Reseña «La peregrina»

Isabel San Sebastián 

Reseña "La peregrina" Mis Palabras con Letras 1

Páginas: 496

Curiosidades

Comienzo esta reseña de «La peregrina» indicando que esta novela, según la autora, narra la historia real de la peregrinación que realizó Alfonso II en el siglo IX desde la capital del reino de Asturias hasta un bosque perdido en el Finis Terrae, en pos de las legendarias reliquias del apóstol Santiago. Se dice que dicho viaje sentó las bases del actual Camino de Santiago.

A partir de una labor de documentación exhaustiva y del cariño sincero de Isabel San Sebastián por las tierras asturianas y gallegas, ha novelado esa aventura en forma de diario, desde el punto de vista de una mujer, Alana de Coaña. Pero, además, ha considerado de interés para el lector aficionado a la Historia hacerle partícipe de algunos datos reales contrastados, así como del origen de ciertas tradiciones especialmente arraigadas en nuestra cultura.

Como hubiera sido demasiado farragoso incluirlos en la narración, y a fin de hacer lo más completo posible el fresco de las circunstancias veraces en las que se produjo este hallazgo crucial, el libro incluye un apartado de notas que profundizan en la documentación histórica.

Asimismo, al final del texto encontramos una guía del primer Camino de Santiago y su correlación en la novela. El lector curioso podrá compararlo con el actual Camino Primitivo, prácticamente idéntico, y también seguir los pasos de los personajes de «La peregrina» desde Oviedo hasta Compostela. Un reto que vale la pena.

De ese camino, de la maravillosa experiencia que fue para ella, me habló la escritora en la entrevista de 12 preguntas que le hice para el blog y que podéis leer aquí.

Reseña "La peregrina" Mis Palabras con Letras 2

 

Sinopsis

Año 827. En su pequeña corte guerrera, Alfonso II el Casto, rey de Asturias y aliado de Carlomagno, recibe una extraordinaria noticia: en un bosque próximo a Iria Flavia, allá donde termina el mundo, han aparecido los restos del apóstol Santiago. ¿Es posible tal prodigio? El rey decide acudir al lugar, a fin de aclarar el misterio.

En la comitiva marchan nobles enredados en intrigas, fieros soldados, cautivos sarracenos, monjes custodios de turbios secretos… un fiel reflejo de ese tiempo turbulento, cuyo epicentro es un rey determinado a salvar su reino. Y junto a él cabalga Alana, con la esperanza de encontrar a su hijo desaparecido y el desafío de narrar, sin saberlo, la primera peregrinación jacobea de la Historia.

«Me llamo Alana. Por mis venas corre sangre astur y sangre goda. Sirvo a don Alfonso el Magno, rey de Asturias. Mis ojos cansados han visto horrores sin cuento, pero antes de cerrarse para siempre tal vez puedan contemplar el lugar donde reposa el apóstol Santiago»

Unas reliquias misteriosas, un destino incierto, un viaje que sentará los cimientos del camino más famoso de la cristiandad.

 

Mi opinión 

Estructura

La novela está dividida en 13 capítulos, como 13 etapas.  El  trayecto de la comitiva cubre una distancia de 310 kilómetros y se realiza generalmente a pie, en trece jornadas sucesivas.  El actual Camino Primitivo es el que condujo al primer peregrino del que tenemos noticia hasta el sepulcro del apóstol Santiago.

De hecho, el libro es como una especie de guía de viaje, una guía del Camino Primitivo, el menos transitado y el más salvaje.  Es una ruta interior de montaña, con puertos de más de mil metros de altura y pendientes muy abruptas, que discurre de este a oeste, a través de la cordillera cantábrica, siguiendo en varios de sus tramos antiguas calzadas romanas.

Los paisajes que contempla en la novela Alana son prácticamente idénticos a los actuales, aunque lógicamente ahora muchos de ellos están habitados.  Perduran, no obstante, vestigios de los castros, capillas, calzadas, minas o cenobios descritos por la narradora.  Por eso, al final del libro, hay un pequeña guía para que el peregrino pueda reconocerlos y localizarlos.

Se incluyen también unas notas históricas de la escritora, que facilitan la comprensión de los datos históricos y documentados.

 
La historia

Isabel San Sebastián vuelve a la novela histórica con una nueva aventura de Alana de Coaña, «La visigoda», su personaje más famoso, y nos ofrece un viaje fascinante al origen de un camino que cambió la historia del mundo.  El libro describe la primera peregrinación jacobea de la historia.

«Sentí el influjo de esas piedras. (…) Porque si hubierais podido contemplar las maravillas que acompañaron a la aparición del sepulcro, si hubierais visto y escuchado lo que pude ver y escuchar yo, desterraríais de inmediato la duda de vuestro pensamiento»  (página 29)

Los hechos narrados en esta novela recrean el primero de esos viajes.  El que llevó al Rey Casto, Alfonso II, desde su capital de Oviedo hasta un bosque perdido de la remota Galicia, integrada poco antes al pequeño reino cristiano asediado por las tropas de Al-Ándalus.  Este relato se basa en la documentación existente, así como en una antiquísima tradición jacobea, reconocida por la Unesco en 2015 al declarar el Camino Primitivo como Patrimonio de la Humanidad.

Tanto el contexto histórico-político en el que se desarrolla la trama como varios de los personajes que aparecen en ella son reales y responden a lo que se cuenta en las crónicas de la época, cristianas o musulmanas.  La historia se completa con aventuras de ficción que son responsabilidad de la autora.  En la novela, aproximadamente, la mitad del contenido es realidad y la otra es ficción.

La ruta seguida por la comitiva es prácticamente igual al Camino Primitivo, recuperado en la década de los ochenta gracias a la labor de la Asociación Astur-Galaica de Amigos que lleva su nombre.

Si habéis leído la sección «Sobre mí» sabréis que sois una apasionada del Camino de Santiago.  Este año terminé el Camino francés llegando a Santiago de Compostela (sí, tengo pendiente contaros mi experiencia con detalle), por este motivo el recorrido de este libro llamó mi atención desde el principio.  Comprendí perfectamente el cansancio de los peregrinos del relato y, a la vez, su emoción.  El viaje que emprendieron no obedecía a la necesidad o a la lógica, lo que les movía era la emoción, el sentimiento, la fe, la desesperada necesidad de esperanza.

«El camino que he seguido hasta aquí no solo me ha traído al finis terrae, sino a ese escondite interior donde mora el sentido oculto de todo lo acontecido hasta ahora.  Una vez alcanzada la meta, es menester acabar»  (página )

Y aunque, sin ningún tipo de duda, el Camino es el protagonista del libro, hay también otros temas menores que van surgiendo en distintas fases y que hacen apasionante su lectura.  En definitiva, se podría decir que es una novela de aventuras, en la que Alana nos va contando el recorrido de la valiente comitiva que se adentra en las montañas asturianas en plena época de aceifas musulmanas por caminos llenos de peligros y de incertidumbres.

A lo largo de la travesía los miembros del grupo deben enfrentarse a distintos peligros y circunstancias adversas. Percances que deben hacerles reflexionar o que pueden tener una fácil explicación, según la visión de cada uno.  Sucesos como la herradura perdida del caballo Gaut, la escapada de Cobre, la serpiente que espanta a las mulas, la falta de agua y alimento, la tormenta de violencia sin par, un eclipse… contratiempos naturales en un entorno hostil para los caracteres más optimistas, el rechazo de Dios a esa locura para los pesimistas.

Además, Alana nos describe momentos en los que el mal humor es general, en los que impera un ambiente muy tenso, en los que los ánimos andan por los suelos, llegando al sufrimiento físico por la pérdida de provisiones, con la cizaña de la sospecha y la desconfianza, antesala de las disputas, con dudas de si están yendo hacia una trampa por algún enemigo, con la amenaza de un conflicto irreparable, pues todos los elementos se tornan en su contra.

También hay traiciones, hay pasiones, sin olvidar la intriga, hay muertes, engaños y castigos, hechos históricos, bonitos paisajes y los sentimientos de la narradora, como hija, como esposa, como madre y como enamorada en la sombra.

Desde luego, hay amor.  El amor fuerte de juventud que lo ocupa todo, en todo instante, ese en el que el espíritu del otro te ha poseído y merced al mismo cobra sentido la vida.  Y el amor sereno, el que busca signos en los actos del otro, el que encuentra el placer en la compañía, en la admiración del comportamiento del otro.  En cualquiera de esos casos, no existen fórmulas mágicas, más allá de la intuición, simplemente hay que dejarse guiar por los sentimientos.

«Resulta difícil distinguir la admiración del amor o trazar una frontera nítida entre la devoción y el deseo.  Sentidos y sentimientos están más íntimamente ligados de lo que nos gusta admitir.  El amor, cuando merece ese nombre, aspira a la plenitud»  (página 21)

Además, se trata especialmente la situación de la mujer en aquella época, cuando no pueden interrumpir una conversación entre hombres, cuando se piensa que las mujeres no han sido creadas para las letras, si no para cumplir otras funciones, cuando se asegura que ser parlanchina incansable es habitual en el sexo femenino, que la charlatanería hueca es propia de mujeres, que son curiosas, que tienen la necesidad de saber, de adentrarse hasta lo más íntimo del otro para poder así contarlo.  Se considera que la naturaleza de la mujer es inferior, meramente material, frente la superioridad espiritual del varón.

Aunque Alana nos hace partícipes de la fuerza interior de su madre, indispensable para ejercer el poder en el castro, del arrojo de la reina Adosinda, del coraje demostrado en el campo de batalla por infinidad de mujeres desplegadas en el frente en compañía de los guerreros.  Nos cuenta que su madre conoció a una guardiana de la memoria, la última representante de una estirpe extinguida en su momento, alguien que desempeñaba una función tan crucial para la supervivencia del clan como la de los guerreros o las sacerdotisas del culto a la luna.

Nos explica cómo ha cambiado la situación desde antaño, cómo se ha transformado la tradición astur anterior, como la costumbre ancestral de los castros empieza a ser suplantada por la que ha traído consigo el pueblo godo.  A través de sus palabras sabemos que antes la mujer era libre de elegir a su compañero, pero eso cambia tras la llegada del Dios verdadero, a partir de entonces ellos son los que deciden, quedándoles a ellas únicamente intentar el camino de la astucia y llevarlos a través de él hasta el territorio de los afectos.

«A tenor de la conversación que mantuvimos, es de los que considera a la mujer un ser de naturaleza inferior, sin otro papel  que el de madre y amante esposa.  Como él hay muchos en Ovetao.  Cada vez más, a medida que se van perdiendo las antiguas costumbres astures para abrir paso a las de los godos, más parecidas a las imperantes entre los sarracenos del sur.  Lo cual me obliga a redoblar la mano izquierda cuando quiero conseguir algo»  (página 46)

A través de las páginas, conocemos mejor al pueblo asturiano, sus características: resistencia, obstinación, modestia, perseverancia, valentía, determinación, frugalidad, estoicismo, generosidad.   Y su forma de ser: un pueblo orgulloso, empeñado en no rendirse, un pueblo que lucha sin desfallecer contra las huestes de Al-Ándalus, pese a saberse muy inferior en poderío y en número, que presenta batalla con valor y tenacidad, que derrama su sangre sin miedo.  Gentes dispuestas a sacrificarlo todo con tal de evitar la derrota y poder levantar la frente.

La patria de los astures es el refugio de los cristianos que se niegan a renegar de su fe, el hogar de cuantos anhelan vivir libres del yugo islámico, aunque sea a un alto precio, con gentes de coraje y orgullo indomables, con guerreros que prefiern matarse antes de ser esclavizados.  La niebla, su mejor arma defensiva, y la tierra indómita les hace duros ante la fatiga, resistentes, empecinados, difíciles de sorprender, capaces de sobrevivir con casi nada y prestos a combatir hasta vencer o morir.

Y descubrimos cómo se vivía en las aldeas. Sus habitantes tienen que criar, sembrar y conservar todo lo que se llevaban a la boca.  Necesitan cada mano capaz de trabajar, responden a las levas cada vez que había guerra y sufrían las aceifas.  Talan árboles, desbrozan maleza, arrancan raíces, queman, aran, abonan para convertir la tierra en pasto para sus ganados, siembran huertos, hacen despensa, tienen que tirar las provisiones acumuladas cuando la nieve cubría todo.  .

En ellas, viven sobre todo hombres edad avanzada, porque los jóvenes permanecen reclutados para defender el Reino, chiquillos, mujeres humildes, vestidas algunas de ellas a la antigua usanza, con faldas de lana oscura bordadas de flores coloreadas.  Algunas de esas personas habitan en castros, rodeados de murallas protectoras, donde crian a sus hijos, entre callejuelas estrechas empedradas con pizarra negra, desde donde bajan cada mañana a las huertas situadas en el valle o a los prados donde pacen sus vacas.  Otras, la mayoría proceden de lugares devastados por las incursiones sarracenas o incluso de tierras sometidas al islam.  Los más, perseveran en el cultivo de sus presuras y reconstruyen una y otra vez sus hogares después de cada acometida.  Los menos, se han ido agrupando en pueblos de nueva construcción.

También se menciona la unidad de los pueblos, indicando que sin ella, sin la fortaleza que otorga la obediencia a un único rey, no habrá un mañana para su gente.

«Pero, señor, la división solo trae debilidad y derrota.  Bien lo sabemos nosotros, después de que nuestros antepasados godos sucumbieran a la invasión sarracena en razón de sus disputas.  Lo saben los francos, afligidos por las rencillas internas desde la muerte de Carlos el Magno»  (página 408)

 

Los personajes

Si bien el verdadero protagonista es el Camino Primitivo y su origen, la escritora recupera a Alana, personaje que ya aparece en su obra «La visigoda».  Ella es una cronista vocacional, que nos introduce, a través de su diario, en esa primera peregrinación que marcó un camino que ha sido recorrido por millones de peregrinos durante más de mil años. En ese libro anterior citado más arriba (y que no he leído todavía), apenas se menciona el camino.

Creo que Isabel San Sebastián siente un verdadero cariño por Alana y, probablemente, pueda ser porque es una mujer que se le parece en cierto modo.  En primer lugar, por ese deseo de contar lo que está viviendo, como una periodista de nuestra época.  Y en segundo lugar, porque se trata de alguien valiente, con un carácter fuerte, difícil de doblegarse a las imposiciones de la sociedad de su siglo, arriesgada en sus opiniones y poco dada a conformarse con la injusticia o con las opiniones mediocremente argumentadas.

Alana además de adentrarnos en las vivencias de la comitiva, nos cuenta también sus recuerdos, sus sentimientos, la forma en la que es tratada por lo hombres y también sus deseos más ocultos.  Por sus venas corre sangre astur y sangre goda. Su obstinación llega a resultar intolerable, en especial para los varones acostumbrados a tratar con mujeres débiles.  Su empeño en comprender molesta profundamente a quienes aceptan con mansedumbre lo que les dicta la fe.  Es consciente de que debe sujetar su lengua, porque en muchas ocasiones si no habla revienta, y pretende recuperar su fortaleza de antaño.  Ama la libertad, no recula en situaciones complicadas y no está dispuesta a aceptar mansamente el yugo como hacen otros.  Por su amor secreto, le consumen los celos.

Es hija de una de las más reputadas sacerdotisas sanadoras del occidente de Asturias y no olvida esas creencias.  Se cría en un hogar en el que conviven ambas religiones.  Piensa que Dios es Padre y Madre a la vez y también que hombre y mujeres están condenados a amarse. Es escogida por un miserable recaudador de impuestos como doncella destinada al harén de Abd al-Rahmán y enviada a Corduba junto a otras cristianas vírgenes, sin ni siquiera ser consciente de su atractivo, de su piel clara, de su cabello rubio y sus ojos azules.  Viaja desde Coaña hasta Corduba, pasando por Passicim y Toletum, conducida contra su voluntad. Gracias a la intervención de ïndaro no llegan a poseerla.  Con él, emprende con coraje el regreso en pleno invierno, perseguidos por los hombres del califa.

Es viuda de Índaro, con quien se casa a través de un matrimonio concertado siendo una niña.  Él va a rescatarla a Corduba y, más tarde, le ve abandonar su lecho para acudir al de una cautiva mora.  Nunca le falta el respeto, pero le hace vivir la humillación de saberlo feliz en otros brazos.  Y sin embargo, a su muerte le extraña sin dejar de amarle con la bruma del recuerdo, ya que realidad e imaginación suelen fundirse en una misma añoranza. Oculta un sentimiento no confesado y una entrega incondicional a su señor. El deseo de saber, de comprender, de aprender, de anticipar, siempre guía su conducta en detrimento de la discreción, la prudencia o incluso la compasión.

«Mi señor. Amante.  Ejemplo.  Mi amado.  El hombre al que he servido durante toda mi vida con entrega incondicional y un sentimiento inconfesado que lucho por ocultar incluso a mi propia sombra»  (página 204)

Pierde al primero (Pelayo, su primogénito), pero después tiene cuatro hijos, a los que enseña a hablar (le gusta conversar) y también a leer.

  • Su hijo mayor es Fáfila, del que no tiene noticias.  Vive con su esposa e hijos en los confines de Araba.  Un caballero fuerte, orgulloso, fiero, valiente, digno hijo de su padre. Cumple el mandato real de repoblar el territorio diezmado por las sucesivas aceifas y consolidar la defensa de la frontera sudoriental, la más expuesta.
  • Sus hijas, Froia y Eliace.  A Froia, la mayor, Alana la ve a menudo, pues comparte una existencia apacible en sus dominios cercanos a Ovetao en compañía de su marido, antiguo escudero.  Ocho nietos le han dado, de los cuales viven cinco.  Eliace se desposó con un conde de Pompaelo, llamado Tellu.  Fue un matrimonio concertado para tejer lazos entre las dos familias.
  • El pequeño es Rodrigo, clérigo, entregado al servicio de la Iglesia cuando todavía era un niño.  Él es el principal motivo de Alana para emprender el viaje.  El anhelo ardiente de abrazarlo es el impulso que mueve su cuerpo.

 

En la comitiva acompañan a Alana:

Alfonso II, un rey que sufre la soledad desde edad temprana y que, desde que pronuncia sus votos, como el primero entre sus soldados y como espada de Dios llamada a defender la fe de la salvaje acometida caldea, no vacila en cumplirlos.  Pretende defender su credo y su tierra, también conservar y acrecentar el legado visigodo, amenazado de muerte tras la invasión musulmana de Hispania y la pérdida de la capital, Toletum.  No duda en asestar un golpe mortal, ni da la espalda al sarraceno.  No muestra clemencia ante un guerrero derrotado, tampoco la pide.  En el combate es implacable, pero luego es extremadamente piadoso.  No es en absoluto manso y mucho menos jovial, es justo, mesurado y contenido.  Aunque el optimismo es habitual en él, tiende a la melancolía.  Reza a menudo con devoción y rehuye la ociosidad.

Es un rey convertido en leyenda por sus hazañas en el campo de batalla.  Un rey que pone fin a la ignominia de los tributos, plantando cara con arrojo a los estandartes de la media luna.  Un rey valiente y victorioso.  Muestra serenidad en las situaciones difíciles.  Le sobra el coraje, la fe en el verdadero Dios, así como el interés del Reino.  Pesan siempre más en su balanza que cualquier otra consideración, incluida su seguridad, lo cual le hace vulnerable a las conjuras de los villanos.  Ejerce la autoridad de forma natural. Alana admira su fortaleza y su aplomo.

«Yo amo a mi señor sin esperar que me ame.  Sin condición.  Me conformo con la dicha de haber cabalgado tantas veces a su lado y haberle servido con lealtad»  (página 20)

Extraordinariamente atractivo y apuesto, alto de estatura, esbelto de corpulencia, delgado aunque fornido, de nariz orgullosa, frente obstinada, mentón cuadrado, con cabello rubio y rostro ovalado, boca de labios finos bajo el bigote poblado, con excelentes modales, voz suave y palabras cultas.   Privado no solo de la guía paterna y del cariño de una madre, las pérdidas de su niñez producen en él un efecto devastador.  Su piedad, su tristeza, su miedo a desposarse y fundar una familia, pese a mostrarse lleno de arrojo cuando se trata de combatir; su rechazo del amor, su heroica castidad o su dedicación incansable a la guerra. Es un hombre seco, reacio a dejarse guiar, indomable, empeñado en gobernar con mano firme.  Es casto y vive con austeridad rayana en la pobreza.  Sufre privaciones soportadas sin una queja y renuncia a la felicidad.

Odoario, abad del monasterio de San Vicente, un santo varón, contenido, bondadoso y humilde. Un clérigo de edad avanzada que no tiene dudas sobre las reliquias del santo.  De cuerpo enjuto, duramente castigado por las frecuentes penitencias y ayunos.

Sisberto de Toletum, otro clérigo, llegado de Toletum. Sin prudencia, desconfiado y siempre protestando, habla demasiado y suele engolar la voz.  Rechoncho y bajo de estatura. Su rostro es rubicundo, de mejillas gruesas, nariz en forma de nabo, labios finos y barbilla escurrida. Las cejas, tan pobladas como para servir de visera a unos ojillos, con unos mechones grisáceos sobre las orejas a modo de cabellera.  Su frente es un amasijo de arrugas. Puede llegar a ser realmente irritante, con una carácter pusilánime, apocado, de esos que se acomodan fácilmente a la opresión, siempre que encuentren una vía hacia la salvación personal, por abyecta que sea la fórmula. Es astuto, taimado y a la vez tremendamente elocuente. Sostiene que Teodomiro les está engañando y que están haciendo el camino en vano.

Danila, un monje escriba, el integrante más sabio del grupo, el Rey le ha encomendado la tarea de compilar el itinerario.  Es un clérigo arrogante, tan sabio como pedante, despectivo y terriblemente pagado de sí mismo. Su desprecio manifiesto hacia las mujeres constituye una ofensa intolerable en cada conversación mantenida con él, pero de fidelidad indiscutible al Rey.  Considera a la mujer un ser de naturaleza inferior, sin otro papel que el de madre y amante esposa. Su compañía resulta ser la más instructiva.  Alana la admira y detesta, le teme y le busca.

El Conde Aimerico es el consejero más cercano al soberano y probablemente su mejor amigo.  Viudo de su tercera esposa, fallecida en el parto.  Le acompaña su hija Freya, a quien pretende casar con el soberano.  Es tan hábil diplomático como temible guerrero. Y ambicioso.

Freya, dulce doncella de inmejorable cuna y singular belleza. Hija del conde Aimerico, joven, afortunada por no saber de peligros, con una sonrisa constante, con talle esbelto, ojos risueños, voz de terciopelo y mirada fresca, inocente.  Es humilde, bondadosa, sumamente recatada.  Su madre murió en su parto y obedece a su padre, su única familia.  Siente una pasión ardiente, herencia de su sangre astur, llamada a brotar con fuera en cuanto su corazón encuentre al hombre merecedor de recibirla.  Se muestra siempre lozana, por mucha lluvia, calor o cansancio que soporte su cuerpo.

Agila, jefe de la guardia real, no pierde de vista al rey.

Nuño, el inseparable sirviente vascón del rey que no se fía de nadie y que le acompaña por voluntad propia, dado que se trata de un hombre libre.  Un gigante de facciones cortadas a hachazos, barba cerrada, cabello crespo, ojos color azabache, espalda descomunal y palabra escasa, aferrado a sus costumbres ancestrales.  Es un ser peculiar, indescifrable, en quien la rudeza es equiparable a la lealtad. Está siempre alerta, vigilante, protege al soberano con devoción conmovedora.

Dos sarracenos cautivos de diferentes campañas:

  • Tariq, traído de la Gallaecia hace más o menos veinte años, cuando apenas era un muchacho destinado a labores de intendencia en el ejército sarraceno.
  • Muhammed, que procede de la última incursión caldea en el Reino, aún se ven en su pecho las cicatrices recientes de las heridas que lo derribaron. Es de ascendencia siria, por el tono de su piel, más clara que la de los bereberes.  Se trata de un guerrero de familia distinguida, a tenor de las habladurías palaciegas.

Seis siervos cristianos, propiedad de don Alfonso.  Obligados a caminar todo el tiempo por terrenos inseguros, tirando de las mulas cargadas con la impedimenta, sirviendo en lo que les piden el resto de miembros del viaje, realizando las faenas más duras.

Un par de libertos destinados a tareas superiores:

  • Adamino, un cocinero de palacio que no destaca por sus guisos.
  • Una mujer de mediana edad, viuda, callada, sumisa, cuya función es atender las necesidades de la condesa Freya y las de Alana

Una guardia armada de diez hombres.

El mastín Cobre del rey, feliz de salir al campo libre de ataduras.

Los caballos asturianos, rubios, de patas fuertas y crines largas.  Bestias nobles, tan menudas como incansables, capaces de asomarse al precipicio sin temor, incluso cuando ruge el trueno o la nieve oculta el sendero.  Gaut es el caballo joven e impetuoso del monarca.

 

Otros personajes que aparecen:

  • Los padres de Alana, Huma e Ickila. Su madre, Huma, orgullosa jefa del clan, antigua sacerdotisa de la Luna.  Ambos muriendo defendiendo su castro.
  • El fraile Nunilo, joven clérigo que llega a palacio desde Iria Flavia para contarles que las sagradas reliquias de Santiago han sido encontradas.
  • Teodomiro obispo, alto dignatario eclesiástico, uno de esos hombres cuyo poder interior se refleja de forma natural en la actitud. Destaca entre los frailes y sacerdotes que le acompañan en el cortejo.  De estatura mediana, cabello y barba entrecanos, ojos oscuros y piel morena.
  • Pelayo, anacoreta que vive en el bosque de Libredón y ve el baile de estrellas que le conduce hasta el sepulcro de Santiago, de caminar renqueante y manos grandes e inquietas, de ojos hundidos, frente huidiza y boca permanentemente semiabierta.
  • Mauregato, el traidor bastardo hijo de una esclava, que arrebata la corona a Alfonso, obligándole a huir a Araba a fin de salvar su vida.
  • Índaro, el marido de Alana.  Apuesto, nacido para la guerra, nunca mostró interés alguno en cultivarse.  Fuerte, audaz hasta la locura, moreno de cabello y piel, alegre, brutal, amante de los placeres mundanos, ardiente.   Fue el primer fidelis de don Alfonso en Passicim y luchó a su lado hasta su muerte en combate. Aunque ella siempre honró su buen nombre, ese amor sin mácula nunca le impidió venerar con idéntica fidelidad al rey.
  • Ximena lleva toda la vida al lado de Alana, pero no le acompaña en el viaje.
  • El sacerdote Bulgano, retirado del mundo junto a su mujer y sus hijos, enseñó a Alana a leer.
  • Un clérido llamado Félix, cuya existencia transcurría en una biblioteca de Toletum.
  • Fruela, padre del rey Alfonso, murió asesinado a manos de sus propios magnates.  Tiene enemigos poderosos, impacientes por vengar sus excesos.  Enemigos tan crueles y feroces como él mismo, que no se detuvieron hasta ver su cadáver exangüe tirado.
  • Tioda, el arquitecto real que cortejaba a Alana.
  • Adosinda, tía del rey por vía paterna y esposa del príncipe Silo, una mujer valerosa que deposita en su sobrino todo el cariño del que era capaz su corazón generoso.
  • Un guía puesto por los hermanos de Santa María de Obona para aventurarse en las montañas, acompañado de su mastín.
  • Munia, madre del rey, una mujer hermosa, fuerte, fría, brava, triste, una dama de porte regio, antigua prisionera vascona convertida por Fruela en su reina.  Una mujer distante, endurecida por una vida de sufrimientos, incapaz de dar ternura.
  • El ermitaño Fidelio que lleva viviendo en su gruta cerca de treinta años, con la altura de un niño, puro hueso y pellejo cubierto con pieles, va descalzo y su cabeza está prácticamente calva.  Aprovechando los relieves de la cueva, recrea una iglesia de una nave, dotada de altar, columnas naturales y capillas laterales.
  • Atilano, el jefe del poblado, de manos callosas de uñas negras, endurecidas por el trabajo hasta parecer garras y la mujer sin nombre.
  • Assur, guía durante una parte del Camino.  Su bravura no impide una enorme cordialidad. De mediana altura y complexión fuerte, maciza, habla con voz ronca, potente.  Es un trabajador incansable y buen conversador.
  • Los canteros francos, Esteban y Roberto.  Esteban es el maestro, ataviado con túnica ribeteada de azul, sujeta por una bonita fíbula de plata, y manto sobre los hombros.  Roberto, el oficial, tiene un rostro de facciones serenas y una voz grave, no es muy locuaz. Ambos eran personas con educación, acostumbradas a codearse con gentes principales.
  • La abuela de Alana, Naya, una mujer poderosa que luchó con fiereza por defender el derecho de su hija a elegir, y su esposo Aravo.
  • El obispo Dominicus encabeza la comitiva en Lucus, con sus ojos astutos, cabello lacio y gesto altivo, ataviado con suntuosas vestiduras color púrpura. Le aqueja un fortísimo dolor de espalda, para el que sus galenos no encuentran remedio.
  • Claudio, propietario de una hospedería en Lucus y venido desde Corduba. Un hombre indudablemente apuesto, que emana refinamiento. Lleva tintada en la piel el sol dorado del sur.  Recoge su cabello negro con una cinta en la nuca y su barba está recortada casi a ras de mentón.  Arden sus ojos oscuros. Lo suyo no son la guerra ni las intrigas, sino el goce, la sensualidad, cualquiera de las múltiples formas en que se manifiesta el placer. Su aspecto es llamativamente diferente al de la mayoría de los hijos de Asturias.
  • Estefanía, cristiana y una de las dos personas que ayudaron a Alana a escapar de Corduba.
  • El abad Dagaredo del Monasterio de Sámanos.
  • El hermano Berengario en Sámanos, que descubre un importante secret, Juan, el preceptor de don Alfonso allí y Fatalis.

 

Los lugares

Como he dicho anteriormente, el Camino es el principal protagonista de la historia.

A través del recorrido de la comitiva, descubrimos paisajes, lugares, ciudades, monasterios.  Todo comienza en Ovetao, la ciudad elegida por don Alfonso como capital del Reino, que se asienta sobre un altozano.  Situada en el centro de la tierra de los astures, en la confluencia de las calzadas que la recorren.  Protegida por los ríos Nalón y Nora.  Alana nos cuenta cómo van surgiendo edificios grandiosos en ella, después de haber sido destruida por los sarracenos.  Cómo han prendido fuego a sus iglesias y profanado las reliquias que albergaban sus altares.  Ha luchado, sangrado y salido victoriosa del trance.  Y nos relata cómo van dejando a su izquierda la iglesia de Santa María, recién edificada, y al otro lado de la calle la de San Miguel, adosada al nuevo palacio aprovechando un muro de la torre defensiva.

También nos describe el camino y cómo va cambiando conforme avanzan.  Al principio, el camino serpentea, monótono, subiendo y bajando colinas.  En algunos tramos la calzada conserva su antiguo pavimento romano, lo que facilita el tránsito.  En otros ha desaparecido bajo siglos de de maleza, obligándoles a marcha en fila de a uno o como mucho dos en fondo, cuidando de apartar ramas y espinos.  Siguen el curso del río Nonaya, que fluye ruidoso, rebosante de causal a causa del deshielo.  Avanzan por sendas estrechas, entre castaños cuajados de erizos, hayas, robles y abudeles.  Transitan cerca de la sierra de Guarda, donde la calzada se conserva sorprendentemente bien.

«Si en el futuro han de transitar otros peregrinos por aquí -decía don Alfonso-sería bueno señalizar el itinerario convenientemente.  Marcar las mansiones y las mutaciones, además ir creando hospederías donde poder alojarlos.  Claro que eso llevará tiempo.  Lo más urgente es guiar a esas gentes piadosas indicándoles la ruta a seguir.  Pese a la magna obra que nos dejaron los romanos con sus vías, es fácil perderse en estos bosques»  (página 100)

Caminan por sendas bordeadas de fresnos, abedules, avellanos salvajes, castaños y robles cuajados de frutos.  Atraviesan aldeas.  Llegan a Santa María de Obona, que se asienta en un pequeño valle fértil, a los pies de las montañas.  Vive allí una pequeña comunidad de hermanos y hermanas dedicados a labrar la tierra y elevar oraciones a Dios. Cuando salen de allí, la pendiente comienza a empinarse, la vegetación disminuye y aparece la niebla. Recorren llanuras inhóspitas, sin aldeas ni granjas, solo una senda trazada en la ladera del monte por el paso de los pastores trashumantes. La pendiente cada vez se hace más vertical y ambos lados del sendero, sembrado de piedras punzantes, brezo, espinos y retama pintando la hierba rala de ese pasto de altura.

Ven picos y cumbres, barrancos de montaña.  Reaparece la vieja calzada romana que conducía a las minas.  Transitan por escarpaduras abruptas, escasas de vegetación y despobladas. El paisaje se suaviza a medida que avanzan hacia el puerto de La Mesa. Se encuentran con una enclave sombrío, un roquedal de piedra negra.  Serpentean por peñascos negruzcos, asomándose a valles verdes o bordeando pastos grisáceos. Cruzan las aguas del Navia que bajaban bravas.

Después de caminar por una calzada abierta un un bosque tupido de robles, arriban a Lucus, en el día de Santa Ester, con su muralla, sólida construcción de piedra gris, con sus ochenta y cinco torres y sus cinco puertas en pie.  Después al Monasterio de Sámanos, monasterio que alza su figura de piedra negra al fondo de un valle angosto flanqueado por un río, un remanso de paz, un paraíso de abundancia, hay mucho mimo, mucho sudor derramado en cada palmo de tierra.  Cabalgan por sendas estrechas, en medio de bosques tupidos de robles.

Por último, pasan por el Monte do Gozo, desde Lavacolla hasta el sepulcro del Apóstol, en una llanura poblada de vegetación espesa, salpicada de algunos claros.  Un modesto edificio de tamaño reducido, techado a dos aguas de pizarra oscura, con la fachada de piedra muy ennegrecida por la suciedad y una puerta de acceso más baja que el tamaño de una persona.

Asimismo, se habla de Toletum y de Corduba, como recuerdos de la vida de Alana.

Referencias históricas
  • Se mencionan los escritos de Isidoro de Sevilla, San Julián de Toledo y Beda el Venerable.
  • La batalla de la Cova d’Onnica, que restituye la libertad a los cristianos uncidos al yugo musulmán.
  • La historia y el martirio del apóstol Santiago en Jerusalén y su labor evangelizadora.
    «Silenció el verdugo su voz, hiriendo dos veces su cuello hasta desprender su preciosa cabeza del tronco, sin conseguir que esta rodara por el suelo.  El santo la tomó entre sus manos elevadas al cielo y así permaneció de rodillas, sujetándola» (página 44)
  • A lo largo del libro, se explica en numerosas ocasiones la razón por la que se llama a Alfonso II el rey Casto.  Abraza la castidad como penitencia autoimpuesta por los pecados de Hispania, como sacrificio propiciador de la misericordia divina, indispensable en la tribulación que le aflige, a él y al pueblo.
  • Batallas decisivas contra los mahometanos, como la de Lutos, merced a las cuales Asturias goza de fronteras seguras.
  • El Arca de las Reliquias y cómo salió de Jerusalén en tiempos de la invasión persa.
  • Los vikingos, invasores que aterrorizaron a los cristianos de la Britania.
  • Beato, el tartamudo de la Libana, que compuso una loa a Santiago.
  • La brutal aceifa capitaneada por Abd al-Karim en el verano del año 795.
  • Antes de ser cristiana, la cruz era reconocida por los pobladores ancestrales de Asturias como un signo protector destinado a ahuyentar el peligro.  La tallaban en sus puertas y en sus aperos de labranzas, en las cunas de sus hijos y en las yuntas de sus bueyes, con el propósito de alejar la enfermedad o combatir sortilegios.
    «Algún día este camino estará señalizado por cruces, hermano.  Y serán de piedra» (página 101)
  • El Códice de belleza sobrecogedora, pergamino de la mejor calidad, elaborado con la piel más suave y cosido en páginas idénticas, tintadas de azul o de rojo a fin de la subrayar la importancia de determinados paisajes.  Letras en blanco, dorado y carmesí, con ornamentación exquisita, iluminación polícroma en toda una paleta de tonalidades.
  • Una antigua mina de oro, con un pasado salpicado de gloria y de espanto, con cautivos obligados por los romanos a escarbar las entrañas de la tierra en busca de ese tesoro maldito.  Un túnel negro, amenazador, en cuyo interior todo sería atroz sufrimiento, dolor, desesperanza, muerte.  Aquellos que pasaron por ese lugar, dejaron marcadas las piedras con sus cinceles y su sangre, sin otra esperanza de liberación que la muerte.
    «Entonces entraban los cautivos a rematar la faena, dejándose la piel hecha jirones en los túneles a fin de enriquecer a sus dueños» (página 167)
  • Alfonso, duque de Cantabria, unido en matrimonio a Hermesinda, hija de Pelayo. Su memoria es merecedora de loas reverenciales.
  • Varias referencias a la virgen Egeria, hija de una familia patricia, y su peregrinación desde Gallaecia natal a Tierra Santa, un larguísimo viaje por todo el orbe, que le llevó a los sacratísimos lugares del nacimiento, pasión y resurrección del Señor, visitando sepulcros de innumerables santos, para hacer allí oración.  Soportó con fervoroso espíritu privaciones sin cuento, cansacio y dolor, sin amilanarse ante obstáculo alguno ni dejarse amedrentar por la ferocísima crueldad de las gentes impías que se cruzaron en su camino, ofreciendo votos al Dios omnipotente.
  • Se explica en varias ocasiones, las doctrinas heréticas de Elipando, un metropolitano que gobernó la prelatura primada de Toletum, que causaron mucho daño a la Iglesia. Sostenía que Jesús era hijo natural de Dios en su faceta divina, pero hijo adoptivo en la humana.
  • La repoblación en la zona de frontera, para llevar lejos el orden, la ley, el nombre del Rey, su justicia y, por supuesto, la fe.  Poblar es velar por la integridad del Reino, defendiéndolo de sus enemigos.
  • El emir de Corduba, Hixam, apoderado el Pelirrojo, que veía en cada musulmán un soldado y en toda Al-Ándalus un ejército imbuido de un único mandato divino: aniquilar cualquier resquicio de resistencia cristiana en la península y acabar de una vez por todas con la rebeldía de esos montañeses.
  • Alusión al tremís, una moneda acuñada en alguna cena goda antes de la invasión.
  • El reino franco y Carlos el Magno.  Desde su ascenso al trono no había dejado de ampliar los confines de su imperio, sometiendo a longobardos y sajones.  Sus dominios se extendían de oeste a este entre los montes Pirineos y los Cárpatos y de sur a norte entre el mar Mediterráneo y el del Norte. Su hermana, la princesa Berta, casi se convirtió en la esposa de don Alfonso, incluso se llegó a redactar un documento con el fin de celebrar el enlace por poderes, aunque finalmente quedó en nada.
  • A la muerte de Witiza, las disputas entabladas entre sus hijos y Rodrigo, que llevaron a la pérdida de Hispania a manos de los musulmanes.
  • La Batalla del Monte Cupeiro, en la que se batieron las tropas de los gallegos alzados contra su príncipe Silo, esposo de la reina Adosinda. Toda la Gallaecia se levantó en armas contra su legítimo señor, quien se vio obligado a doblegar la sublevación por las armas.  Merced al triunfo de Silo se consolidó el Reino de Asturias.
  • El ejemplo de Pelayo y sus guerreros.
  • La forma de escribir.
    «Con el propósito de evitarlo, yo misma he puesto a buen recaudo este manuscrito en un rollo bien apretado de cuero, con las plumas de ganso, el tintero, los polvos secantes y el pergamino de reserva» (página 243)
  • El último banquete servido en la residencia episcopal de Toletum, al que asistió Sisberto.
  • Desastre de Guadalete.
  • Banquete suntuoso servido en Lucus por Claudio, un cristiano andalusí: gazpachuelo de cebollas y ajos aderezados con miel, vinagre y diminutos trozos de pan, truchas de río fritas en aceite guarnecidas con naranjas secas, mazmorra de berenjenas, cebollas, almendras y ajos, bolas hechas de carne de cordero picada, un guiso romano, unas gachas de harina de guisantes secos cocidos en vino y arenques ahumados.
  • El reinado en Al-Ándalus de Al-Hakam, cuya crueldad llegó a ser legendaria.
  • Las Predicciones de Beato sobre el fin del mundo en su monasterio de la Libana.  Fraile dotado de una inteligencia preclara compensada por un cuerpo deforme y una severa tartamudez.
  • Una rebelión de siervos que tuvo que someter el príncipe Aurelio.
  • La caída de las Águilas de Roma.
  • San Agustín nos enseña que Dios se vale de los difuntos para llevar mensajes a los vivos.  Gregorio Magno nos habla del Purgatorio, donde aguardan las almas de quienes, sin haber alcanzado por mor de sus obras el cielo.
  • La muerte de Vímara.
  • San Isidoro trazó en sus Etimologías el mapa de la Tierra, plana, tripartita y circular, cuyo confín septentrional se encuentra prácticamente a la vista.

 

En resumen… «La peregrina»

Hay varios motivos por los que, sin ningún tipo de duda, os recomiendo la lectura de este libro y os animo a que os adentréis en sus páginas con calma y ganas de disfrutarlo.

En primer lugar, porque su lectura te anima a hacer el Camino, el Primitivo o cualquiera de los otros, ya que es una experiencia única, tal y como ocurrió en esa primera aventura desde Oviedo.  Después de haber completado el Camino Francés caminando, yo solamente puedo decir que el esfuerzo que requiere merece totalmente la pena, porque compensa en otros muchos aspectos.  Por las personas con las que te encuentras, por los diferentes paisajes que te permite disfrutar, por las conversaciones que puedes mantener con tus acompañantes, por el diálogo constante que puedes mantener contigo mismo, por el tiempo que te brinda para pensar, por los lugares que puedes conocer… incluso por la gastronomía que puedes ir degustando.

Tal y como se dice en el último capítulo, atrae a peregrinos de todo el orbe, de toda condición y por distintas razones, vienen llenos de saber a implorar la bendición del santo y hablan múltiples lenguas.

La novela brinda la oportunidad de saber cómo se inició esta tradición, que actualmente está más vigente que nunca, que atrae a gente desde muy distintos puntos de origen.  Peregrinos que inician sus pasos por distintas razones, pero que sienten en sus corazones muchas emociones y multitud de sensaciones únicas que dejan un recuerdo imborrable.  Nadie puede «ileso» en su corazón después de haber hecho el Camino, después de haber repetido «Buen camino», después de haber sentido la satisfacción de terminar cada etapa con un profundo cansancio, con los pies doloridos, con una huella para siempre.

A través de las líneas de Isabel San Sebastián, puedes compartir las sensaciones del camino. que es como un viaje, es como una vida concentrada en el espacio de pocos días, buscando un propósito que dé sentido a tanta fatiga, persiguiendo una meta que no siempre tenemos clara.  Y sí, es cierto, en el recorrido, como en nuestra existencia se suceden momentos de todo tipo, algunos de felicidad y otros de sufrimiento.  Afortunadamente hay tiempo para reír, aunque también lo hay para llorar.  Y nos vamos cruzando con distintas personas, algunas recorren toda la senda con nosotros, pero otros solamente un tramo.  Hay encuentros y también hay despedidas, hay quien anda junto a ti siempre y quien se despide seguramente hasta nunca.

Realmente hay sensaciones que solo puedes comprender si has hecho el camino, como la certeza de que bajar una cuesta empinada resulta mucho más penoso aún que subirla. A ves el itinerario se hace un poco más cuesta arriba, y no solo por la abundancia de repechos, que después hay que bajar con el consiguiente desgaste, sino por la fatiga acumulada. Sensación que es aplicable a muchas situaciones de la vida.  Incluso es real que pasa esto:

«Juro que en más de un momento parecía alejarse de nosotros, como si camináramos hacia atrás en lugar de hacerlo hacia delante» (página 219)

A través de esta historia, puedes sentir la gratitud de los pequeños gestos, por un poco de agua cuando tienes sed, por algo de alimento cuando desfalleces un poco, por unas palabras de ánimo cuando crees que no puedes seguir.  O como cuando alguien te entrega un sencillo palo de madera en el que apoyarte para caminar, con el fin de dar firmeza a las piernas y aliviar la carga que representa tu propio cuerpo.  O como cuando sientes a alguien a tu lado, para entablar una conversación o compartir la marcha en silencio.

También es recomendable porque aprendes en cada capítulo, con las explicaciones de los hechos históricos, con las descripciones de los personajes históricos, con las referencias a acontecimientos del pasado, al carácter de un pueblo, con los cuidados detalles con los que se recrean los distintos paisajes, la montaña, los bosques, las ciudades, los monasterios, la mina de oro, el sepulcro del Apóstol Santiago…

También porque se transmiten unos valores que hoy escasean o no se consideran relevantes a pesar de su importancia, como el esfuerzo, la capacidad de sacrificio, la valentía, la lealtad, la sabiduría, la integridad, la fuerza de voluntad, la sencillez, el respeto, la generosidad, la fortaleza, el coraje o el honor.  Y, a la vez, se condenan las medias tintas, la traición, la cobardía, la falta de ganas de aprender, de prosperar, de luchar, la cizaña, la desconfianza, la sospecha.

Me gusta mucho Alana, por su interés, por sus ganas de saber, por su forma de valorar el tesoro escondido en el interior de los libros, porque por ser mujer tiene que escribir con suma cautela, a resguardo de miradas hostiles. Reconoce que ha sido tanto el placer que ha obtenido leyendo, tanto lo que ha aprendido y gozado al hacerlo, que siempre ha querido compartir esa dicha con otros.  Valora la sabiduría. Prefiere ser temida u odiada antes que compadecida, no sabe guardar rencor, siempre está dispuesta a ayudar. Empatizo con su optimismo, sabe que le queda mucha vida por vivir, muchos sueños por soñar, mucho amor que regalar, mucho por descubrir, aún más por aprender y relatar.

Es curiosa, se hace preguntas, se cuestiona lo establecido, no se conforma con el papel que atribuyen a las mujeres, además quiere incluso comprender el porqué de esa maldición perversa que nos aboca a luchar contra todo aquello que nos hace humanos, sabiendo que de antemano que la lucha está perdida.  Es capaz de reconocer sus defectos y habla de ellos, no se esconde a la hora de mostrar sus dudas, sus debilidades, pero también conoce su fortaleza, valora su intuición, se compromete y es leal hasta el extremo.

Tiene mucha razón en bastantes de sus reflexiones.  Se nota que vida no ha sido fácil.  Sabe que todas la vidas están marcadas por cicatrices, como las que dejan el miedo, la cobardía, la envida, la mentira o la tiranía, pero en todas hay también sitio para la generosidad , la valentía, la nobleza o el perdón.

«Fortuna y merecimiento rara vez caminan juntos, al menos por los caminos del mundo» (página 219)

Y, por supuesto, en el libro me ha encantado la referencia a la Virgen del Pilar y a Zaragoza.  Como la mayoría de los zaragozanos, soy devota de nuestra Virgen, voy a verla a menudo y me siento bien allí, contándole mis cosas, pidiéndole consejo y consuelo, sintiéndome más cerca de quien tanto me falta.  No puedo estar cerca y no entrar.

«Y fue precisamente en el oriente de la península, cerca de la antigua Caesar Augusta, donde se le apareció la Santísima Virgen María, en lo alto de una columna, para rogarle que volviera sin tardanza a Jerusalén» (página 484)

En definitiva, os recomiendo su lectura, con mucha atención en todos los detalles y aprendiendo parte de nuestra historia.  Y también os invito a hacer el Camino de Santiago, porque es una experiencia única.

Y, ya sabéis, cuando lo hayáis leído ¡contadme vuestra opinión!

 

Mis fragmentos preferidos 

«El alma noble se refleja en una mirada limpia, del mismo modo que el mal termina afeando los rasgos.  El espíritu aflora antes o después, hasta hacerse perceptible a la vista, si quien mira sabe hacerlo traspasando la superficie» (página 20)

«Es tanto el placer que he obtenido leyendo, tanto lo que he aprendido y gozado al hacerlo, que siempre he querido compartir esa dicha con quienes viniesen detrás de mí.  Dejar testimonio escrito de lo que nos ha tocado vivir, sufrir, luchar…» (página 33)

«La juventud, en su soberbia, tiende a creerse eterna… ¡Craso error donde los haya!» (páginas 68)

«Porque lo amo con amor limpio, porque le he servido lealmente durante varios lustros, me atrevo a ponerme en su lugar, sabiendo que el amor es la única llave capaz de abrir la puerta al verdadero conocimiento» (página 72)

«Una capacidad de adivinación de la que renegaría gustosa, pues no existe peor condena que intuir lo que va a suceder sin tener medios ni poder para alterar el rumbo de las cosas» (página 94)

«Algunas emociones son tan fuertes que dejan una huella imborrable.  El amor, el odio, el sufrimiento del alma que se sabe condenada, la pena que sobreviene ante la pérdida de un ser querido…» (página 139)

«No existe peor veneno que el nuestro; el de los humanos» (página 157)

«Quienes hemos tenido la dicha de amar y sufrido el dolor de perder al ser amado llevamos clavado un cuchillo en el pecho.  Una daga que es a la vez nostalgia y búsqueda desesperada de alguien capaz de suplir esa pérdida, llenar ese vacío, colmar esa ansia de entrega sin la cual la existencia se convierte en algo pálido y tedioso» (página 197)

«Manos que no dais, ¿qué esperáis?» (página 218)

«No hablo de truenos o lluvia, no.  A eso estoy acostumbrada.  Me refiero a las tormentas que desatamos los humanos, infinitamente más dañinas» (página 241)

«Yo me he quedado unos instantes quieta, pensando que este viaje, todos los viajes en realidad, aunque en este lo perciba de manera más clara, son como una vida concentrada en el espacio de pocos días: buscamos un propósito que dé sentido a tanta fatiga, perseguimos una meta no siempre dispuesta a mostrarse de manera inequívoca, contemplamos distintos paisajes, tenemos momentos de felicidad seguidos de cerca por otros de sufrimiento, reímos, lloramos y nos cruzamos con gentes que recorren junto a nosotros un tramo del sendero, para luego despedirse seguramente hasta nunca» (página 256)

«Hoy la vida me ha enseñado a cuidarme de amenazas infinitamente más dañinas: la guerra, la mentira, la traición, la ira desatada en barbarie ciega, la enfermedad, el hambre o la incertidumbre respecto de los seres queridos, que constituye seguramente el peor de todos los tormentos» (página 364)

«También he revivido el placer intenso de constatar que esos tesoros no me estaban ya vedados, pues el don bendito de la lectura me había proporcionado la llave para descifrar sus secretos» (página 372)

«El destino se ensaña a menudo con quien menos lo merece.  Algunos seres abyectos gozan de una larga vida, prácticamente ayuna de sacrificios, mientras otros, repletos de coraje y generosidad, padecen miserias inicuas» (página 374)

«Con el paso de los años, las ausencias duelen cada vez más, como les ocurre a los huesos.  Al igual que estos, ganan peso.  Se agrandan.  Una ve crecer el vacío que han ido dejando alrededor los que marcharon, ya fuera de su lado o de este mundo, y se dice que su vida se compone ya principalmente de recuerdos» (página 295)

«En la oscuridad de la noche, rodeados solo de tinieblas, nuestros pensamientos cobran una fuerza inusitada.  Ajenos a las distracciones que trae consigo el día con su forma y sus movimientos, se agigantan hasta adueñarse de nuestra cabeza.  Si son alegres, si versan sobre proyectos o recuerdos hermosos, hacer de esa oscuridad una estancia cálida en la que recogerse a reposar.  En caso contrario, la convierten en mazmorra sin escapatoria posible» (página 429)

«(…) pues la única llave capaz de abrir ciertas cerraduras es el amor que no muere; ese vínculo imperecedero que nos transmite la familia y a veces, en contadas ocasiones, la devoción incondicional hacia la persona que nos estaba destinada.  En ese amor, incomparable a cualquier otro sentimiento, radica el misterio de los sueños» (página 430)

«Danila es la prueba viviente de que la sabiduría no es únicamente un don, sino una virtud adquirida, a base de voluntad y constancia» (página 436)

 

Los fragmentos que me hicieron reflexionar

«Danila y yo tenemos edad suficiente para saber que lo más impresionante en apariencia rara vez es lo mejor, mientras que la humildad esconde con frecuencia virtudes de gran valor» (página 65)

«Le oigo hablar de estas cuestiones y me sorprende sobremanera lo distinta que puede llegar a ser una misma persona, dependiendo de la circunstancia en que se halle» (página 103)

«Claro que, en la bruma del recuerdo, realidad e imaginación suelen fundirse en una misma añoranza, ¿no es así? Esa es parte de la magia que mantiene vivas en el corazón a cuantas personas dejaron en nuestra existencia la marca indeleble de su amor» (página 197)

«Si algo tiene de bueno la humillación es que, superada a base de fortaleza, actúa como un poderoso acicate» (página 243)

«Un camino que, en el fondo, todos recorremos en soledad, pese a buscar desesperadamente alguien con quien compartirlo» (página 256 y 257)  

«El destino es caprichoso.  Le divierte sobremanera echar a perder nuestros planes» (página 364)

«Abandonar esa convicción es sucumbir al enemigo que todos llevamos dentro.  El peor de cuantos hemos de afrontar» (página 416)

 

Palabras aprendidas

  • Tempestiario: (No está registrada en el diccionario de la RAE)
  • Pomo: En este caso: Frasco o vaso pequeño de vidrio, cristal, porcelana o metal, que sirve para contener y conservar los licotres y confecciones olorosas.
  • Báratro: Infierno (lugar de castigo eterno).
  • Loriga: Armadura para proteger el cuerpo, hecha de láminas metálicas pequeñas e imbricadas.  Armadura del caballo para la guerra.  Pieza de hierro circular con que se reforzaban los bujes de las ruedas de los carruajes. .
  • Azcona: Arma arrojadiza, como un dardo, usada antiguamente.
  • Triscar: Enredar, mezclar algo con otra cosa.  Torcer alternativamente y a uno y otro lado los dientes de la sierra para que la hoja corra sin dificultad por la hendidura.  Hacer ruido con los pies o dando patadas.  Retozar, travesear.  
  • Escanda: Especie de trigo, propia de países fríos y terrenos pobres, de paja dura y corta, cuyo grano se separa difícilmente del cascabillo. 
  • Moloso: En este caso: Dicho de un perro: De una casta procedente de Molosia.
  • Manípulo: En este caso: Ornamento sagrado de la misma hechura de la estola, pero más corto, que por medio de un fiador se sujetaba el antebrazo izquiero sobre la manga del alba. 
  • Xana: (No está registrada en el diccionario de la RAE) Por el contexto, son criaturas invisibles cuya presencia entre nosotros se evidencia a través de sus obras. De las xanas conviene guardarse, porque pueden arrastrarte a las profundidades que habitan.
  • Saín: En este caso: Grosura de un animal.  Aceite extraído de la gordura de algunos peces y cetáceos.
  • Probidad: Honradez.
  • Pedules: (No está registrada en el diccionario de la RAE) En internet he encontrado esto: «Pedules o peales: recubría el pie por completo y se abrochaba con cuerdas y cintas. Se hacían de sayal (tela de lana muy burda) o con piel de oveja».

 

 

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