Comparto con vosotros un nuevo microrrelato, en concreto «Reiniciar». Recientemente me presenté al IV Premio Avanza de Microrrelatos ‘Historias de autobús’ – Feria del Libro de Zaragoza. Un concurso organizado por Avanza y la Feria del Libro de Zaragoza para fomentar la creación literaria en forma de microrrelatos. Fue mi hija la que me animó a presentarme. ¡Cómo me gusta que crean en mí! No, no conseguí el premio, pero lo intenté gracias a ella y eso me hizo feliz.

Los relatos tenían que estar inspirados en el bus urbano y todo lo que puede suceder en torno a un trayecto. La extensión máxima de cada microrrelato era de 250 palabras.
Con esas condiciones, dejé volar mi imaginación y este fue el relato que presenté. Espero que os guste, no dudéis en dejar vuestra opinión en «Comentarios».
Mi microrrelato «Reiniciar»:
Zaragoza, 2035. Un cruce de calles. Un vehículo detenido.
Sí, jefe, lo sé, es un autobús totalmente automatizado, de última generación. Si sufre una avería de este tipo, debería reiniciarse, pero algo no está funcionando correctamente.
Eso es, se ha quedado parado, ha emitido la señal para que los viajeros bajasen y, tal y como está programado, ha empezado a cargar de nuevo el sistema operativo. Ya sabe, eso es imprescindible para restablecer los valores de fábrica y que pueda reanudar el trayecto.
Se lo he intentado explicar varias veces. Eso no ha sucedido. Yo tampoco podía creerlo al principio, hasta que lo he visto. Es como si no quisiera ponerse en marcha otra vez. Hace un sonido extraño y el proceso se detiene de golpe.
Claro, lo repito: se apagan el motor y las luces, quedan las de emergencia, se enciende una bonita música de fondo. En la pantalla empiezan a aparecer unas frases extrañas: “la risa del niño travieso en su silla”, “aquellas manos entrelazadas en la última fila”, “el perfume de esa anciana que se sujeta fuerte”, “el joven que ha tenido un mal día y cede su asiento”, “la madre que va a visitar a su hijo al hospital”, “el estudiante que se dirige a su último examen” o “la novia que va a la estación a recogerlo”. Y la mejor: “soy parte de esas historias”.
Lo sé, es una auténtica locura. No se ría, por favor.
Estoy convencida de que el autobús está recordando.


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