Microrrelato Demasiada imaginación

Microrrelato «Demasiada imaginación»

Comparto con vosotros un nuevo microrrelato, en concreto «Demasiada imaginación«. Recientemente me presenté al I Premio Avanza de Microrrelatos ‘Historias de autobús’ – Feria del Libro de Zaragoza. Un concurso organizado por Avanza y la Feria del Libro de Zaragoza para fomentar la creación literaria en forma de microrrelatos.

Los relatos tenían que estar inspirados en el bus urbano y todo lo que puede suceder en torno a un trayecto. La extensión máxima de cada microrrelato era de 250 palabras.

Con esas condiciones, dejé volar mi imaginación y este fue el relato que presenté.  Espero que os guste, no dudéis en dejar vuestra opinión en «Comentarios».

Mi microrrelato «Demasiada imaginación»:

Me gusta más ir pegada al cristal, viendo sin mirar la ciudad que se mueve detrás, ajena a mis preocupaciones y pensamientos.  Aunque, a veces, dejo mi mente en blanco y me centro en la música que absorben mis oídos, que se preguntan la razón de ese ruido innecesario sin mandar ninguna orden al cerebro. En cambio, hoy he decidido sentarme y he elegido pasillo, claro signo de que algo no iba a salir bien.  Me ha pedido pasar y yo, sin mirarla, he girado mis piernas con cara de hastío.  En otras ocasiones, sonrío, pero no estoy de humor, es lunes todavía.   Me he dado cuenta de que lloraba, disimuladamente y sin llamar la atención.  He desviado mis ojos hacia otros viajeros, intentando distraerme y, al mismo tiempo, preguntándome qué le podría suceder.  Como siempre, mi fantasía ha volado libre y ha inventado enormes catástrofes para ese llanto, desgracias gigantes dentro de una vida terrible.   Soy así, creo mundos paralelos para no perderme en el mío, tengo alma de escritora y la mano vaga, nunca termino mis relatos.  Me mata mi indecisión, no sé si preguntarle u optar por no meterme en líos, no la conozco.  Faltan bastantes paradas para mi destino, me da tiempo de escucharla si quiere contarme sus problemas.  Apoyo mi mano en su brazo y le susurro. 

Ella ha bajado antes y desde la ventanilla me he fijado en que las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas, sin un consuelo, sin una palabra de aliento.  

 

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