Reseña «La nostalgia del limonero«

Mari Pau Domínguez 

Reseña La nostalgia del limonero 1 Mis Palabras con Letras

Páginas: 430

Curiosidades

Comienzo esta reseña de «La nostalgia del limonero» indicando que hasta ahora no había leído ningún libro de esta autora.

Desde que en 1994 Mari Pau Domínguez publicara su primer libro, «Aprendices de divos«, han aparecido sus novelas «La tumba del irlandés» (2000), «Dime que no eres tú» (2006), «El diamante de la reina» (2008), «La casa de los siete pecados» (2009) –distinguida con el I Premio Caja Granada de Novela Histórica– y «Una diosa para el rey» (2011), así como el ensayo sobre maternidad «Ahora o nunca». Además, es autora del poemario «El universo en ciernes», que se ha convertido en un discolibro en el que han colaborado entre otros Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel y Luis Eduardo Aute.

En esta novela, la escritora recupera, a través del ejemplo de sus padres, la historia de los andaluces que emigraron a Cataluña en los años 50 y 60 en busca de un «futuro mejor».

Mari Pau Domínguez ha explicado que, a pesar de la polémica en Cataluña, éste era el «mejor momento» para publicar esta historia.  Porque las personas que emigraron desde otras partes de España vivieron un fenómeno social «que a muchos hoy en día no les interesa reconocer».   Ella cree que «es de justicia reconocer la gran tarea que tuvieron los miles de españoles que huyeron de la miseria porque fue muy duro, especialmente para las mujeres. Hay que reconocer que contribuyeron a que Cataluña fuese la zona próspera y rica de España».

También ha subrayado que «los políticos independentistas son muy irresponsables.  Los que dicen que hoy en día estamos viviendo en un régimen dictatorial, están faltando al respeto a quienes realmente expusieron su vida defendiendo la libertad, en una época en la que realmente había represión. Me parece muy indignante»,

 

Sinopsis

En las páginas de esta novela «La nostalgia del limonero» al lector le parecerá que se reencuentra con viejos conocidos, casi parientes muy cercanos cuya historia no sólo merece sino que conviene recordar.  Sus protagonistas son Concha, andaluza emigrada a Cataluña en los años 60, y su hija Paz.

Tras un traumático divorcio que la deja prácticamente en la ruina, económica y también emocional al comprobar que su matrimonio había sido una farsa, Paz regresa a la antigua casa familiar, un lugar del que se fue para no volver. Estaba harta de ser «la catalana» durante los veranos en el pueblo de Sevilla de donde proceden y «la andaluza», el resto del año en su barrio de Barcelona. Vuelve con muchas cuentas pendientes y una amarga sensación de fracaso que cuadra muy bien con la crisis social y política del país.

Paz nunca ha conocido los detalles de la historia de su madre, Concha, una mujer llena de energía y pasión, que va plantando cara a los reveses que se le van presentando.  La decepción de su matrimonio, las terribles riadas de 1962, la dureza de los primeros años en Cataluña, la imposibilidad de realizarse a través de una historia de amor en la madurez y la distancia cada vez mayor con su única hija, en la que proyecta todas sus ilusiones.

 

Mi opinión 

Estructura

La novela está estructurada en cuatro partes, bien diferenciadas que facilitan la lectura y enmarcan los hechos en cada uno de los escenarios:

OSUNA (años 50 y 60.  Del capítulo 1 al 17)

EL SUEÑO CATALÁN (años 60 y 70.  Del capítulo 18 al 26)

BARCELONA (Años 70 y 80.  Del capítulo 27 al 35)

PAZ (Años 80.  Del capítulo 36 al 44)

Además de una «Nota preliminar» en la página 11, hay otros capítulos independientes.  «Cenizas» en la página 13. «Resentimiento» en la página 181. «Ruinas» en la página 255. «Los años perdidos. Primera parte» en la página 345. «Los años perdidos. Segunda parte» en la página 417 y «Diego regresa a Osuna, por fin» en la  página 427.

Abarca, tal y como sucedía en la reseña anterior, un largo periodo de tiempo.  Concretamente, desde 1955 hasta 2012, con dos escenarios principales, por un lado Osuna en Andalucía y por otro Barcelona en Cataluña.  Dos regiones muy diferentes, con dos protagonistas muy distintos.

 

La historia

Aunque la historia de este libro es ficción, está basada, tal y como se explica en la «Nota preliminar» en la biografía de miles de hombres y mujeres.  Personas que tuvieron que huir de la miseria de la tierra que les vio nacer, entre los años 50 y 60.  Se nota que la narradora ha vivido muy de cerca esta situación y conoce, de primera mano, historias similares, incluyendo la de sus padres.

«Y progresaron, ayudando, al mismo tiempo, a hacer más próspera una tierra que acabaron considerando suya» (Nota preliminar)

 

A través de Diego y de Concha, conocemos dos formas de afrontar la emigración,  a la que se vieron abocados tantos andaluces, murcianos, extremeños y otros españoles. Buscaban simplemente poder trabajar y labrarse un futuro. En este caso, él vive sumido en la nostalgia, materializada en el limonero que plantó su padre y con el deseo perpetuo de volver a su origen, manifestando este anhelo continuamente.  Mientras, ella va acostumbrándose con esfuerzo a ese destino tan diferente, afrontado los cambios con ganas de prosperar, con capacidad de adaptación.

«Ella nunca entendió la razón por la que su marido no consiguió adaptarse a la vida en Cataluña, donde pasó más de cincuenta años y donde tuvo a su hija Paz, y donde prosperó… Está claro que nada de eso pudo con la melancolía y la añoranza»  (página 14)

 

Junto a ellos, vamos poniéndonos en la piel de los hermanos de Concha, Manuel y Carmen, de sus amigos conocidos en el trabajo o en el barrio, de su vecina… todos ellos emigrantes. Unidos ante las dificultades e intentando compartir los problemas y las carencias, apoyando al que se viene abajo o al que le acecha la enfermedad o la tragedia.  Se alivian juntos del desgarro causado por la distancia de los suyos.

 

Es interesante también la perspectiva de la hija, criada en Barcelona desde muy pequeña.  Una joven que se siente catalana en Osuna y andaluza en Cataluña.  No acaba de encontrar su sitio y espera dejar el barrio obrero deprimido en el que viven al principio, porque ve droga, conflictos y violencia. No obstante, ese mismo escenario de aquellos barrios hace de ella una joven creativa y soñadora, dotada con una notable capacidad para inventar mundos imaginarios que le ayudan a evadirse del suyo.

«…entre los que había muchos charnegos (la primera vez que alguien la llamó «charnega» lo recibió como un escupitajo en la cara, fue un idiota de la zona alta que presumía de apellidos catalanes) (página 314)

 

Asimismo, vemos la evolución del papel de la mujer en las décadas en las que está dividida la historia.  A Concha sus padres no le dejan estudiar, a pesar de su empeño, de sus súplicas y de su fuerte deseo de ser enfermera, para ayudar a los demás. Consideran que estudiar es cosa de hombres y no aceptan ofrecerle la posibilidad de formarse, que sí le dan a sus hermanos varones.  Cuando intenta matricularse, le preguntan si lo saben sus padres o su novio o si cuenta con autorización.  Ella solamente puede prepararse para ser una buena esposa y ama de casa.

«Esa noche, Concha reemplazó el sueño por las lágrimas que brotaban de la incomprensión y que anegaron definitivamente sus anhelos de un porvenir que, al parecer, no le correspondía por el mero hecho de ser mujer» (página 20)
«Céntrate en lo que estás aprendiendo en la Sección Femenina, que eso sí te servirá para cuando te cases, y olvídate de ese disparate de querer tener unos estudios que no van a servirte de nada.  Para eso ya están tus hermanos» (página 22

 

Después, cuando tiene la intención de trabajar fuera de casa para ganarse el pan, Diego le argumenta que una mujer de su casa no puede trabajar fuera como si se tratara de una fulana cualquiera y no da su brazo a torcer, hasta que ella no cede y lo hace.  Por eso, le repite continuamente a su hija que estudie, que no dependa de nadie, que tenga una buena formación. De hecho, a Paz le gusta presumir ante sus amigas de madre moderna que trabaja en una oficina, un símbolo de que se adaptan a los nuevos tiempos.

«¿Cómo va a tener carné de conducir una mujer? La culpa de esto la tiene el trabajar fuera de casa.  Ya sabía yo que no nos traería nada bueno» (página 286)

 

Incluso su padre, Diego, no le encuentra sentido a que su hija estudie una carrera, a pesar de sus buenos resultados y de la evolución de la sociedad.  Según él, es una pérdida de tiempo para una mujer y cree que sacaría más provecho a un curso de cocina o de banca, que a la Universidad. Aunque Paz consigue alcanzar uno de los sueños de su vida: estudiar en la universidad.  Lo que no había podido hacer su madre.

Se plantean diversos aspectos relacionados con la mujer en el pasado.  En el inicio, en un entorno rural como es Osuna y reflejado en Concha. La intromisión de su familia en sus sentimientos.   La imposición de lo considerado aceptable para una muchacha decente. La diferencia abismal entre hijos e hijas, por su sexo.  La relevancia de los roles establecidos socialmente.  La ausencia de diálogo o la falta de las charlas necesarias sobre el sexo. Posteriormente en una gran ciudad, sorteando los convencionalismos establecidos, tratando de tomar sus decisiones.  Oponiéndose a las normas marcadas y tomando las riendas, pese al inmovilismo de su marido.  No obstante, cuando consigue trabajar, lo hace por un sueldo muy bajo y sin seguridad social.

 

Por otra parte, es relevante la relación entre la madre y la hija. El trato entre ellas no es fácil, a pesar de que se quieren y ambas con capaces de valorar el esfuerzo de la otra.  Concha, marcada por su pasado y la educación que ha recibido, no sabe en momentos determinados, manejar bien el trato con Paz.  Es curioso como no le da a su hija lo que a ella le hubiese gustado tener en el terreno de lo emocional, pero sí en cuanto a la formación.  Le anima a ser independiente económicamente y en cambio toma decisiones que no le corresponden sobre sus noviazgos.   Se entromete en algunos asuntos en los que no debería, sobre todo, porque ella conoce el daño de las prohibiciones, de la cerrazón.

Por eso, pasan por varias fases en su relación.  Lo cierto es que la madre le hace cosas a su hija que, para mí al menos, son imperdonables y se escuda en que lo hace por su bien.  Decide por ella demasiado, entrometiéndose en exceso, porque llega a jugar con lo que siente, afectando también a otras personas. Resulta muy estricta con el comportamiento de Paz, cuando ella ha sufrido la falta de libertad.  Es más generosa con sus decisiones y con sus posibles errores que con los de Paz, probablemente porque intenta protegerla del daño que le han hecho a ella, basado en el resentimiento hacia su madre y el dolor del desamor.  La hija consigue perdonarla, tras el distanciamiento, cuando la edad le da una perspectiva diferente de todo lo ocurrido.

«¿Cuántas veces se había dicho Concha a sí misma que si algún día fuera madre jamás le haría a sus hijos lo que le hicieron a ella: prohibirles estar con la persona a la que amaran? Sin embargo, tenía una hija y sobre ella estaba descargando las consecuencias de su resentimiento contra Antonia, su madre.  Una cadena generacional de condenas que no encontraba la manera de romperse» (página 393
«Después de la devastadora reacción que su madre tuvo con ella, no habían conseguido volver a hablar del asunto.  Ni siquiera lo necesario para restañar las heridas que en aquel momento se abrieron y que concluyeron en un terrible abismo entre madre e hija.  Y lo peor es que, tanto una como otra, se colocaban en posiciones parecidas que convertían en poco menos que imposible la reconciliación» (página 400

 

Hay también otros temas menores en el libro, que van surgiendo en distintas fases.

Alzhéimer

Una enfermedad cruel que afecta también a los cuidadores, que muchas veces tienen que ingresar a los enfermos finalmente en residencias especializadas.  Requieren una asistencia médica permanente y sus cuerpos dejan de controlar sus funciones más elementales, convirtiéndolos en víctimas de sí mismos.

«La enfermedad del olvido le fue arrebatando lenta y cruelmente sus recuerdos, hasta el que más amaba: el del limonero del corral, plantado en el patio de su casa de Osuna, y lo empujó a un abismo en el que enfermar en una lucha por mantener la dignidad humana.  En esa lucha Concha se dejó el alma pero también los huesos» (página 14)

 

Depresión

Es difícil continuar sin ilusiones, es terrible no poder encontrarlas, ver que no se avanza, que cada día la tristeza gana terreno.  Antes, en aquellos años, era complicado aceptar esa enfermedad y acudir a un especialista.

«El problema está en mí.  No veo que haya salida por ningún lado.  Sí, es verdad que con la medicación ha mejorado, pero veo mi casa igual de oscura y me fallan las fuerzas a diario para atender a mi familia» (página 321)

 

Suicidio
«La imagen de la muerte, tan visceral, tan violenta, tan dramática, estaba destinada a no borrarse jamás del alma de su amiga… a ser la huella que ni el mar puede eliminar de la arena… a permanecer en la memoria negra de una gran ciudad como Barcelona» (página 331

 

También se tratan, con menor relevancia, la amistad, la diferencia de clases en una época determinada, la envidia de la hermana, la forma de afrontar la primera vez en el sexo cuando era un tema prohibido, la dificultad de un divorcio y el reparto de bienes, el amor a distancia, el amor de juventud, el impuesto, el maduro, el clandestino, la infidelidad, el desamor, la espera, las dudas o las oportunidades perdidas.

 

Los personajes

Diego y Concha forman un matrimonio muy enamorado que se casa ya en Barcelona, con la oposición de los padres de ella, y que pasan por distintas etapas en su pareja, afectada por las circunstancias que se van produciendo.  Tienen dos formas, casi opuestas, de adaptarse a los cambios y a la nueva ciudad, de aceptar la nueva situación y otras costumbres.  Optan por luchar para prosperar o por dejarse vencer por la melancolía.

Al principio, a Diego, antes futbolista, Cataluña le suena a paraíso y esperanza… una tierra tan lejana…  un sueño… frente a su Andalucía, una tierra trabajadora y pobre en la que se había asentado un modelo de riqueza concentrada que impedía el ascenso en los trabajadores, con una desigual sociedad en la que ni en el campo podía encontrarse un jornal.

«Había oído decir que en esa parte de España se multiplicaba el trabajo para todos, procedieran de donde fuera, eso era lo de menos.  Allí no preguntaban la ascendencia de nadie, sin su origen, ni pedían referencias para contratar por sueldos miserables al principio pero que, a cambio, estaban asegurados» (página 87

 

Más tarde, para Diego, aferrado a su eterna melancolía y encerrado en la idea de regresar a su origen, su casa será siempre donde está el limonero, porque lleva verdaderamente arraigado el recuerdo de los aromas frutales del corral de su casa, que se concentran en uno solo, el olor de su infancia.  Con el tiempo, queda sumido en una enorme nostalgia, que le impide adaptarse y ser feliz en tierras catalanas.  Insiste en volver a las raíces, sin hacer el mínimo intento de amoldarse a la capital, a su entorno, a las posibilidades que le brinda esa realidad.

«Algo tan real como intangible: la nostalgia.  El no acabar de sentirse nunca del lugar en el que estás, a pesar de que en dicho lugar has podido tener la vida y la prosperidad que tu tierra no te permitía.  Parecía que el corazón de Diego se fuera extinguiendo, paradójicamente, con la refulgente luz del Mediterráneo» (página 378)

 

Para Concha, en un primer momento, viajar a Barcelona es similar a lanzarse al vacío desde una altura tan elevada que no le permite ver el suelo, como les comenta a sus amigas.  Pero, a lo largo del relato, vemos cómo va adaptándose a esa nueva tierra, a las ventajas que le ofrece, cómo es capaz de afrontar las dificultades y hacer importantes sacrificios para seguir.  No se rinde y lucha por mejorar, por crecer al ritmo de los cambios que se van presentando, en sus existencias y a nivel general.  Es cierto que, en ocasiones, su comportamiento es egoísta, pero no lo ha tenido nunca fácil, ha tenido que lidiar con múltiples imposiciones y obstáculos.

«Concha se sintió incomprendida.  Creía que ese cambio de aspecto era otra manera de adaptarse a la vida moderna de una ciudad como Barcelona, algo en lo que ella seguía poniendo todo su empeño, contrariamente a la actitud de su marido» (página 287)

 

Ella está de acuerdo con su esposo en que la vida que llevan en el barrio de emigrantes no es la ideal.  Pero está convencida de que con un poco más de esfuerzo podrán salir de allí.  Está segura de que la solución no está en claudicar, en rendirse.  Ella insiste en que, antes de renunciar hay que intentar siempre, buscar alguna solución.  Su salida no es volver al pueblo como si nada hubiese ocurrido, sino mejorar.

Su amor es largo y no siempre es igual, porque no evolucionan como individuos de la misma manera.  En un punto, intercambian su actitud.  El arrojo de uno muda hacia la melancolía.  Las reticencias de otra viran hacia la fuerza.  Eso les separa y abre una brecha en su camino conjunto, una distancia que no resulta definitiva, por elementos extraños que influyen en ellos.   Eso sucede porque han crecido los silencios entre ellos, él se halla ausente y a cada uno le pesa la soledad a su manera.  Ella  no puede olvidar lo que no ha podido ser, habita un territorio triste, lleno de velados retos frustrados, deseos abortados, sueños rotos.  Él apenas habla con nadie, sólo escucha programas andaluces de la radio.

 

Paz, la hija, sueña con volar, muy lejos y alto.  Según va cumpliendo años no puede evitar preguntarse qué hace una chica como ella en un sitio como su barrio.  Un barrio en el que ha crecido, ha sido feliz con sus amigas e infeliz con el entorno.  Desde pequeña ha construido un muro que la aísla y protege del mundo y hasta de la propia vida, construyéndose otro universo distinto y único que solo ella hace habitable.  Ella lucha con todas sus fuerzas para que su vida sea lo más distinta posible a la del personaje de Juan Marsé, infeliz con su suerte e incapaz, al mismo tiempo, de ponerle remedio por considerarse condenado a lo que la vida ha elegido para él, a pesar de empeñarse en lo contrario.  De su madre ha aprendido la necesidad de rebelarse contra lo establecido para poder avanzar.

 

La emigración también es protagonista.  En algunas pequeñas poblaciones del Vallés se hacían esfuerzos para hacer patente el abismo clasista que debía separar a los emigrantes de los vecinos oriundos y se extendía a distintos ámbitos de la sociedad.  En las actividades de ocio, los emigrantes procedentes en su mayoría de Andalucía, se apiñaban como meros espectadores sin participar.  Eran ciudadanos de segunda o de tercera, eran relegados.  Apenas salían de sus barrios, en el caso de las mujeres tardaban meses, a veces incluso años, en conocer rincones céntricos de la ciudad.

La escritora nos cuenta que las ciudades industriales eran gigantescos monstruos de garras poderosas que, al tiempo que acogían a los emigrantes, también extraían de ellos todo cuanto podían sin miramiento ni misericordia.  Quienes se sumaban al éxodo eran valientes porque desconocían lo que les aguardaba.  La vida no era fácil, encontraban trabajos muy duros.  Sus casas estaban en zonas suburbiales que acababan convirtiéndose en barrios, en los que conseguían mejorar su situación, aunque sin sin salir del círculo angustioso de la pobreza.  Los frutos del trabajo estaban por debajo del esfuerzo que requerían.

 

Otro papel fundamental tiene la riada que se produce en el 62, una de las peores catástrofes de la historia contemporánea del país. Hubo más de mil muertes, la mayoría emigrantes que habían construido sus casas con manos fuertes y materiales precarios.  El número de personas que se quedaron sin casa y sin nada, superó con creces esa cifra. Las ciudades y pueblos del Vallés nunca más volvieron a ser los mismos.  Esa comarca se había convertido en la novena provincia de Andalucía, al acoger a casi novecientos mil emigrantes andaluces.

El Besós bajaba desbordado y al llegar al punto de confluencia con el pequeño Ripoll anegó Moncada y otras muchas localidades.  Calles y casas desaparecieron enteras.  En tan solo unas horas, los pueblos quedaron convertidos en un escenario dantesco, donde únicamente cabía dolor e incredulidad.  Todo se convirtió en un cúmulo de desconcierto, rumores, noticias inciertas.  Siete minutos y medio duró la riada, dejando una inmensa desolación a su paso.  La reconstrucción fue dura, lenta y dolorosa. La vida se detuvo aquel 25 de septiembre.  Flotaba en la atmósfera una sensación unánime de pérdida y de no saber qué hacer ni hacia dónde tirar.

 

Los lugares

Distintos lugares albergan los acontecimientos de la historia.

Sin embargo, entre todos, destaca Barcelona, desde la primera imagen que ve Concha nada más llegar, después de un infernal e interminable viaje en tren.  Le parece una ciudad inmensa e inabarcable, muy distinta al lugar del que procede.  Pasan por las Atarazanas, una zona cercana a Colón, que no le da buena impresión.  Después se encuentra una avenida ancha, el Paralelo, donde ve seres solitarios a quienes la vida parece haber exprimido con saña.  Se adentra en la calle Conde del Asalto y acaba en la de Robador, sucia, oscura, fea y angustiosamente estrecha.  Acaba en en el corazón del barrio chino barcelonés, una de las peores zonas de la Ciudad Condal, reino indiscutible de la prostitución y de los bajos fondos.  Mal comienzo en la ciudad para ella.

Para mejorar su impresión, Diego la lleva a las Ramblas, cambiando drásticamente el ambiente.  Le impresiona la estatua de Colón, tenerla delante de sus ojos le parece casi irreal.  Durante la subida hacia la plaza de Cataluña, se queda extasiada con el colorido de los puestos de flores.  También con los diferentes tipos humanos que no había visto antes.  Pasa por la plaza de Tetuán para llegar hasta su barrio, Moncada.  En el trayecto, se sorprende con la cantidad de automóviles circulando en la amplia avenida de salida, la Meridiana.

Disfruta también un domingo en la playa de Mongat con amigos, descubriendo el Mediterráneo, azul y manso.  El día de su boda, descubre la céntrica plaza de la Merced, en la que se ubica la iglesia.  Le maravillan la arquitectura del barrio Gótico y sus pequeñas plazas llenas de encanto, con calles llenas de historia.  No así su barrio, Moncada, rincón sombrío y olvidado de una Barcelona que había despuntado en los tiempos del desarrollismo franquista.  Una de las peores esquinas de la gran ciudad.

También sabemos más de la Barcelona de Porcioles, alcalde hasta 1973, en la que, según la autora, se construían barriadas en la periferia que se convirtieron en verdaderos guetos, en los que el franquismo mantenía marginada a la población emigrante, que intentaba sobrevivir entre el populismo y la dignidad.

Paz es testigo de cómo la ciudad se va transformando en sus contornos marítimos.  De cómo es la playa de la Barceloneta, cuajada de xiringuitos y merenderos, herederos de las primeras casas de comidas de finales del siglo XIX.  Un reguero de locales populares en cuya parte trasera se escondían, como un tesoro, modestas terrazas en la playa.  Con el cambio de vivienda, también aparece la Sagrada Familia y el mar al fondo, en un horizonte mediterráneo emborronado por la mezcla de polución y humedad.

«El ático de sus padres está ubicado en la parte nueva del barrio de Gracia.  Desde allí se divisan los rascacielos que se construyeron en la Barceloneta, junto a la zona que se llamó Villa Olímpica, con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992» (página 259)

 

De la mano de Paz, descubrimos la parte alta de la ciudad, el Tibidabo, el Tranvía azul, el Merbeyé.  También El Rompeolas, paraje de paseos de parejas furtivas y reunión de pandillas de amigos, entre los que hay muchos charnegos.  Recorre la playa de la Barceloneta, con los restaurantes en la arena formando una hilera desigual. Sus calles estrechas, llenas de pequeñas ventanas como colmenas, de las que penden cuerdas repletas de ropa tendida.  Nos enseña la Universidad Central, la calle Aribau.

 

Otro escenario relevante es Osuna, un pueblo de campiña, secano y sequía. Osuna, con sus calles majestuosas y casas encaladas, con sus fuentes como la de la calle Cruz o al final de la de Carretería.  Con la iglesia de la Victoria y con su denso olor amargo de la fábrica de aceites de Espuny a la entrada del pueblo. Su avenida principal, conocida como la Carrera, el lugar idóneo para salir de caza y pelar la pava. El impresionante palacio del Marqués de la Gomera del siglo XVIII, ubicado en la calle de San Pedro, declarada por la UNESCO como la segunda calle más bella de Europa.  Su explanada de la colegiata con suelo empedrado y vistas sobrecogedoras.  Con su aroma a limón.

 

Tánger, con su olor característico a comida, picante y ácido, mezclado con la música.  Con sus empinadas calles desde las que se divisa la espléndida bahía.  Y al fondo, el Estrecho y Tarifa, en la costa española.

 

La Costa Brava, en concreto la localidad de Bagur, con su paisaje que emergía fascinante y majestuoso.

 

Altea y la bellísima serranía del interior de la provincia de Alicante.  La localidad de Guadalest, en la comarca de la Marina Baja.  La sierra de Aitana, un paraje mágico, un paisaje distinto plagado de rincones escarpados y precipicios.  Su punto más alto, el castillo medieval de San José, con unas imponentes vistas.  Y abajo del todo, un impresionante embalse. El pueblo de Callosa o la población de Villajoyosa, próxima a Altea.

 

Cadaqués, un pequeño y hermoso pueblo pintoresco en el Alto Ampurdán, en la Costa Brava.  Tiene un hechizo natural y único de pueblo marinero.  La combinación del blanco de las casas con el azul añil recuerdan a Altea.

 

Port Lligat, la vivienda de Salvador Dalí.  Una casa de pescadores pintada toda de blanco y con la puerta añil.  Una barca vieja, varada ante la fachada junto a un ciprés, es el símbolo de la tranquila zona.

 

Paz se traslada a Madrid para trabajar y al llegar, la parece más inmenso que nunca.

 

Referencias
Hechos históricos

Aparecen mencionados varios hechos históricos, aunque sin detenerse en exceso en ellos.  Por ejemplo, se habla del control político y administrativo que el reino de España ejercía del protectorado de Marruecos.  De la visita de los príncipes Juan Carlos y Sofía después de la riada del 62 a la zona, para solidarizarse con los damnificados. También de la muerte de Franco y la reacción de los protagonistas, unos llorando y otro con alegría.  Del golpe de Estado que hizo regresar el miedo, durante unas terribles horas que se prolongaron como días sin pan. De las Olimpiadas de Barcelona de 1992 y de las campañas promocionales con Pasqual Maragall como alcalde, en los años ochenta.

Cine

Hay múltiples referencias al cine.  El rodaje en Tetuán, con la presencia de la gran estrella de la pantalla Liz Taylor.  La fotografía de la famosa actriz, mirando fijamente a la cámara, que ve Diego en un escaparate del pueblo de la Costa Brava.  El estreno de «Perros callejeros», de José Antonio de la Loma, protagonizada por el Vaquilla y el Torete.  La comparación de Paz de la casa de Fernando con un escenario de alguna película italiana del estilo de las de Visconti.   La exuberante Anita Ekberg. El estreno de «Hair», el musical de Milos Forman sobre los hippies norteamericanos de los años sesenta y setenta, y la oposición ciudadana a la guerra de Vietnam. Representaciones de «Grease» y otros musicales.  Y cuando el director de cine, José Luis García Berlanga, le entrega el trofeo.

Música

Se habla del Merbeyé de las canciones de Loquillo y los Trogloditas. Suena «Santa Lucía», el éxito de de Miguel Ríos.  Diego escucha sevillanas en los programas andaluces de la radio.  Los cantes jondos de cantaores, como José Menese, Antonio Núñez o el Chocolate. La zarzuela, «Doña Francisquita», «La del manojo de rosas». Las canciones de Concha Piquer. Los villancicos andaluces, la Niña de la Puebla, Antonio Molina, Canalejas de Puerto Real, Manolo Caracol.  La música argentina se presenta con Armando, el poder infinito de los tangos para remover el corazón, la llamada del candombe. Se escuchan canciones de Carlos Gardel en una cinta de casete. Una canción de Abba. El grupo británico Pink Floyd, venerado por los chavales del Buenpas, y la publicación de su mítico «The Wall».

Literatura

Algunos capítulos se inician con una cita literaria, otros textos los terminan en otros.  Federico García Lorca, Fernando Pessoa, Mario Benedetti, Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Juan Luis Panero, Dylan Thomas, Luis Cernuda, Alfonsina Storni, Pedro Salinas, Charles Baudelaire, Carmen Laforet, Miguel Hernández, Silvina Ocampo, Juan Marsé, Pablo Neruda, Joan Margarit, Constantino Cavafis, Vivian Gornick

Juan Marsé

Muchas de esas citas son de Juan Marsé y, en concreto, de su obra «Últimas tardes con Teresa». Además se hace referencia a esta novela en varias partes del texto. De hecho, Paz tiene ese libro como su biblia particular.  Se trata de una historia ambientada en esa misma Barcelona, pero a finales de los años cincuenta.  Además de hacerle compañía en tardes de lectura al aire libre, se convierte en un pilar fundamental para comprender su circunstancia social de hija de la emigración.  Devorando esa obra, Paz tiene claro que hay que elegir entre ser quien ella quiera o seguir perteneciendo a la condición de hija de emigrante.

Radio, televisión y prensa

Medios escritos

Se hace alusión a medios escritos, «La gaceta Ilustrada» o «La actualidad española», así como a la crónica de un joven de veinticuatros años, Jesús Hermida sobre la tragedia.  Y se alude a la famosa revista «Super Pop».

Televisión

También hay referencias a series de televisión como «Los ángeles de Charlie».

Radio

En cuanto a la radio, primero se habla de las radios que vendía el padre, las Bayona y las Bertrán, blancas y pequeñas, preciosas.

El periodista murciano, también emigrante, Joaquín Soler Serrano hace un programa especial con varios equipos de ayuda a las víctimas de la tragedia, Operación Dinero, con el fin de recaudar fondos destinados a los damnificados de las riadas.

Una de las distracciones de Concha en sus tareas del hogar es la radio, la tiene puesta a todas horas.  De hecho, como una derivación natural de la evolución de su vida que la aleja de Andalucía, va dejando de escuchar a Concha Piquer para acercarse a otros sonidos más modernos.

Diego escucha el programa de Justo Molinero, en Radio Tele – Taxi.  De esa manera se siente acompañado en su querencia por sus orígenes y su tierra, que no le permite acabar de anclarse a Cataluña. La radio de los taxistas tenía sus instalaciones en Santa Coloma de Gramanet, cuando salía al aire para el público en general.

 

Medios de transporte

Tren el Sevillano

«Un verdadero símbolo de la emigración andaluza, que partía de Sevilla.  Tenían por delante más de veinticuatro horas de viaje hasta llegar a Barcelona, atravesando campos infernales en los que el tren aminoraba la marcha como sin renqueara por el calor.  El efecto del infame traqueteo se agravaba por la dura madera de los asientos.  Había compartimentos con una red en el techo para poner las maletas; los billetes no se numeraban, así que entraban más viajeros de los que cabían (…); los pasillos estaban abarrotados de gente durmiendo encima de las maletas, no se podía ni pasar (…).  Paraba en todas las estaciones (…). Y para colmo aquel calor terrible». (páginas 118 y 119

 

Vespa

Concha, Diego y Paz realizaban el trayecto de Barcelona a Osuna en una moto Vespa con sidecar, hiciera sol o lloviera.  Tardaban días en recorrer los mil kilómetros de distancia, y cuando les pillaba alguna tormenta, el viaje se complicaba.  Era casi una hazaña atravesar España así.

 

Golondrina

Un barco turístico al que llamaban así porque los puso en marcha un cubano y en su país era muy típica la golondrina de mar, similar a la gaviota.  Inicialmente los barcos fueron de vapor y cubrían el trayecto que iba de Colón a los baños de San Sebastián.  En los años cincuenta lo prolongaron hasta el espigón del Rompeolas, el único lugar desde el que se podía disfrutar de vista el mar.

 

En resumen… «La nostalgia del limonero»

Me ha gustado el libro.  El tema principal, la emigración de Andalucía a Cataluña, es una cuestión conocida superficialmente, pero sobre la que no había leído.  Me ha quedado claro que un viaje de mil kilómetros para empezar una nueva vida, lejos de la familia, sintiendo la ausencia, no es fácil.  Cada persona reacciona de una forma al cambio e intenta sobrevivir a través de distintos resortes.  Tampoco sabía nada de la riada del 62, las muertes que provocó y los destrozos que generó, tanto materiales como emocionales.  Lo que sí que pienso es que Cataluña debe mucho a todos esos españoles, que trabajaron y contribuyeron a su crecimiento, con su esfuerzo, su adaptación y sus ganas de prosperar en un lugar muy diferente al de su origen, anhelando el apoyo de sus seres cercanos.

He intentado empatizar con los personajes, con algunos ha sido más sencillo.  Lo cierto es que las relaciones humanas son casi siempre complicadas, con matices, con una realidad que condiciona y, a veces, aplasta sin reparar en detalles.  Con unas circunstancias que, en ocasiones, pasamos por alto y que producen altibajos, que tambalean hasta los cimientos más firmes.  La vida tiene tantos matices y tantas versiones, que nos cuesta darnos cuenta de los distintos puntos de vista, de las posibles interpretaciones.  Pero Mari Pau Domínguez tiene razón en lo que escribe.  El tiempo nos da la respuesta a lo que hemos vivido. El transcurrir del tiempo nos explica la vida que tuvimos y que no supimos entender.

He disfrutado de la lectura del libro, aunque tengo que reconocer que la parte de la riada y sus consecuencias llegó a un punto en que se me hizo pesada.  Se ahonda demasiado en el tema, dándole excesivas vueltas.  Es cierto que debió ser terrible y que dejó secuelas irreparables en muchas personas, sin embargo, se podía haber contado de un modo más ligero y sin darle tanto contenido.  Lo mismo me sucede con tantas idas y venidas, temporales y definitivas, con tantos amagos de marcharse.  Es probable que fuese así, pero a mí me ha llegado a saturar un poco.

Entiendo la nostalgia y la melancolía, y los estragos que pueden causar en los afectados.  No obstante, también la soledad, en sus variadas presentaciones, puede ser demoledora. En contraposición, me encanta y admiro la capacidad de adaptación, la superación ante los problemas, aunque se cometan también errores y se den pasos en falso.  La situación de los protagonistas se resume fácilmente en una frase: Ni de un sitio, ni de otro.  Y por eso es interesante esta novela, porque todos aquellos emigrantes están siendo olvidados, sus sacrificios, su trabajo, su esfuerzo por encontrar un sitio en una ciudad diferente a su tierra.  Como siempre digo, nunca debemos olvidar el pasado.  Al contrario, hay que conocerlo para aprender de lo que ocurrió y evitar errores.

También me ha parecido muy enriquecedor cómo nos cuenta la relación entre la madre y la hija, con sus contradicciones y sus dificultades. Sus distintas etapas, las distintas perspectivas que dan las propias experiencias y la edad, cómo se puede pasar del silencio al perdón, del enfrentamiento a la reconciliación, del enfado a la comprensión.

En definitiva, os recomiendo «La nostalgia del limonero». Y, ya sabéis, cuando lo hayáis leído ¡contadme vuestra opinión!

 

Mis fragmentos preferidos 

«El médico dijo que no había sufrido, tal vez porque hasta de sufrir se cansa uno» (página 14)

«Cuando se tienen sueños que se anhelan con fuerza, no cabe detenerse en los obstáculos por más que parezcan que llevan ahí siglos aguardando a truncar nuestro camino» (página 19)

«Esa noche, Concha reemplazó el sueño por las lágrimas que brotaban de la incomprensión y que anegaron definitivamente sus anhelos de un porvenir que, al parecer, no le correspondía por el mero hecho de ser mujer» (páginas 20)

«… no era descaro sino la seguridad de quien sabe que todo está bajo su control y siempre consigue lo que se propone.  Una seguridad con la que sólo nace los privilegiados» (página 28)

«Porque tal vez lo que aún no sabía era que cuando los sueños son aplastados por la vida real terminan borrándose de la memoria con suma facilidad» (página 59)

«Los sentimientos están atados por una cuerda invisible, una cuerda de amor, que nadie puede romper porque tienen su propia libertad» (página 84)

«Las ciudades industriales eran gigantescos monstruos de garras poderosas que, al tiempo que acogían a los emigrantes, también extraían de ellos todo cuanto podían sin miramiento ni misericordia. No cabía ni lo uno ni la otra» (página 87)

«Suele resultar difícil no compartir con nadie un secreto que puede alterar el curso de tu vida» (página 112)

«Alfredo se levantó y empezó a caminar hacia el rincón del luto al que la confesión de Concha lo acababa de condenar» (página 195)

«Llevaban unas maletas repletas de ilusiones y recuerdos pero también del terrible peso del dolor que causan la ausencia y la distancia  Aquellas maletas cargadas a hombros simbolizaban el éxodo del hambre y la falta de un porvenir» (página 117)

«pero si había algo que estaba aprendiendo era que a veces lo que uno desea y lo que la vida le ofrece no siempre coinciden» (página 138)

«Aunque nos resistamos a darnos por vencidos, a veces el destino se empeña en llevarnos por la senda que nos conduce al naufragio, al desmoronamiento de lo que somos» (página 176)

«Muchos emigrantes, cuando ya llevaban un tiempo fuera de sus lugares de origen, necesitaban inventar un lugar propio que habitar; un espacio que les perteneciera solo a ellos y del que poder sentirse parte, porque ya no eran ni de aquí ni de allí» (página 226)

«Es difícil calibrar el desequilibrio de las emociones» (página 261)

«Lo bueno abrevia el tiempo.  Lo malo, lo dilata.  Pero el tiempo y su medida siempre son los mismos» (página 308)

«El funeral estaba previsto para el lunes.  La pena, para la eternidad» (página 332)

«Pero ya iba entendiendo que, en la vida, cuando una puerta se cierra no puede volver a abrirse tan pronto» (página 334)

«Callaron, como se callan los secretos condenados a perpetuarse» (página 357)

«Y es una lástima porque si fuéramos más sabios entenderíamos las cosas antes y seríamos capaces de perdonar sin tener que perder tantos años como hemos perdido nosotras» (página 422)

 

Los fragmentos que me hicieron reflexionar

«Pero cuando dejas de esperar o de desear algo es cuando el destino decide que tal vez sea el momento de conseguirlo» (página 27)

«En ningún lugar, en la historia de la Humanidad, está escrito que la sangre tenga que unir a la fuerza a las personas de manera incuestionable e indisoluble» (página 113)

«¿Cabe la posibilidad de que cuando se sufre mucho, hasta el límite de lo que alguien crea que pueda soportar, llegue un momento en el que el dolor sea tan inabarcable que deje de sentirse…?» (página 166)

«porque las tragedias a la vez que nos hacen más fuertes también nos sitúan ante el espejo real de nuestra fragilidad» (página 179)

«Hay circunstancias, personas, trozos de vida, que tienen que empezar a doler menos, aunque ahora todavía no parezca posible.  Pero llega un feliz día en el que lo es.  Y entonces esas personas que ya no duelen se quedan enredadas, ellas solas, en la maraña del daño que pretenden seguir infligiendo pero que ya no produce el efecto por ellas deseado» (página 261)

«Por eso hay personas, pedazos de nuestra vida, que tienen que empezar a doler menos.  Porque es ahora cuando sabe que no merecieron la pena» (página 264)

«Adónde van las promesas de juventud es algo que no puede saber hasta que uno va cumpliendo años camino de la vida adulta» (página 335)

 

Palabras aprendidas

  • Remedar: Imitar algo, hacerlo semejante a otra cosa.  Dicho de una persona: Seguir las mismas huellas y ejemplos de otra, o llevar el mismo método, orden o disciplina que ella.  Dicho de una persona: Hacer las mismas acciones, visajes y ademanes que hace otra, generalmente con intención de burla.
  • Altramuces: Planta anual de la familia de las papilionáceas, que crece hasta poco más de medio metro, con hojas compuestas de hojuelas trasovadas, flores blancas y fruto de grano menudo y achatado, en legumbre o vaina.  Es buen alimento para el ganado.  También las personas comen la simiente o grano después de habérsele quitado el amargor en agua y sal.  Fruto del altramuz.  En algunos cabildos de las iglesias catedrales y colegiatas de España, especialmente en Castilla, caracolillo que sirve para votar, juntamente con unas habas blancas hechas de hueso o de marfil.
  • Candombe: Baile de ritmo muy vivo, de procedencia africana, muy popular todavía en ciertos carnavales de América del Sur.  Casa o sitio donde se ejecuta el candombe.  Tambor prolongado, de un solo parche, que se usa para acompañar el candombe.

 

 

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