Reseña «El jardín de los enigmas»

Antonio Garrido  

Páginas: 361

Curiosidades

Para iniciar la reseña de «El jardín de los enigmas», indicaré que ciertos autores británicos fueron los culpables de la pasión por la escritura de su autor, Antonio Garrido.  Todo comenzó con una gripe y un regalo para aliviar su convalecencia: «Los cinco en el Cerro del Contrabandista» de Enid Blyton ¡cuántos recuerdos trae ese título a mi cabeza! Después, de la mano de Walter Scott y Robert Louis Stevenson viajó hacia mundos salvajes y épocas extraordinarias.  Daniel Defoe, Charles Dickens y Arthur Conan Doyle también ocuparon un lugar preferente.

Aunque esta novela está inspirada en personajes, situaciones y hechos reales, el autor ha preferido cambiar el nombre de alguno de los protagonistas para sentirse libre de utilizar ciertas licencias novelescas.

Así, el enigmático personaje de Daphne Loveray está inspirado en la experta matemática británica Augusta Ada King, más conocida como Ada Lovelace.  Dotada de una extraordinaria inteligencia y de una cautivadora belleza, Ada Lovelace heredó de su madre la pasión por las matemáticas, y de su padre, Lord Byron, su carácter libertino. A los dieciocho años, empezó a asistir a las fiestas de la alta sociedad londinense, donde conoció al científico Charles Babbage, una relación que la impulsó a concebir la idea de construir una computadora. Su matrimonio con el vizconde de Ockham, quien se oponía a su pasión por la ciencia, la sumió en una depresión que no aplacó su ambición por el estudio.

Experta en programación y criptografía, en la década de 1840, Ada protagonizó sonados escándalos, debidos a sus afectuosas relaciones con otros hombres. Sus investigaciones matemáticas se publicaron en la revista Scientific Memoirs en septiembre de 1843, con el título de «Sketch of the analytical engine invented by Charles Babbage» y aunque su trabajo fue despreciado por sus colegas, hoy en día es reconocida como la primera programadora informática del mundo.

La historia de este libro comenzó durante un fascinante viaje del autor a Estambul.  Un guía del palacio de Topkapi, Izmir, reveló al escritor Antonio Garrido la sorprendente historia de las odaliscas negras, las esclavas del sultán que lograron engañar a los eunucos del harén para comunicarse secretamente con sus amantes. Ese mismo guía le aseguró que un espía francés, al servicio de la corte británica, se apoderó de aquel código secreto y se lo reveló al rey Jorge II de Inglaterra. Así llegó a occidente el enigmático “Lenguaje de las Flores”. A partir de ese momento, empezó un arduo proceso de investigación que le llevó a descubrir los terribles hechos que desencadenó su uso.

Además, una visita al fabuloso Museum of London Docklands, con su recreación de los tenebrosos muelles victorianos, le sumergió en el ambiente con el que ha impregnado su novela. Las casuchas arracimadas, las tabernas malolientes, los almacenes infectos, contrastaban con la exuberancia de los palacios donde disfrutaba la nobleza.

Y todo se completa con otros temas que despertaron su interés y se integraron en la novela:

Los Bow Street runners fueron un grupo de mercenarios, mitad policías, mitad delincuentes, contratados en numerosas ocasiones para resolver los crímenes más horribles.

El Crystal Palace y la Primera Gran Exposición Universal.  En 1851 tuvo lugar la inauguración del más fastuoso evento comercial, tecnológico y divulgativo que el mundo hubiera contemplado nunca.  Más de 14.000 expositores procedentes de 42 países exhibían sus productos a lo largo de las gigantescas naves y el transepto de cristal de un portentoso edificio que parecía flotar entre los árboles de Hyde Park.  Un escenario único para un crimen.

La Compañía de las Indias Orientales fue una sociedad privada que, durante más de dos siglos, y a manos de ambiciosos banqueros e inversores, esquilmó la India y el sudeste asiático sin que nadie controlara sus desmanes.

 

Sinopsis

En el Londres industrial de mediados del siglo XIX, Rick Hunter es una cazarrecompensas que sobrevive vendiéndose al mejor postor, movido por un oscuro deseo de venganza.

Tras escapar de una mortal emboscada, una pista lo conduce a la exclusiva floristería Pasión de Oriente, cuya propietaria, experta en el lenguaje de las flores, se han granjeado el favor de poderosos aristócratas, deseosos de comunicar sus pasiones secretas a través de mensajes ocultos en las plantas.

Pero lo que parece un lujurioso entretenimiento, en realidad esconde un sofisticado sistema criptográfico relacionado con personajes extremadamente peligrosos; el ambicioso Gustav Gruner, cónsul de Alemania; Joe Sanders, un criminal sin escrúpulos; Daphne Loveray, una bella y enigmática mujer casada con un indeseable, y Karum, un sádico nativo de las colonias.

A partir de ese instante, Rick se verá inmerso en una pavorosa trama de asesinatos, en una ciudad que solo vive para la inauguración de la primera Exposición Universal, un acontecimiento en el que el fabuloso Imperio británico demostrará al mundo todo su esplendor… o en el que se derrumbará, si Rick no pone fin a una gigantesca conspiración criminal.

Un absorbente thriller histórico ambientado en la Inglaterra victoriana.

 

 

Mi opinión 

 
Estructura

La novela cuenta con una breve introducción y el contenido está dividido en 28 capítulos, no excesivamente largos, lo que facilita la lectura del libro y van picando la curiosidad del lector. Ya sabéis, la típica necesidad de terminarlo para no dejarlo pendiente y la eterna duda de si continuar o no con el siguiente.

Termina con un Epílogo, una Nota del Autor y los Agradecimientos.  La lectura de la Nota del Autor es ciertamente recomendable, porque se descubre toda la inspiración de Antonio Garrido.  Es así como sabemos que este proyecto estuvo un par de años aparcado, guardado en un cajón, esperando su oportunidad.  Después, al recuperarlo, la perspectiva de la distancia le permitió encontrar una solución.  ¿A qué tenéis ganas de saber cómo encajó todo?

 
La historia

Os aseguro que la novela contiene todos los elementos necesarios para que, desde el principio, te enganches a la inquietante trama, que te atrapa sin remisión desde las primeras páginas.

Para empezar hay un protagonista con el que simpatizas desde el comienzo, aunque no quieras, por su astucia, su elegante comportamiento y su forma de desenvolverse.  Su capacidad de observación queda patente enseguida y ya no puedes evitar acompañarle en el resto de su aventura, esperando que vaya atando los cabos sueltos.

Pero en el libro hay mucho más… una venganza pendiente, intriga, amistades peligrosas y reales, asesinatos crueles, lenguajes secretos, personajes misteriosos, enigmas sin resolver, amor, delitos, poder, política, una gran ciudad en la que puede pasar casi cualquier cosa, referencias históricas, secretos no revelados, bajos fondos, escenas de acción… todos esos ingredientes se van mezclando con un ritmo trepidante, sin perder la tensión en ningún momento, sin dejar de sorprenderte con lo que va ocurriendo.

«Así, bajo sus exóticos ramos, comenzaron a circular sórdidas historias de lujuria y sexo en las sofisticadas fiestas de Kensinton Palace.  Pero no sólo ese tipo de mensajes»  (página 9)

 

La búsqueda de venganza por un hecho del pasado va dando lugar a otros interesantes temas.  Un crimen injustamente resuelto nos va llevando por otros caminos, otras pistas, otros enigmas, otros crímenes, muchas sospechas, infundados o no, a través de unos acontecimientos que mantienen nuestra atención constantemente.  Incluso tratas de adelantarte a lo que Rick va descubriendo paso a paso. desconfiando de cada personaje que irrumpe en la novela.

También tiene un papel destacado un imponente palacio de vidrio, el Crystal Palace.  El recinto de la exposición es inmenso.  Remodelan todos los jardines, plantando setos nuevos y arreglando los viejos, parece que han talado y desbrozado medio Hyde Park para construir ese enorme edificio de cristal, que quieren que luzca como el palacio de una reina.  Y por dentro se parece a los salones del castillo de Buckingham.

«El edificio, cuajado de ventanales que se perdían en la lejanía, se le asemejó a un gigantesco invernadero erigido para el disfrute de reyes; un delirio de cristal, etéreo, flotante, transparente, capaz de desafiar la más portentosa imaginación.  Observó sus dos naves alargadas, inmensas, casi infinitas, conectadas en su centro por un bellísimo transepto, cuya bóveda de medio cañón, coronada por banderas, escalaba por encima de los álamos vecinos hasta convertirlos en ridículas macetas»  (página 108)

 

Si su exterior sobrecoge, su interior te deja maravillado.  El increíble techo de cristal permite divisar las nubes y te deslumbran la lujuria de los tapices que recubren los expositores, el esplendor de sus fuentes de cristal, la suntuosidad de las estatuas que salpican sus galerías o la grandiosidad del propio recinto, capaz de acoger en su transepto cinco olmos descomunales.  En el pabellón ubicado junto a la puerta principal de Kensington Gore, al sur del transepto, se pueden ver asombrosos tronos tallados en delicado marfil rosa, jaulas en las que se custodian diamantes únicos, fuentes de las que mana colonia, muestrarios de telas exóticas, bestias salvajes disecadas, inodoros, estufas, candelabros, toda suerte de objetos decorativos.

También centenares de máquinas: artilugios para la fabricación de refrescos, telares mecánicos, desbrozadoras automáticas, imprentas, arados y cosechadoras, tostadoras de café, hornos gigantes, maniquís articulados, prensas hidráulicas, locomotoras, máquinas fotográficas, motores marinos, grúas colosales… hasta el más inverosímil artefacto parece estar construido y expuesto allí. Los principales artefactos mecánicos de la exposición están interconectados mediante unos trenes de poleas y correas que transmiten el movimiento desde una descomunal máquina de vapor ubicada en el exterior del edificio.

 

Y, por supuesto, el otro protagonista indiscutible es el lenguaje de las flores.

Lo que quería explicarte es que este ramo no puede alterarse, porque si se hiciera, se quebrantaría el mensaje secreto que oculta entre sus hojas»  (página 146)

 

Es un código secreto inspirado en los antiguos harenes turcos, que el monarca Carlos II descubre en la corte de Suecia durante un viaje.  Una forma de comunicación que, sin despertar ningún tipo de sospechas, puede sortear cualquier control.  Todo comienza con un juego que el rey Jorge inventa para sorprender a sus invitados.   Pronto ese juego despierta el interés de los caballeros más libertinos.  Con los años pasa a extenderse como una suerte de correspondencia entre amantes clandestinos.

En la novela se citan varios libros relacionados con el tema: primero un cuaderno con tapas de cuero escondido en un cajón, con la leyenda «Secretum Lingua Florum», un simple inventario de envíos florales con un apunte en mayúsculas que se repite alguna vez junto a los últimos envíos; el tratado titulado «El lenguaje de las flores», escrito por un tal Robert Tyas, otro de igual título escrito por una mujer francesa llamada Charlotte de Latour, inspirado en las cartas que redactó lady Mary Wortley Montagu durante el tiempo que vivió junto a su marido (embajador británico) en Turquía.  Según Montagu, el origen del lenguaje de las flores se remontaba a la época de los grandes sultanes otomanos.

 
Los personajes

El protagonista de la novela es Rick Hunter ¿o debo decir Gabriel Lecrerc?  Un hombre de treinta y pocos años, aspecto fibroso, con barba bien recortada, aseado y bien vestido.  Le conocemos con una chamarra roja, bebiendo ginebra.  Al despojarse de la casaca y de la camisa, deja a la vista un torso surcado de cicatrices.  Ha estado en la cárcel.  Se asocia con Joe porque, a cambio de machacar a algún sinvergüenza obtiene un dinero fácil y puede seguir llamándose Rick, el nombre que se ha inventado para mantener su verdadera identidad oculta.  Es sagaz y tiene un porte distinguido y refinados modales, por eso pasa de matón a sueldo a cazarrecompensas asociado.  Es listo y tiene un don inexplicable para fijarse en los detalles.  Habla y se comporta como la gente de postín.

Le buscan unos asesinos y él solamente piensa en vengarse.  Su rostro ha perdido todo rastro de inocencia, su piel luce curtida y su mirada, endurecida por los golpes del destino, es la de un lobo obsesionado con su presa.  Cuando se afeita, ve sus labios gruesos y determinados, sus ojos verdosos adquieren una expresión jovial, que le evoca sus tiempos de universitario.  Puede oler a los mentirosos de una sola calada después de cinco años trabajando como cazarrecompensas.  Oculta un tatuaje bajos su mangas, en el antebrazo derecho.

Es un hombre justo, que esconde un triste pasado y una grave acusación que marca su presente.  Pese a los problemas a los que ha tenido que enfrentarse, es leal, con valores, no puede evitar cierto regusto de amargura cuando tiene que engañar a quien aprecia.  Se contempla a sí mismo como un miserable al que apenas reconoce.  Tras seis años de falsedades, con el ansia de venganza como única razón de su existencia, ve que su empeño solamente le ha deparado rencor, angustia y muerte.  Natural de Nantes, se interesa por cuanto procede de las Indias Orientales, ha vivido en Calcuta desempeñando un trabajo, lo que le sucedió allí tendréis que descubrirlo vosotros…

«Rick miró hacia la ventana de la sala como si pudiera retroceder en el tiempo, y creyó contemplar de nuevo los cebúes y las palmeras»  (página 335)

 

Su socio Joe Sanders, de aspecto desaliñado, es un enorme saco de grasa, con un mugriento gabán, que apesta a alcohol y sudor rancio.  Rick odia su ruindad, su carácter violento y su obsesivo interés por el dinero, aunque sin él no habría aprendido el oficio de cazarrecompensas, el único oficio que la permite subsistir camuflado.  Le sobran los contactos y los pocos escrúpulos.  Tiene un aspecto repugnante, habla por los codos, encandila a los necesitados de justicia, ríe sin parar y no se mete en lo que no le importa.  Los modales de Rick despiertan en él su avaricia.

Tiene una calva mal disimulada por unos pelos grasientos, lleva un absurdo peinado para disimular su calvicie.  Desde joven se ha ganado la vida ejerciendo de soplón para los peelers de Scotland Yard, presume de haber frecuentado durante años los muelles del Támesis, de haberse infiltrado entre la chusma del East End en busca de chivatazos con los que lucrarse y, de paso, de haber aprendido los ardides con los que los granujas despellejan a sus objetivos.  Es detenido por hacerse pasar por policía para extorsionar a los propietarios de un mercante.

Sólo es capaz de entender dos cosas: el peso de una bolsa repleta en su cintura y el de una pistola apoyada en su cabeza.  Es la clase de individuo frente al que te santiguarías tres veces antes de intentar engañarle.  Suele emborracharse y restregar su barriga desfondada contra el vientre de alguna jovenzuela.  Es codicioso.  Su cobardía sólo rivaliza con su avaricia.  Tiene unos andares torpes y pesados.

 

Memento es, según Sanders, un contrahecho, por su silueta encorvada, que hace fotos a los muertos.  Le encantan las máquinas, se gana la vida reparándolas, manipulándolas, transformándolas y construyendo engendros mecánicos que vende a talleres con escaso éxito.  Vive en el correccional por decisión propia y puede entrar y salir de allí libremente, respetando el horario de cierre nocturno.  Es un hombre maduro que parece salido de una pesadilla. Sus horribles ojos no tienen párpados.  Por su edad, puede ser el padre de Rick.  Es muy laminero.

Una explosión ha desfigurado su rostro, por eso dentro de esos muros encuentra la protección y el anonimato de los que ha carecido.  Allí nadie le apedrea por su aspecto, ni se burlan de sus ojos sin párpados. Vive apartado, aislado del mundo que le odia y rodeado de los artilugios que le proporcionan sustento y colman sus ratos de ocio.  Sólo abandona ese lugar para practicar una extraña y provechosa afición: sacar fotos a los muertos.  Es un gran amigo del protagonista y le gustaría acompañarle en sus peleas e investigaciones.  Por lo que va pasando, deja de ser un continuo cascarrabias, que reniega por cualquier nimiedad para mostrarse alegre y confiado.

 

Daphne Loveray o Ashley King.  Su nombre aparece por primera vez en una nota en la culata de un fusil, que encuentra Memento: «Daphne Loveray.  Pasión de Oriente».  Después nos enteramos de que es una distinguida clienta de la floristería.  Es una joven de intensos ojos azules, con una espectacular figura y piel blanca.  Sus ojos brillan, su sonrisa es espontánea y luminosa, su pelo cobrizo.  Ella se define como una aburrida inglesa a la que le gustan las flores.  Es amable y también bella, espontánea y conversadora, como embriagada de felicidad.  Camina con paso decidido, bailando a cada paso sobre sus caderas, provocando miradas lascivas en los hombres y de envidia en las mujeres.

Desde niña, le divierte contar cantidades, jugar con los números, por ejemplo, le entretiene contar el número de recipientes de cristal que hay en una cena.  Tiene delicados ademanes, una sonrisa contagiosa y prodiga amabilidad en cada una de sus intervenciones.  Ashley es su primer nombre y King, el apellido de su marido, pero le encanta que le llamen Daphne.  Algunos ofrecen de ella una imagen de mujer disoluta, infiel y libertina.  Ella dice que su vida es un aburrimiento absoluto, al lado de un borracho que sólo tiene ojos para sus cuadros.  Y cuenta que, además de resolver juegos matemáticos, pasea con sus amigas, vigila a las criadas y poco más.

Pertenece a una asociación de horticultura y se ofrece a colaborar en la decoración del pabellón de las Indias Orientales de forma voluntaria, para matar el tedio. Ríe con la frescura de una niña que acaba de hacer nuevos amigos.  La pregunta clave es, si su vida es cómo ella la cuenta o esconde alguna otra actividad.  Pese a sus mentiras, la joven habla con la espontaneidad de una adolescente, y a cada palabra le acompaña un brillo en su mirada, repleta de inocencia. Daphne parece feliz charlando sobre trucos matemáticos, juegos y rompecabezas, con un entusiasmo que contagia. En ocasiones, tiene violentos ataques de dolor. ¿Tiene alguna vinculación con el Foreign Office?

 

Hellen Hartford es la propietaria de la floristería «Pasión de Oriente» en el distrito de Bayswater.  Es una mujer enorme, gruesa y de andares resueltos, encorsetada en un vestido negro, cuyas costuras luchan por no reventarse, y con un extravagante sombrero.  Es viuda. Cuando su marido enferma, se dedica a cuidarlo en cuerpo y alma, después de su fallecimiento, la señora cierra la tienda por una temporada, pero cuando las deudas la acosan, la reabre.  Tiene carácter y es una buena gobernanta, en principio, sólo le interesa la jardinería.

Es de Edimburgo y proviene de una estirpe de jardineros reales que se remonta a seis generaciones.  Tiene la fortuna de que le han adjudicado la decoración de los pabellones de los territorios de ultramar en el Crystal Palace.  Se hace pasar por la tía de Rick, que sospecha que la mujer oculta algo detrás de su apariencia de normalidad.

 

Penny Ryan, de Edimburgo, es la dependienta de la floristería.  Es una mujer esmirriada de aspecto enfermizo y demacrado, con una encías inflamadas y una horrorosa dentadura de dientes amarillos.  Es una cotilla de libro. Sueña con convertirse en cocinera, pero al final, como ella misma comenta, cada uno se emplea de lo que puede.  Escupe palabras como si le hubieran dado cuerda.  No es ni guapa ni fea, ronda los cuarenta años.  Una de las clientas, Mary Aldridge, dice que Penny la Dientes no es de fiar que deben tener cuidado de ella.  Según cuenta, la viuda Hartford se apiada de ella cuando le promete que jamás volverá a las andadas, pero son varios vecinos los que la han vuelto a ver frecuentando El Ciervo Rojo a altas horas de la madrugada.

 

Gustav Gruner es  un hombre de unos cincuenta años, por su pelo entrecano.  Disimula su baja estatura con un elegante abrigo Chesterfield entallado de doble botonadura y un sombrero de copa, junto a unas impecables botas de tacón. Tiene un mostacho artificialmente rizado y un monóculo de oro.  Es cónsul de Alemania, asesor personal del príncipe Alberto y responsable de la seguridad del Crystal Palace.  La ineptitud le saca de sus casillas.  Anda ocupadísimo y no tiene paciencia con los empleados.  Es un impresentable, pero todos le temen.

Es prepotente y soberbio, los que le han tratado le tachan de ser un arribista sin escrúpulos, cuyo único interés es lamerle las botas al príncipe Alberto.  Se cree el amo del Crystal por el simple hecho de ser alemán.  Está obsesionado con vigilar hasta el último detalle y por la pulcritud.  Tiene que saberlo y controlarlo todo, es mejor no llevarle la contraria, con tipos como él, es mejor mantenerse alejado.  Se considera de una raza superior, entre cuyas obligaciones no está la de respetar a sus semejantes. Sus ademanes son altaneros.

 

Lord Bradbury es un anciano aristócrata de aspecto afable, filántropo benefactor, impedido y postrado en una silla de ruedas por la caída de un caballo.  Es un viejo amigo del marido de la señora Hartford, con quien hizo negocios.  Es un enamorado de las flores y le enloquece todo lo relacionado con la naturaleza. Va impecablemente vestido y tocado con una pulcra peluca blanca.  Gracias a su empresa de municiones, disfruta de una holgada posición financiera que le permite disponer de demasiado tiempo libre.  Para él, la soledad es algo terrible.  Su mujer ha perdido la razón y vive recluida en un manicomio.  Y su único hijo es un necio que malgasta su vida y el dinero del padre viajando por Europa.

Su compañía se reduce al personal de servicio que mantiene aseada su hacienda, a sus perros, a su mayordomo John, que le cuida y le mueve de un lado a otro para evitar que le confundan con un mueble.  No puede cazar, las grandes inversiones no le satisfacen.  Tiene únicamente dos aficiones: la ciencia y las exploraciones.  Apoya económicamente las expediciones de Charles Darwin.  Su enorme afición por la ciencia, encuentra un filón de entretenimiento con el advenimiento de la Gran Exposición Universal.

 

Karum Daswani es hindú, un hombre alto de tez cetrina y porte distinguido.  Aunque con acento, se expresa en perfecto inglés. Lleva un fajín, rematado por un llamativo bronce de una deidad hindú.   Es el encargado del pabellón de las Indias Orientales y regenta un lujoso den, cerca de Charing Cross, un antro donde se consumen opio y mujeres, aunque sólo acude a reponer los suministros de opio y recoger los beneficios.

 

Verónica Townsend es la esposa de Rick.  Tiene unos delicados ojos azules y el cabello oscuro y sedoso, como una inmensa catarata negra.  De belleza irreal, cariño desmedido y entusiasmo desbordante. En Calcuta prefiere alojarse en el barrio de los pescadores, en lugar de hacerlo en el acuartelamiento de la Compañía, alejada de miradas indiscretas.  Hace siete años que la perdió, estrangulada por un pañuelo de seda.

 

Ralph White es un insigne matemático desaliñado, de cincuenta y cuatro años de edad.  Trabaja para el Foreign Office. Fallece a consecuencia de un desgraciado incidente al abandonar su domicilio, cuando un carruaje, tirado por una montura desbocada, le atropella.  Perece de forma inmediata, debido a las heridas que una de las ruedas le inflige en el cuello.

 

Alain Sinclair es un periodista y antiguo corredor de bolsa, que se evapora sin dejar rastro tras recibir un ramo de flores.  También trabaja en el Foreign Office como analista de bolsa especializado en las cotizaciones de la Compañía de las Indias Orientales.

Otros personajes son:

Los navvies, dispuestos a acometer, como bestias de carga, trabajos tan duros que nadie más consideraría.

Bob Fatty, el dueño de «El Ganso Negro», que se enorgullece de servir el mejor whishy de Londres y que consigue dinero mediante trampas.

Sally y sus amigas de «El Ganso Negro», embadurnadas en colorete y listas para cabalgar sobre las grasientas barrigas de los navvies.

La familia Merrick que vive en una joya arquitectónica, situada en el 27 de Oxford Street.  Está formada por Paul Merrick, un conocido empresario textil; la señora Merrick, una dama de pelo cano; la hija Rosalyn Merrick de gran belleza; su prometido Lord Clayton, un joven de la nobleza; Agnes, la vieja ama de llaves; Jimmy, el mozo de cuadras; Scott, el mayordomo; Betty y Judy, las encargadas de la limpieza; Susan y Carol, que se ocupan de la lavandería; la señora Sheridan, que les cocinera, y su hija Abby, que también colabora.

Raph O’Connor es el anterior socio de Joe Sanders.

Dos acompañantes de Joe Sanders.  El primero es un hombre de tez cetrina, enjuto, de silueta delgada, casi famélica, de mandíbula firme y mirara huidiza, cuyo rostro parece fundirse con las sombras que proyecta su sombrero.  El segundo secuaz lleva sombrero tejido en fieltro de calidad, un gabán de confección irreprochable, guantes de cuero fino, escrupulosamente cosidos.  Es hindú, tiene un bigote perfectamente rasurado y un tatuaje que representa un corazón coronado por el número 4, en su interior, una aspa separando 4 letras.

Ugly Johnny, un trabajador de la National Railways. Es un vigilante que ha estado implicado en el robo de una material y Rick lo desenmasca.

Rose es la hija del casero en Limehouse, una mujer joven.  Pese a haber sobrepasado la treintena, su cabello alborotado deja entrever un rostro precioso en el que anida una sonrisa perpetua.  Su matrimonio es de conveniencia, su esposo es un borracho violento y vago que subsiste gracias a los ingresos de su suegro.  Ella soporta sus infidelidades y sus palizas, hasta que huye.  Tiene dos hijos.

Frank es el tendero viudo, viejo y aburrido, que corteja a Rose.

James es el guardián del Correccional de Southwark, donde vive Memento. Por cinco peniques puede mirar para otro lado y dejar de hacer preguntas.

Una pandilla de chavales que merodean cerca de la barcaza de Rick, entre ellos Bernie y el pelirrojo jefe de la pandilla.

Los señores Miller son unos clientes de la floristería que se quejan del penetrante hedor a estiércol que procede de la acera.

Al jardinero Gus ni planchándolo se le irían las arrugas.  Para la propietaria, está tan viejo que no haría frente a una mosca.

James Ellis de fino bigote, es el gerente de los jardines de Cremorne.

Gideon King es el marido de Daphne, un hombre canoso, de aspecto refinado y apesta a licor. Solamente tiene ojos para sus caballos y sus pinturas.  Es un auténtico cretino, más pendiente de sus pinturas que de su esposa. Se duda hasta de que le gusten las mujeres.

Mary Aldridge es una clienta habitual de la floristería, una mujer atildada, pulcramente vestida, y ávida de transmitir cotilleos.

Wilbur Floyd es un marchante, un intermediario que suministra arreglos flores a algunos clubs de lujo del vecindario.  Hace un elevado número de pedidos, recibe los ramos, los envuelve con estilo y los distribuye como si fueran joyas.  Vive a tres manzanas de los números 10 y 11 de Downing Street, es decir, del Foreign Office.

Randolph O’Leary, de rimbombantes patillas y cuerpo absurdamente estirado, viste su uniforme perfectamente abotonado. Es el portero del palacio neoclásico del Club Athenaeum.

Sir George Preston es un banquero, de unos sesenta años, canoso, bajo y grueso, con una erupción rojiza en el cuello.

El personal del den: Mei Ling es una mujer asiática, ataviada con una especie de batín bordado, y es la obediente empleada que abre la puerta del den y después le acompaña.  Un enorme hombre oriental que es escolta.  El encargado andrógino es un hombre escuálido, de rasgos asiáticos, con los ojos pintados como una ramera.

Thomas Evans es el inventado médico personal de sir George por el que se hace pasar Rick en el den.

Little Ben es un anciano limpiabotas, con un curioso sillón cuyo aparatoso respaldo de madera reproduce la cercana torre del reloj. Empieza en el oficio cuando aún no sabe andar y espera durar otros sesenta y siete años, tantos como lleva trabajando.

El Doctor Fausto es un mago que hace un espectáculo en Covent Garden. Supuestamente, puede leer las mentes más herméticas.  Es un hombre calvo, envuelto en una túnica dorada, de inexpresivo rostro, semejante al de una estatua marmórea.

Asistentes al espectáculo de magia: Señora Mayer y su hijo Jimmy, el médico señor Mortimer Taylor, la niña Esther y su madre, un hombre con mandilón de panadero, un hombre con levita y bombín.

Lawrence y su hijo Billy, trabajan como mozos en los invernaderos de la viuda en Surrey, después del incendio van a Londres par echar una mano hasta la inauguración del Palace.  El joven Billy padece algún tipo de retraso y es mudo, pretende ayudar en todo cuanto ve y a veces se enfrenta a su padre cuando éste le impide realizar labores para las que no está capacitado.  El viejo Lawrence, pese a su espalda encorvada, trabaja por dos y se desenvuelve con la agilidad de un jovenzuelo.

Lord Palmerston es un hombre de pelo cano, con levita negra y pajarita, responsable del Foreing Office.

El indígena que asesina a la mujer de Rick es Ramesh Sidhu.

Maggie Doherty es una vieja amiga de la señora Hartford, viuda como ella.

Melisa Jones, Sarah Winchester, Anna Myers y Daisy Baker son amas de casa pretenciosas que han hecho pedidos a la floristería.

Frank el tuerto, un hombre picado de viruela con un parche en el ojo, guarda a cargo de las visitas en la prisión.

 

Los lugares

La trama transcurre en el Londres industrial del siglo XIX.   Y el narrador nos lleva por distintos lugares de la ciudad (seguro que me dejo alguno):

  • Los alrededores de los Seven Dials, donde se sitúa El Ganso Negro.
  • La zona de Covent Garden aparece varias veces, con sus puestos de vendedores ambulantes, de comida callejera que atestan los aledaños del mercado. Es como si todos los alimentos de la tierra hubiesen viajado hasta allí para concentrarse en un bufé interminable.
  • Strand: Un desfile de jactanciosos edificios, de joyas arquitectónicas habitadas por gente rica, una sucesión de escaparates, clubs, sastrerías y hoteles, que parecen competir por ofrecer el precio más desorbitado.
  • Oxford Street.
  • El puente de Waterloo, Whitefriars, el puente de Blackfriars, la catedral de St. Paul, el terrible West End, el embarcadero de la Torre de Londres, Limehouse, los docks, el dock de las Indias Orientales, la Isla de los Perros.
  • Limehouse, donde vive Rick al principio un un edificio cochambroso.
  • Belgravia, un nuevo barrio de los adinerados londinenses.
  • El muelle de Westbourne, donde Rick vive en una barcaza.
  • Cementerio de Kensal Green.
  • La iglesia de St. Andrews.
  • El distrito de Bayswater y Portobello Lane, calle de la floristería.
  • Hyde Park y el Crystal Palace.
  • Los céntricos almacenes de Monmouth Street.
  • Iglesia de St. Mary-le-Strand en Drury Lane.
  • Charing Cross, donde está la cerrajería.
  • Los alrededores de Greenwich en los que se sitúa un viejo palacio residencia de Lord Bradbury.
  • Distrito de Lambeth.
  • En el número 12 de Primrose Hill Road vive Daphne.  Desde Primrose Hill, Londres aparece como una gigantesca Babel tiznada de humo y hollín, una inabarcable colmena de tejados y chimeneas.
  • Regent Street, bulevar de Portland Place, Regent’s Park y Regent’s Canal.
  • Las callejuelas adyacentes a Tottenham Court.  Si continúas en dirección al Támesis, atraviesas Piccadilly Circus y Trafalgar Square hasta alcanzar Whitehall, con sus lujosas tiendas y sus sofisticados clubs de caballeros.
  • El bullicioso puente de Westminster, atestado de carruajes y peatones.  La fachada gótica del nuevo Parlamento, la imponente torre del reloj y Parliament Street.
  • Downing Street, la angosta calle que divide en dos el complejo de edificios gubernamentales.  El edificio de la India Office frente al del Foreign Officeal sur, y el edificio del Tesoro y el Horse Guards, al norte.
  • El parque de St. James.
  • Wellington Street, en los alrededores del Covent Garden.
  • El impresionante teatro de Drury Lane.
  • St. Martins Lane, la calle que conduce irremediablemente a Charing Cross.
  • La bulliciosa estación de ferrocarril de Euston, construida por The London & North Western Railway, en Camden.
  • Hotel Victoria.
  • Castle Street, 12; la zona de Chelsea, Victoria Street, 5.
  • La Torre de Londres, junto a los docks de St. Katharine.
  • La penitenciaria de Millbank, una aterradora prisión.
  • Hotel Mivart’s, situado en el corazón de Myfair, en Brook Street. El alojamiento preferido por la nobleza, por sus espléndidas instalaciones y por lo restringido de su acceso.
  • El dock de Canadá, la entrada de Wapping, la salida de Rotherhithe.
  • La iglesia de St. George in the East.
  • Upper Thames.
  • La Tower Shot, la chimenea de la Patent Shot Manufactory, una formidable torre de planta cuadrangular.

 

Así como por varios espacios más concretos:

  • El Ganso Negro es un tugurio maloliente en el que un forastero solamente entraría si le obligaran a punta de pistola.  Coincidiendo con sus ofertas de albóndigas a penique, las ratas de los alrededores han desaparecido y el pozo negro del local apesta.  El sábado, los navvies abarrotan el local con sus salarios recién percibidos.
  • La cárcel de Newgate con sus mazmorras apestando a humedad y cieno.  En la celda hay un taburete destartalado y la titubeante llama del candil que ilumina el cubículo.  Debe ser un sótano porque no hay ni un ventanuco.
  • La casa de la familia Merrick, situada en el 27 de Oxford Street, con una formidable fachada georgiana cuya sobria mampostería de granito contrasta con las recargadas construcciones de ladrillo rojo.  En el interior los suntuosos cuadros presiden el recibidor.
  • Los docks, sinónimos de crímenes y de riqueza.  El de Las Indias Orientales es el más peligroso.  Excavado durante años en la Isla de los Perros, se extiende a través de un inabarcable laberinto de diques, canales y dársenas, en cuyo interior atracan los navíos de ultramar repletos de especias y sederías.  Tal tráfico ha propiciado una jungla de almacenes, astilleros, lonjas, tabernas y hostales de mala muerte.
  • Burdel de las francesas, con su llamativo mascarón rojo con la efigie de una sirena que cuelga sobre la puerta, con una sucia cortina que da acceso al local.  Suena una estridente musiquilla de violín, confundida con el vocerío y las risas de las busconas.  Hay estancias en torno a un pasillo cuyo techo parece a punto de derrumbarse.  Un tablón colocado sobre dos toneles hace las veces de mostrador.
  • La estación de tren que la National Railways estaba construyendo en Spitafields, ahora convertida en un erial de barro y escombros sobre el que queda, como recuerdo, la enorme estructura de hierros que debía haber sostenido los pasos elevados.
  • Barbería de Belgravia.  Un intenso aroma a lavanda anuncia que el local dispone de las típicas comodidades que exigen los acaudalados parroquianos de aquella parte de la ciudad.  El salón exhibe una agradable estufa que caldea la temperatura, sillas de roble tapizadas, una selección de periódicos del día y cigarrillos y té con los que hacer agradable la espera.
  • Barcaza en el muelle de Westbourne.  Quintales de musgo y algas trepan por su casco, de descuidado aspecto.  No es pequeña, tiene unos treinta pies de eslora.  Apesta a podrido y es todo oscuridad, está llena de ratas del Támesis.
  • El correccional de Southwark. por su férrea disciplina, más que una casa de acogida se asemeja a una cárcel para presidarios.  Tiene una imponente fortaleza de ladrillo rojo, cuyas murallas aparecen semiocultas por la bruma.  Lo que Londres no quiere ver se encierra en lugares como esta para que nadie lo vea.
  • La floristería «Pasión de Oriente» se divide en dos zonas comunicadas por un enorme portalón: a un lado se encuentra el invernadero, un exuberante vergel cuajado de plantas y flores tropicales, y al otro, la sala donde se recibe a los clientes, equipada con un expositor de caoba desbordado por suntuosos centros florales y una hilera de pensamientos y hortensias.  Desde un altillo, la dueña fiscaliza lo que sucede en la tienda. Confeccionan ramos, preparan jarrones y centros de mesa, además de macizos ornamentales para bautizos, bodas y funerales.
  • La cerrajería es un angosto cubículo situado en un pasadizo de Charing Cross, en el que apenas si cabe el operario que lo atiende.  Tiene un llamativo cartelón, tan grande como el propio negocio, en el que se anuncian pomposamente las mejores cerraduras de toda Inglaterra.
  • La caseta de la floristería donde se aloja Rick.  La estancia huele a lavanda y, aunque pequeña, en comparación con la barcaza parece el salón de un palacio.
  • Cremorne entre el muelle de Chelsea y King’s Road, al oste de Battersea Bridge.  Es el lugar de esparcimiento preferido por los londinenses desde su inauguración.  Por el precio de un chelín, la gente puede acceder a los doce acres de frondosos olmos y robles cuajados de caminos serpenteantes, a las decenas de mesas y sillas que salpican el parque, a su precioso laberinto o a las numerosas fuentes y estanques.  Además, cuenta con exclusivas atracciones.  Para los eventos privados se habilita Ashburnham House, un antiguo palacete reconvertido en restaurante y sala de celebraciones.
  • El den de Charing Cross resulta ser un local muy diferente a los tugurios de Limehouse.  Ubicado en los bajos del patio interior de un edificio noble, su entrada aparece custodiada por una impresionante puerta roja guarnecida con dos cabezas de dragón doradas, de cuyas fauces cuelgan sendos aros que hacen las veces de aldabas.  Ningún cartel informa sobre la actividad que se desarrolla dentro. En el interior, recibe un largo pasillo enmoquetado, iluminado con decenas de pequeñas velas perfumadas y con lujosas paredes forradas en seda con representaciones del lejano oriente.  Se aspira un intenso olor a opio que flota como una ligera neblina.  A ambos lados hay recintos privados, protegidos por biombos de bambú y vaporosas cortinas oscuras, de los que brotan notas de laúd.
  • El impresionante teatro de Drury Lane.  El gentío se agolpa a la puerta de la taquilla para admirar al hombre esqueleto o a los inseparables hermanos siameses.  Unos enormes carteles de colores empapelan el local de la representación, entre los que destaca el dibujo de una mujer de cuatro piernas y dos brazos, acuclillada como se si tratara de una espantosa araña.
  • La coqueta pastelería con vistas al Támesis cuenta con sillones tapizados en cuero, desde lo que se contemplan las aguas plácidas que destellan fugazmente cuando algún rayo de sol incide sobre las estelas provocadas por las barcazas.
  • El palacio de verano de Lord Bradbury, con jardines franceses que rodean la impresionante mansión. De camino a la entrada, se observa un arreglado laberinto de setos y hermosas fuentes que lo circundan.  Dentro, un pasillo repleto de armas y trofeos de caza conduce hasta una suntuosa sala de recepciones.

 

Aparecen otros lugares cercanos a Londres:

  • Blisworth y Northampton cuatro millas de distancia separan ambas poblaciones.
  • Kent con el aire de campiña.

 

O lejanos como Calcula:

«Abrió la puerta de troncos de bambú (…) En la habitación flotaba un aroma intenso, selvático, con olor a sándalo y a azafrán, el perfume de los mercados de Bengala.  Afuera, el bullicio de los comerciantes y los mugidos de las vacas amenazaban con despertarla (…)»  (página 149)

 

Se habla de Massachusetts, de Irlanda, de Edimburgo o de París.

 

Referencias históricas
Hechos históricos:

La guerra del Opio entre Gran Bretaña y China.

 

Personajes históricos:

El monarca Carlos II, que descubre el lenguaje de las flores.

El rey Jorge que inventa el juego de las flores para sorprender a sus invitados.

Las expediciones de Charles Darwin.  Lord Bradbury hace referencia a su interés y apoyo económico a sus expediciones.

Sir Henry Cole.  Lord Bradbury lo menciona porque están trabajando codo con codo en la futura apertura de un museo de manufacturas en Marlborough House.  Es un diseñador inglés del siglo XIX, un hombre polifacético que se dedica a diversos oficios.

El primer ministro Lord John Rusell.

El príncipe Alberto.

La reina Victoria.

 

Entidades o instituciones:

Foreign Office es la oficina gubernamental de Downing Street, desde la que se dirigen los asuntos de Gran Bretaña en el extranjero y la riqueza del imperio británico, rige los destinos de la Compañía Británica de las Indias Orientales.

La Honorable Compañía Británica de las Indias Orientales se ha expandido conforme a los intereses de sus fundadores, doscientos dieciséis inversores privados, ávidos de poder y de riquezas, que atisban en el continente asiático la oportunidad de amasar incalculables fortunas.  Crean sus propios ejércitos privados, una perfecta maquinaria de dominación con la que, durante decenios, someten y expolian naciones y reinos para beneficio propio y mayor gloria de su graciosa majestad.

Esos inversores defienden que es una empresa privada y, como tal tiene que sacar beneficios, para poder pagar el mantenimiento de una flota gigantesca y el de su propio ejército.  Insisten en que no puede considerarse que se ha expoliado esos países, ya que se han construido carreteras, ferrocarriles, escuelas… invirtiendo en un país salvaje para llevar hasta allí la cultura y el conocimiento… aunque olvidan que esas sumas inconcebibles las han sacado de los propios territorios expoliados.

La Corona que, cuando el dinero comienza a escasear, extiende su brazo sobre la Compañía y la atenaza hasta controlarla.

El Imperial Bank.

Scotland Yard, la policía metropolitana recién instaurada.

 

Medios de transporte:

Ómnibus: unos artefactos pesados de dos niveles, tirados por no menos de dos caballos y capaces de trasladar hasta veinte ocupantes, por lo que una vez emprendida la marcha, no pueden detenerse ni girar con brusquedad, lo que provoca numerosos accidentes.

Las chalupas  y las gabarras que surcan constantemente el Támesis. Los vapores de la Westminster Steamboat Company.

En aquel Londres existen más de cinco mil taxis que se disputaban un negocio floreciente.  Cabriolés, carromatos y coches de punto. Los ligeros coches de punto, ya sean los ágiles hansoms, los tílburis de dos ruedas o los veloces faetones, tirados por un único animal, son fáciles de detener y dominar, y apenas causan incidentes de gravedad.

Los de Aldrich que, en cuanto a la calidad de prestaciones, apenas se diferencian de su competencia.  En cambio, ofrecen unos precios más económicos gracias a la explotación de sus empleados, a quienes pagan sueldos ínfimos.

El manejo de un growler no difiere demasiado del de un vulgar carro de carga.

La máquina del tren bufa lastimeramente y su chimenea exhala una nube de vapor antes de comenzar a arrastrar su pesada carga de viajeros.  Poco a poco, el convoy adquiere velocidad, atraviesa los túneles de Hampstead Road, cruza sobre Regent’s Canal y se dirige a Camden Town.

 

Moda: 

A lo largo de la novela se hace un interesante repaso de la moda de ese momento.  En especial son relevantes las descripciones del vestuario de Daphne, desde el sari que viste en el Crystal Palace, su vestido de raso color turquesa y zapatos y sombrero a juego, hasta el deslumbrante vestido de encaje, que ciñe su cintura en la celebración del cumpleaños.

También se concreta cómo se viste Rick, le conocemos con una chamarra roja.  Cuando se pertrecha con un vestuario nuevo, los vendedores de Monmouth intentan encasquetarle camisas de cuello levantado estilo brummel, chaquetas con faldón trasero, pantalones de caza y botas a juego.  Pero él opta por una vestimenta más actualizada y menos ostentosa con la que pasar desapercibido, decidiéndose por una levita oscura entallada, con pantalón de franela y una camisa blanca bien almidonada que completó con un vistoso plastrón de color rojo.

Rick también acude a Hollister para probarse algún traje de alquiler.  A la típica indumentaria de baile añade un chaleco de raso, bufanda, botas de tafilete y guantes a juego.  Además luce unos llamativos gemelos esmaltados y desprender un penetrante aroma a pachuli.

Memento va ataviado con una capa escocesa.  Apesta a almizcle y su manera de entender la elegancia se asemeja a la de un espantapájaros destartalado.

Cuando hay un anuncio muy especial, Penny cambia su vestido, y en lugar de su habitual atuendo gris y raído, luce uno de colores animados.

En la celebración de cumpleaños de Cremorne, ellas compiten con sus suntuosos vestidos de seda, llamativos sombreros y vaporosas crinolinas que ensombrecen los elegantes trajes de fiestas y las prominentes chisteras lucidas por los caballeros.

Procedente de la lejana Hibernia, heredero de una estirpe perdida, el asombroso doctor Fausto viste una túnica dorada.

 

Armas: 

La pistola de Rick, un modelo de repetición con tambor de nueve balas, recién llegada de América.  Es un prototipo.

El fusil  Merry Watson, un arma corriente, utilizada regularmente por el ejército, pero modificado en este caso.

Un colt de repetición.

Un Francesco Broccu, con tambor de cuatro recámaras y dos cañones.

Bebidas:

Bob prepara la cerveza Poter convenientemente rebajada con agua.

Las referencias a la ginebra son constantes.  Incluso se distingue entre la económica Old Tom con la que se embrutecen los navvies en los muelles y la blended Balmoral, auspiciada por el mismísimo príncipe Alberto, que sólo se distribuye a clubs elitistas.  En otro fragmento se menciona la ginebra Plymouth.

Sabor a oporto.

 

Comidas:

Recorremos los puestos de comida callejera que atestan los aledaños del mercado Covent Garden.  Carros de todo tipo que ofrecen en sus mostradores cortes de cordero chisporroteantes, ostras, encurtidos, sopas humeantes, patatas asadas, pucheros de puré de guisantes o anguilas calientes.

Marisco fresco traído de Cornualles, langosta cocida.

El pastel de carne que prepara Penny, cocinado con las sobras de la semana, rellenos de pezuña de cordero.

En la celebración del cumpleaños de Lord Bradbury en Cremorne se sirve un cóctel de bienvenida, una selección de emparedados de caviar, tostas de foie, cerdo asado con mermelada y ostras de Cornualles.  Después, se ofrece un servicio «a la francesa».  En lugar de servir un plato tras otro, con las raciones ya medidas, los camareros inician un trasiego de carritos rebosantes de fuentes para que los invitados elijan.  Hay volován de faisán, pavo a la jalea de marrasquino, rodaballo en salsa holandesa, sopa de tortuga, huevos de chorlito en gelatina de áspic, sesos rebozados al oporto, brochetas de perdiz roja, venado con patatas.

Rick come un plato rebosante de cangrejos rojizos, sin embargo, pese al intenso olor a mar y al oportuno aderezo de limón y pimienta, apenas consigue disfrutarlos.

Los empleados de las caballerizas comen de sus tarteras.  Unos de los cocheros ofrece un plato de habichuelas.

En los puestos ambulantes, el protagonista adquiere un emparedado de pollo que comparte con Daphne.

En la coqueta pastelería, al té le acompaña un surtido de galletas de jengibre, bizcocho de manzana y confitura de grosella.

Para darles unas sorpresa, Penny prepara grosellas, pudin de Yorkshire, embutido de cerdo, salchichas negras, haggis de su Edimburgo natal, patatas asadas, pan recién horneado puré de guisantes, confitura de albaricoque y tarta de manzana.

 

Prensa:

Se hace referencia en primer lugar al London Enquire y al London Herald.  También a la Gaceta de Sucesos. Después a The Thames, The Morning Herald, The Morning Post y The Evening Standard como prensa diaria.  Y a los semanarios The Illustrated London News, The Observer y The Spectator.

 

Otras referencias:

Vivienda:

Se explica que en Londres, cualquier edificio que sostiene en pie pertenece a alguna de las tres familias cuya fortuna se ha forjado a lo largo de generaciones gracias a la acumulación de inmuebles para su alquiler.  Los Westminster, Los Cadogan o los Russell, jamás venden. Y no sólo eso: además de solicitar precios abusivos, cualquier reforma que emprende el inquilino, aparte de ser sufragada por éste, pasa a pertenecer al casero una vez finaliza el periodo de renta.

Costumbres:

«Estaba tan destrozado que no fue necesario introducir la campana que solían dejar junto al cuerpo para que el difunto la hiciera sonar si resucitaba»  (página 125)
«Una vez en el exterior, Rick puso en hora el reloj que había detenido en el instante en que Gus apareció muerto.  La viuda Harford hizo lo mismo con el suyo, siguiendo la costumbre de cualquier fallecimiento»  (página 141)

Las siete y cuarto.  Quince minutos de retraso.  Exactamente, lo que obligan las normas de cortesía.

Una franquicia:

La franquicia de Schweppes que proporciona un buen catering y emplea a viejos desahuciados.

Un objeto:

Una cerradura Brooks reforzada de triple vuelta, no la abriría ni con una libra de pólvora, resistiría hasta el empeño de toda la armada británica.

Una secta:

Los thugs: una execrable secta de asesinos en la India, adoradores de la diosa Kali.

 
En resumen… «El jardín de los enigmas»

No puede ser de otra forma, os recomiendo la lectura de este libro y os animo a que juguéis a ser detectives mientras pasáis las páginas, atendiendo a las pistas que nos van dando los distintos personajes.

Es importante estar atentos a todos los datos desde el principio de la novela, porque cada detalle aportado, por pequeño que pueda parecer, permite ir descubriendo el pasado del protagonista y todo lo que va ocurriendo en su presente.

La novela brinda la oportunidad de pasear por un montón de rincones de Londres, hasta casi sentir su niebla, su humedad o la bruma junto  al Támesis.  A través de los personajes nos vamos desplazando de un barrio a otro, de una calle a otra, desde una casa formidable hasta una barcaza llena de ratas, pasando por tugurios y los muelles.  Asimismo, conocemos un poco más de todas las clases sociales de aquel momento.  Creo sinceramente que Antonio Garrido conoce esa increíble ciudad como la palma de su mano.

Nos aporta también muchísima información sobre ese momento histórico, sobre la Exposición, sobre el Crystal Palace… sin duda, te quedas con la impresión de haberlo visitado, de haber disfrutado de su decoración, de su techo, de todos los objetos exuberantes… parece que has compartido un poco su preparación y su puesta en marcha… llevando las flores, cuidándolas y entregándolas a los clientes.

Y me ha parecido muy interesante todo lo relacionado con el lenguaje de las flores, con su origen, cómo fue importado, con su evolución, de ser un mero entretenimiento a convertirse en un sistema de transmisión de mensajes.  Me ha encantado como el autor tuvo la primera noticia de este lenguaje y cómo continuó investigando sobre el tema.

Con la acertadísima división en capítulos, la lectura de la historia se hace muy amena y rápida.  Como ya he comentado, te apetece seguir leyendo y ver qué va pasando.  Eso sí, es recomendable no detenerse en el buen puñado de crímenes que hay a lo largo de las líneas, porque algunos son realmente crueles.

Me ha gustado muchísimo cómo están descritos los personajes, tanto físicamente como los pormenores de su carácter.  De modo que puedes imaginártelos sin ninguna dificultad, y puedes simpatizar rápidamente, odiar o tener manía desde su primera aparición y, desde luego, sospechar de casi todos.

En definitiva, os recomiendo su lectura, con mucha atención en todos los detalles y aprendiendo parte de nuestra historia.  Y repito os invito a hacer de detectives, A mí, solamente me han quedado algunas dudas sobre las cicatrices del protagonista y sobre su tatuaje.  De modo que, desde aquí, invito al escritor Antonio Garrido a responder una entrevista de 12 preguntas.  ¡Sería fantástico que aceptase! ¿nos os parece?

Es el primer libro suyo que disfruto, aunque seguro que no será el último, porque he descubierto su cuidada forma de escribir, de tejer una trama que atrapa con todos los ingredientes necesarios y bien mezclados.  Y porque sabe mantener la intriga y el misterio, ofreciendo pequeñas dosis de datos, manteniendo así constantemente la atención del lector.

Y, ya sabéis, cuando lo hayáis leído ¡contadme vuestra opinión!

 

Mis fragmentos preferidos 

«Siempre desconfiaba cuando alguien le daba más explicaciones de las pedidas» (página 247)

«La venganza y la tragedia va a menudo de la mano» (página 304)

«Le aconsejó que, decidía emprender el camino de la venganza, cavara dos tumbas» (páginas 304)

 

Los fragmentos que me hicieron reflexionar

«Sólo se pierden las cosas.  Las personas que nos interesan nunca desaparecen» (página 270)

«Al igual que en el truco, desconfía siempre de las apariencias.  Busques lo que busques, déjate llevar por tu corazón y encontrarás la verdad en el interior» (página 375)

 

Palabras aprendidas

  • Sajando: Sajar: Hacer un corte a alguien en la carne.  Hacer un corte sobre un grano o un tumor para extraerle las impurezas.
  • Crinolina: Teijdo hecho con urdimbre de crin de caballo.  Miriñaque (zagalejo interior).
  • Rodales: Teijdo Lugar, sitio o espacio pequeño que por alguna circunstancia particular se distingue de lo que le rodea.  Parte de una cosa con distinto color del general.  Conjunto de plantas que pueblan un terreno diferenciándolo de los colindantes.  Cantabria y León: Conjunto del eje de un carro con dos ruedas.
  • Pábilos: Mecha que está en el centro de la vela.  Parte carbonizada del pabilo.  Hilo grueso, resistente, poco tramado, hecho de algodón, que se emplea, entre otras cosas, para tejer alpargatas, hamacas o cubrecamas.
  • Tafilete: Cuero bruñido y lustroso, mucho más delgado que el cordobán.
  • Pantalán: Muelle o embarcadero pequeño para barcos de poco tonelaje, que avanza algo en el mar.
  • Cuadernas: En el juego de tablas, doble pareja.  Moneda de ocho maravedíes.  Cada una de las piezas curvas cuya base o parte inferior encaja en la quilla del buque y desde allí arrancan a derecha e izquierda, en dos ramas simétricas, formando como las costillas del casco.
  • Fanal: Farol grande que se coloca en la torres de los puertos para que su luz sirva de señal nocturna.  Campana transparente, por lo común de cristal, que sirve para que el aire no apague la luz puesta dentro de ella o para atenuar y matizar el resplandor.  Campana de cristal cerrada por arriba, que sirve para resguardar del polvo lo que se cubre con ella.  Cada una de las grandes lámparas que usan ciertas embarcaciones de pesca para atraer a los peces.  Cada uno de los grandes faroles, que colocados en la popa de los buques, servian como insignia de mando.
  • Rebabas: Porción de materia sobrante que sobresale irregularmente en los bordes o en la superficie de un objeto cualquiera; como la argamasa que forma resalto en los ladrillos al sentarlos en obra.
  • Tílburi: Carruaje de dos ruedas grandes, ligero y sin cubierta, a propósito para dos personas y tirado por una sola caballería.
  • Faetón: Carruaje descubierto, de cuatro ruedas, alto y ligero.
  • Adminículo: Aquello que sirve de ayuda o auxilio para una cosa o intento.  Objeto que se lleva en prevención para servirse de él en caso de necesidad.
  • Buje: Extremo del eje sobre el que se monta el centro de rueda, que contiene los cojinetes y la fijación de esta.
  • Mercachifles: (despectivo) Mercader de poca importancia.
  • Añagaza: Artificio para atraer con engaño.  Señuelo para coger aves, comúnmente constituido por un pájaro de la especie de los que se trata de cazar.

 

Palabras en otro idioma 

Navvies, ratboy, peelers, costermonger, docks, workhouses, costermonger, catering, prabhaaree, brummel, hansoms, den, freak show, growler, thug

 

 

 

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