cuánto tiempo han de penarnos los muertos» (página 178)

«La guerra es un huracán que deja mucho destrozo a su paso» (página 200)

«(…) si uno vive lo suficiente, los círculos se cierran» (página 320)

«La edad avanzada es una perturbación de la realidad conocida, cambia el cuerpo y cambian las circunstancias, se va perdiendo el control y se llega a depender de la bondad de otros, pero pensaba morirse antes de llegar a ese punto» (página 345)

«…vanidad, un truco mágico para defenderse de la decrepitud» (página 354)

Palabras aprendidas

  • Posta: Cuba: Dispensario situado en una zona suburbana o rural.  En el libro que nos ocupa creo que es la acepción más ajustada el texto.
  • Chinchones: Las acepciones que recoge la RAE no coinciden con el significado de la palabra en el texto, porque se refiere a algo relacionado con la iluminación.  RAE: Chichón. Bebia anisada fabricada en Chinchón, pueblo de la provincia de Madrid. Juego de naipes en el que cada jugador debe agrupar sus siete cartas en tríos, cuartetos o escaleras.
  • Frazada: Manta peluda que se echa sobre la cama.
  • Altoparlantes: Altavoz.  (Debo reconocer que esta palabra la he añadido porque me ha encantado)
  • Batea: Artesa, generalmente redonda, que sirve para lavar y otros usos.
  • Conscripción: Argentina, Bolivia y Ecuador: servicio militar.  Venezuela: Cuartel en que los conscriptos cumplen el servicio militar obligatorio.  
  • Domo: Cúpula. Bóveda. 
  • Galpón: Casa grande de una planta.  Departamento que se destinaba a los esclavos en las haciendas de América.  América meridional y Honduras: Cobertizo grande con paredes o sin ellas.
  • Gobelinos: Tapicero de la fábrica que estableció el rey de Francia Luis XIV en la de tejidos fundada por Gobelín.  Tapiz hecho por los gobelinos o a imitación suya.
  • Fundo: Profundo.  En Derecho: Heredad o finca rústica.
  • Mucamas: Argentina, Chile, Cuba, Paraguay y Uruguay: criado (persona empleada en el servicios doméstico). Argentina y Bolivia: En hospitales y hoteles, persona encargada de la limpieza.
  • Pilchas: (Coloquial) Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay: Prenda de vestir, particularmente si es elegante y cara (usado más en plural). Argentina y Bolivia: Prenda de vestir pobre o en mal estado (usado más en plural). Argentina, Bolivia y Uruguay: Pieza del recado de montar.
  • Mapudungún: (No está registrada en el diccionario de la RAE). Mapuche: Lengua araucana que hablan los mapuches en la zona centrl de Chile y en la Argentina.
  • Albo: Blanco.
  • Cesantía: Argentina, Cuba, Nicaragua, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela: Rescisión de un contrato laboral por parte del empleador.
  • Mostacillas: Munición del tamaño de la semilla de mostaza, que se emplea para la caza de pájaros y otros animales pequeños.  Abalorio de cuentecillas muy menudas.  Cosa muy pequeña.  Honduras: Tachuela que utilizan los zapateros para fijar los tacones del calzado a la suela.
  • Terno: Conjunto de pantalón, chaleco y chaqueta, u otra prenda semajante, hechos de una misma tela.
  • Pelafustán: Pelagatos. Pelagatos: Persona insignificante o mediocre, sin posición social o económica.
  • Duraznos: Duraznero (variedad del melocotonero).  Fruto del duraznero (variedad del melocotonero).  América: Nombre genérico de varias especies de árboles, como el melocotonero, el pérsico y el duraznero.  América: Fruto del durazno (nombre genérico de varias especies de árboles).
  • Montuna: Perteneciente o relativo al monte.  Andalucía y América: Rudo, rústico, montaraz.
  • Siga: Colombia: adelante.  Colombia: En una comida usado para indicar que se puede comenzar a comer.
  • Rotoso: Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, República Dominica y Uruguay: desharrapado (andrajosos)
  • Afiches: Cartel (lámina con inscripciones o figuras) (Usado más en América).
  • Bife: Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay: Bistec. Coloquial Argentina, Paraguay y Uruguay: Cachetada, bofetada.  Coloquial Argentina: Inflamación producida en las nalgas al cabalgar.
  • Pernos: Pieza de hierro u otro metal, larga, cilíndrica, con cabeza redonda por un extremo y asegurada con una chaveta, una tuerca o un remache por el otro, que se usa para afirmar piezas de gran volumen.  Pieza del pernio en que está la espiga.
  • Trementina: Jugo casi líquido, pegajoso, odorífero y de sabor picante, que fluye de los pinos, abetos, alerces y terebintos, y se emplea principalmente como disolvente en la industria de pinturas y barnices.

 

 

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